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¿El Gobierno podrá?

Por Juan Jacobo Velasco

La resolución sobre la Deuda Externa (DE) provoca más interrogantes que respuestas, pues no queda claro si el propósito –legítimo por lo demás– es rever las condiciones en que se ha renegociado la DE o es, más bien, parte de una estrategia que se está articulando para salvar el pellejo financiero del Gobierno de Rafael Correa (RC). Los dos factores están imbricados y, como los siameses, son difíciles de separar, pero la razón fiscal predomina.

La DE estaba en la mira de RC desde que, como ministro, apuntara sus dardos a las negociaciones internacionales del país. Pero cualquier aproximación operativa quedó trunca tras los “pativideos” y una suerte de statu quo por la campaña permanente de RC. Hoy la cosa es totalmente diferente. Se trata de la supervivencia financiera del Gobierno cuando su principal fuente de ingresos cayó por debajo del 50%. Y sin un piso mínimo claro, con lo que la grieta puede aumentar aún más. Sumada la previsible caída de los impuestos y aranceles por los coletazos de la crisis, los ingresos estatales harán un acto de desaparición digno de Houdini. El Gobierno creía en la posibilidad de aumentarlos pronto si se implementan proyectos de inversión en la minería y el petróleo, pero la caída de los precios de los commodities vuelven menos rentables los proyectos en el Ecuador y en todo el mundo. Amén de que la fuerte oposición de un sector de la sociedad civil genera una fricción de difícil resolución.

Es en este contexto, la decisión sobre los recortes es económica. Pero su ordenamiento (qué se recorta primero, qué es lo último posible de recortar) es político. Reducir la red de gasto social establecida e incrementada durante su Gobierno es imposible pensando en la reelección de RC. Lo que queda es la DE o la postergación de la institucionalidad sancionada con la Constitución. Crear nuevas instituciones y desmantelar las actuales es caro. Ese costo, en un contexto en que cada dólar de gasto público es vital, se puede postergar. La razón presupuestaria más que las ultraanalizadas razones políticas es lo que motiva la falta de celeridad de los cambios institucionales.

Con la DE pasa lo mismo, solo que esta es una suerte de bumerán. El efecto del no pago es beneficioso en el corto plazo pero increíblemente nocivo en el mediano plazo en tanto los costos de financiamiento le pasarán la cuenta tanto al sector público como privado.

Nadie puede prestar dinero cuando este escasea. Ni siquiera Venezuela. El andamiaje que RC construyó será muy difícil de mantener y ahora le tocará gobernar con el viento en contra. ¿Podrá mantener el barco a flote? Todo indica que muy difícilmente.

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