Economías de la Inteligencia

Empresa, Estrategia, Finanzas, Entrepreneurship, Innovación, Tecnología, Ciencia y Política

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Por Mauricio Pozo Crespo

mpozo@hoy.com.ec  

Si se hace un análisis de los últimos nueve años desde que la dolarización de la economía ecuatoriana se oficializó, se podría dividir al período en dos etapas más o menos definidas: una primera que se inicia con el año 2000 y llega a 2004, año en el que el país creció al 8%, demostrando con ello un ritmo de actividad económica que no se había podido conseguir en las últimas tres décadas; y, a partir de 2005, cuando los crecimientos se tornan cada vez menores. En el primer período, hay varias razones que explican este resultado: el país disfrutó de una coyuntura favorable, pues las exportaciones petroleras y no petroleras se activaron de forma importante, las remesas enviadas por emigrantes ecuatorianos se volvieron crecientes y abundantes y la liquidez internacional permitió un abundante de ingreso de capitales, financiando con ello actividades públicas y privadas. Sin embargo, el proyecto de construcción del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) y la demanda de fondos que esto significó, tanto en la construcción como en la atracción de inversión extranjera, viabilizaron cerca de $3 000 millones, cifra que abrió una ruta de estímulo a la actividad económica. Esa cifra, que puede aparecer como un monto importante para el ámbito interno, para el contexto internacional no reviste tanta significación. El Ecuador representa el 0,6% del PIB de América Latina, son tres países -la Argentina, el Brasil y México- los que aglutinan 75% del PIB de la región. Esto significa que el tamaño de la economía ecuatoriana en el contexto externo es muy poco representativo, pero a la vez es altamente atractivo para que relativamente pocos recursos le permitan alcanzar tasas de crecimiento económico sostenidos. No son lo mismo los países grandes que el Ecuador, nación que, con relativamente pocos recursos internacionales, puede verse estimulada a crecimientos importantes. Fue en el pasado el OCP, pero proyectos petroleros, mineros, de hidroelectricidad o de refinación de petróleo pueden brindarnos el combustible necesario para crecimientos económicos importantes por varios años. Requerimos crear condiciones necesarias para atraer esa inversión extranjera que necesitamos sin tanto resquemor de una caduca idea de soberanía e independencia.

El Ecuador es la tercera economía más abierta de América Latina, es decir, más dependiente de sus relaciones internacionales. Es nuestro principal cliente. El dólar en el Ecuador esta vigente y activo desde 1949. Hoy, dolarizados, es mucho más nuestra interacción internacional. Dicho esto, a pretexto de una atufada y ciega ideología o haciendo caso de extremos ambientalistas, no es posible demorar más el crecimiento y el progreso. Caso contrario, vamos a tener agua limpia, cielos despejados, colibríes volando pero nadie va a poder beber el agua, ver el cielo y disfrutar de los pájaros. Hay como equilibrar lo ambiental con lo económico.

Los extremos son siempre malos. Abramos los brazos al inversionista privado, pongamos reglas claras, eso no nos denigra, pero no posterguemos más el desarrollo económico.

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Comparemos

Por Mauricio Pozo Crespo

mpozo@hoy.com.ec

La ignorancia es atrevida. No hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor sordo que el que no quiere oír. No es ficción decir que un buen manejo macroeconómico es una de las mejores condiciones para resolver problemas sociales y de pobreza. Decir lo contrario es tratar de tapar el sol con un dedo.

Los años 2003 y 2004, el Ecuador registró precios de petróleo inferiores a los $30 el barril; se heredó una larga lista de atrasos fiscales que, para aquella época, significaba cerca del 10% del Presupuesto, el país adeudaba a Gobiernos extranjeros y no tenía forma de levantar cerca de $ 2 000 millones por año para atender obligaciones de deuda externa e interna. En 2007 y las tres cuartas partes de 2008, el país gozó de precios superiores -casi tres veces superiores- a los del período 2003-2004, no había oposición política, la coyuntura de liquidez internacional era largamente mayor y el apoyo popular no podía compararse con años anteriores. Sin embargo, el resultado de indicadores macroeconómicos fue claramente inferior de aquel mostrado con circunstancias claramente adversas.

El período 2003-2004, con casi una tercera parte de los recursos el país logró doblegar la inflación y reducirla a menos del 1,5% anual, porcentaje que no se registraba en los últimos 40 años en el país. Luego del ajuste económico de 2003, el siguiente año la economía creció al 8%, incremento mayor a cualquiera de las últimas décadas, las líneas de crédito del exterior se abrieron a más de $4 000 millones para el cuatrienio 2003-2007, financiando la dolarización de la economía y, probablemente lo más importante: la pobreza se redujo cerca de ocho puntos porcentuales según cifras oficiales del INEC y del Sisse. En 2007, con casi el triple de los recursos, el nivel de pobreza en el Ecuador no se movió. La pobreza, que se entienda bien, se redujo con un tercio de la plata. La gente no sale de la pobreza porque le llenen de subsidios, lo importante es el empleo y las remuneraciones dignas y eso es imposible sin estabilidad macroeconómica, sin inversión y sin crecimiento económico. Anteponer a esto dogmas ideológicos, que los gobiernos anteriores, que los pelucones, que la partidocracia, que el imperialismo del norte, es desviar la atención. No faltarán obviamente trasnochados que, sin revisar una sola cifra ,traten de descalificar, juzguen de agoreros del desastre a los que con análisis objetivos y serios alerten de los problemas y los errores del manejo económico y los que, usando el estómago y no el cerebro, digan que ahora somos dignos y antes fuimos unos sumisos servidores del capitalismo y del neoliberalismo.

Lectores y ecuatorianos, no sean cerrados, el país no va por buen camino. El desorden económico y sus efectos futuros no es atributo de neoliberales o de críticos al Gobierno, es una realidad que se desborda por su propio peso. Me embarga mucha pena al leer y escuchar tanta bravuconada sin la menor idea de la realidad económica del Ecuador. Cuando salgan de la anestesia será muy tarde. El odio a personas les enceguece y no les permite ver la realidad.

Hora GMT: 16/Marzo/2009 – 05:07

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Entendamos de subsidios

Publicado el 23/Marzo/2009 | 00:08

Por Mauricio Pozo Crespo

mpozo@hoy.com.ec

El subsidio es un apoyo económico o en especie que otorga un Gobierno para compensar recursos que una persona y grupos de personas dejan de recibir por diversas razones. Los subsidios no son ni buenos ni malos, son ventajosos o perjudiciales según cumplan o dejen de cumplir sus objetivos. Aquellos que son específicos, que están presupuestados en las cuentas fiscales, que no generan distorsiones para el resto de la economía y que no son crecientes en el tiempo podrían catalogarse como subsidios beneficiosos. Aquellos que no están presupuestados, que son crecientes en el tiempo y producen efectos perversos para toda la economía, podrían definirse como desventajosos o prejudiciales.

En palabras sencillas, los subsidios deben cumplir el rol de proteger a sectores desposeídos y no deben producir efectos perjudiciales para el resto de la economía. Es correcto afirmar que si un sector de la sociedad se ve beneficiado por la aplicación de subsidios es porque alguien más se perjudica. Sin embargo, ese es un análisis puramente contable y cuantitativo, el criterio correcto es decir que el traspaso de un sector a otro, vale decir, del sector público al sector privado, no puede ser visto como una tema de transferencia contable. Es un asunto cualitativo y de política económica. En el caso del gas y las gasolinas, el Estado se perjudica, pierde recursos que puede ahorrar o invertir en otros objetivos importantes y la sociedad más adinerada es la que se beneficia. En el gas, la gente pobre ya no paga el precio oficial, paga valores mayores, los más pobres en el área rural pagan cinco o seis veces por encima del valor oficial de $1,60 el cilindro de 15 kilogramos, pues deben pagar el trasporte; el contrabando por las fronteras es imposible de detener, entre otros perjuicios. Los sectores más pudientes de la sociedad sacan provecho porque, pudiendo pagar un precio mayor, el mismo Gobierno los subsidia.

Hay estudios técnicos serios que demuestran que el caso de las gasolinas es el 20% más adinerado de la población el que se apropia del 80% del subsidio. Por ejemplo, ¿quiénes pueden pagar vehículos sobre los $25 mil que son los que consumen más gasolina? Obviamente, los sectores más favorecidos.

El subsidio eléctrico es otro que genera distorsiones de toda naturaleza. Una mayoría de empresas de distribución eléctrica ineficientes que no facturan lo que deben facturar y tampoco cobran todo lo que facturan. No pagan a las generadoras, estas no cumplen con las obligaciones con Petroecuador del combustible que le compran y esta empresa pasa la cuenta al Presupuesto del Estado, es decir, a toda la economía. Luego, nos pasan la cuenta a todos y el Estado deja de gastar en lo que sí debe gastar. En resumen, es otro mal subsidio.

Este Gobierno, todavía con tanto respaldo popular, podría resolver más fácilmente este problema que ya se vuelve endémico.

Anualmente, podría recuperar cerca de $ 4 000 millones y ayudarse para respaldar hasta la propia dolarización. El fanatismo ideológico no les deja ni pensar ni actuar ni gobernar.

Hora GMT: 23/Marzo/2009 – 05:08

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A aterrizar la economía

Por Mauricio Pozo Crespo

mpozo@hoy.com.ec

Desde hace más de dos años se ha venido insistiendo en que la mejor forma de hacer una buena gestión económica es volverla pragmática y alejarla de tanta carga ideológica, del objetivo político y de los dogmas extremos como creer que el Estado es el que puede hacer todo y bien. Alguien decía lo peligroso que es un ministro de Economía o un Gobierno que utilice la economía con propósitos eminentemente políticos y electorales. No se trata de aparecer como que todos pensamos igual; se trata de no contaminar el manejo económico a una meta electoral, pues eso termina en una administración populista de la economía, es decir, conlleva resultados altamente peligrosos hasta para el propio Gobierno que lo aplica.

Esta administración no ha pragmatizado la política económica, la ha sometido a las encuestas de popularidad presidencial, a las estadísticas de apoyo ciudadano y a los votos, dejando la realidad de lado e imponiendo más el lado emocional que el objetivo y técnico. Ese proceso de subyugación de la economía a la política ya empieza a pasar la cuenta.

No se puede señalar al Gobierno como culpable de la crisis internacional, pero sí se le puede responsabilizar de la política económica implementada durante el más de medio año de boom de recursos y su uso frente a factores adversos futuros. ¿Porqué el Gobierno no manejó con cautela y con responsabilidad la economía habiendo tenido todo a su favor, tanto en la abundancia de recursos económicos como en la fuerza política lograda? No se ven sino dos explicaciones para ello: o por desconocimiento de cómo funciona la economía o, por lo anotado, es decir, por razones ideológicas y políticas. Si le damos la razón al tema político, se pueden encontrar varias consecuencias.

Se satanizó la creación de fondos de ahorro petrolero fuera del presupuesto del Estado, política aplicada en decenas de países en el mundo, desde aquellos que viven regímenes socialistas hasta los que podrían llamarse gobiernos de derecha. Estas naciones dejaron de lado la ideología y fueron prácticos. Hoy día están en mejor situación que Ecuador para enfrentar la crisis. Léanse los análisis de revistas especializadas del exterior, reportes de organismos internacionales, entre otras opiniones de prestigio, y se corrobora lo mencionado. Este Gobierno sostuvo que los fondos de ahorro beneficiaban a los acreedores de la deuda, tildó a muchos de contadores, de ortodoxos, de fondomonetaristas. Hicieron, por lo tanto, lo electoralmente rentable pero económicamente equivocado. Están a la vista los resultados. Es más, parece que recompraron deuda y ciertamente pidieron plata al IESS, actos que tanto criticaron. Volvieron los ojos a los multilaterales que tanto vapulearon.

Es responsable rectificar y seré el primero en resaltar aquello, pero háganlo ya. No decidan después de las elecciones. No le apuesten a que el precio del petróleo suba, eso es un juego suicida. Con todavía tanto apoyo popular no les van a golpear electoralmente. Aterricen la economía. Abran los ojos. Eviten el colapso.

Hora GMT: 02/Marzo/2009 – 05:08

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¿De vuelta al FMI?

Por Mauricio Pozo Crespo

mpozo@hoy.com.ec

Caen las remesas de forma acelerada, las exportaciones petroleras se reducen significativamente, las exportaciones no petroleras disminuyen, la inversión extranjera es marginal y el crédito externo se cierra en unos casos y se restringe en otros. Al mismo tiempo, salen capitales y las importaciones siguen creciendo aunque con cierta tendencia a desacelerarse, no por las restricciones sino por la recesión. La consecuencia de esto es un serio problema de liquidez para toda la economía y en particular para el presupuesto del Estado.

Los depósitos del Gobierno en el BCE se reducen de forma acelerada en los últimos meses, esto es, más de $1 000 millones, las reservas internacionales bajan más de $2 000 millones en dos meses, los depósitos bancarios disminuyen más de $500 millones en enero pasado. Más señales que confirmen el inicio de un serio problema de liquidez no son necesarias.

El país está abocado a una necesidad de recursos y estos solo pueden venir del exterior Lamentablemente, uno de los puntos más débiles del Gobierno es precisamente el sector externo, no tanto por el deterioro de las cuentas externas, sino por el grave deterioro de le imagen externa del país por todos los eventos que se han presentado a lo largo de estos dos últimos años. Expulsiones de representantes de organismos internacionales y de funcionarios diplomáticos en nuestro país, amenazas a compañías extranjeras que operan en Ecuador, múltiples procesos de arbitraje entre el Gobierno y compañías extranjeras, apoyo a gobiernos externos seriamente cuestionados en países con los que sí hemos tenido una larga y favorable relación y, recientemente, el desconocimiento de una parte de la deuda externa comercial. Todos ellos configuran un abanico de ejemplos.

No existe otra manera de acceder a créditos del exterior que no sea la normalización de las relaciones internacionales y esto es posible mediante el cabal cumplimiento de nuestros compromisos externos. El país violentó convenios firmados al declarar la moratoria de deuda. El Ecuador no pagó porque no quiso, por razones ideológicas y políticas, no porque no tenía la plata. Eso, en el exterior, se ve como una actitud de repudio de la deuda y de mala fe. Que se paguen los bonos Global 15 o inclusive los bonos Global 30 sin arreglar el impago de los bonos Global 12 no cambia en nada la situación de incumplimiento. Por lo tanto, pensar con ello que los organismos internacionales van a acceder a prestarle al Ecuador es bastante más que una ilusión óptica, es un desconocimiento de cómo operan las relaciones externas. Probablemente continúen entregando fondos atados a proyectos específicos, pero dinero de libre disponibilidad fiscal se ve imposible. Sin embargo, el FMI y el Banco Mundial y el BID podrían apoyar con mayores recursos al Ecuador pero si se rectifica el manejo económico y se corrige la política de administración de la deuda. Nadie más presta. Una crisis internacional que cierra las opciones de crédito en bancos y Gobiernos deja como casi única alternativa el crédito de los organismos internacionales.

Hora GMT: 23/Febrero/2009 – 05:07

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Más para defender al dólar

Por Mauricio Pozo Crespo

mpozo@hoy.com.ec

Como se mencionó la semana anterior, no existe economía que funcione sin moneda, al menos después de abolido el trueque en el mundo. Si no se presenta una cantidad adecuada de dólares en una economía dolarizada el sistema se agota y explota. Los esfuerzos de la política económica deben encaminarse, como también se anotó, a preservar una adecuada liquidez para que las actividades económicas sigan funcionando.

Si las exportaciones petroleras y no petroleras están en franca reducción, si las remesas de los emigrantes ecuatorianos siguen descendiendo, si la inversión extranjera es totalmente marginal, si el crédito externo está cerrado o se dificultan nuevos créditos externos y si los ecuatorianos remiten dólares al exterior, ¿cómo entonces se va mantener la dolarización? Pues, lamentablemente es sencillamente imposible.

Asumamos que el Gobierno logra cubrir con la plata del IESS parte de los recursos necesarios para financiar el déficit fiscal y posterga ciertas obras pero no corrige de raíz los problemas derivados de los subsidios excesivos y el aumento salarial desmedido, pues simplemente diferirá el problema hacia adelante pero el origen de la falta de dólares no se solucionará. Habremos postergado la iliquidez sin haber remediado nada. Probablemente ya no será, en este hipotético escenario, una desdolarización en el 2009 sino en el 2010.

Es un hecho muy preocupante que ya se converse con mucha insistencia sobre la salida de la dolarización sin que nos sentemos a discernir sobre las reales consecuencias de una situación de esa naturaleza. Esto rebasaría largamente lo que los economistas podamos anticipar, pues los impactos en los sectores sociales, sobre todo en los de menores recursos, sería de impredecibles consecuencias.

Nadie va a aceptar una moneda nueva que no le represente seguridad y certidumbre. Nadie va a quedarse tranquilo con un proceso de conversión de sus pocos o muchos dólares depositados en los bancos a una moneda nueva.

La banca, que hoy se encuentra sólida y líquida, puede verse abocada a una impredecible presión de liquidez. Es decir, nos subimos en el año 2000 a un tren de alta velocidad y no podemos arriesgar a bajarnos si no queremos matarnos.

Un tema fue salir de una moneda depreciada y consumida por la devaluación y la inflación, otra muy distinta es pretender regresar a una moneda similar que reviva esos fantasmas que en los últimos 9 años no hemos vuelto a vivir. Ya se ha repetido con mucha insistencia los que se debe hacer para mantener la dolarización. Hoy nuevamente insisto a riesgo de ser repetitivo: reordenemos el tamaño del gasto público, hagamos un mea culpa frente al contexto internacional para habilitar líneas de crédito en dólares para suplir una falta de éstos, promovamos un par de mega proyectos atados a inversión extranjera y eliminemos los subsidios atados al petróleo. Solo así habrá alguna esperanza. Caso contrario, que Dios nos encuentre santiguados.

Hora GMT: 16/Febrero/2009 – 05:07

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¿Cómo mantener el dólar?

Por Mauricio Pozo Crespo

mpozo@hoy.com.ec

Es tan vigente como antes la mayoritaria preferencia de los ecuatorianos por mantener al dólar como moneda de aceptación general. Es también de consenso nacional el buscar todos los medios necesarios para preservar este sistema cambiario, pues más allá de sus limitaciones y restricciones, el saldo de su aplicación luego de nueve años de oficial introducción es claramente favorable.

Es inconcebible que cualquier economía funcione sin dólares, por lo que no cabe ninguna discusión de incorporar nuevas monedas que compitan contra el dólar, pues esa posibilidad generaría una estampida abrupta de dólares con las consiguientes consecuencias en la estabilidad del sistema financiero y de la economía en su conjunto. Nadie va a soportar, por más afiliado a Alianza País que sea, que le cambien sus pocos o muchos dólares por otra moneda que no sea una que evidencie fortaleza y aceptación internacional. Todo podrá ser, apoyo popular, respaldo gubernamental, pero un golpe al bosillo en las dimensiones de lo que se esperaría con una desdolarización no creo que se produzca sin efectos catastróficos para toda la sociedad. Ese mismo porcentaje de población que hoy respalda al presidente se tornaría en su contra con todo lo que esto pueda representar.

Puede sonar a repetitivo, pero las políticas a adoptarse luego de la crisis del precio del petróleo y la recesión mundial apuntan en una sola dirección: la revisión responsable de las políticas internas y la adaptación de estas a la nueva coyuntura internacional. El Ecuador va a tener que acostumbrarse a vivir con menos de un tercio de los recursos de hace apenas cuatro meses. Si no toma conciencia de esta realidad, va a resultar imposible superar esta encrucijada. Probablemente el país pueda levantar fondos de la seguridad social o de uno que otro prestamista internacional, pero esto solo le servirá para extender la agonía, pues en la práctica estas eventuales ayudas podrán ayudar al Gobierno este primer semestre o, en el mejor de los casos, este año.

Sin embargo, en el año 2010 se presentará nuevamente el problema, es decir, o el país modera su comportamiento a la nueva realidad o, a pesar de lo que busquemos, el dolarización será imposible de mantener.

No existe economía sin moneda. Si los dólares provienen del exterior y la política económica no se encamina a proteger los dólares que circulan en el interior del país y a atraer nuevos dólares, este sistema cambiario tiene simplemente los días contados.

El gasto público debe frenarse hoy día, no después de las elecciones de abril de 2009. La obra pública debe concesionarse al sector privado y los subsidios, especialmente de los derivados del petróleo, deben levantarse de forma inmediata. El Gobierno debe también recuperar, en lo que pueda, la confianza internacional. Si esto no se hace, es imposible mantener la dolarización. Son decisiones difíciles políticamente pero correctas y responsables. Luego, ya no habrá tiempo para rectificar.

Hora GMT: 09/Febrero/2009 – 05:07

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Huecos gemelos

Por Mauricio Pozo Crespo

En economía, se habla de déficits gemelos cuando un país registra un saldo negativo en la balanza comercial y en el sector fiscal. En el primer caso, el país importa más de lo que exporta; y en el segundo, el gasto público es mayor a los ingresos del presupuesto. Es precisamente lo que ha experimentado la economía de los Estados Unidos en los últimos años. Sin embargo, en la economía del norte se descubren al menos dos grandes diferencias respecto a nuestra situación: no han perdido la opción de imprimir su propia moneda y siguen teniendo la gran virtud de poder atraer, a pesar de la crisis, capitales en gran escala del resto del mundo. Los bonos del tesoro americano constan en los portafolios de inversión de bancos e inversionistas de todas partes del planeta. Esto hace que, a pesar de los déficit anotados, el ingreso de dólares a esa economía le permita cubrir sus desequilibrios comercial y fiscal. Por cierto, esto no quiere decir por ningún concepto que los desbalances no importen, simplemente se muestra que la forma de financiarlos sí es viable.

El Ecuador, por su parte, perdió por infinidad de razones la facultad de imprimir su propia moneda y tiene, lamentablemente, una imagen internacional deteriorada, en buena parte por sus erradas decisiones de no pagar sus obligaciones externas y por imponer la política y los votos por encima de la razón cuando ha tratado problemas con empresas extranjeras radicadas en el país. Esta lectura que hacen de nuestro país en el exterior vuelve casi imposible encontrar con cierta facilidad los recursos financieros necesarios para cubrir los desequilibrios de los sectores externo y fiscal y, peor aún, no tenemos la maquinita para imprimir los billetes verdes, pues no son nuestros.

En un escenario para este año con un precio del petróleo promedio de $30 el barril, lo que a su vez quiere decir un precio internacional del crudo de cerca de $50 el barril, los impactos serían preocupantes. En la balanza de pagos, que mide el saldo entre el ingreso y la salida de dólares, sea por transacciones comerciales o financieras,
el año 2008 habría significado una salida de divisas del orden de los $3 000 millones con un precio de $30 el barril de petróleo. En la realidad, por un precio mucho más alto casi todo el año anterior, se habría registrado una entrada neta de aproximadamente
$1 400 millones.

Para el presupuesto de este año, si el petróleo se parquea en promedio en los mismos $30 el barril, el hueco fiscal sería de alrededor de $2 200 millones, asumiendo, por cierto, el corte de producción de la OPEP, déficit que debería sumarse a los $ 3 200 millones que muestra la profoma anunciada meses atrás que suponía un petróleo de $85 el barril.

¿Cómo vamos a cubrir tales desequilibrios? Les guste o no la palabrita, a ajustarse si quieren que la dolarización subsista.

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Cierren el grifo

Mauricio Pozo

Imaginémonos una manguera conectada a un grifo de agua abierto de forma constante y permanente. Si tapamos con el dedo una parte de la boca de la manguera, el agua empezará a acumularse y a presionar hasta que terminará expulsándose por algún orificio. Esta ilustración es la que ejemplifica una supuesta suspensión o prohibición de importaciones. El “orificio” de algunos productos puede ser el contrabando, pues no hay mejor noticia para un contrabandista que cuando prohíben la importación de licores, chocolates, perfumes, electrónicos o electrodomésticos. Un efecto similar ocurre cuando se elevan excesivamente aranceles.

Si le preocupa al Gobierno la reducción de ingresos en dólares por la baja del precio del petróleo y de otros productos de exportación, por la reducción de las remesas y por sus propios errores al no pagar una parte de la deuda comercial, lo que cierra las puertas de financiamiento desde el exterior, pues debe atacar el problema por la raíz, no por la consecuencia. Muchas veces se ha explicado que cuando se producen excesos de liquidez provenientes de un gasto público desbocado, la economía se ajusta básicamente por tres vías: presión inflacionaria, fuga de capitales y presión en la balanza de pagos; esto es, crecimiento excesivo de importaciones. Mientras el Gobierno no entienda que con desorden fiscal no va a resolver el problema de la balanza de pagos, el supuesto remedio va a ser peor que la propia enfermedad.

Prohibir la importación de licores, por ejemplo, no solo favorece a contrabandistas, sino que además produce múltiples impactos para el empleo y la producción. ¿Qué va a pasar con restaurantes, comercios, licorerías? Se calcula que no menos de 150 mil personas de forma directa se perjudicarían por esta decisión y muchas más de forma indirecta. Se cerrarían comercios, restaurantes y muchos ecuatorianos perderían sus empleos. La responsabilidad del consumo de licor, por cierto, es de cada persona, no del Estado. Personeros del Gobierno dicen que es equivocado bajar el gasto en estos momentos en que otros países, por la crisis, más bien lo incrementan. No, señores, están otra vez equivocados en economía. El uso de recursos ahorrados se utiliza para inyectarlos, pero sin alterar los indicadores de estabilidad económica. El Ecuador ya tiene un exceso absoluto de gasto público y debe primero regular la liquidez de la economía para, de esa manera, ir regulando el problema de la balanza comercial. No hay cómo usar excedentes fiscales porque ya se gastaron todo una vez incluidos los excedentes dentro del Presupuesto. No solo por importaciones salen dólares, sino también por la propia fuga de capitales. Con esa decisión van a afectar la producción aún más. La economía crece y se sostiene más por el sector privado que por el gasto del Gobierno. Esto está probado hasta la saciedad. Por Dios, escuchen alguna vez.

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Ojo con los vecinos

Por Mauricio Pozo Crespo

Hace pocos días, la agencia internacional Bloomberg hacía conocer las acciones de algunos países de la región en torno al manejo de sus políticas de deuda pública. Del grupo de países reportados, las acciones se dividen en dos ámbitos principales: los que colocan o están en camino de emitir títulos valores en los mercados internacionales y las naciones que están tomando recursos de los fondos de ahorro fiscales que acumularon para momentos de falta de ingresos. El Brasil colocó $1 000 millones en bonos a 10 años plazo al 6.13%, es decir, 370 puntos básicos de premio de Riesgo País, esto es, 3,7% por encima del rendimiento de bonos del tesoro americano. Colombia colocó también $1 000 millones en bonos a 10 años plazo al 7,5%, es decir, 5,03% por sobre el rendimiento de bonos del tesoro americano. México colocó $2 000 millones antes de Navidad y el Perú está visitando el extranjero para una próxima colocación. Chile a su vez también emitirá papeles y está haciendo uso de sus ahorros acumulados por las exportaciones de cobre.

Estas políticas están años luz respecto a lo anunciado por este Gobierno. Al inicio de la administración de Alfredo Palacio destruyeron, los que hoy hacen Gobierno, el concepto de ahorrar recursos y usarlos para recomprar deuda externa en condiciones ventajosas para el país. Criticaron con un cúmulo de adjetivos lo que 80 países en el mundo han hecho con resultados altamente favorables. Hoy día, cuatro años después, anuncian los que criticaron, que van a recomprar deuda. No obstante, semanas atrás gritaron al mundo la ilegitimidad de la deuda para ahora decir que ¿van a recomprar la misma deuda supuestamente ilegítima? Luego señalan que a los bonos Global 15 se les va a asignar un tratamiento diferente que a los otros bonos Global 12 y 30, es decir, ¿unos bonos son legítimos y otros no lo son? ¿O tal vez unos bonos son menos ilegítimos que otros? También han señalado que van a recomprar máximo al 30% del valor nominal, esto es, ¿el 30% es legítimo y el 70% es ilegítimo? ¡Qué cantiflada!

Si el Ecuador lograría colocar títulos valores en el exterior, algo imposible luego de la moratoria, debería pagar el Riesgo País más el rendimiento de los bonos del tesoro americano, es decir, ¡más de 50% de rendimiento! Una locura, pues aplicando la misma metodología mientras a Colombia le cuesta 7,5% emitir deuda al Ecuador le costaría más del 50%. ¿Es eso soberanía? Y, para rematar, no hay inversionista privado que en estas circunstancias compre papeles del Estado ecuatoriano, pero al IESS sí le obligan, ¿es esto un manejo responsable? ¿En qué garaje aprendieron finanzas o economía? Lamento la dureza pero no puedo aceptar que a mi país le hagan quedar en ridículo. Le deseo lo mejor al Gobierno, sea quien sea, porque si les va bien, a todos nos irá bien. No obstante, no concibo tanto error y tanta barbaridad.

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