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Mauricio Pozo

¿Inflación o crecimiento?

Por Mauricio Pozo

La política económica está llena de dilemas, pues la administración de recursos escasos siempre lleva consigo beneficios y costos, lo que debe propender a que los primeros sean mayores a los segundos. La dinámica económica puede llevar a que se presenten disyuntivas que obliguen a la autoridad económica e escoger uno u otro camino. Busco crecer más rápidamente a costa de un incremento moderado de la inflación o anclo la política económica para crecer menos pero con mayor estabilidad de precios. Algo de esto podría estar presente en la economía ecuatoriana del momento. Si alguien del Gobierno en el área económica está pensando en esta suerte de conflicto de metas y objetivos, probablemente razone y diga: no debo frenar el gasto público a pesar de alimentar la inflación porque el ya incipiente crecimiento económico puede estancarse aún más. Peor aún, si hay elecciones en menos de dos meses, es un error político frenar el gasto fiscal cuando este puede ayudar de forma significativa a un favorable rédito electoral. Lamentablemente, esta supuesta lectura tiene graves riesgos, pues siempre será más fácil desordenar las finanzas públicas que mantenerlas en orden, más aún si el Gobierno solo piensa en las encuestas y en eternizarse en el poder.

Concentrar el análisis en que el gasto público es el mayor componente del crecimiento económico es un error de diagnóstico. Si bien la obra pública puede colaborar a que crezca la economía, los problemas de eficiencia del gasto, la alta concentración del presupuesto en egresos corrientes y la mala calidad en general del gasto del Gobierno hacen muy complicado, sobre todo en el corto plazo, reactivar la economía. Al contrario, si el Gobierno se desprendiera del sesgo ideológico que le impide acercarse al sector privado, podría beneficiarse de la inversión privada y, por su intermedio, del crecimiento económico. La presencia de dilemas de política económica es una realidad, pero postergar o simplemente relegar decisiones económicas acertadas a cambio de objetivos electorales produce problemas futuros mucho más difíciles de administrar y más complicados de enderezar.

La dolarización recibe el fuerte respaldo de las exportaciones petroleras y no petroleras y de las remesas enviadas por ecuatorianos desde el exterior, pero alimenta una tendencia perversa a creer que la bonanza es eterna. Más aún, la debilidad del dólar ayuda más a las exportaciones y fomenta todavía mayor liquidez.

Con más plata y apoyo popular, es imprescindible una fuerte dosis de madurez política y de responsabilidad para evitar el mareo y no seguir en el desorden y el despilfarro. Las disyuntivas de la política económica se agudizan cuando no hay entendimiento de cómo funciona la economía o cuando se cree que la lotería del petróleo es infinita. Sí se pudo inflación baja con alto crecimiento.

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