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Editorialistas de Ecuador

Una cifra exorbitante

Por Manuel Terán

Según las autoridades económicas, el Presupuesto del Estado para el año 2009 superaría la astronómica cifra de los USD 15 000 millones, lo que, sin duda, no tiene parangón. Se sustentaría con un barril de petróleo calculado en USD 75, por ende se tornaría más vulnerable la economía del país ante cualquier cambio, hacia la baja, del precio internacional del crudo.

Los mayores recursos que está obteniendo el país tienen, para los actuales administradores de la cosa pública, el carácter de interminables. Les ha tocado administrar tiempos de bonanza y el país vive una especie de encantamiento, pensando que la riqueza es inagotable y que los precios altos del crudo siempre estarán en niveles elevados. De allí que todo parece posible. Más subsidios, más gastos, más ofrecimientos interminables están a la orden del sí, total estamos en plena campaña política. Pero la historia nos cuenta otra verdad, a una etapa cíclica de altos precios del baril de crudo le sigue, por lo general, otra en que su precio cae ostensiblemente.

En el escenario que en el año venidero el precio no cayese más allá del valor previsto en el Presupuesto no habrán terminado los inconvenientes, porque normalmente resulta muy difícil, por no decir imposible, contraer el Presupuesto en el siguiente ejercicio.  Por eso preocupa que gastos que podrían convertirse en permanentes estén financiados con una lotería ocasional, como es la de los precios del crudo. De producirse una caída drástica estaríamos en serios problemas.

Estos desfases en otras épocas se trataban de disfrazar con mayor emisión monetaria, pero en una economía dolarizada aquello no es posible. Obviamente que, en teoría, queda la posibilidad de salir de la dolarización con el riesgo de enfrentar la reacción de quienes prefieren guardar el fruto de su esfuerzo en una moneda que mantenga su valor, más no en otra que se deprecie constantemente. Pero en el hipotético caso de que descienda el precio del barril de crudo y no ingresen recursos a la caja fiscal, las obligaciones estatales como salarios o aportes al IESS empezarían a cancelarse, como en la Argentina, con bonos o papeles sin ningún valor.

El riesgo es inmenso y parece que a los  gobernantes esta situación les tiene sin cuidado. Más aún, de aprobarse el proyecto constitucional sometido a referéndum, la cuenta se elevaría por el baratillo de ofertas contenido en ese instrumento. Es difícil conseguir de quien no está convencido de la utilidad de un determinado mecanismo que lo defienda o que trabaje para sostenerlo. Ese es el caso de las autoridades, quienes siempre se manifestaron contrarias a la dolarización. En este asunto ojalá no se equivoquen en sus cálculos, caso contrario cuando la bonanza termine estaremos viviendo una crisis de incalculables consecuencias.

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