Economías de la Inteligencia

Empresa, Estrategia, Finanzas, Entrepreneurship, Innovación, Tecnología, Ciencia y Política

Reducir el gasto público

Por José Samaniego Ponce

samaniego@hoy.com.ec

Transcurrido el primer trimestre de 2009, los indicadores económicos demuestran la severidad con que la crisis internacional está afectando la economía ecuatoriana.

Las reservas internacionales (RILD) cayeron a $3 400 millones de un máximo de $6 500 millones al que llegó en el mes de septiembre de 2008, es decir han disminuido un 48%, casi a la mitad.

La balanza comercial de enero fue deficitaria en $500 millones, por una caída de las exportaciones totales y especialmente las petroleras (en 68%), pero también las de camarón, atún, pescado, cacao y sus elaborados, y otros productos industriales.

Las importaciones crecieron en enero en 4% respecto a igual mes del año anterior. Con esto, van cinco meses consecutivos de déficit para un acumulado de $2 200 millones de saldo negativo en el balance comercial.

Las remesas de los ecuatorianos en el exterior cayeron $270 millones en el año 2008, una reducción del 9% respecto a 2007, para llegar a los $2 800 millones.

A esta restricción en el frente externo por diferentes conceptos debe sumarse la casi inexistente inversión extranjera y la no menos severa limitación de fuentes de financiamiento en el exterior.

En el frente interno, por contrapartida, los primeros meses del año han evidenciado una caída de los depósitos en el sistema financiero en $435 millones y con corte al 4 de marzo, una reducción del crédito bancario en $220 millones.

El desempleo ha aumentado y los indicadores de producción demostrarían una clara contracción del aparato productivo respecto al último trimestre del año anterior.

Si bien la crisis se manifiesta ya con profundidad y velocidad, no todo es negativo. El precio del petróleo se ha estabilizado entre $40 y $50 por barril, un nivel que permite dar viabilidad a la economía ecuatoriana, si se controla la demanda.

Hay noticias auspiciosas en relación a la posible concesión de créditos externos por parte del FLAR, la CAF y el BID.

El Gobierno se ha visto obligado a conversar con los sectores productivos y financieros para buscar acciones mancomunadas que ayuden a paliar los efectos de la crisis y es de esperarse decisiones consensuadas en el corto plazo. De otra parte, el Gobierno ha reiterado su decisión (esta vez en palabras del propio presidente de la República) de defender la dolarización y esto ha tranquilizado, al menos temporalmente, el mercado.

Por último, estas últimas semanas parece que la crisis internacional ha amainado y los mercados han repuntado positivamente. Como dijo Vicente Albornoz en su artículo de los domingos, “estamos mal…pero no tan mal”.

Resta, eso sí urgentemente, que el Gobierno reduzca el gasto, sobre todo corriente que es en la actualidad el principal dinamizador de la demanda agregada de la economía y que creció en más del 50% en 2008.

Esto es consistente con un escenario defensa del esquema de dolarización en una coyuntura de oferta muy fuertemente limitada por la crisis. 

Hora GMT: 25/Marzo/2009 – 05:10

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Más intervención estatal

Por José Samaniego Ponce

samaniego@hoy.com.ec

La crisis sigue rompiendo paradigmas. Lo que hasta hace poco tiempo era impensable en la sociedad y la economía estadounidenses, que hasta antes de agosto de 2007 era el ejemplo del libre mercado, la no intervención y la autorregulación, hoy se desvanece pedazo a pedazo por la dureza de la crisis económica. La noticia del día lunes respecto a los dos íconos de la industria automotriz norteamericana fue evidente: el presidente Obama pidió la salida del gerente de General Motors porque consideró que los planes de reestructuración de la empresa (reducción de costos, lanzamiento de modelos más eficientes en la utilización de energía, renegociación de los beneficios de los sindicatos, etc.) no eran suficientes para garantizar que los recursos públicos invertidos para rehabilitarla podían ser devueltos en el futuro. Pidió, al mismo tiempo, que accionistas, empleados, proveedores, sindicatos y distribuidores hagan mayores sacrificios para salvar a la empresa en los próximos 90 días y que, de no lograrlo, estarían considerando la posibilidad de declararla en bancarrota y acogerse a normativa que contempla el Capítulo XI del Código de Quiebras de los Estados Unidos.

Obama fue mucho más duro con la Chrysler, el tercer fabricante de automóviles más grande de los Estados Unidos, y le concedió a su gerente (Robert Nardelli, de quien no pidió su cabeza) un plazo perentorio para que concluya las negociaciones con Fiat y suscriba una alianza estratégica que le permita, a la empresa estadounidense, tener acceso a la tecnología de la italiana para fabricar vehículos pequeños con bajo consumo de gasolina. A cambio de ello, le ayudaría a levantar capital por $5 billones, que ya fueron solicitados.

Ambas empresas arrastran una delicada situación económica producto de la caída en las ventas de 2008 que se siguen acumulando en 2009. Chrysler perdió $8 billones en el año anterior y sus ventas al mes de enero de este año cayeron en un 55% anual. GM, por su parte, sigue un camino similar, con ingentes pérdidas en 2008 y una reducción del precio de su acción a $2.7, en la peor crisis de la empresa en 27 años.

El Gobierno estadounidense ya ayudó a las dos compañías con $17,5 billones ($13,5 billones a GM y $4 billones a Chrysler) en meses anteriores y el presidente Obama tiene razón en intervenir y exigir a la administración de estas un esfuerzo mayor y resultados creíbles, en la medida que están utilizando fondos públicos para salvarlas. Aunque esto era difícil de imaginar hace un año, el Gobierno se ha visto en la obligación no solo de intervenir en las agencias federales, bancos comerciales, bancos de inversión, aseguradoras, etc., sino también en las gigantes automotrices. Este anuncio provocó otra caída estrepitosa de la bolsa luego de dos semanas de recuperación que parecían presagiar que el peor momento de la crisis había pasado.

La declaración de Obama también parece ser la última carta que se juega el Gobierno para presionar a las partes a realizar mayores ajustes (sobre todo a accionistas y sindicatos) en la intención de salvar a estos dos símbolos de la economía de los Estados Unidos. Pero una quiebra no se descarta.

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Déficit gemelos

Por José Samaniego Ponce

jsamaniego@hoy.com.ec

 

El concepto de déficit gemelos en economía estuvo originalmente vinculado a explicar la fuerte correlación que existió entre el déficit fiscal y el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos que se evidenció en los Estados Unidos en las décadas de los setenta y ochenta. El concepto establece que un exceso del gasto público que genera un déficit en las cuentas fiscales, aumenta la demanda interna y esto genera un aumento de las importaciones que, paralelamente, produce un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de una economía. Baxter, Kim, Roubini y Cavallo son algunos de los autores que han escrito sobre este tema y que, en la actualidad, han ampliado el concepto de la simultaneidad de los déficit, sin que necesariamente se dé la relación de causalidad que establecía el concepto original. Incluso el concepto ha sido ampliado para analizar otros hechos económicos similares como una crisis bancaria y una crisis fiscal.

¿Vive el Ecuador un escenario de déficit gemelos? Parecería ser que sí, aunque esta opinión no la comparte necesariamente el Gobierno, pues el presidente de la República dijo, en una reciente entrevista este domingo, que existe un grave problema de restricción externa que requiere ser enfrentado, pero que no necesariamente se traduce en un problema fiscal de similar magnitud, porque este es manejable.

Las evidencias, por el momento, parecen confirmar que sí, que hay un déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos (principalmente causado por la disminución del precio del petróleo y de las remesas de los ecuatorianos en el exterior), que se está ampliando mes a mes y que esto repercute en una severa reducción de los ingresos del sector público (no necesariamente en la misma proporción) que generaría un déficit fiscal en este año, en ausencia de medidas correctivas, de alrededor del 4% del PIB, según la revista The Economist, muy similar al desbalance de la cuenta corriente.

La economía ecuatoriana, además de ser una de las más abiertas e integradas al mundo (y al decir esto se quiere profundizar la estrecha dependencia de nuestro país del mercado internacional), tiene la particularidad de que su principal fuente de ingresos externos en su mayor parte pertenece al Estado y por ello las finanzas públicas también tienen una alta dependencia del petróleo.

Es decir, la directa vinculación entre el mercado internacional, el déficit de balanza de pagos y el déficit fiscal es particularmente robusta en el Ecuador.

El problema externo se agrava más aun si a la restricción comercial se le suma la restricción en la cuenta de capitales de la balanza de pagos causada por la política confrontativa y virulenta del Gobierno con la comunidad financiera internacional y las empresas extranjeras proveedoras de inversión directa.

Y, de otra parte, si en el ámbito fiscal, a la restricción de los ingresos del sector público por la reducción de los precios del petróleo, se suma el aumento del gasto público que se ha acumulado en los dos últimos años, los déficit gemelos pueden resultar explosivos.

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Reducir el Gasto Público

Por José Samaniego Ponce

samaniego@hoy.com.ec

Transcurrido el primer trimestre de 2009, los indicadores económicos demuestran la severidad con que la crisis internacional está afectando la economía ecuatoriana.

Las reservas internacionales (RILD) cayeron a $3 400 millones de un máximo de $6 500 millones al que llegó en el mes de septiembre de 2008, es decir han disminuido un 48%, casi a la mitad.

La balanza comercial de enero fue deficitaria en $500 millones, por una caída de las exportaciones totales y especialmente las petroleras (en 68%), pero también las de camarón, atún, pescado, cacao y sus elaborados, y otros productos industriales.

Las importaciones crecieron en enero en 4% respecto a igual mes del año anterior. Con esto, van cinco meses consecutivos de déficit para un acumulado de $2 200 millones de saldo negativo en el balance comercial.

Las remesas de los ecuatorianos en el exterior cayeron $270 millones en el año 2008, una reducción del 9% respecto a 2007, para llegar a los $2 800 millones.

A esta restricción en el frente externo por diferentes conceptos debe sumarse la casi inexistente inversión extranjera y la no menos severa limitación de fuentes de financiamiento en el exterior.

En el frente interno, por contrapartida, los primeros meses del año han evidenciado una caída de los depósitos en el sistema financiero en $435 millones y con corte al 4 de marzo, una reducción del crédito bancario en $220 millones.

El desempleo ha aumentado y los indicadores de producción demostrarían una clara contracción del aparato productivo respecto al último trimestre del año anterior.

Si bien la crisis se manifiesta ya con profundidad y velocidad, no todo es negativo. El precio del petróleo se ha estabilizado entre $40 y $50 por barril, un nivel que permite dar viabilidad a la economía ecuatoriana, si se controla la demanda.

Hay noticias auspiciosas en relación a la posible concesión de créditos externos por parte del FLAR, la CAF y el BID.

El Gobierno se ha visto obligado a conversar con los sectores productivos y financieros para buscar acciones mancomunadas que ayuden a paliar los efectos de la crisis y es de esperarse decisiones consensuadas en el corto plazo. De otra parte, el Gobierno ha reiterado su decisión (esta vez en palabras del propio presidente de la República) de defender la dolarización y esto ha tranquilizado, al menos temporalmente, el mercado.

Por último, estas últimas semanas parece que la crisis internacional ha amainado y los mercados han repuntado positivamente. Como dijo Vicente Albornoz en su artículo de los domingos, “estamos mal…pero no tan mal”.

Resta, eso sí urgentemente, que el Gobierno reduzca el gasto, sobre todo corriente que es en la actualidad el principal dinamizador de la demanda agregada de la economía y que creció en más del 50% en 2008.

Esto es consistente con un escenario defensa del esquema de dolarización en una coyuntura de oferta muy fuertemente limitada por la crisis. 

Hora GMT: 25/Marzo/2009 – 05:10

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Déficit gemelos

Por José Samaniego Ponce

jsamaniego@hoy.com.ec

El concepto de déficit gemelos en economía estuvo originalmente vinculado a explicar la fuerte correlación que existió entre el déficit fiscal y el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos que se evidenció en los Estados Unidos en las décadas de los setenta y ochenta. El concepto establece que un exceso del gasto público que genera un déficit en las cuentas fiscales, aumenta la demanda interna y esto genera un aumento de las importaciones que, paralelamente, produce un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de una economía. Baxter, Kim, Roubini y Cavallo son algunos de los autores que han escrito sobre este tema y que, en la actualidad, han ampliado el concepto de la simultaneidad de los déficit, sin que necesariamente se dé la relación de causalidad que establecía el concepto original. Incluso el concepto ha sido ampliado para analizar otros hechos económicos similares como una crisis bancaria y una crisis fiscal.

¿Vive el Ecuador un escenario de déficit gemelos? Parecería ser que sí, aunque esta opinión no la comparte necesariamente el Gobierno, pues el presidente de la República dijo, en una reciente entrevista este domingo, que existe un grave problema de restricción externa que requiere ser enfrentado, pero que no necesariamente se traduce en un problema fiscal de similar magnitud, porque este es manejable.

Las evidencias, por el momento, parecen confirmar que sí, que hay un déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos (principalmente causado por la disminución del precio del petróleo y de las remesas de los ecuatorianos en el exterior), que se está ampliando mes a mes y que esto repercute en una severa reducción de los ingresos del sector público (no necesariamente en la misma proporción) que generaría un déficit fiscal en este año, en ausencia de medidas correctivas, de alrededor del 4% del PIB, según la revista The Economist, muy similar al desbalance de la cuenta corriente.

La economía ecuatoriana, además de ser una de las más abiertas e integradas al mundo (y al decir esto se quiere profundizar la estrecha dependencia de nuestro país del mercado internacional), tiene la particularidad de que su principal fuente de ingresos externos en su mayor parte pertenece al Estado y por ello las finanzas públicas también tienen una alta dependencia del petróleo.

Es decir, la directa vinculación entre el mercado internacional, el déficit de balanza de pagos y el déficit fiscal es particularmente robusta en el Ecuador.

El problema externo se agrava más aun si a la restricción comercial se le suma la restricción en la cuenta de capitales de la balanza de pagos causada por la política confrontativa y virulenta del Gobierno con la comunidad financiera internacional y las empresas extranjeras proveedoras de inversión directa.

Y, de otra parte, si en el ámbito fiscal, a la restricción de los ingresos del sector público por la reducción de los precios del petróleo, se suma el aumento del gasto público que se ha acumulado en los dos últimos años, los déficit gemelos pueden resultar explosivos.

Hora GMT: 11/Marzo/2009 – 05:10

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Economía mundial tiembla

Por José Samaniego Ponce

samaniego@hoy.com.ec

Las bolsas de todo el mundo han vivido estos últimos días las peores jornadas en mucho tiempo, lo que refleja la profundidad y extensión de la crisis. En el caso particular de los Estados Unidos, el Dow Jones disminuyó por debajo de 7 000, lo que significa que, en promedio, el valor de las mayores empresas de ese país ha disminuido a menos de la mitad desde septiembre de 2007. Esto probablemente es extensivo a casi todas las empresas privadas de ese país, con contadas excepciones.

El comportamiento de la bolsa obedeció a la publicación de las estadísticas del PIB norteamericano que cayó en el cuarto trimestre de 2009 en 6,2%, a la percepción de que el paquete de ayuda de $850 billones propuesto por el presidente Obama es insuficiente y porque varias empresas financieras (bancos y compañías de seguros) volvieron a enfrentar problemas de liquidez y urgentes necesidades de capital para compensar las pérdidas registradas.

El famoso financista norteamericano Warren Buffet, respetado por su perspicaz olfato económico y por su gran percepción en el manejo de inversiones, dijo el lunes que “la economía está en ruinas” y que de esta crisis no se saldrá sino bien entrado el año 2010. “Hay un pánico generalizado entre los inversionistas”, reconoció otro analista de Wall Street, y la gente está dispuesta a pagar lo que sea por un seguro que proteja sus inversiones.

El lunes fue un día negro porque, a la caída de las bolsas en todo el mundo, que fluctuó entre el 4% y el 7%, se sumaron muy malas noticias: la pérdida de la más grande aseguradora AIG por $60 000 millones, solamente en el cuarto trimestre de 2008; el anuncio del HSBC (el banco inglés que es el más grande del mundo) de que requiere levantar capital por al menos $12 000 millones; la propuesta del Citi para convertir las acciones preferentes del Gobierno en acciones comunes; las pérdidas del 10% en el valor de las acciones registradas por la Exxon-Mobil, la mayor empresa petrolera; la igualmente dramática caída del valor de General Electric o la de Caterpillar.

Pero la situación no es diferente en el resto del mundo y especialmente en Europa, pues es evidente que la crisis es como un virus que, en ausencia de antídotos, se expande a una velocidad impensable en un cuerpo que está enfermo, débil y sin defensas.

El Banco de Inglaterra terminó nacionalizando el famoso Bank of Scotland; Alemania anunció que su economía cayó 2,1% y la burbuja inmobiliaria está provocando graves problemas en el sistema financiero; en el Japón, las exportaciones se redujeron en más del 40% en una economía que vive de sus ventas al resto del mundo; en Australia, lo hicieron en 17%; mientras que en Rusia, las reservas cayeron en 36% y el crecimiento de la economía se redujo por primera vez en 10 años, y otros países como Irlanda, Grecia y Ucrania revelan signos dramáticos de caída en su producción.

Mal hicimos en pensar que durante 2008 había pasado lo peor de la crisis. Esta se viene con mayor fuerza en 2009 y se va a generalizar a una velocidad impredecible.

Debemos prepararnos para días muy difíciles para la economía ecuatoriana…

Hora GMT: 04/Marzo/2009 – 05:09

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Ingresos se desploman

Por José Samaniego Ponce

samaniego@hoy.com.ec

Sí, la crisis se precipita en forma dramática sobre la economía ecuatoriana y se manifiesta principalmente en los indicadores del sector externo. Desde su punto más alto en septiembre de 2008, las reservas internacionales se desplomaron en $2 200 millones para registrar un saldo de $4 300 millones en enero de 2009. Al descenso vertiginoso de las exportaciones petroleras (que aportan a las exportaciones totales con el 65%) se suma el deterioro de las exportaciones tradicionales a partir del mes de octubre del año pasado, especialmente en productos como el café, el camarón y los derivados de la pesca; y entre los no tradicionales, los químicos, vehículos y manufacturas de metales. Como resultado de esta situación, en el último cuatrimestre de 2008, el déficit comercial acumuló más de los $1 200 millones.

Y lo peor es que las noticias internacionales no dan aún una luz de esperanza respecto al inicio de la recuperación. Cuando se pensó que lo peor de esta crisis ya había pasado, enero fue un mes muy malo en la economía internacional, porque las sombras de la recesión siguen oscureciendo a los Estados Unidos y se van aproximando con inusitada fuerza sobre Europa. La economía americana espera que el nuevo paquete de ayuda fiscal de $800 billones que ha solicitado el presidente Obama sea suficiente, pero muchos analistas dudan de ello. Es más, algunos más pesimistas (¿o realistas?) como Nouriel Roubini predicen que el sistema bancario será nacionalizado, que el desempleo va a empeorar en 2009 y que el precio del petróleo bajará aún más.

Según cifras extraoficiales, en el mes de enero hubo una reducción de los depósitos del sistema financiero ecuatoriano de $500 millones, que se suma a la disminución de diciembre y ello nos alerta de la inminente transmisión de la crisis externa a una indefensa economía ecuatoriana. Indefensa, porque el Gobierno por propia voluntad o por convicción ideológica aunque con total falta de sentido práctico en la economía, ha cortado a la mayor parte de fuentes de financiamiento con que puede contar el país, se ha gastado irresponsablemente los pocos ahorros de que disponía y ha cortado cualquier probabilidad de atraer la inversión extranjera.

Da la impresión de que el Gobierno continúa tratando de entender la evolución de la crisis y de cuantificar su magnitud, cuando lo que está sucediendo es inminente y muy serio, como han comentado varios analistas. Evidentemente, como señala el Informe Quantum de enero, las medidas gubernamentales no son suficientes, no solucionarán el problema y “si no fuera por la dolarización, la crisis sería incontrolable”. Si el Gobierno sigue esperando que esto sea corto y que el precio del petróleo se recupere en el segundo semestre, está cometiendo un grave error de percepción y de acción, porque está perdiendo la oportunidad para anticiparse a las peores condiciones que se avecinan. Como sugiere el tema central de la revista económica Gestión correspondiente al mes de enero, mientras menores las exportaciones de petróleo, mayor la catástrofe, en ausencia de un ejercicio serio, integral y decidido de política económica para enfrentar la crisis.

Hora GMT: 04/Febrero/2009 – 05:09

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¿Estrategia de deuda?

Por José Samaniego Ponce

samaniego@hoy.com.ec

¿Quién entiende la estrategia del Gobierno en relación a la deuda? ¿Existe realmente una estrategia o lo que se va conociendo a través de los medios de comunicación son en realidad disparos al aire enfilados en una gama de motivos, desde los absolutamente ideológicos hasta la necesidad real e imperiosa de llenar la caja fiscal para no detener el gasto público? La deuda pública tiene dos componentes por el origen de los recursos. El uno externo y el otro interno. En el frente externo, en el que el Ecuador tiene deudas pendientes por $10 000 millones al 31 de octubre del 2008, hay cuatro tipos de acreedores: gobiernos (43%), instituciones financieras privadas (41%), organismos internacionales (15%) y proveedores (1%). Frente a los Estados amigos, el Gobierno ecuatoriano ha atendido puntualmente los pagos, pero tuvo problemas con Brasil, porque trató de desconocer el financiamiento que este país había concedido a Odebrecht para financiar el proyecto San Francisco. Con la deuda privada, la actitud del Gobierno ha sido dubitativa, confrontacional, discrecional, poco transparente y antitécnica. En el momento actual estamos, para ponerlo en términos del Gobierno, en un estado de “mora selectiva”. Ese término nadie entiende, no existe en la jerga legal o financiera, porque se origina en una auditoría realizada por un grupo de dudosa conformación, que declaró a los diferentes tramos de esta deuda, entre totalmente ilegales y antiéticos hasta absolutamente legales, pasando por aquellos parcialmente aceptables (como si fuera posible aquello). Con base en ello ha dejado de pagar intereses sobre el tramo conocido como Global 12, canceló puntualmente el vencimiento de los Global 15 y en cuatro días, el 15 de febrero, deberá decidir si honra o no el pago de los Global 30. Se comenta que el Gobierno recompró bonos Global 12 luego de que manipuló su precio, aunque esa deuda fue declarada ilegal, pero habrá que esperar un poco de tiempo para conocer lo que pasó. Ahora que se acerca el pago de los Global 30 y el Gobierno ha dicho que va a anunciar finalmente su estrategia (¿?) frente a la deuda, se especulan muchas cosas.

Con los organismos internacionales, el Gobierno está al día en los pagos, porque es a ellos adonde necesita recurrir para financiar la crisis. Pero entre ellos también hay buenos y malos. Los primeros son la CAF, el FLAR y parcialmente el BID (porque también ha criticado puntualmente ciertos créditos concedidos por esa institución). Los malos son el Banco Mundial y el FMI, sobre los cuales el Gobierno no ha reparado epítetos antiimperialistas y neoliberales, y hasta echó a sus representantes del Ecuador. El componente interno del endeudamiento estatal asciende a $3 600 millones y está distribuido entre privados, el IESS y los proveedores o contratistas. Por el momento, el Gobierno solo ha echado mano de los fondos del IESS por aproximadamente $1 200 millones; pero si la coyuntura internacional se deteriora, empezará a retrasarse en el pago a proveedores y contratistas, y hasta intentará forzar a la compra de bonos del Estado al sector privado. ¿Hay en todo este proceso alguna estrategia definida? ¿Quién entiende?

Hora GMT: 11/Febrero/2009 – 05:10

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Y ahora, Europa

Por José Samaniego Ponce

samaniego@hoy.com.ec

Ya lo advirtió a inicios de año el actual premio Nobel de Economía, Paul Krugman: la situación de la economía europea es sumamente grave y la crisis puede ser, incluso, más destructiva que la norteamericana. Este año, como muchos predicen, la evolución de la crisis se va trasladar desde los Estados Unidos hacia el resto del mundo y en especial a Europa, donde los países que conforman la Comunidad Europea de Naciones, como un bloque, representan un tercio de la economía mundial. La economía de este conjunto de naciones tuvo un decrecimiento del 1,3% en el cuarto trimestre de 2008, lo que constituye la peor caída en 13 años. Esto indujo a que Jim O´Neill, economista jefe de Goldman Sachs, declare que “la crisis en Europa es peor que la de los Estados Unidos”.

Alemania, Francia e Inglaterra, las mayores economías de la Comunidad, decrecieron fuertemente en el último trimestre de 2008, y desde inicios de 2009 las autoridades económicas de los países miembros han empezado a anunciar programas muy amplios de apoyo al sector financiero e implementar acciones de política económica agresivas para reactivar los sistemas productivos. Existe una percepción muy fuerte en el mercado respecto a la fragilidad de los sistemas financieros de los países de Europa Central y del Este. Se habla también de una posible cesación de pagos de deudas soberanas de algunos países (inclusive de Irlanda, calificado como el milagro económico de Europa en la década de los 90), mientras que el Banco de Inglaterra salió al paso de rumores sobre las dificultades del Lloyds Bank, una institución emblemática de Inglaterra, para evitar un colapso financiero; y se conoce que el problema de activos tóxicos creados por las hipotecas inmobiliarias es sumamente grave en el sistema financiero alemán.

La profundidad de la crisis europea ha obligado a que el presidente del Banco Central comunitario anuncie que se tomarán medidas drásticas para enfrentarla, las que incluyen una violenta reducción de la tasa de interés marcadora a los niveles más bajos desde su introducción el 10 de octubre de 1999 (5,93%). Esto debería ocurrir, según los analistas, en la próxima reunión del ECB, el 5 de marzo, y provocará un desplome del euro, que de hecho el mercado ya está descontando, pues el lunes pasado llegó a cotizarse a 1,26 por dólar en las bolsas de Tokio y Europa.

Pero Europa, como un bloque, a diferencia de los Estados Unidos, es una economía con dos problemas: primero, es menos flexible, especialmente por las leyes laborales, los pesados esquemas de seguridad social y la ineficiente burocracia; y segundo, los problemas de coordinación de las políticas comunitarias impiden acciones conjuntas, efectivas, oportunas y diferenciadas para los distintos países que conforman la comunidad.

Al igual que en los Estados Unidos, la experiencia indica que los Gobiernos deben actuar muy rápidamente y con toda la profundidad que la crisis demande. Por lo pronto, lo que se ve es que las autoridades europeas han anunciado programas que van a resultar insuficientes y que actúan tardía y reactivamente respecto de la velocidad con la que se expande la recesión.

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Más sobre ‘creación destructiva’

José Samaniego Ponce

Si Shumpeter introdujo el concepto de la creación destructiva para describir el permanente proceso de la economía capitalista que, incentivada por la competencia, periódicamente destruye viejas técnicas de producción y crea nuevas que son más productivas, generan más empleo, riqueza y, por tanto, promueven el desarrollo económico, Hyman Minsky dio algunos pasos adicionales para estudiar cómo esta evolución se produce en las instituciones, en especial, las que operan en el sistema financiero. Minsky, un economista que nació en Chicago en 1919, obtuvo su doctorado en Harvard y enseñó en varias universidades; fue un profundo conocedor de la dinámica del funcionamiento del sistema financiero a través de su cátedra universitaria, pero especialmente porque fue director de un banco regional en esa ciudad. Con esos conocimientos fue desarrollando su “hipótesis de la inestabilidad financiera” en los años sesenta, que hoy está siendo releída y reinterpretada a la luz de la crisis financiera internacional. Alumno de
Shumpeter y calificado por sus colegas como poskeynesiano, murió en 1996; no obstante, a raíz de un artículo aparecido en The New Yorker (Febrero 4, 2008), titulado “El momento Minsky”, su teoría ha vuelto a la agenda académica actual.

Según Minsky, hay cinco momentos en este proceso de creación destructiva que se produce en el negocio financiero: desplazamiento, boom, euforia, realización de ganancias y pánico. El desplazamiento se refiere al cambio en las preferencias de inversión de los agentes por el aparecimiento de un nuevo producto financiero (la Internet, los hedge funds, las .com, etc.) o el cambio de la política económica, como el producido por Greenspan al mantener la tasa de interés excesivamente baja, lo cual generó un onda especulativa en los bienes raíces y con él un crecimiento del endeudamiento hipotecario. Este boom de los precios de los bienes inmuebles y la euforia que creó, alentó a más bancos e instituciones financieras, creando instrumentos como las titularizaciones, a extender el crédito de vivienda a clientes no calificados (los denominados subprimes). Cuando las condiciones de liquidez cambiaron (mediados de 2006), muchos agentes empezaron al deshacer sus posiciones y realizaron ganancias, pero los que no lo lograron empezaron a caer en pánico y se inició el colapso de la burbuja con la quiebra de instituciones y la serie de quiebras e intervenciones que le siguieron. Para minimizar estos ciclos de crédito, Minsky plantea reforzar la vigilancia, la supervisión gubernamental y fortalecer las instituciones financieras, creando incentivos para que reduzcan su creciente exposición al riesgo, desincentive las malas prácticas crediticias, mejore las normas de auditoría y control y no alimente las prácticas desestabilizadoras inmersas en su propia naturaleza. Lo que estamos viviendo, es precisamente el fin de un ciclo crediticio descrito por Minsky, que debería eliminar las viejas prácticas especulativas y crear un sistema financiero con claras reglas para la intermediación de recursos monetarios y un esquema muy estricto de supervisión.

samaniego@hoy.com.ec

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