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José Samaniego Ponce

Se deteriora la Economía

Por José Samaniego

Se había anticipado. En muchas ocasiones se alertó que los efectos de la política económica del Gobierno iban a dar los resultados que se experimentó en 2007 y hoy, al finalizar el primer semestre de 2008, se están confirmando. “Menos política, más economía”, tituló Marco Aráuz su editorial del domingo; “…la economía sigue decaída”, opinó César Augusto Sosa; “Un primer semestre muy pobre”, fue el titular de El Comercio del lunes; “…el futuro de la economía será oscuro e inseguro”, pronosticó Mauricio Pozo en HOY. Es que no se podía esperar otra cosa, los agentes económicos responden a los incentivos y a las señales que envían las autoridades y si estos no son consistentes entre sí y no están adecuadamente dirigidos y diseñados, existe un solo resultado posible: el deterioro de la evolución de la economía.

Los objetivos iniciales que se propuso el Gobierno no se cumplieron en términos de crecimiento económico, inflación, reducción del empleo y mejoramiento de los niveles de pobreza. Pero tampoco se concretaron las expectativas de aumento de la producción petrolera; de incremento del crédito bancario con la reducción de la tasa de interés (el crédito crece a la mitad de lo que crecen los depósitos); de inversión pública masiva en infraestructura vial, generación de energía eléctrica, etc.; la presencia agresiva de inversión extranjera proveniente de gobiernos de América Latina afines a la ideología del Gobierno, así como de otras naciones árabes y asiáticas. Más aún, con un Gobierno que tiene una actitud confrontacional con la inversión privada; que no respeta los contratos (existen más de seis demandas al Estado ecuatoriano por parte de empresas internacionales); que se aísla del resto del mundo al no promover acuerdos comerciales y menospreciar el papel de los organismos internacionales en el financiamiento de proyectos de desarrollo, el resultado era previsible.

Hay algunos errores estratégicos que el Gobierno cometió al diseñar su plan económico de corto plazo. El primero, pensar que en un año de una fuerte carga política y de reformas al marco jurídico, la inversión iba a crecer en términos que sustenten el crecimiento económico.

El segundo, considerar que la inversión privada es inmediatamente sustituible por la inversión pública y que, por lo tanto, no importa que esta no se produzca. El tercero, pensar que el Estado es eficiente y puede tomar la posta del sector privado en la producción de bienes y servicios. El cuarto, minimizar la inversión privada extranjera en sectores estratégicos que tienen un alto componente tecnológico. El quinto, que las reformas legales deben contemplar no exclusivamente el objetivo redistributivo y fiscalista (como en las reformas laboral y tributaria), sino también generar incentivos claros a la producción para no tener efectos opuestos a los originalmente buscados. Sexto, que el control de precios y otras medidas de corte populista tarde o temprano se manifiestan en el sector real de la economía. Enfrentar los problemas económicos en forma seria normalmente no es popular. Pero postergarlos por priorizar lo electoral y político no es una actitud responsable con el país.

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