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Editorialistas de Ecuador

Llegó la inflación…

Por:  Antenor Iturralde

Toda la sabiduría del Gobierno tiene que inundar la economía del país para evitar el descalabro que llegará, si no se toman las medidas necesaria y oportunas para impedir que el fenómeno monetario asuele la vida productiva del Ecuador.

Definida en la forma más simple, la inflación monetaria equivale a la depreciación de la moneda –irónicamente hoy es el dólar–. Y la ironía está precisamente en que pierde valor el signo mundial monetario más fuerte con que se manejan las transacciones en el mundo y las del país.

Significa que se achica el valor adquisitivo de la moneda como factor de compraventa, y teniendo menor poder adquisitivo será necesario más dinero para comprar lo mismo. En ciertas áreas se podrá reducir tamaño, volumen o peso para contraponer el producto al momento de sus costos; pero no es posible hacerlo tan elásticamente con los costos fijos: arriendos, sueldos y salarios, ciertos insumos, etcétera.

La inflación monetaria diezma, por consecuencia, a las empresas con volumen importante de costos fijos, y afecta, desde luego, a la posición de liquidez porque se necesitará más dinero para poder mantener el punto de equilibrio, por consecuencia, la rentabilidad.

La inflación y la guerra solo la pueden hacer bien los gobiernos.

Creíamos que al dolarizarse la economía ecuatoriana se estaría libre de las devaluaciones que enriquecían a quienes manejaban el dólar y empobrecían a los propietarios en sucres. Hoy queda probado: que la inflación la provoca el Gobierno, y así lo dijo tajantemente el profesor Drucker, padre de la administración moderna.

Administrar una empresa en etapa de inflación es diferente a hacerlo en tiempos normales. Los saltos financieros saben ser frecuentes y hay que tener una vigilancia constante sobre el presupuesto de caja, que es el ojo de la aguja de la empresa. Los jefes financieros generalmente tienen el ojo sobre el bulto, que se podría decir que es la forma; mientras que en el fondo, o sea las operaciones, podrían estar desperdiciando o utilizando mal el dinero. En épocas inflacionarias se necesita doble vigilancia (control) sobre la inversión.

La inflación monetaria abarca todos los órdenes de la vida. Se extiende repentinamente y se siente cuando la sábana empieza a no cubrir. El dinero no alcanza, los gobiernos emiten circulante, y mientras más emiten menos vale si la emisión no tiene el respaldo respectivo, sea en oro o en producción.

Si a la economía ecuatoriana no se le da ahora, precisamente ahora, el golpe del timón que necesita, la inflación continuará. Este no es un mensaje pesimista; por el contrario, llama a los dirigentes del país a dedicar su sabiduría a enderezar la economía.

Llame el Gobierno a una selección de becados graduados Cum laude (estudiantes becados con fondos públicos) y forme un grupo de think tanks que se dediquen a encontrar las respuestas concretas a problemas del desarrollo económico también concretos.

El Ecuador aún tiene la oportunidad de contar con los recursos petroleros –que no se conoce cuándo se terminarán– que actúan como amortiguador de errores y fallas económicas gubernamentales.

La nueva Constitución que se nos va a endilgar a los ecuatorianos será un instrumento de constante conflicto, que por lo visto desde ahora, ya se está armando una nueva dirección.

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