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Economía Mundial

Todo lo que ha salido mal hasta ahora

EDMUND S. PHELPS, El País

Es absurdo hablar del “final del capitalismo” como hacen algunos europeos. Llevar una buena vida presupone un trabajo remunerado, interesante y que plantee desafíos. Para ello es necesario un capitalismo que funcione.

Nadie duda que el sector bancario estadounidense ha fracasado. Los bancos compraban hipotecas y las empaquetaban como valores con garantía que luego se exportaban al extranjero en grandes cantidades y eran sobrevaloradas por las entidades que los adquirían.

Las agencias de calificación de riesgos fueron en gran parte cómplices de esa sobrevaloración. Los bancos comercializaban productos financieros tan complejos que un buen número de inversores no llegaba a comprenderlos.

Los propios bancos se causaron graves daños a sí mismos. La cuantía de sus préstamos y los créditos que habían contraído para conceder esos préstamos eran tan elevados en relación con su capital, que cualquier desajuste importante en el precio de los activos podía tener consecuencias devastadoras para la supervivencia de un banco.

El hecho de que los bancos estuvieran dispuestos a asumir riesgos cada vez mayores hasta llegar a la quiebra es una consecuencia de la remuneración de sus trabajadores: por cada día que el banco pudiera continuar haciendo negocios, aumentaba su riqueza. No existían reglas sobre la devolución de incentivos.

¿Es necesaria una regulación en este punto? No hay duda de que en ciertas cuestiones son necesarias nuevas normativas. No obstante, muchos observadores argumentan que la ausencia de trabas a la actividad de los bancos debe atribuirse no tanto a que faltaran órganos de control, sino más bien a que éstos no acertaron a utilizar su poder. En cualquiera de los casos, es necesaria una nueva forma de pensar.

Un problema que debe resolverse es qué función debe ejercer el sector de la banca en la sociedad. En las últimas dos décadas los bancos han intentado cada vez más ganar dinero con hipotecas para viviendas o industrias. Como esto resultó difícil, en el futuro deberán bien reducir su volumen de crédito o bien desviar una parte de éstos hacia las empresas. La mayoría de los bancos parece haber perdido su pericia para los créditos a empresas o las inversiones.

¿Podrían los grandes bancos estadounidenses recuperar esa pericia? La fuente natural para las jóvenes empresas de nueva creación son los business angels, que entienden más de empresas nuevas que cualquier banquero.

Otro inversor natural son las entidades de capital de riesgo. También algunos fondos de cobertura son creativos a la hora de financiar nuevos proyectos.

No es beneficioso para una sociedad regular a inversores acaudalados, inversores de capital de riesgo y fondos de cobertura que inviertan en pequeñas o nuevas empresas o les presten dinero. Si la sociedad comete ese error, se resentirán tanto la fuerza innovadora como los salarios, el trabajo y la oferta de empleo.

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