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Jacobo Velasco Molina

Tsunami Financiero

Por Juan Jacobo Velasco, Diario Hoy

Los tsunamis son así: primero tiembla la tierra, en un aviso muy movido de que algo pasará. A continuación, el mar se retrae, dejando un amplio espacio baldío. Debe ser un momento de nostalgia, en el que se añora el vaivén de las olas que súbitamente desaparecen. La ausencia deviene en un presagio de desolación que se materializa cuando, sobre el sorpresivo desierto, una ola gigantesca y asesina cubre el lecho marino, la playa, las viviendas. Todo. Puede que existan mecanismos de aviso, pero por lo general la gente se lo toma con tranquilidad porque las mismas autoridades no se apuran demasiado ni avizoran las consecuencias del cataclismo. Los tsunamis son, por su progresión, de difícil lectura. No son solo sismos, cambios marinos u olas gigantescas. Son un poco de todo: un fenómeno único y horrendo. La crisis de las hipotecas subprimes es lo más similar a un tsunami. Las primeras señales fueron una suerte de temblor cuando, hace año y medio, varias instituciones financieras europeas declararon fuertes pérdidas por las inversiones que habían realizado en activos relacionados con los créditos hipotecarios estadounidenses de mala calidad. Banque Paribas, por ejemplo, arrojó pérdidas por cerca de 5 000 millones de euros. Desde ese momento, los financistas y economistas comenzaron a especular de qué se trataba. Si uno los revisa, todos los análisis apuntaban a una especie de ajuste del mercado de los bienes raíces, sin efectos en el mercado financiero y con una posible desaceleración, a lo sumo, de la economía estadounidense en 2008. 

Todo estaba bien, en tanto el mercado financiero se tenía que ajustar y la economía, seguir su curso normal. Pero a inicios de año, una corrida financiera y el salvataje respectivo allanaron el camino a la desolación por salvar los muebles. El efecto en cadena volatilizó los mercados. De pronto, el crédito se secó. Por eso la urgencia del salvataje del Gobierno y la declaración subsiguiente de Bush de que todo iría bien después.

¿Es así? La erosión rampante del crédito se basa en la confianza. Nadie cree en el dios mercado cuando cayó el andamiaje de Wall Street: los bancos de inversión. Por eso, las palabras de Bush parecen vacías. El resultado de la percepción de la crisis es un efecto en la riqueza y la demanda mundial. Esta semana estamos viendo cómo llegan las primeras olas en la forma de una caída abrupta del resto de mercados financieros, de la depreciación de las monedas de los países, del fuerte descenso de los precios de los commodities. Hasta el final, todos piensan que las cosas están bien. Una mueca de horror es lo que queda en las víctimas de los tsunamis.

velascoj@hoy.com.ec

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