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Jacobo Velasco Molina

Mercados, deuda y Estado

El Gobierno de Rafael Correa (RC) se ha preocupado de ampliar el gasto social y de aumentar la participación del Estado en la economía. Como contraparte, ha demonizado a los mercados, al sector privado de la gran empresa y, ahora, a quienes negociaron y renegociaron la deuda externa ecuatoriana. La premisa de que la larga noche neoliberal (economía de mercado) era la causa de nuestros males tenía como contraparte la idea del Estado como fuente de producción y crecimiento, con la ventaja de su poder redistributivo.

Esta idea funcionaría idealmente si los ingresos aumentan igual que los gastos. Para que ello ocurra, el crecimiento debiera ser sostenido, de tal modo que aumenten los ingresos por impuestos y aranceles. O también, cuando se generan shocks positivos de términos de intercambio, particularmente en los bienes que son de producción estatal.

Estas condiciones necesarias pueden no existir cuando el crecimiento privado se estanca o cuando el ciclo positivo de los términos de intercambio se acaba o, peor, se revierte. En el caso del Ecuador, lo primero ya ocurría como consecuencia de la impronta antimercado del Gobierno. No solo por el discurso, sino por la creencia de que el Estado puede ser más productivo y eficiente que el sector privado. Hasta el momento, ese no ha sido el caso, dejando una interrogante sobre si esta política puede ser efectiva algún día. Diera la impresión de que no lo será por dos motivos. El perfil político propio de un gobierno donde las decisiones finales son políticas y no económicas (es decir, no siguiendo la lógica de la eficiencia productiva y el mercado). Y el sesgo inevitable de una lógica destinada más al objetivo redistributivo que roza el asistencialismo cuando se vive en campaña diaria.

Al fracaso productivo ahora se suma la inevitable reversión del boom de los precios del petróleo con una consecuencia mortal en los ingresos estatales. Curiosamente, esta realidad fue la que provocó que el Estado aumentara sus niveles de endeudamiento en los setenta, ochenta y noventa: o los ingresos petroleros cayeron o el aumento del gasto público aumentó más que los ingresos. En la actual coyuntura, el Gobierno debiera aumentar la deuda por las mismas razones que lo hicieron los Gobiernos anteriores. Y quizás con más culpa que ellos porque, sabiendo que el sector privado es importante (tal como se comprobó en el pasado), lo dejó a un lado. Y porque, denostando la deuda externa pasada, solo encarece la deuda externa futura. La que va a tener que contratar por la irresponsabilidad fiscal en la que incurrió al aumentar gasto sin saber si iba a contar con ingresos más permanentes.

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