Economías de la Inteligencia

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Ya lo vivimos

Por Vicente Albornoz, Diario El Comercio

Hay enormes similitudes entre la crisis que está desarrollándose a nivel mundial y lo que le pasó a nuestro país entre 1998 y 1999.  Se trata de una crisis financiera generalizada, con un origen en créditos mal concedidos y empeorada por una desconfianza del público hacia el sector financiero y de los bancos entre sí.

También es similar la receta aplicada para salir de la crisis, pues se está concediendo una garantía (en algunos casos ilimitada) a los depósitos y los estadounidenses  hasta concedieron una garantía a los préstamos, concretamente a los hipotecarios. Pero también hay diferencias. Por ahora, cuando la crisis en los países industrializados está recién empezando, se pueden  encontrar tres diferencias básicas (puede ser que  en el futuro se vayan  encontrando más).

La primera es cómo se financió la crisis. En el Ecuador, gran parte de la crisis se financió por emisión inorgánica de dinero, mientras que todo indica que en los países industrializados se financiará con deuda pública. La gran diferencia aquí está en que la emisión de dinero aumenta el circulante y genera inflación. Esa inflación, la terrible inflación de 1999, no la vivirán los países que ahora están en problemas.

Claro que al gobierno de los Estados Unidos o al de Inglaterra hay mucha gente dispuesta a prestarles dinero, mientras que al gobierno del Ecuador en 1999 nadie le quería prestar ni un centavo (con una deuda externa tan alta como la que teníamos y con el precio del petróleo por los suelos, es entendible que no hayamos sido sujeto de crédito). En otras palabras, la única opción que tenía el Ecuador en esa época era financiar la crisis con emisión, aunque claramente no 
era lo ideal.

Todo indica que la segunda gran diferencia será la administración de los pasivos financieros heredados de la crisis. En otras palabras, en cada país habrá instituciones similares a la Agencia de Garantía de Depósitos que, muy probablemente, serán mejor manejadas que nuestra mediocre AGD y, sobre todo, menos ineficientes en el cobro de las deudas. Es muy probable que en los países industrializados sean instituciones privadas las encargadas de cobrar las deudas y eso por sí mismo ya garantizará una mejor recuperación de esos pasivos.

La tercera gran diferencia ha sido la claridad con la que han hablado los políticos de los países en crisis. Sin rodeos, han dicho que “los costos de la crisis deberán ser absorbidos por los contribuyentes”, mientras que en nuestro país nos dijeron que la AGD cubriría los depósitos. En el fondo, ambas cosas son lo mismo, aunque el primero hace énfasis en los costos y el segundo en los beneficios. Y los impacientes ecuatorianos no hubieran podido soportar la primera versión, por lo tanto sólo oyeron la segunda parte de la historia. Hasta aquí, algunas lecciones que deberíamos tener en cuenta para el futuro.

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