Economías de la Inteligencia

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Confusión de confusiones

Jorge Vivanco Mendieta

Leer las declaraciones que el presidente Rafael Correa hizo al periódico cubano Gramma durante su visita oficial a la Isla, es entrar en un laberinto de confusiones ideológicas y políticas; pero a la vez explica en buena parte lo que acontece en el país, las contradicciones que van enredando al Gobierno en forma peligrosa, cuando se desatan los odios, las venganzas y las persecuciones.

El presidente Correa, por lo visto, cree que su elección como primer mandatario, constituyó una revolución parecida a la de Cuba, cuyas primeras consecuencias serían la expulsión del país de sus enemigos políticos que los encuentra en la burguesía.

Este concepto es rebajar el contenido ético del favor electoral del pueblo ecuatoriano, como respuesta a un estado insostenible al que había llevado al país la llamada partidocracia que degradó el principio de la democracia y su sistema, y sobre todo que no tuvo la sensibilidad de realizar la mínima reforma a la situación insostenible que se había creado.

El presidente Correa dice textualmente algo increíble: “Nosotros estamos viendo al enemigo, es lo que siempre digo, se lo he dicho al comandante Raúl Castro. La burguesía cubana se fue del país, los enemigos están fuera básicamente y muy claramente identificados. En Ecuador, la burguesía se quedó adentro y trata de torpedear todos los procesos de cambio desde adentro a través de una llamada prensa libre (…)”.

La revolución cubana de Fidel Castro a la que posiblemente quería adular el señor Correa, venció en una lucha armada, y que fue apoyada con entusiasmo por un pueblo hastiado por el “batistato”, cosa muy distinta, completamente distinta a lo sucedido en nuestro país: el señor Correa triunfó en una lid electoral dentro de la sucesión democrática, fue elegido Presidente de todos los ecuatorianos.

Allí está la diferencia que parece no la percibe el mandatario. Vencer es el resultado de la fuerza; triunfar es la culminación moral de una empresa cívica dentro de un sistema democrático. Fue el pueblo ecuatoriano, su mayoría, el que realizó una verdadera revolución democrática, cuyo sentido se está falsificando.

Quisiera el presidente Correa que sus enemigos salgan del país, les niega el derecho a estar en su patria; y a los enemigos los identifica con los burgueses, que forman un sector absolutamente respetable, importante e indispensable en la sociedad; la llamada clase media a la que él mismo pertenece. Esto expresa un concepto dictatorial verdaderamente peligroso, un ensimismamiento político narcisista llevado a los extremos.

Desde luego, disparó desde tribuna extraña las baterías contra la prensa libre, demostrando un odio casi enfermizo, cuyos síntomas ya se venían observando desde que asumió el poder; ahora, como vemos, esa hostilidad ha llegado a niveles increíbles. Allí también se expresa un falso concepto de lo que es la prensa, la libertad de pensamiento, la independencia de los periodistas, el papel que juegan ambos en la vida nacional y mundial. Ese es una de las fijaciones casi patológicas que no permiten al mandatario tener una visión amplia y normal de la realidad.

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“Papeles de la deuda”

Jorge Vivanco Mendieta

El Presidente de la República, con ese espíritu entre festivo y estigmatizador que utiliza en la tarima, particularmente los sábados, reparte acusaciones al boleo; parece que no le importa que luego sean desvirtuadas. En una intervención acusó al economista Abelardo Pachano, gerente de Produbanco, de poseer “papeles de la deuda externa”, dando a entender que ese era motivo para descalificarlo. De inmediato el señor Pachano refutó al mandatario: “No he usufructuado ni vivo de la deuda pública. Nunca he tenido un centavo de ella. Y el banco que dirijo tampoco”, expresó.

He aquí cómo el Presidente de la República considera que es infamante comerciar con papeles de la deuda externa. Y ese es un error. ¿Para qué se emiten papeles o bonos, los llamados títulos-valores? Para negociarlos, de modo que quien adquiere esos papeles o comercia con ellos está cooperando con los fines del emisor. Mas, en la práctica algunas veces la tenencia de esos papeles impulsa a sus dueños a influir en favor de sus intereses y aún a ejercer presiones indebidas.

En otras palabras, no es lo malo tener papeles, lo malo es especular indebidamente con ellos; y sobre todo prestarse a la intermediación especulativa, valiéndose de las funciones que desempeñan.

Así llegamos a la parte neurálgica del problema: el Presidente de la República declaró que no pagaría cierto tramo de la deuda externa considerada ilegal e ilegítima; luego dijo que iba a presentar a los tenedores de papeles de esa deuda una propuesta para renegociar. Cuando declaró que no iba a pagar, los papeles de la deuda cayeron bruscamente; y cuando anunció que iba a presentar una propuesta “renegociadora”, esos papeles se revalorizaron. De ahí los opositores del Gobierno deducen que este está especulando con esos papeles.

Se ha creado alrededor de la deuda externa una leyenda negra, y con razón, porque la historia del endeudamiento externo tiene aspectos más que sospechosos, pues no vemos prácticamente en qué se han empleado préstamos, salvo contados casos, como las obras eléctricas y algunos planes viales. El gran porcentaje de esa deuda, ¿qué se hizo? Allí está la causa de las suspicacias.

Además, sostener que la tenencia de papeles de la deuda externa es per se ilícita o vergonzosa, es una falsedad que ha sido utilizada como arma política, no solo por este Gobierno, sino por los anteriores; y no únicamente por gobiernos, sino también por sectores políticos, no lo correcto. Lo que pasa es que en el actual régimen, la acusación es muy repetida. Si quiere acusar el Presidente de la República de esto, que lo haga con bases para que no sea refutado con tanta facilidad.

Mejor sería que el Gobierno medite con seriedad sobre la forma en que ha tratado el asunto de la deuda externa y las decisiones tomadas en forma tal que han dado como resultado la especulación.

vivancoj@granasa.com.ec

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No pago, pero sí compro

Jorge Vivanco Mendieta

Como ecuatoriano, deseo sinceramente que el Gobierno pueda comprar en las mejores condiciones los bonos 2012 y 2030 de la deuda externa, como es su proyecto, para así aliviarnos de ese peso y salir del estado de quiebra en que caímos al declararnos en mora de esas acreencias externas. Ese es un objetivo nacional, cuya consecución es responsabilidad del Gobierno que se ha propuesto comprar (¿por qué llaman recomprar?) esos bonos, lo cual requiere aplicar una fina política de renegociación, que no la vemos por ninguna parte.

En primer lugar, el Gobierno al aceptar el informe sobre la deuda externa, documento que no pudo ser utilizado políticamente como era uno de sus principales objetivos, declaró la ilegitimidad y hasta la ilegalidad de esos bonos o parte de ellos, sin concretar a los que se refería. La pregunta surge espontánea: ¿cómo se quieren comprar bonos ilegales e ilegítimos? Esos, simplemente no deben pagarse, pues si se pagan, se reconoce su validez y se cae la tesis del gobierno.

Según vemos, se han puesto unilateralmente las condiciones si atendemos las declaraciones del Ministro Coordinador de la Política Económica Ec. Diego Borja: un descuento de “alrededor del 70%”, porcentaje que puede subir o bajar según el interés que demuestren los tenedores de los bonos, lo que constituye un cálculo casi infantil.

En todo caso, parece que ya están identificados los tenedores de los bonos, pues la ministra María Elsa Viteri anunció que se realizará con ellos una reunión.

Para comprar esos bonos que en el argot popular se califica de “chimbos”, deberían emplearse 972 millones de dólares, en el supuesto caso de que se consiguiera un descuento del 70% ¿Tenemos esa plata disponible? Desde luego que no, pues es visto que el Gobierno está dedicado con afán en colocar sus propios bonos y hasta ahora no ha tenido más que un comprador, el IESS, por lo cual los afiliados y jubilados están que trinan y preparan protestas en serio, ante lo cual el Presidente dio una ladina respuesta, al decir que la plata que tiene el IESS constituye un ahorro nacional. Sí, pero pertenece a los afiliados. No es bien mostrenco.

¿Cuál es la estrategia que está aplicando el Gobierno para esta difícil operación? La contraria a la que aconseja una elemental prudencia. En efecto, proclama a los cuatro vientos que va a comprar esos bonos chimbos y con eso demuestra sumo interés en ellos; por lo mismo los valoriza, pues mueve en contra los factores de la oferta y la demanda.

Y, por cierto, todo esto se hace, mientras está en peligro la dolarización, para sostener la cual, “cada dólar se debería destinar a fortalecer el sistema”, según lo sostiene un ex ministro de Finanzas de este gobierno. ¡Ojo con esto, pues corre desde hace largo tiempo la versión de que se está haciendo todo lo posible por justificar la desdolarización.

Por lo menos en este aspecto, hay que exigir prudencia del Gobierno. Da la impresión de que la política electoralista es lo único que lo mueve. No perdamos de vista que cuando declaró que se iba a pagar la deuda ilegítima y luego que se la iba a renegociar, indujo a creer que se está aplicando el juego de los golpes de efecto. No pago… pero sí compro.

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