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Alejandro Moreano

El Che y el mundo multipolar

Comparada con la revolución china, la épica que culminó con la muerte del CHE en Bolivia, el 8 de Octubre de 1967, parece una pequeña contienda.  Allá, millones de hombres, la Gran Marcha, la derrota sucesiva de japoneses y norteamericanos… Acá, en la quebrada de Ñancahuazú, quedaban 17 revolucionarios cercados por un ejército de miles de hombres.
¿Qué es lo que convierte al CHE en símbolo universal?
En nuestro libro “Apocalipsis perpetuo”, señalamos: “Entre las grandes gestas de China o el mundo árabe y los movimientos creadores de Occidente –las contraculturas, el Mayo francés, el Poder Negro-, América Latina era la intersección: formación de pueblos y naciones a la vez que el nuevo escenario de las vanguardias artísticas y de la germinación del individuo total: el CHE, el guerrillero, el combatiente mas individual enfrentado a la maquinaria más impersonal y absoluta de la guerra. América Latina, el paraíso de una posible modernidad libertaria”. La capacidad de síntesis de la figura del CHE es impresionante: catolicismo popular y ateísmo revolucionario, poesía y acción, sacrificio por los otros y magnificación del individuo, héroe y mártir…
En las décadas ‘60 y ‘70, iconizadas en el CHE, América Latina fue la vanguardia mundial en la política y la cultura: Cuba fue el centro de la Tricontinental, de la agitación revolucionaria en Asia, África, América Latina y de la lucha de estudiantes, afro americanos, pacifistas y beatnics. En los ‘60 y ‘70, del siglo pasado, América Latina fue la vanguardia mundial de la cultura: el boom, la Teología de la liberación, la Teoría de la dependencia, el Cine verdad, la Pedagogía y el Teatro del oprimido-.

 

 

“En los ‘60 y ‘70, del siglo XX, América Latina fue la vanguardia de la cultura”

 
Hoy estamos avanzando a una situación similar en nuevas condiciones. La crisis financiera de los EE.UU. es apenas la punta del iceberg no solo de una crisis productiva y económica tanto o mas profunda que la de 1929, sino de una crisis histórica que va a marcar un cambio radical en la historia contemporánea: el paso de un mundo unipolar regido por la dictadura planetaria de los EE.UU. a un mundo multipolar, entre cuyos centros esta(rá)n la integraciones regionales como la de América Latina, el África subsariana, el mundo árabe, el Asia Central, India, Rusia, China amén de los países de la Tríada: EE.UU., la Unión Europea, Japón.
No alcanzamos a imaginar las dimensiones de ese cambio. Las relaciones de dominación Norte-Sur serán reemplazadas por relaciones horizontales; las migraciones generarán nuevos imaginarios y cruces, se desplegará un cosmopolitismo del Sur amplio y masivo, se irrigaran todas las venas del planeta. En nuestro imaginario Irán, China, Sudáfrica o Palestina serán tan importantes como EE.UU. y Europa.
El siglo XXI comenzó con una extrema vitalidad de América Latina, cambios decisivos, emergencia política de las fuerzas sociales que lucharon contra el neoliberalismo, nuevos gobiernos. Si bien el mundo árabe o China han sido factores cardinales en la quiebra de la hegemonía militar y económica del Imperio; América Latina ha sido el eje de su agonía político-cultural y de la apertura en el horizonte de una nueva forma de vida.
El CHE es quizá el símbolo de un nuevo papel de América Latina
en la construcción del “otro mundo posible”.

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