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Un gesto de grandeza

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Kintto Lucas

Periodista, columnista invitado

La semana pasada el Presidente de la República, Rafael Correa, dijo que le gustaría competir en las próximas elecciones presidenciales con Alberto Acosta y Jefferson Pérez.  Esas palabras vuelven a poner sobre la mesa sus diferencias con el ex presidente de la Asamblea Constituyente.

A lo largo de este tiempo en que se han evidenciado esas diferencias, el Presidente ha sido sumamente injusto con alguien que se ha creído su amigo, leal con él y con un programa de cambio.

El Presidente fue injusto cuando trató de desprestigiar la acción de Acosta como conductor de la Asamblea, y volvió a ser injusto cuando en la sesión final de la Asamblea enfiló sus dardos contra el ex Ministro de Energía, y ni siquiera mencionó un mínimo reconocimiento.

Más allá de las diferencias sobre el plazo de terminación de la Asamblea, las discrepancias fundamentales entre Correa y Acosta han sido políticas. Pero hay otro elemento que señalan algunos, y que me niego a creer: un supuesto temor del mandatario a que Acosta se transformase en su sombra y que en el futuro pudiese disputar su liderazgo.

A pesar de las discrepancias, Alberto Acosta ha sido leal con el Presidente y ha sabido reivindicar muchas acciones del mandatario.

Hace unos días, durante una conferencia sobre la nueva Constitución, realizada por Alberto Acosta en la Logia Masónica Voltaire de la Gran Logia Equinoccial del Ecuador, el ex presidente de la Asamblea remarcó, como en oportunidades anteriores, los logros del mandatario.

Ahora Correa coloca a Acosta como su contendor, lo que significa posicionarlo como su enemigo. Pero además se asume como la única persona capaz de decidir en Alianza País, ya que al darle la calidad de posible contrincante, lo está colocando fuera del movimiento gubernamental, como si hubiese sido expulsado.

Las declaraciones de Correa sobre Acosta, y sus menciones a éste no solo han sido injustas sino que denotan un grave error político, como tantos otros.

Ese accionar injusto reiterado y ese error político, solo puede corregirlo con un acto de grandeza, asumiendo que se equivocó con Alberto Acosta, pidiéndole disculpas y llamándolo a seguir caminando juntos.

Solo los verdaderos líderes pueden tener actos de humildad y grandeza como ese. Aquellos que no tienen esa capacidad, no son líderes de largo plazo, podrán liderar momentos pero no procesos históricos.

Los verdaderos líderes tienen la capacidad de caminar junto a personas críticas, que los cuestionan, e incluso que les pueden hacer sombra, pero les ayudan a consolidar el camino. Los falsos líderes se rodean de personas que solo saben adular y acomodarse a la situación. Personas que les ayudan a consolidar senderitos, pero le dinamitan el camino.

Si el Presidente logra tener esa capacidad de grandeza, no solo demostraría que sabe liderar, sino que sería un golpe mortal a la derecha y al No. Pero además estaría evidenciando que es posible una actitud política distinta.

Alguien me decía por ahí que el problema del Presidente es que no logra controlar su Aries compulsivo, y los Aries compulsivos nunca reconocen sus errores, ni se transforman en líderes de largo plazo. Por suerte no creo en el horóscopo, ojala que el Presidente tampoco y antes del Referéndum tenga ese gesto de grandeza.

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