Economías de la Inteligencia

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¿Se trata de una crisis ajena?

Gonzalo Chiriboga

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Pese a esta dura realidad que afecta al orbe, hay en el país muy poca conciencia de lo dramático de la situación

Por Gonzalo Chiriboga Chaves

chiribog@hoy.com.ec

Mientras se ha dado inicio a un nuevo proceso electoral, que como se ha vuelto costumbre se verá caracterizado por una avasalladora propaganda oficialista, no sujeta en la práctica a escrutinio alguno, la crisis planetaria va adquiriendo visos dramáticos.

Aunque hay toda especie de predicciones acerca de la profundidad de los problemas por los que atraviesa la economía global, las cifras son crecientemente aterradoras.

En Davos se comentó que es posible que la fuerza de la contracción económica deje sin empleo a alrededor de 50 millones de personas.

Ninguna otra catástrofe es capaz de equiparar la magnitud de generar en un plazo tan corto ese nivel de paralización del consumo.

Solo en los Estados Unidos, donde la recesión se dio inicio en diciembre de 2007, se han perdido más de 3 600 000 empleos. Lo más grave es que la mitad de ellos se perdió en los últimos tres meses y tan solo en enero de este año han quedado sin trabajo nada menos que 600 mil trabajadores.

Los anuncios de los grandes conglomerados internacionales sobre la reducción de personal suceden a diario. Pero los Estados Unidos no son sino la cabeza más visible del problema.

Europa, con distinto acento en cada una de sus economías -en conjunto-, tiene problemas muy similares, salvo que van apareciendo con un rezago de pocos meses.

El Japón muestra también una debilidad enorme. Algunas de sus compañías emblemáticas, como Toyota y Sony, enfrentan complicaciones impensadas hasta hace pocos meses.

China que venía creciendo con una enorme inercia, verá claramente frenado su proceso porque con los países de destino de sus exportaciones contrayéndose será imposible que no sufra el impacto general.

Aún una economía importante pero de menor tamaño como Canadá reporta pérdidas de empleo de 160 mil trabajadores en enero.

En la Gran Depresión, a raíz de los años treinta del siglo pasado, el Producto Interno Bruto norteamericano cayó al 50%. Se ha discutido intensamente en el Senado de los Estados Unidos, si el pretendido plan de estímulo a la economía será capaz realmente de surtir efecto y si efectivamente logrará frenar la caída y si podrá echar a rodar al consumo. El PIB norteamericano representa más del 30% del PIB global.

Pese a esta dura realidad que afecta al orbe, hay en el país muy poca conciencia de lo dramático de la situación.

No solo se trata de la caída del precio del petróleo, que con la desaceleración mundial difícilmente recuperará los altos precios.

Es que las exportaciones ecuatorianas dependen de la buena salud de los mercados de destino y de aquélla de nuestros clientes.

El momento crítico de las grandes instituciones financieras a escala internacional, complicará también la liquidez de los clientes externos, y lo más probable es que además el Fisco reducirá de manera importante sus ingresos por Impuesto a la Renta, aranceles e IVA.

La realidad en el Ecuador probablemente se hará presente, tan solo cuando haya culminado el festín electoral…

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Lecciones de Irlanda

Por Gonzalo Chiriboga Cháves

Una feliz iniciativa de la Cámara de Industriales de Pichincha, ha traído a Quito a quien fuera el artífice principal de la transformación de un país, que pasó en apenas algo más de una década, de ser el más atrasado de Europa, a ser la nación con el segundo ingreso per cápita más alto de la Unión Europea. Para comprender en su justa dimensión el fenómeno irlandés, es preciso recordar los antecedentes que precedieron a la era del gran desarrollo.

Luego de la secesión de Irlanda en 1922, se inició un período caótico fraguado por una sangrienta guerra civil, el éxodo masivo de la población irlandesa y los avatares de la Segunda Guerra Mundial. Cincuenta años de desgobierno llevaron a su población a límites cercanos a la miseria. Las luchas intestinas habían llevado a concluir que se trataba de una república no viable. La penuria fiscal, condujo al gobierno a recargar de impuestos , llevando la tasa impositiva sobre el 60% a mediados de los 70. Esto encendió la mecha de un período de corrupción sin precedentes, aún para tan atribulado y dividido territorio. Un nacionalismo extremo, con altas barreras a las importaciones en busca de un modelo de sustitución de importaciones, al estilo de la Cepal de Prebisch, impedía la competencia y generaba monopolios.

La década de los ochenta fue catastrófica. El desempleo alcanzó el 20%; el déficit del sector público era del 15% del PIB y la deuda externa presionaba de manera asfixiante. En 1987, el partido Fianna Fáil alcanzó el poder. Era una organización que en su nacimiento había sido más bien de corte radical y que para cuando asumió las riendas de Irlanda, se había situado ya en el centro. Fue ese gobierno el que inició la verdadera revolución en Irlanda y que con el tiempo se convertiría literalmente, en la envidia de Europa.

Las reformas introducidas apuntaron de inmediato a reducir el tamaño del Estado, a fomentar la competencia a través de liberar las importaciones, disminuir dramáticamente las tarifas impositivas y el fomento a la inversión extranjera. El foco del desarrollo cambió de una elemental estructura agraria, hacia una moderna economía del conocimiento, a través de invertir agresivamente en la educación de todo nivel, atrayendo inversiones de alta tecnología y avanzados servicios, acompañados de un innovador desarrollo industrial. Implementadas las reformas, la economía creció entre 1994 y 2000, a una tasa promedio del 10% y, entre 2001 y 2005, a una media del 7%. Igual de lo que sucedió en su momento en España y en Chile, se celebraron pactos sociales que permitieron dinamizar la economía, sin la intromisión perversa de la política. Para 2006, Irlanda fue ya el segundo país con más alto ingreso per cápita en el mundo (US$46.000), sólo detrás de Luxemburgo. Pero más importante aún, ocupa el quinto lugar en el planeta, en el Indice de Desarrollo Humano y The Economist la declaró como número 1 en calidad de vida en 2005. Desde luego, parecería un ejemplo bastante mejor para emularse que Venezuela…

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Enfrentando la crisis

Por Gonzalo Chiriboga Chaves

Durante los últimos días, el mundo ha mirado atónito los pobres resultados de las descomunales medidas de salvamento implementadas por la mayoría de los Gobiernos de los países desarrollados. La ineficacia de los intentos no hace sino evidenciar la severidad de la crisis que azota al planeta. Se ha vuelto ya patética la imagen de los líderes políticos procurando explicar la inverosímil realidad. Algunos de los más connotados economistas del globo han participado en el diseño de una estrategia que pretende mitigar el pánico en el que se han sumido los mercados de capitales.

Los intentos se han estrellado contra una realidad simplísima: los ahorradores, que se suman literalmente por cientos de millones, han visto desplomarse el valor de sus activos financieros de manera dramática.

Las noticias en tiempo real sobre la evolución de los índices de precio de las acciones dan cuenta de cómo se ha pulverizado por el momento el valor de las inversiones en cerca del 40%. La realidad ha terminado por convencer al más incrédulo sobre la total interconexión global que tienen hoy los mercados respecto de los flujos de capitales.

La pérdida del valor de los ahorros de un número indescriptible de gente ha supuesto que los ahorristas sientan haberse empobrecido, de manera súbita, en cerca de la mitad del valor que tenían sus inversiones, hasta hace apenas pocas semanas. Esa sensación hace que, de inmediato, se frenen los gastos planificados poco tiempo atrás. La adquisición de una vivienda o de un nuevo vehículo, la programación de viajes, cambio de muebles o electrodomésticos, son todos gastos que, sin duda, pueden ser diferidos. Es cuando la prudencia aconseja hacer una pausa ante la posibilidad cierta de que muchos de los agentes económicos pierdan estabilidad en sus fuentes de ingreso constantes. Este diferimiento repentino en la velocidad del gasto produce un deterioro enorme en las finanzas de las empresas dedicadas a producir bienes o servicios cuya adquisición pueda diferirse, que son las primeras afectadas.

El mercado está pasando factura a los accionistas de los activos financieros que se cotizan públicamente. Las empresas y los Estados mantienen entretejidos los hilos conductores de las operaciones de provisión de bienes y servicios. Serán infinitos los casos en los que compañías que aportan con impuestos a los Estados de los que dependen vean transformadas sus utilidades de pocos meses atrás en pérdidas, ante la imposibilidad de reducir violentamente sus gastos fijos.

Ya se escuchan planes en marcha de enormes conglomerados económicos, planificando reducir de manera agresiva gastos para el próximo año. Por si fuera poco, las monedas nacionales están experimentando desafíos enormes y los Gobiernos gastan ingentes sumas en procurar estabilizarlas. Sólo el tiempo nos dirá qué Estados y qué empresas fueron capaces de capear el temporal siniestro que ha invadido al mundo y que apenas alcanzamos a visualizar. Se ha restado hasta el límite el campo para la demagogia.

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Neoimperialismo

Por Gonzalo Chiriboga Chaves

La baja constante del precio del crudo en el mercado mundial y las declaraciones recientes, rendidas ante el FBI, por parte de algunos personajes íntimamente ligados al Gobierno de Venezuela, deben tener muy preocupado al presidente Hugo Chávez. Su vocación imperialista está siempre patente en sus acciones internacionales.

La prensa internacional da cuenta de que sumas sustanciales de dinero procedentes del Gobierno de Venezuela, vienen siendo regadas en la región. Por supuesto, qué duda cabe de que tanta generosidad no reporta beneficio alguno al pueblo venezolano que, a pesar de que su país ha recibido el mayor vendaval de dólares de su historia, de ninguna manera ha resuelto sus graves problemas de pobreza.

Quien sí se beneficia por ahora, es la figura de Chávez, un megalómano también convencido de ser un enviado divino. Como hombre astuto, sabe sobre lo sucedido con otros líderes que en su momento han abusado hasta el extremo del poder. Esto le obligará a procurar eternizar su presencia hasta límites insospechados. Una vez fuera, será perseguido y muy probablemente condenado por lo miles de enemigos que ha aplastado en su camino. Es la espiral inevitable en la que se han visto envueltos decenas de líderes autoritarios, que en el curso de los tiempos han terminado derrotados. El proceso seguido contra el presunto empresario venezolano Antonini que al aterrizar en Buenos Aires, portaba un maletín con $800 mil en efectivo, ha demostrado que iban destinados a la campaña electoral de la peronista Cristina de Kirchner. Pero por si fuese poco, en el mismo avión se llevaba una suma de efectivo bastante mayor todavía y para el mismo propósito. ¿Qué hacía una nave de la compañía estatal venezolana PDVSA, transportando efectivo a un país ajeno, en plena lid electoral? Y qué decir de la transacción celebrada entre Chávez y su compadre Daniel Ortega de Nicaragua para vender el 60% del petróleo que consume esa nación centroamericana, a través de dos empresas de nombres sospechosos: Albanisa y Albacaruna; a un precio bastante menor al corriente y cuando la mitad del precio del crudo, ha de pagarse de manera magnánima a 25 años. Vaya negocio para el pueblo venezolano…

Además, en el mismo proceso mencionado, otro de los implicados, Kauffman, quien se declaró culpable, ha declarado que Chávez ha dispuesto la suma de $100 millones para ayudar a su otro compadre, Evo Morales; y, que el embajador “llanero” en Bolivia, recorre este último país, repartiendo cheques entre los alcaldes afectos a Morales.

En El Salvador, se ha creado otra compañía siamesa, conocida como Alba Petróleos, que recibe de Venezuela el crudo y diésel a precios favorables y los revende con un margen suculento de ganancia. Se dice que así se fondea la ampulosa campaña del FMLN.

Por lo dicho, creer en la autenticidad de la mano generosa de Chávez es una absoluta ingenuidad. Él está buscando protegerse. Sabe bien que se encuentra ya envuelto en un ovillo de imposible solución.

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