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Gonzalo Maldonado Albán

Anatomía de la crisis

Por Gonzalo Maldonado, Diario El Comercio

En su ‘Teoría de los sentimientos morales’ Adam Smith dijo que el deseo de copiar o de seguir lo que otros hacían era la pulsión más dañina del ser humano. Si los agricultores de un país decidieran sembrar trigo porque uno de ellos obtuvo pingües ganancias con ese cultivo, todos terminarán perdiendo porque el exceso de oferta hará que el precio de aquella gramínea se desplome en el mercado. Algo similar ocurre hoy en el sistema financiero internacional. Los precios de los papeles que se transan en bolsa siguen cayendo porque todos los inversionistas han decidido hacer lo mismo que alguien hizo en algún momento: vender sus activos financieros para tener dinero en efectivo. Lo que pudo haber resultado beneficioso para una persona -vender un papel y guardar ese dinero en efectivo- a nivel colectivo está produciendo una catástrofe de proporciones inimaginables. Todo el sistema financiero global está en riesgo de colapsar, si las autoridades no detienen ese pánico vendedor que amenaza con tomarse absolutamente todos los participantes del mercado. Es que, al principio, los problemas de liquidez y solvencia solo concernían a los deudores de hipotecas y a los bancos tenedores de esas hipotecas. Como las autoridades estadounidenses fueron incapaces de armar un paquete creíble que limitase la crisis al ámbito hipotecario, los inversionistas comenzaron a desprenderse de sus posiciones -depósitos o acciones- en todos los bancos comerciales. Esto debilitó la posición patrimonial de aquellas instituciones, al punto de forzarles a cortar sus líneas de crédito. Como el paquete de ayuda ha tardado en llegar, la crisis amenaza ahora con tomarse al sector real de la economía. Los precios de acciones como las de General Motors están en niveles históricamente bajos por el temor de que esa corporación no sea capaz de honrar sus deudas. En una situación parecida se encuentra Ford Motor Company, otro gigante de la industria automotriz. Si las grandes empresas entrasen en dificultades económicas, se producirían despidos masivos. Esto afectaría al consumo de los hogares, lo que acentuaría la recesión a escala mundial. Si entre hoy y mañana, las autoridades del G7 no son capaces de transmitir confianza entre los inversionistas, los expertos aseguran que se produciría un ‘crack’ incluso más grave que el ocurrido en 1929. Para evitar aquello, se barajan alternativas extremas como nacionalizar toda la banca; que el Estado preste directamente a las empresas y a las familias en dificultades financieras y que garantice absolutamente todos los pasivos del sistema financiero. Son medidas que antes hubieran sido impensables pero que ahora se las mira como las únicas capaces de impedir el colapso de los mercados.

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