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Pablo Lucio Paredes, Uncategorized

¿De quién es la crisis?

Por Pablo Lucio Paredes

A los que solo ven en el sistema bancario y en el mercado al Lucifer que encendió la llama de la crisis mundial, y se regocijan clamando por más Estado, les voy a decepcionar con mi tesis: la crisis la provocaron los gobiernos con sus manipulaciones macroeconómicas y la prolongaron los mercados cuyas fallas son esencialmente las de los seres humanos “que nos alocamos” cuando nos colocan en un entorno de incentivos inadecuados.

¿Los estados han fallado en sus políticas macroeconómicas? Así es. Porque han permitido a la economía norteamericana vivir con 700.000 millones de dólares anuales de gastos en excesos, endeudándose con el resto del mundo, lo que originó la pirámide crediticia. Porque bajaron varias veces artificialmente las tasas de interés a la más mínima alerta, como mecanismo para aliviar un eventual freno de la economía, impidiendo los inevitables ajustes que eliminan los excesos del mercado. Porque inflaron la economía con recursos monetarios baratos, lo que permitió aumentar la toma de riesgos insensatos, emprender inversiones no rentables y favorecer a los deudores frente a los ahorristas (el ganador en estos años es el que se endeudó en exceso para comprar bienes cuyos precios se inflaban).

¿El mercado falló? Claro, porque los seres humanos que hacemos los mercados (que no son sino eso: espacios de interacción entre personas y organizaciones) fallamos cuando se nos ofrecen condiciones que nos permiten excedernos (usted puede imaginarse mil casos desde una fiesta hasta las finanzas). A esos mercados hay que imponerles reglas de funcionamiento claras, en particular sobre la circulación de toda la información que sustenta sus transacciones. Pero antes de profundizar en la necesaria regulación, hay que obligar a los gobiernos a generar marcos macroeconómicos estables y proscribir los mecanismos estatales que prostituyen a los mercados. Por eso nos estaremos equivocando si la reingeniería financiera mundial que hoy se propone, solo consiste en controlar los mercados financieros; la prioridad es imponer reglas estrictas a los gobiernos. Y una de ellas puede ser volver a un sistema monetario de patrón oro. ¿Es ortodoxo? Sí es ortodoxo y eso necesitamos, para volver a la cordura del esfuerzo, el ahorro y la productividad. Igual de grave sería cerrar las llaves de la globalización, olvidando que la crisis de 1929 en parte se convirtió en recesión mundial cuando Estados Unidos, y luego otros, aumentaron bruscamente los aranceles para aislarse del mundo.

¿Y en el Ecuador? Aceptar y dimensionar la realidad dura que enfrentamos. Intentar compensar esos efectos de manera sensata sin generar daños colaterales más graves. Sostener razonablemente el gasto público pero sin “raspar la olla” de todos los recursos existentes y priorizar las inversiones manteniendo a toda costa educación y salud. Preservar la solvencia de la banca. Apoyar a los más afectados en la crisis: familias que viven de las remesas y sectores productivos generadores de empleo. Abrir espacios de inversión privada. Promover un país sólido con políticas de largo plazo, manteniendo la dolarización. Lo contrario sería más demagogia, muy peligrosa pero que otorga votos. Ese es el riesgo.

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