Economías de la Inteligencia

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El reto histórico de Correa

Erika Sylva Charvet
Columnista
esylva@telegrafo.com.ec
A pesar de los logros del Gobierno de Correa en el 2008, la economía ecuatoriana no dejó de registrar problemas, como lo revela el análisis de coyuntura publicado por ILDIS-FLACSO (2009). Estos problemas, sin embargo, son de índole estructural. El principal es la “excesiva especialización productiva en sectores primarios”, cuya incidencia se siente cada vez que los precios bajan en el mercado mundial y merman los ingresos públicos. Esto revela la persistencia de un modelo de desarrollo que se viabilizó con la frustración del proceso liberal (1912) y del que emergió triunfante el capital comercial-bancario, consolidándose como eje económico del país.

“La banca obtuvo utilidades millonarias en el 2008, pero las almacenó en el extranjero”

País exportador de cacao-banano-o-petróleo e importador hasta de escobas, este modelo resulta amenazante en el marco de la crisis actual. Primeramente, porque importamos más que exportamos; lo cual no es nuevo, aunque sí lo es su impacto en una economía dolarizada. Según el estudio mencionado, en el 2008 las importaciones crecieron en todos los rubros, registrándose un saldo negativo acumulado de la balanza comercial de $1265 millones entre septiembre-noviembre/2008. Si a esta merma de dólares se suma su reducción por la baja de las remesas y del precio del petróleo, el “cierre de las fuentes de financiamiento” y las “tendencias a una apreciación del dólar”, no extraña la conclusión de que “el futuro de la dolarización está amenazado”. La otra cara de esta economía de comerciantes, es que tiene poca capacidad de generar empleo, lo que explica por qué las cifras de desempleo y subempleo del 2008 no mejoraron de modo sustancial (7.5% y 43.8%, respectivamente).

Un serio problema derivado de este modelo dependiente, es la ausencia de vocación nacional de la burguesía ecuatoriana. La banca, por ejemplo, obtuvo utilidades millonarias en el 2008, pero almacenó en los bancos extranjeros $4678,64 millones, a noviembre de ese año, cifra que representaba “alrededor del 24% de los activos totales del sistema financiero privado”, siendo un volumen mayor al de los últimos cinco años. Así, mientras el país necesitaba desesperadamente dólares, los banqueros los exportaban al exterior ¡fortaleciendo la economía del Norte!

Nada de esto constituye una novedad. Pero sí lo es el hecho de que este Gobierno tendría la oportunidad histórica de quebrar ese modelo de subdesarrollo. Como bien lo señala el estudio de ILDIS-FLACSO, la crisis actual evidencia la urgencia de “transformación de la estructura productiva… fomentando la diversificación de la actividad económica, apoyando a la industria manufacturera, agroindustria y servicios como el turismo”. De hecho, las medidas del Gobierno orientadas a “frenar las importaciones” de ciertos productos y promover el consumo nacional, podrían ir definiendo una “nueva política productiva, alentando determinadas líneas de producción nacional”, y quizá –digo yo- hasta promoviendo la constitución de nuevos sectores empresariales con vocación nacional que tanto necesita el país. Aun cuando fuese solo por esa posibilidad, hay que apostar por Correa en el 2009.

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Balance económico del Gobierno

Erika Sylva Charvet
Columnista
esylva@telegrafo.com.ec
Un reciente análisis de coyuntura publicado por ILDIS-FLACSO (2009), permite poner en evidencia la falacia del discurso de la derecha en torno a la gestión económica del Gobierno de Rafael Correa. Sobre la base de datos estadísticos confiables, el estudio señala que 2008 fue “en general bueno para la economía ecuatoriana” pese a los efectos de la crisis. En efecto, el PIB creció al 5.3% respecto al 2007 destacándose el PIB no petrolero que trepó al 6.7%, gracias a la inversión pública realizada en reconstrucción vial, construcción de viviendas populares y en el área de energía, en donde se registró un aumento del potencial energético y una reducción de las importaciones desde Colombia debido a la recuperación de las centrales existentes y la incorporación al servicio de nuevas centrales de generación. Esta política ha significado la re-institucionalización de los sectores estratégicos, desestructurados y debilitados por las políticas neoliberales de desinversión y entrega a las transnacionales, por parte de aquellos mismos grupos que hoy critican a Correa por “gastar” los recursos.

“El balance con relación al Sector Público No Financiero también es positivo…”

El balance con relación al Sector Público No Financiero (SPNF) también es positivo. De sus ingresos en 2008, los no petroleros constituyeron el 52% del total, de los cuales los tributarios fueron mayoritarios (59%), constituyendo el 12.9% del PIB en el 2008, la cifra más alta desde 2001.  Con relación al gasto del SPNF el 69% se destinó a gastos corrientes  (sueldos-salarios, inversión social, defensa y seguridad) y el 30.5% restante a gasto de capital y préstamo neto que se incrementó en 126% respecto de 2007 debido a “la política intensiva de inversión pública para impulsar el crecimiento económico y generación de empleos”. Como resultado, el PIB per cápita se incrementó en 18% respecto de 2007, el salario real aumentó en un 8.5% y se redujo la pobreza y la extrema pobreza en un 7 y 8% respectivamente, en parte gracias a la política redistributiva vía Bono de Desarrollo Humano.

El análisis del comportamiento del crédito y la composición de las importaciones, da indicios de una reactivación del aparato productivo: un monto mayor de crédito se concentra crecientemente en plazos mayores, además de que hay un “fuerte incremento en las importaciones de bienes de equipo” que indicaría una inversión para el mejoramiento de las plantas empresariales. Resalta, adicionalmente, la buena salud del sistema financiero que en el 2008 obtuvo utilidades por 326,6 millones de dólares, superiores a las del 2007 “y su rentabilidad alcanzó el 25.2%”. Y para quienes dicen que la inversión extranjera directa (IED) ha “huido del país por la inseguridad jurídica”, cabe indicarles que la tendencia a su contracción, registrada desde el 2003, parece estar revirtiéndose, al registrarse “una entrada neta de IED de 510 millones de dólares hasta junio de 2008”.

Los datos demuestran que, a diferencia del discurso neoliberal que clama por la desinversión, es la política de inversión del gobierno de Correa la que está generando el crecimiento del país luego de varias décadas de estancamiento.

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Universidad del futuro

Erika Sylva Charvet
Columnista
esylva@telegrafo.com.ec

De cara a la Conferencia Mundial de Educación Superior (París, 2009), expertos/as de la sección latinoamericana y caribeña de la UNESCO han formulado las tendencias hacia las que debe evolucionar la universidad latinoamericana y caribeña en la fase de tránsito hacia la “sociedad del conocimiento” en la que también está inserta la región, en desventaja en relación a los países del Norte. A grosso modo, estas tendencias podrían sintetizarse en los siguientes puntos: un nuevo concepto de universidad, focalizada en la producción y transferencia de conocimientos y tecnología, articulada a una agenda soberana de desarrollo humano sostenible; un nuevo modelo pedagógico orientado a la formación integral, centrado en aprendizajes significativos modernos y en el desarrollo de capacidades para producir conocimientos pertinentes; una política de investigación definida en base a líneas estratégicas articuladas a las prioridades regionales; un nuevo modelo de vinculación con la comunidad, más proactivo y articulado al desarrollo local; institucionalización del sistema de aseguramiento de la calidad de la educación superior como política de Estado; y fomento del intercambio y cooperación regional entre los actores de la educación superior.

“Importantes autoridades aún defienden las actuales estructuras de poder…”

Es grato constatar que las nuevas políticas hacia la educación superior  consensuadas en varias mesas de concertación organizadas por la SENPLADES de cara al proceso constituyente y recogidas en el articulado aprobado por las mesas 1 y 7 de la Asamblea Constituyente, responden a esas nuevas tendencias.

Un concepto de educación superior como bien público y derecho de todos/as; una política basada en seis principios (igualdad de oportunidades, calidad, pertinencia, soberanía, integralidad y autonomía); una propuesta de transformación radical del sistema que contribuya al desarrollo integral del ser humano y sea consistente con las necesidades del país; una consolidación del sistema de aseguramiento de la calidad, son algunas de las nuevas políticas que podrán hacer posible la construcción de la universidad ecuatoriana del futuro.

Empero, no todo depende de una nueva política; depende sobre todo de la disposición de los actores de la educación superior a materializarla. Y es penoso constatar que importantes autoridades los resisten, defendiendo las actuales estructuras de poder y el modo de funcionamiento complaciente de las IES, no ajenas a su profunda crisis. Es inadmisible, por ejemplo, que propongan la acreditación voluntaria, lo que significa no querer asumir las consecuencias de la evaluación, propuesta a contracorriente de las tendencias actuales de creciente exigencia de calidad educativa. Esta coyuntura ha evidenciado la necesidad de una transformación radical del liderazgo de las universidades capaz de materializar su cambio indispensable, sin el cual el país no logrará el desarrollo soberano, nacional, democrático y sostenible que hoy se propone.

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