Economías de la Inteligencia

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Otro enfoque de competitividad

Gabriela Muñoz

Hace poco el Ministerio Coordinador de la Producción a través de un benchmark subsectorial definió las diez apuestas productivas y de inversión. Los diez subsectores definidos se encuentran divididos en los sectores de manufactura, agricultura y servicios.

Según el análisis realizado, los productos altamente competitivos, es decir, aquellos en los que Ecuador demuestra niveles de exportación superiores a los
niveles mundiales son elaborados de pesca, preparaciones y conservas de frutas, legumbres y hortalizas, cacao chocolate y confitería, café, textil, confecciones, manufacturas de madera, industria de metales.

En cuanto a los mercados de exportación, el estudio revela que los principales mercados de exportación para los productos industriales no petroleros son la Unión Europea, principal destino de las exportaciones en el 2007, el 97% de las exportaciones hacia la UE correspondió a exportaciones agroindustriales, especialmente alimentos. Por su parte la Comunidad Andina es el segundo mercado de exportación, Colombia representó el 76% de las exportaciones industriales no petroleras en el año 2007, de igual forma los productos agroindustriales tuvieron el mayor volumen (30%).

“Es un hecho que el mercado europeo es un importante destino para nuestras exportaciones…”

En el caso de Estados Unidos, este país es el cuarto país de destino de los productos industriales no petroleros del Ecuador, de igual forma se observa la importancia de la agroindustria, el 86% de las exportaciones a Estados Unidos corresponden al sector agroindustrial.

Esta información indica claramente ls tendencia productiva del Ecuador y hacia donde se debe dirigir la política industrial y comercial del país.

Es un hecho que el Mercado Europeo ha ganado especial importancia como destino de nuestras exportaciones de ahí la necesidad de trabajar en un acuerdo comercial que potencie las oportunidades de comercio ya existentes. De igual forma, la importancia de Colombia como socio comercial del Ecuador indica la necesidad de fortalecer los lazos comerciales con el país vecino. De igual forma Estados Unidos sigue siendo un mercado importante al que no debemos descuidar.

El estudio realizado por el Ministerio Coordinador de la Producción revela que al ser la agroindustria uno de los sectores ganadores, el Ecuador va a seguir dependiendo de los productos provenientes de la naturaleza y por tanto de los actores sociales que permiten su producción. De ahí que, cuando se habla de una politica industrial y de generar mayor valor agregado y competitividad se debe plantear un concepto de competitividad desde un enfoque integral territorial (IICA) que considera cuatro componentes: económico, social, ambiental y global. Además este concepto tiene como enfoque el proyecto de territorio, proceso destinado a que los agentes locales y las instituciones adquieran las capacidades de valororar su entonro, de actuar juntos, de crear vínculos entre los sectores para mantener el valor añadido in situ y la capacidad de establecer relaciones comerciales y de tranferencia de tecnologías con otros territorios.

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Los peligros de la reacción a la crisis

 

Por Gabriela Calderón, Diario El Universo

Harold James, de la Universidad de Princeton, escribió un libro en el 2000 titulado El fin de la globalización y en este relataba la reacción a la primera ola de globalización que empezó en la segunda mitad del siglo XIX. Hubo un rechazo a todo lo extranjero y un retorno al ostracismo que no se superó, en Latinoamérica, hasta la década de los ochenta. Hoy corremos peligro de que suceda lo mismo como reacción a la actual crisis.

“La era universal”, como la denomina James, consistía de un mundo prácticamente libre de fronteras y pasaportes y de capitales de libre flujo. Entre 1871 y 1915, por ejemplo, 36 millones de personas emigraron de Europa. Era un mundo económicamente integrado: por ejemplo, mientras que entre 1870 y 1890 Argentina importó capital equivalente a 18,7% de su PIB, durante los noventa esta cifra llegaba a tan solo 2,2%.

Y como reacción a este mundo globalizado James cuenta que surgió el nacionalismo. De hecho James le atribuye a esta primera ola de globalización el nacimiento de la nación-estado como la conocemos hoy. Por primera vez, se esperaba que el Estado ofrezca protección social. Para muestra está el hecho de que en 1912 los servicios sociales del Estado francés constituían 4,3% del total del gasto del gobierno central, mientras que para 1928 constituía 21,7%. “La autarquía y la guerra se convirtieron en los objetivos nacionales”, añade James.

Los pagos por reparaciones luego de la Primera Guerra Mundial habían derivado en esquemas con condiciones severas e injustas, siendo impuestas a países como Austria y Hungría por parte de la Liga de las Naciones. Esto creó resentimiento a lo extranjero y fortaleció el nacionalismo.

Desde antes del colapso del sistema financiero internacional en 1929, empezó a erosionarse el sistema de comercio internacional. Además de las protecciones comerciales heredadas de la Primera Guerra Mundial, James comenta que la nueva concepción del Estado creía que la protección comercial era otra forma más de fortalecer a la nación.

Fue durante la década de los treinta que se propagó el mito de que el aislamiento económico de los precios mundiales –a través de aranceles, restricciones a las importaciones y exportaciones, controles de precio– podría proteger de los shocks de un sistema capitalista inestable. Este fue el momento cuando, mientras que el mundo sufría una terrible crisis y larga depresión, el Imperio Soviético aparentemente implementaba exitosamente su primer Plan de Cinco Años (1928-1932). Por supuesto que este fue seguido de un caos y estancamiento en la era postStalin.

James resume el consenso que emergió de la crisis de la economía global a principios del siglo veinte: “Todo lo que se movía a través de las fronteras nacionales –ya sean capitales, bienes o personas– en realidad no tenía por qué estarlo haciendo y debería ser detenido. Si no podía ser detenido, debía ser controlado; de acuerdo con una definición del interés nacional”.

El peligro es que la historia se repita. La globalización necesita de sistemas que apoyen el libre comercio y el libre flujo de capitales. Volver al ostracismo de los veinte y treinta no es una opción viable (ni deseable) para aquellos que podrían salir de la pobreza rápidamente como lo han hecho cientos de millones de personas durante la actual era de globalización.

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Aberraciones capitalistas

Gabriela Muñoz

gmunoz@telegarfo.com.ec

 

La presencia de monopolios, oligopolios y prácticas de abuso de la posición en el mercado son algunas de las mayores aberraciones del sistema económico capitalista. En muchos países de América Latina y en varios acuerdos multilaterales se prohíbe expresamente los monopolios, oligopolios, el dumping y otros mecanismos que afecten la libre competencia. Ecuador, sin embargo, es la excepción, junto con Bolivia son los dos únicos países latinoamericanos que no tienen una ley de competencia para evitar prácticas de competencia desleal.

En Ecuador, basta ver como varios supermercados del país, no contentos con las enormes ganancias que reciben por su intermediación comercial, están ahora empacando productos, colocando sus super marcas y queriendo ganar “super bien”.

Parecería que nada es suficiente cuando el signo + es infinito y cuando los intermediarios abusan de su posición de dominio.

Pero, no conformes con dedicarse a lo que no les corresponde, bajan los precios de estos productos, que valga decir ni siquiera los producen, sino que simplemente compran a los productores, colocan su marca y los venden a precios más bajos para acabar con la competencia. Si a ello aumentamos, las tantas trabas y dificultades que tienen los productores para colocar un producto en uno de estos mega mercados, tenemos que es casi imposible competir en tales condiciones.
 

“Ecuador no tiene una Ley de Competencia pese a que existen propuestas…”

 

Pero, las leyes ecuatorianas poco o nada han hecho por evitar estas prácticas abusivas de grupos empresariales que defienden el supuesto libre mercado y la “libre” competencia, pero que evidentemente no aplican todas las reglas del juego.

Estas aberraciones del capitalismo son las que han hecho tanto daño al Ecuador. Aunque en la Constitución del ’98, del siglo pasado, se menciona en el Artículo 244: “Promover el desarrollo de actividades y mercados competitivos, impulsar  la  libre  competencia  y  sancionar, conforme a la ley, las prácticas monopólicas y otras que la impidan y distorsionen”, no existe una ley y reglamento que concrete este articulado en la práctica.

El Ecuador no tiene una Ley de Competencia pese a que propuestas de la misma se discuten hace más de cinco años.

La nueva Constitución en las secciones sobre la “Democratización de los factores de producción” y sobre “Los intercambios económicos y comercio justo” mencionan directamente que el Estado sancionará a quienes promuevan prácticas monopolistas o de abuso de posición de dominio en el mercado. Su concreción en la práctica requerirá, sin embargo, de una ley antimonopolios que evite el control y la concentración de los medios de producción en unos pocos grupos empresariales.

Necesitamos una ley que regule las prácticas industriales, comerciales y financieras, solo así se evitará el control del país por unos pocos, que en muchos casos, apenas son competitivos, pues no es difícil ganar más cuando existen créditos vinculados, mano de obra barata y control de los precios.

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