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José Samaniego Ponce

Al borde del abismo

Por José Samaniego Ponce, Diario Hoy.

Cuando pensamos que lo peor ya había pasado la semana anterior, luego de ese lunes negro (el 29 de septiembre), no fue así. Si supusimos que el paquete de ayuda financiera aprobado el viernes por el Congreso estadounidense por la increíble cantidad de $700 mil millones iba a tranquilizar al mercado, nos equivocamos. El fin de semana que pasó, continuaron apareciendo en la prensa económica noticias de problemas financieros, pero esta vez concentradas en Europa. Los anuncios del Gobierno alemán de aumentar la línea de crédito de ayuda al Hypo Real Estate, así como de crear un seguro para los pequeños depositantes, como antes lo hiciera Irlanda en su tiempo y también lo adoptara Austria inmediatamente, fueron signos evidentes de que los mercados percibían que en Europa aún no se tocaba fondo y que los gobiernos estaban nerviosos por un desenlace impredecible, similar al experimentado en los Estados Unidos. El lunes 6 de octubre, fue poco menos que un día de locura colectiva. El índice Dow Jones perdió 400 puntos y por primera vez en cuatro años se ubicó por debajo de la cota de 10 000 que había sido superada en 2004. La pérdida acumulada de este índice en un año supera ya el 25%. En Europa, ese mismo día, el DJ Stoxx cayó a su nivel más bajo desde 1987 y el euro se depreció llegando a 1,35 por dólar, con una tendencia a acelerarse, toda vez que en la noche se conoció que los gobiernos comunitarios no se pusieron de acuerdo para aprobar un paquete de rescate financiero similar al estadounidense. Por su parte, el petróleo se redujo por debajo de los $90 por barril, y esto produjo que las acciones de las compañías petroleras arrastren aún más a la bolsa. Y como si esto fuera poco, las principales bolsas latinoamericanas empezaron a sentir los efectos devastadores de la crisis financiera mundial: en México y Brasil, las acciones perdieron más del 5% de su valor en un solo día, cayendo a los niveles más bajos en la década, lo que arrastró también a las monedas de esos países; similares efectos se sintieron en mercados de valores importantes como los de Chile, Perú, Colombia y Argentina. El lunes empezaron a presentarse evidencias de que el problema ya no es solo de los Estados Unidos y Europa, sino que las réplicas de este terremoto financiero se están empezando a sentir en las economías emergentes, particularmente de América Latina. Pero también de que el sector real de la economía, vale decir, los sectores productivos, está comenzando a sufrir los dolores de la recesión, en especial industrias como la automotriz, de la construcción, la de producción de materias primas, la industria vinculada al petróleo, la energía y otros servicios básicos. En crisis, las reacciones del mercado se vuelven irracionales; los movimientos de los precios imprevistos; la velocidad de reacción de los agentes se acelera y la capacidad de predecir los efectos de las medidas de política económica se vuelven muy limitados. Es un tsunami que arrastra todo a su paso y amenaza con llevar a la economía “al borde del abismo”: ese es el título de la última entrega de la revista The Economist.

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