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Gabriela Calderón

Empresarios suicidas

Gabriela Calderón | gabriela.calderon@cato.org

El Universo, 30 de julio, 2008

Se suele pensar que si uno está a favor del libre mercado, uno tiene que estar a favor de todo lo que hacen los distintos empresarios. Nada puede estar más alejado de la verdad. Y es que algunos empresarios tienen ese “impulso suicida” que describía el Premio Nobel Milton Friedman así: “Cuando se trata de sus negocios, ellos miran a largo plazo y consideran lo que su empresa podría ser en 5 o 10 años. Pero cuando se meten a la esfera pública y comienzan a enfrentarse a los problemas de la política, ellos suelen ser muy miopes”.

Son numerosos (y muy visibles) los empresarios en este país que se aliaron con el poder político de turno para hacer fortunas personales y/o protegerse en el corto plazo. Cabe recalcar que, en muchos casos, (1) no toda su fortuna se hizo de esta manera y que (2) no hubieran podido hacer esta jugada sino fuera por la colaboración activa de aquellos que detentaban el poder político. Los políticos, a su vez, no hubieran podido participar en esta movida si el Estado que llegaron a administrar hubiese sido uno de poderes y medios limitados. Esto viene a cuenta de que son numerosos los miembros de la élite empresarial del país que en las últimas décadas han venido colocándose y apretándose la soga al cuello. Tarde o temprano llegaría alguien a patear el banquito.

El economista ecuatoriano Pedro Romero, de George Mason University, explica que a partir de la sucretización de la deuda de 1982 por parte del gobierno de Osvaldo Hurtado, el sector público se dedicó a subsidiar y proteger, a través del Banco Central del Ecuador (BCE) al sector productivo y bancario –el cual estaba altamente endeudado con el exterior–. Esta relación “mercantilista”, en la que los banqueros se preocupaban más por contentar a funcionarios del BCE y la Superintendencia de Bancos, que en atender a sus clientes, resultó en un pésimo servicio al cliente (¡hasta desaparecieron los depósitos!).

Tales banqueros que se valieron de leyes públicas para crear fortunas personales, no son la clase de empresarios o la clase de riqueza que defendemos los liberales. Ellos son esa clase de empresarios que suelen ser ineficientes y que, por lo tanto, le huyen a la competencia. Son los mismos que si tuviesen una empresa que vende ropa le pedirían al Gobierno que los proteja de las importaciones de ropa china.

Romero concluye en su estudio sobre la crisis financiera que “esta socialización de pérdidas (que venía sucediendo desde 1982) representó un alto costo… para los ecuatorianos… Desde entonces se practica en Ecuador un proceso de continuo salvataje a bancos ineficientes, y a grupos empresariales relacionados”.

Entre esos banqueros o empresarios con el “impulso suicida” están los Isaías así como muchos otros banqueros, incluso algunos que continúan con sus bancos y empresas en operación.

Así seguimos teniendo un país donde la mayoría de los miembros de la élite empresarial son lo que el economista Pablo Arosemena denomina “empresarios pro negocio”: “aquel empresario que se preocupa exclusivamente por la libertad económica para su negocio”, pero no para los demás. Este “no cree en la libertad, solo se sirve de la libertad”.

Ahora en tiempos socialistas, abundan las oportunidades para este tipo de empresarios con “impulso suicida”.

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