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Gabriela Calderón

Tu vida como parte del Plan Nacional

El Presidente dice que en Ecuador hay demasiados abogados y arquitectos y que las universidades están graduando “desempleados”. Cuando estos “desempleados” con título osan irse del país en busca de mejor oportunidades, el Presidente lo considera un atentado contra el desarrollo nacional.

Habría que preguntarle cuál es la cantidad exacta de abogados o arquitectos que necesita el país (si es que la hay).

Yo nunca consideré mi vida como parte del plan nacional. Ni siquiera mis padres la concibieron como parte del “plan familiar” y me dieron libertad (y apoyo) total para escoger la carrera que quería estudiar.

¿Por qué ahora apoyaríamos los jóvenes de este país a que se nos reduzca la libertad para planificar nuestra vida y se apodere a los políticos de turno para planificarla por nosotros?

Cuando escogí mi carrera traté de descifrar a qué quería dedicar mi vida profesional; el estilo de vida que quería tener y la remuneración económica que necesitaría para tenerlo; dónde quería vivir y si ahí habría campo para desempeñarme como profesional; y qué trabajo me permitiría mantener una familia. Pero esas consideraciones, tan individuales e íntimas, son ignoradas en los sistemas de educación pública altamente politizados y centralizados como el nuestro. No bastaron más de 30 años de un sistema de educación básica y secundaria secuestrado por un partido político que electoralmente siempre fue una fuerza marginal –el MPD– para que en el 2008 se nos proponga una mayor politización y centralización. A través de la Unión Nacional de Educadores (UNE) –sindicato que todavía predica el comunismo– el MPD tiene décadas fomentando el odio entre clases en nuestro país.

Los problemas de raíz de la educación pública ecuatoriana son la falta de competencia y la politización de las instituciones educativas. El primer problema se resuelve eliminando el monopolio en la provisión y descentralizando la administración y regulación de la educación, como lo hizo exitosamente Suecia a principios de los noventas con sus escuelas básicas y secundarias.

Muchos confunden el financiamiento público con la provisión pública de la educación. Si se implementara un sistema de bonos escolares a través del cual serían los padres los que tengan la libertad de elegir en donde estudiarán sus hijos, se estaría eliminando el monopolio de la provisión pública, mas, no el financiamiento público. De esta manera se generaría una saludable competencia entre las instituciones públicas, privadas y mixtas. Pero lo más importante es que se aumentaría la libertad para elegir del padre de familia, ya no sería un cliente cautivo. Los docentes probablemente se enfocarán menos en el cabildeo político y en la atención al estudiante.

En cuanto a la educación superior, aunque considero que la única manera de garantizar una verdadera autonomía universitaria es que las universidades no reciban financiamiento público alguno, un paso intermedio sería que el Estado se limite a financiar a los estudiantes para pagarse sus estudios y que estos paguen los costos una vez concluidos sus estudios.

Según el artículo 351 de la Constitución de Montecristi, “El sistema de educación superior estará articulado… al Plan Nacional de Desarrollo”. En esta Constitución no importa lo que el estudiante quiere, sino lo que el Plan Nacional de Desarrollo –hecho por el Ejecutivo y aprobado por un Consejo que este preside– requiera.

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