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Jorge Núñez, Politólogos

La deuda infame (1)

Jorge Núñez, El Telégrafo

Los orígenes de nuestra deuda externa están en la famosa “Deuda Inglesa”, usada por el gobierno de Bolívar para comprar armas y contratar soldados profesionales europeos para nuestra guerra de independencia.

Para ello, fue comisionado a Londres don Luis López Méndez, quien contrató con los coroneles Hippisley, Mac Donald, Ikeene, Wilson y otros el reclutamiento de tropas para Venezuela. Por tal gestión, entre 1817 y 1819 salieron de Inglaterra un total de 5.088 oficiales y soldados de fortuna, destinados a enrolarse en nuestro ejército republicano. La mayor parte de ellos era de origen británico (ingleses, irlandeses y  escoceses), aunque hubo también en sus filas 300 alemanes. Con ellos se formaron algunos batallones que se destacaron en la guerra de independencia, como la Legión Británica, que luchó en Boyacá, y el batallón Albión, que peleó en Pichincha y Ayacucho. Jefes y oficiales europeos integraron también los famosos batallones “Rifles” y “Carabobo”, de tan importante actuación en las campañas bolivarianas.

Mas el reclutamiento de estas tropas fue ocasión para variados actos de corrupción por parte de los enganchadores, que vendían grados de oficiales o aceptaban pagar sumas elevadas y en plazos cortos por estos reclutamientos y por los equipos de guerra comprados a los británicos.

Buscando cortar esos abusos de contratistas y prestamistas, el gobierno de Bolívar dispuso el pago de solo las obligaciones respaldadas por documentos. Y finalmente decretó la supresión de estos reclutamientos  en septiembre de 1820, puesto que ya poseía tropas nacionales suficientes y bien entrenadas. Para esa fecha, el valor de los buques, armas, pertrechos y uniformes comprados a los ingleses era de un millón de libras esterlinas, esto es,  de unos cinco millones de pesos colombianos, de lo que se adeudaba más o menos la mitad.

Hacia marzo de 1821, la deuda exterior de Colombia se hallaba en tal confusión que el gobierno de Bogotá decidió enviar a Londres, para su arreglo definitivo, al Vicepresidente de la República, Francisco Antonio Zea,  a quien también se le encargó obtener un nuevo empréstito de dos millones de pesos y se le proveyó de papeles firmados en blanco por Bolívar, para que pudiese ajustar cualquier convenio en forma rápida.

En agosto de 1820, Zea hizo con los ingleses la primera renegociación de la deuda externa, que contemplaba la entrega de pagarés a todos los acreedores, con un interés anual del 10 al 12 por ciento; la hipoteca de las rentas nacionales del tabaco y la minería de oro y plata, para garantizar el pago de la deuda exterior, y la cancelación trimestral de intereses. Es más, los banqueros lograron del pródigo e inexperto Zea la entrega de pagarés a cuanto audaz decía tener deudas pendientes, aunque no presentaran los documentos probatorios del caso.

Esa desastrosa gestión de Zea elevó la deuda externa grancolombiana en casi un 50 por ciento. “…Dejándose arrastrar por una mal entendida generosidad, seducido por las adulaciones de astutos  especuladores y engañado tal vez por estos, perjudicó en extremo a su patria”, afirmó de Zea el entonces Ministro del Interior grancolombiano José Manuel Restrepo.

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