Economías de la Inteligencia

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Crisis y rumbo del país

Willington Paredes Ramírez / paredesw@granasa.com.ec

Toda crisis, en cualquiera de sus formas, constituye un punto de inflexión de un proceso social que no siempre es percibido y comprendido en su magnitud, características, orígenes y efectos. En el mundo administrativo se dice que la crisis es un momento de oportunidad, apertura y aprendizaje para asumir nuevas tareas. Este principio debe ser asimilado por los políticos. Pues, su pensar, decir y actuar se da al margen de esta realidad.

Todavía sus discursos son el único recurso que tienen. En ellos se entrampan y fluctúan entre la demagogia y el delirio, la ficción y la evasión. Es como si la historia como presente no les dijera nada. La sociedad no existe, sino ellos, sus palabras, megalomanías, amenazas y juicios erigidos en palabras de dioses.

Es lamentable que los políticos estén al m margen del problema real del país: un proceso de acumulación de crisis que durante varias décadas afecta al Ecuador, que fusiona aspectos económicos, sociales, políticos, ideológicos, científicos, académicos, educativos, culturales, regionales, étnicos, de seguridad interna y externa, de caducidad de esquemas de dominio y de relación política, de obsolescencia de viejos sistemas administrativos, de fin del estatismo y del mercadorismo voraz, etc. Para el Gobierno (en permanente tarima) y su débil y zonza oposición, las sucesivas contiendas electorales han sido y son la canción y el caramelo del entretenimiento y el encantamiento.

El uno, envanecido con el poder, armado con la ofensiva ideológica de su propaganda atosigante e intoxicante, a lo Joseph Goebbels, que más parece un permanente lavado de cerebro para crear un pensamiento único y no para construir una verdadera conciencia democrática.

Los otros, ilusos, absortos y aún confundidos. Siguen creyendo que se enfrentan a los mismos políticos de ayer. Siempre incapaces de acceder a una nueva racionalidad política que les permita comprender a qué se enfrentan, con quiénes se enfrentan, cómo se los debe enfrentar y qué deben hacer para nuclear una oposición democrática que analice, cuestione y abra horizontes para crear nuevos caminos alternativos a la democracia electorera de canciones, propagandas, pósters, colores, desfiles y sucesivas elecciones que vivimos hoy.

Por eso, la crisis parece ser la mejor de las oportunidades para que unos y otros entiendan que el país no es una muchachita tonta y plástica que pueden seducir y de la que se puedan apropiar con canciones, bailes, sucesivas cadenas y spots de radio y TV, besos, mítines, insultos, sentencias y admoniciones de torquemadas, etc.

La patria será un proceso y un proyecto para crear un producto histórico de todos sus diversos integrantes. Tiene que comenzar por entendérsela en su pluralidad, sin la pretensión de imponer una única visión, pensamiento, ideología y una sola forma de ver y entender la política. Ojalá podamos encontrar una pronta salida democrática para esta crisis.

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Obama y Wall Street

Willington Paredes Ramírez

Obama asumió el poder ayer. Su mayor dificultad no es la crisis económica mundial y sus efectos. Tampoco el fundamentalismo islámico. Es otro. Está en EE.UU. y forma parte de su ser y accionar. No está en la guerra geopolítica y geoeconómica que libra el Pentágono por la hegemonía yanqui. Tampoco en la visión escatológica de guerra étnico-cultural que cree Huntington en el “Choque de Civilizaciones”.

El problema es la existencia y persistencia de la entidad que desborda y mina la economía productiva: Wall Street. Desde ahí sale un accionar rentista y especulativo que crea inestabilidad en la economía de mercado, pues se ha convertido en un casino de Al Capone, sin dios ni ley, que especula y llena de pánico al capital productivo. La economía yanqui está presa en una cultura especulativa.

Desde Wall Street sale la inestabilidad, desequilibrio y peligro para el capital productivo, que sí crea bienes y servicios para la sociedad. Ella con otras bolsas de valores, son un verdadero poder mundial que no solo estructura el mercado de valores sino que va más allá: marcan el ritmo y la inestabilidad de la economía mundial. Es así porque fue el capital bancario y financiero especulativo (junto a las irresponsabilidades de los deudores), el que generó la crisis de la deuda externa (1982), la “tequila” en México (1994), la rusa y asiática (1997) y creó la burbuja del mercado inmobiliario, que estalló el año pasado.

Desde que monetaristas y ofertistas fomentan e impulsan el abandono de la prudencia y la racionalidad keynesiana, la economía mundial más parece un potro desbocado, un chupacabras. ¿Acaso el ascenso ficticio y brutal del precio del barril de petróleo no lo organizó Wall Street? No es un “Pentágono” de la economía mundial capitalista, pero actúa como tal.

Es como el “ántrax” de la Bolsa, que en pocos días destruye empresas productivas, fábricas eficientes, negocios honestos y naciones democráticas adheridas a la economía de libre mercado. El problema central de Obama es que desde que Wall Street se crea y difunde un salvaje libertinaje de mercado de papeles y dinero de ficción que destruye la economía real creando peligro e incertidumbre.

Obama debe parar el accionar de Wall Street, pues se ha convertido en un poder diabólico y demoníaco que incendia en su infierno especulativo los esfuerzos productivos de las empresas, del capital productivo y de la sociedad democrática. Si nos horrorizaban los crematorios antijudíos, miremos lo que pasa desde Wall Street hoy. Ahí se está cremando el trabajo productivo de agentes económicos que honestamente sostienen la sociedad democrática y su soporte, la economía capitalista.

Por eso la pregunta del millón es si Obama está dispuesto a impedir que los especuladores, tahúres y jugadores de casino de Wall Street, y otras bolsas de valores, dañen la economía, la inestabilicen y generen incertidumbre en la sociedad democrática y liberal. Esperemos ver cuál es el rumbo

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Keynes en Guayaquil

Willington Paredes Ramírez

No es cuento ni obra de la imaginación. Keynes está en Guayaquil desde hace rato. No tienen que imaginar al economista inglés recorriendo sus calles. El sanador y reactivador del capitalismo depresivo y exorcista de sus crisis está radicado y visita las calles de Guayaquil desde hace 15 años. No lo invitaron los presidentes de ese tiempo ni los ministros de Economía y Finanzas de los equipos económicos. Tampoco las facultades de Economía y Administración de las universidades del país, ni algún partido y organización socialdemócrata. Lo invitó el líder de la centroderecha del país, el difunto Febres-Cordero. Lo continuó haciendo el alcalde Nebot.

Uno y otro, sin ser economistas debieron enterarse que Lord Keynes proponía que el Estado (también los municipios) debe intervenir en la economía para atenuar las tasas de desempleo.

Pues, en la continua obra pública municipal del gobierno local, su proyecto-proceso de regeneración ha hecho que la tasa de desempleo de la ciudad entre el 12 y 15% (la más alta del país, por la alta tasa de migración y crecimiento urbano), descienda y ayude a los pobres. Por eso, Keynes recorre todos los días cada una de las obras regeneradas para comprobar que la intervención del Municipio, a través de esa obra pública, contribuye a generar empleo y a impedir que el desempleo suba a niveles peligrosos.

Por eso no me llama la atención verlo, con su calva, bigote y elegancia, recorrer el Malecón, el Salado, la Portete, la Venezuela, los Guasmos, la Trinitaria, chequeando la obra municipal de regeneración urbana que sigue combatiendo el desempleo. Tampoco me llama la atención verlo detrás del proyecto de inserción laboral de jóvenes ex pandilleros que impulsa la humanista Nelsa Curbelo y que apoya monetaria y materialmente la Alcaldía de Nebot. Keynes también le sugirió a Nebot que impulse las transformaciones espaciales de la Playita y las piscinas populares de “Viernes Santo”, en el Guasmo y Puerto Hondo, para convertirlos en sitios turísticos que den empleo, en la regeneración y en los sitios acondicionados. Esos son espacios de pobres y ahí pueden ir los pobres para reactivar la economía de los pobres. ¡Buena sugerencia Mr. Keynes!

También podemos ver y constatar la presencia e influencia de Keynes en la inversión del Municipio en los proyectos de salud, educación (libros y reparación de escuelas), provisión de computadoras para cualificar la mano de obra y mejorar las condiciones de inserción laboral.

Por eso, cuando voy a la terminal y veo los centenares de albañiles que trabajan en la regeneración de la Av. de las Américas; y cuando visito el Guasmo, sigo viendo albañiles trabajando, también veo a Keynes. Y cuando visito las piscinas de Viernes Santo y veo la distracción y la ocupación que se genera me lo imagino al inglés dándose un “cuchi” para constatar que es realmente cierto que sus ideas son aplicadas por el Municipio en la regeneración reactivadora del empleo local.

paredesw@granasa.com.ec

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2009: Welcome Lord Keynes!

En 1929-33, el sistema mundo capitalista tuvo un tsunami económico. Cayeron las certezas, la inestabilidad quebró la ingenua creencia de un mercado con oferta y demanda equilibradas. Cuando parecía que la “segura” socioeconomía se derrumbaba, el economista inglés John Maynard Keynes apareció con su idea y receta salvadora para reconstruirlo.

La depresión productiva y comercial se anudó con el crac de la Bolsa de Valores de Nueva York, pero encontró un terapeuta que trató sus males y achaques. Cuando en 1936, Keynes publicó su Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, empresarios, economistas y capitalistas de todo color y pelaje dieron loas por él, diciendo: “Welcome Lord Keynes!”. Y él se quedó largo tiempo.

Así el mundo económico, empresarial y estatal capitalista se hizo keynesiano. Gozó de prestigio hasta 1970-80, cuando nuevas realidades económicas mostraron sus falencias. Junto a ellos vino el ejército de Chicago boys, fundamentalistas neoliberales y de las ideas del Dr. Milton Friedman. Socialdemócratas y centristas keynesianos, lo abandonaron. Cayó en desgracia. Ser keynesiano en tiempos neoliberales fue arcaísmo y aberración, teórica y práctica. Pocos neokeynesianos sobrevivieron. Economistas y cuadros de las recetas “técnicas” del FMI, BM, BID, etc., le achicaron el espacio estatal.

También el mundo académico lo repudió. Keynesianos y neokeynesianos consecuentes, como Prebisch, sobrevivieron con dignidad, ética y decencia, recreándolo. Empresarios, gobiernos y universidades abandonaron y repudiaron sus ideas de intervención del Estado para reactivar la economía. Todo estaba bajo la ilusión y delirio mercadorista.

En 2008, luego de mofas y desprecios al keynesianismo, hechos bajo el síndrome del ofertismo y monetarismo neoliberal de gobiernos, líderes y académicos aristócratas y de tontos petulantes, ante la vuelta de la economía de la depresión (así la llama Paul Krugman) que otra vez los capitalistas claman por el retorno de Keynes con sus ideas-propuestas-acciones reactivadoras.

Hoy, universidades, líderes, banqueros, industriales, empresarios quebrados y moribundos piden a Keynes y al Estado salvación. Luego del desprecio, otra vez quieren que venga del más allá y salve al mundo capitalista. Y Keynes vuelve para resolver las cagadas económicas y tramposas acciones que hacen y dejan el mercado y los mercaderes. Ahora, como ayer, su labor es de higiene, profilaxis y exorcismo. Bienvenido Keynes, good bye ofertistas y Chicago boys. El mundo capitalista nuevamente es keynesiano y repite con él: “Es sorprendente el número de tonterías que se pueden creer temporalmente si se aísla uno demasiado tiempo del pensamiento de los demás, sobre todo en economía”. Y que el “caso especial supuesto por la teoría clásica no son las de la sociedad económica en que hoy vivimos, razón por las que sus enseñanzas engañan y son desastrosas si intentamos aplicarlas a los hechos reales”. ¿Cuánto tiempo se quedará?

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