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Jacobo Velasco Molina

Pesadilla neoliberal

Por Juan Jacobo Velasco

Para entender la crisis financiera mundial usted debe conocer a Hyman Minsky, quien postuló que la formación y explosión de burbujas financieras es inherente al sistema capitalista, dado que los operadores toman demasiados riesgos en épocas de estabilidad. La crisis de las subprimes se generó tal cual: el exceso de liquidez y las bajas rentabilidades llevaron a los bancos hipotecarios a buscar clientes entre los sujetos más riesgosos. Llegaron a lo increíble, dando créditos de $400 mil a trabajadores que ganaban menos de $1 000. Esto funcionó como toda burbuja: se generaron activos colaterales sobre los créditos hipotecarios que dieron rápidas ganancias a los inversores. De pronto, todos se sintieron más ricos. Si a eso se suma el aumento de la demanda de los commodities como el petróleo y el cobre -y la especulación consecuente- la burbuja parecía no tener techo, con su efecto al alza en la riqueza y los precios mundiales.

Pero cuando los sujetos de los créditos riesgosos cayeron en no pago, no solo afectaron a los bancos prestamistas sino a toda la arquitectura mundial. El lunes quebró el cuarto banco de inversiones del mundo (con miles de millones de dólares invertidos en créditos hipotecarios) y el quinto banco más grande fue vendido a precio de remate.

Paradoja máxima: los mismos apóstoles del libre mercado hicieron fila india para esperar el salvataje del Gobierno americano. Se salvó hace algunos meses el Bear Stearns, pero no el resto del sistema financiero. La crisis mundial -la de verdad, con su rechinar de dientes y su efecto en los precios y la recesión- por fin arribó.

Parafraseando a Correa, comenzamos una pesadilla neoliberal. El problema es que esta viene con todo y nadie sabe cuánto va a durar. Nos va a golpear muy fuerte, pues significa una menor demanda mundial, con sus efectos en el volumen de las exportaciones y una caída de los precios de los commodities, particularmente del petróleo, que esta semana se cotizó a su valor más bajo en dos años. La crisis se perfecciona con un dólar con fuerte tendencia al alza, lo que nos haría perder mucha competitividad.

Ni el Gobierno, ni la oposición, ni la sociedad parecieran reconocer las amenazas que se ciernen en medio del referendo. La expansión fiscal actual, de carácter electoral, no prevé la posibilidad de que la contracción mundial reduzca significativamente los ingresos de las exportaciones del crudo. Aumentar el tren de gasto público de cara a una época de vacas flacas es peligroso porque surgen dudas si será sostenible en el corto plazo. Lo peor de esta pesadilla es la terrible ayuda que se le da desde nuestro patriótico despertar.

velascoj@hoy.com.ec

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