//
estás leyendo...
Manuel Chiriboga

Crisis internacional y respuestas

Por Manuel Chiriboga, El Universo

La crisis financiera que vive el mundo es la más grande en los últimos 40 años y hay quien la compara al crac financiero de 1929. Estamos inmersos en ella y la montaña rusa de las bolsas de valores no parece haber terminado: a un día frenético de bajas le sucede otro de alzas. No se ha topado fondo todavía. Se trata de una crisis global y de carácter sistémico. 

Las cifras de desempleo alcanzan porcentajes no vistos hace mucho tiempo (6,1% en Estados Unidos, 11,3% en España) y la demanda para materias primas y  commodities  se reflejan en precios que se derrumban. Las previsiones de contracción económica del gurú financiero Nouriel Roubini son de 18 a 24 meses. En pocas palabras, crisis al menos hasta mediados del 2010.

Las razones ya las conocemos: la desregulación impulsada por Greenspan y el gobierno de Bush  por medio de bajas tasas de interés, el agresivo endeudamiento de los hogares americanos y el  laissez-faire  de los bancos de inversión. El resultado último fue el reventón de la burbuja especulativa provocada por el comportamiento en manada de los agentes financieros cuando se evidenció la crisis inmobiliaria.

Los efectos de la crisis ya desembarcaron en nuestro país: las remesas bajan, el precio del petróleo se derrumba (menos de la mitad de su precio en mayo del 2008), la demanda para algunas de nuestras exportaciones se reduce y las inversiones públicas y privadas en el exterior pierden valor. A diferencia de 1929, en que la crisis llegó con retardo, en barco o por telégrafo, hoy lo hace  on-line.  Esto no solo nos afecta, impacta en los lugares más remotos y aislados del mundo, como lo demostró la quiebra de los tres principales bancos de Islandia, esa isla en los confines del Atlántico norte, más conocida por sus volcanes y glaciares  que por su gran actividad económica.

Lo insólito de esta crisis es que el sistema internacional de respuesta refleja la estructura de poder de mediados del siglo pasado. Las reuniones para coordinar políticas se hicieron en el marco del G-7, el club de los países más ricos del mundo y de las asambleas del BID y el Banco Mundial, cuyos directorios son dominados por los países del Norte. Son instituciones que no reflejan las realidades económicas mundiales, ni un sentido de proporción y equidad, entre quienes provocaron la crisis y quienes la sufren. Como expresó el gran líder brasileño Lula, en una reunión con los jefes de gobierno de India y África del Sur: “Es inadmisible que vayamos a pagar por las irresponsabilidades de especuladores que transformaron el mundo en un gran casino al mismo tiempo que nos daban lecciones de cómo gobernar nuestros países”. Con  base en ello reclamó una nueva arquitectura financiera internacional más justa y acorde con los tiempos.

Es inadmisible que el FMI funcione exclusivamente como mecanismo de vigilancia de los países del Sur y no lo haga con la misma severidad a los países del Norte. Tampoco es admisible que se excluya de la definición de los mecanismos de respuesta a países como China, India, Brasil o Rusia, cuya representación en los derechos de voto en el FMI no guarda relación con su peso económico mundial y, en última instancia, que se excluya a cualquier país. Es hora ya de un nuevo acuerdo financiero más justo, dejando atrás al de Bretton Woods de 1944.

Anuncios

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: