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Editorialistas de Ecuador

Crisis y capitalismo

Por Pablo Ospina, El Telégrafo

Dos cosas quedan claras después de los primeros meses de remezón sistémico mundial. La primera es que el capitalismo tiene ahora muchas más y mucho más eficaces herramientas para hacer frente a sus crisis sistémicas. Se ha comparado, con razón, la crisis actual con la que inició en octubre de 1929. Pero entonces la caída de Wall Street fue incluso más aparatosa y las quiebras de empresas, junto al masivo desempleo, solo pudieron ser observadas, impotentes, por los administradores del desastre. El radicalismo político y el descontento social cundieron por todas partes y aunque la crisis económica propiamente dicha duró cuatro años, sus efectos sistémicos se prolongaron por décadas. Hoy, los administradores del desastre acuden al rescate con medios financieros y regulatorios mucho más poderosos. Insuficientes, sin duda, pero incomparablemente más poderosos que aquellos de los que disponían sus ilustres predecesores. Medio siglo de keynesianismo no habrá pasado en vano a pesar de la larga noche neoliberal de casi tres décadas.

“El capitalismo tiene más eficaces herramientas para enfrentar a sus crisis sistémicas…”

La segunda cosa clara es que el capitalismo no puede esgrimir ninguna justificación moral satisfactoria para defender su lógica de funcionamiento. Se destinan casi tres millones de millones de dólares (hasta ahora) para el salvataje financiero porque se lo considera indispensable. A ninguno de los defensores del sistema le parece bien. Es una medida emergente ante una crisis sistémica. El punto crucial moralmente injustificable es que al mismo tiempo y desde hace tiempo, dos mil millones de personas mueren de hambre en el mundo y esa no es una emergencia sistémica que justifique el desembolso de una suma semejante. Con el dinero que se gastará en esta crisis se hubiera podido dar de comer durante diez años a esos dos mil millones de seres humanos. El sistema no puede vivir sin sus bancos, pero puede vivir sin dos mil millones de personas descartables. A diferencia de otras épocas históricas en las cuales también morían de hambre muchísimos seres humanos, es que ahora el mundo tiene todos los medios disponibles para evitarlo y no lo hace. ¿Es moralmente aceptable un sistema organizado de esa manera?

¿Qué nos depara el futuro frente a esta doble constatación: fortaleza práctica y bancarrota moral? No estamos ante una crisis terminal del sistema capitalista. Lo que nos espera es algún tipo de reestructuración global. Las señales iniciales apuntan en tres direcciones mutuamente interconectadas. La primera es que las regulaciones y controles sistémicos probablemente crecerán, sobre todo en la dirección de un manejo internacional. Es posible que crezca algún tipo más fuerte de gobierno mundial de la economía. La segunda es que las tendencias que anunciaban el próximo fin del siglo americano parecen confirmarse.

Así como Holanda dejó en su momento su puesto de mando en el capitalismo mundial, todo parece anunciar el próximo desembarco de los norteamericanos. La tercera es que el ascenso de los países de Asia oriental y especialmente China abre las puertas a un capitalismo de nuevo tipo cuyos contornos configuran la principal discusión del momento.

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