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Economía Mundial

Krugman, un estilo imitado en todo el mundo

Por Pol Antràs Puchal, Catedrático de Economía Internacional en la Universidad de Harvard. Tomado de Expansión…

La Real Academia Sueca de las Ciencias ha otorgado el Premio Nobel de Economía 2008 a Paul Krugman de la Universidad de Princeton. Se trata sin duda de uno de los premiados con mayor perfil público en los últimos años.

 

Sus continuas críticas al gobierno republicano de George W. Bush, publicadas en su columna bisemanal en el New York Times, le han convertido en una figura importante dentro del panorama demócrata norteamericano. ¿Puede uno interpretar la concesión del premio a Krugman como una nueva bofetada a Bush, como algunos quisieron leer el Premio Nobel de la Paz otorgado al ex-candidato demócrata Al Gore en 2007? La respuesta es un contundente no: el Nobel a Krugman no tiene ningún cariz político.

Simplemente reconoce su trabajo pionero en el desarrollo de las teorías modernas del comercio internacional y la geografía económica.
La teoría clásica del comercio internacional, fundada por David Ricardo a principios del siglo XIX y desarrollada, entre otros, por Paul Samuelson y Bertil Ohlin (anteriores ganadores del Premio Nobel), enfatiza los beneficios asociados con el comercio internacional entre países que difieren en sus potencial productor.

Es natural y beneficioso que países relativamente abundantes en ciertos recursos productivos se especialicen en la producción de bienes que usen esos recursos intensivamente. La evidencia empírica indica, sin embargo, que los mayores flujos de comercio internacional ocurren entre países dotados con similares niveles relativos de recursos productivos que se intercambian bienes relativamente parecidos (automóviles, productos electrónicos,…). ¿De dónde se deriva entonces el beneficio de la especialización?

A finales de los años 70 y principios de los 80, Krugman revolucionó el campo de la economía internacional al proponer una nueva teoría para explicar la estructura comercial internacional. Su teoría se basa en dos conceptos básicos: la heterogeneidad o diversidad de gustos entre consumidores y la presencia de economías de escala en producción. El primer factor explica por qué, dentro de una industria (por ejemplo, la del automóvil) las empresas deciden ofrecer diferentes variedades (o modelos) de un mismo bien comercial.

El segundo factor racionaliza el hecho de que la producción de cada una de estas variedades se acabe concentrando en un país o región. El resultado es un mundo donde los países no se especializan en ciertas industrias, sino en particulares variedades dentro de cada industria.

Además de explicar por qué el comercio internacional entre países con idéntico potencial productor puede ser beneficioso, la teoría de Krugman también racionaliza el hecho de que una parte muy significativa del comercio internacional ocurra entre los países más desarrollados del mundo, algo que la teoría tradicional difícilmente puede explicar. Durante la década de los 80 y con la colaboración de Elhanan Helpman (mi colega en la Universidad de Harvard), Krugman estudió las implicaciones de esta nueva teoría del comercio para otras cuestiones fundamentales en Economía Internacional, como el diseño óptimo de políticas comerciales o el rápido crecimiento de las empresas multinacionales en la economía mundial.

En la década de los 90, Krugman se dio cuenta que los mismos factores que explican la localización de la producción a nivel internacional son relevantes para entender la distribución de la actividad económica dentro de un país.

Al igual que su teoría de comercio internacional, la “nueva geografía económica” desarrollada por Krugman también se basa en la existencia de economías de escala en producción, pero enfatiza la importancia de los costes de transporte y la potencial movilidad del trabajo entre regiones.

La interacción de estas fuerzas permite entender la emergencia de grandes centros de producción (que uno puede interpretar como ciudades), donde los trabajadores (en tanto que consumidores) se benefician de estar cerca del núcleo de producción, mientras que las empresas (y sus trabajadores) se benefician de un mayor nivel de demanda que permite una mejor explotación de las economías de escala.

En los círculos académicos, Krugman también es admirado por su enorme talento en el desarrollo de simples modelos matemáticos que consiguen plasmar la esencia del problema económico estudiado. Su estilo fue percibido como heterodoxo en los años 70 (lo cual explica que Krugman fracasara en sus intentos de publicar su primer artículo sobre comercio internacional en una las principales revistas de economía americanas), pero el “estilo Krugman” (Krugman-style) es hoy en día venerado e imitado en todo el mundo.

Pol Antràs Puchal, Catedrático de Economía Internacional en la Universidad de Harvard.

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