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Alejandro Moreano

El vacío cultural de la derecha

ALEJANDRO MOREANO

amoreano@telegrafo.com.ec

En un reciente Seminario que dicté en el Doctorado de Historia de la Universidad Andina, “Cultura y pensamiento en América Latina en el Siglo XX”, los participantes –todos con masterados y varios libros escritos- expresaron su sorpresa frente el hecho de que junto a pensamientos desarrollados como los del barroco y el neobarroco, el de la Teología de la Liberación, el de la Literatura –Rulfo, Borges, Arguedas– o el de los Estudios Culturales, hayamos introducido un pensamiento tan elemental como el neoliberal.

En efecto, el pensamiento neoliberal en América Latina no ha producido pensadores ni obras significativas. Sus exponentes son dirigentes del área económica de los Gobiernos, asesores de las grandes empresas, funcionarios de organismos internacionales y de los medios de comunicación.

A guisa de explicación señalé que si en sus orígenes –von Mises, von Hayek, Karl Popper…-, el neoliberalismo fue un pensamiento teórico, conforme se consolidaba como la política del capital mundial fue convirtiéndose en un discurso performativo en que la teoría se disuelve en la práctica.

Mas, tal carácter pragmático es propio de su concepción. La realización plena del  “mercado total” anularía no solo los saberes críticos sino el pensamiento teórico. La mano invisible del mercado contiene su propio saber. El mercado es como Dios en el que no hay diferencia entre potencia y acto –distancia que origina el saber-: todo lo que Dios piensa es, todo lo que se mueve libremente en el mercado es. El saber neoliberal solo tiene sentido en la fase de transición: describir las obstrucciones, para eliminarlas, al libre funcionamiento del mercado.

“El imaginario neoliberal es tan vacío que roba la riqueza del imaginario de la izquierda”

El pragmatismo teórico exige un discurso propagandístico para combatir las resistencias culturales al mercado. Se dirige al “sentido común y funciona como evidencia inapelable. El mercado es lo absolutamente visible. Se trata de la inteligencia de lo obvio, de lo que está a la vista y que solo “el perfecto idiota latinoamericano”, atiborrado de ideologías extremistas, es incapaz de ver. De allí el tono autosuficiente, intolerante, inobjetable de sus formulaciones.

Si la práctica del neoliberalismo nos ha llevado al atraso, a la perdida de soberanía, a una extrema polarización social, su discurso nos amenaza llevar al fin del pensamiento.

El imaginario neoliberal, también, es tan vacío que debe recurrir a robar la riqueza del imaginario de las luchas revolucionarias y populares. Así, se ha apelado a la lucha de Monseñor Romero para legitimar la acción del Arzobispo Arregui, olvidando que la derecha clerical y el Opus Dei estuvieron entre las fuerzas que asesinaron a Monseñor Romero. Los estudiantes de derecha de la Universidad Católica de Guayaquil hacen propaganda con la célebre canción de Violeta Parra, “Que vivan los estudiantes”, desconociendo que Violeta era una cantante ligada a la izquierda, a los campesinos y trabajadores chilenos masacrados por la derecha; se ha invocado el Mayo francés para legitimar a los jóvenes pelucones de Guayaquil. ¡Por Dios!: ¿comparar los deslumbrantes graffitis de los jóvenes franceses con los gestos obscenos de los hijos de la oligarquía?

Sólo falta que Nebot sea proclamado el Che Guevara del NO.

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