Economías de la Inteligencia

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Minería y Desarrollismo

La imagen de una de cal y otra de arena, como característica de la política del Gobierno, ha llegado a extremos increíbles. Un amigo me dijo: ahora son una de cal y tres de arena.

Entre las de cal, tenemos el viaje a Irán e inicio de relaciones económicas que incluyen la compra de armas, medida poco grata a Israel y EE.UU., viaje solidario a Cuba, condena sin apelaciones a Israel, medidas de protección arancelaria a la producción nacional.

Entre las de arena destacan la aprobación de una Ley y de un proyecto de minería a gran escala con la presencia de trasnacionales canadienses y chinas, y su conversión en el futuro eje de la economía del país; convenio con IVANHOE, detrás de la cual parece estar la OXT; ley de soberanía alimentaria a favor de trasnacionales como Monsanto y de importadores y no de los campesinos; represión estilo Dayuma de las movilizaciones de campesinos, pequeños mineros y pueblos indios, y pugna continua con los movimientos sociales que han resistido al neoliberalismo.

La acción del régimen parece desafiar la lógica política, según la que no puede haber líneas tan antagónicas, a riesgo de romper el cuerpo –y el alma- del Gobierno. ¿Cuál la explicación?

“El proyecto del Gobierno se nutre el viejo desarrollismo cepalino de los ’60…”

El Informe del segundo año del Gobierno es muy revelador. El proyecto del Gobierno se nutre el viejo desarrollismo cepalino de los ‘60, dominante durante los ‘50 y ‘60, en particular en los Gobiernos de Frei y Kubitschek. Correa nunca llegó ni comulgó con la Teoría de la Dependencia y la Teología de la Liberación. Un desarrollismo tecnocrático, además, que no funda la política en el pueblo, sino en el manejo del aparato estatal.

La centralización del Estado, la inversión pública como eje del desarrollo, el gasto social, los tributos directos, el control de la banca son clásicas medidas desarrollistas.

La tozudez del Gobierno en la minería encuentra su sentido en esa óptica desarrollista, pues, en una perspectiva nacionalista, es incongruente en tanto refuerza la dependencia a las corporaciones trasnacionales y al mercado mundial. A la vez, la insistencia en la aprobación del proyecto minero, atacando con virulencia a los sectores populares opuestos, expresa una suerte de mesianismo tecnocrático.

Para el Gobierno, el proyecto minero es una forma de financiación del déficit en la balanza de pagos provocado por la crisis mundial. Se trataría entonces de compromisos con las trasnacionales para grandes inversiones inmediatas, y una señal a los organismos internacionales para que no veten el acceso a los créditos. Tales “medidas”, en la óptica desarrollista, permitirían aliviar el déficit de cerca de 3 o 5 mil millones de dólares y preservar la actual política de desarrollo.

No importan la consolidación de la dependencia, el duro golpe a la integración, los riesgos ambientales, los conflictos sociales.

El desarrollismo es progresista frente al neoliberalismo pero conservador frente a un proyecto nacionalista y popular. ¿Estamos ante un viraje histórico y la marcha de hoy, 20 de enero, marca el fin de un dinamismo político basado en la confrontación del Gobierno con la derecha e inicia la dinámica de la oposición con la izquierda, los pueblos indios, campesinos y trabajadores?

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¿Un país minero?

Alejandro Moreano, El Telegrafo…

En 1671, el Príncipe de Conde dio una fiesta en su castillo, Chantilly, para la corte de Versalles, 2000 personas, que duró tres días. El organizador de la descomunal francachela fue el Gran Vatel, el mayor cocinero de la época. Detrás de los manjares, las materias primas de Oriente y de las colonias americanas

En los siglos XVII y XVIII se dieron los prolegómenos de la división internacional del trabajo, que además ha sido una división de sufrimientos y  placeres: aquí las plantaciones esclavistas del azúcar, el tabaco, el cacao; allá la prodigiosa repostería de Vatel, los puros, el rapé, la pipa, los finos chocolates. La historia del capitalismo ha sido la persistencia de esa división de tormentos y goces. Desde que Inglaterra impuso a Egipto y la India los cultivos de algodón y destruyó los tejidos y la economía hindú y la agricultura del delta de Nilo que alimentara a millones de personas durante milenios, aquí la sangre, allá el poder; aquí el trabajo inmisericorde, allá el disfrute; aquí la destrucción de la tradición agraria, allá la poderosa industria de bienes de capital, aquí y allá la devastación ecológica…

La contrapartida era la importación de manufacturas inglesas. El cónsul inglés en el Plata, Woodbine Parish decía: “Tómense todas las piezas de su ropa, examínese todo lo que lo rodea y exceptuando lo que sea de cuero, ¿qué cosa habrá que no sea inglesa?”. Las manufacturas y la agricultura de nuestros países se hicieron pedazos.

“La riqueza de las empresas mineras no se acumularía en nuestro país sino en el mundo…”

El problema de las venas abiertas no es solo la pérdida de sangre sino la ruptura de la unidad interna del organismo que queda al arbitrio de los feroces huracanes del mercado mundial que un día hunden a los caucheros de Manaos y otro a los bananeros del Ecuador…

Salvo Noruega que ya era una economía desarrollada, no hay ningún país exportador de materias primas que haya salido de la pobreza. ¿Ghana, Zambia, Perú y otros exportadores de cobre? ¿La Bolivia del estaño? ¿Los petroleros que han enriquecido a jeques que traían la cena de París, con cocottes incluidas, mientras el mundo árabe se hundía en la miseria? ¿Sierra Leona, el Congo cuyos minerales le produjeron ocho millones de muertos?

El proyecto de minería, además, se abre a las trasnacionales. Cuando el Gobierno de la Unidad Popular, en aplicación de la doctrina Allende, avaluó las ganancias de la Anaconda, se comprobó que se había llevado cuatro Chiles.

La “enfermedad holandesa” es otro gran peligro. El Ecuador la está viviendo con un déficit de más de 6 mil millones en la balanza comercial. La riqueza de las empresas mineras no se acumularía en nuestro país sino en el mundo desarrollado y nosotros terminaríamos importando hasta el aire.

La crisis del ’29, del siglo XX, estimuló la industrialización de los países del Cono Sur. La crisis actual podría propiciar un gran desarrollo agroindustrial del Ecuador en el seno de la integración suramericana ¿Por qué entonces insistir en profundizar la inserción del Ecuador en la vieja división internacional del trabajo y redoblar su triste función de exportador de materias primas que al ser convertidas en eje de la economía liquidarían, además, la integración latinoamericana?

¿Por qué insistir en ese camino, Sr. Presidente?

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El Che y el mundo multipolar

Comparada con la revolución china, la épica que culminó con la muerte del CHE en Bolivia, el 8 de Octubre de 1967, parece una pequeña contienda.  Allá, millones de hombres, la Gran Marcha, la derrota sucesiva de japoneses y norteamericanos… Acá, en la quebrada de Ñancahuazú, quedaban 17 revolucionarios cercados por un ejército de miles de hombres.
¿Qué es lo que convierte al CHE en símbolo universal?
En nuestro libro “Apocalipsis perpetuo”, señalamos: “Entre las grandes gestas de China o el mundo árabe y los movimientos creadores de Occidente –las contraculturas, el Mayo francés, el Poder Negro-, América Latina era la intersección: formación de pueblos y naciones a la vez que el nuevo escenario de las vanguardias artísticas y de la germinación del individuo total: el CHE, el guerrillero, el combatiente mas individual enfrentado a la maquinaria más impersonal y absoluta de la guerra. América Latina, el paraíso de una posible modernidad libertaria”. La capacidad de síntesis de la figura del CHE es impresionante: catolicismo popular y ateísmo revolucionario, poesía y acción, sacrificio por los otros y magnificación del individuo, héroe y mártir…
En las décadas ‘60 y ‘70, iconizadas en el CHE, América Latina fue la vanguardia mundial en la política y la cultura: Cuba fue el centro de la Tricontinental, de la agitación revolucionaria en Asia, África, América Latina y de la lucha de estudiantes, afro americanos, pacifistas y beatnics. En los ‘60 y ‘70, del siglo pasado, América Latina fue la vanguardia mundial de la cultura: el boom, la Teología de la liberación, la Teoría de la dependencia, el Cine verdad, la Pedagogía y el Teatro del oprimido-.

 

 

“En los ‘60 y ‘70, del siglo XX, América Latina fue la vanguardia de la cultura”

 
Hoy estamos avanzando a una situación similar en nuevas condiciones. La crisis financiera de los EE.UU. es apenas la punta del iceberg no solo de una crisis productiva y económica tanto o mas profunda que la de 1929, sino de una crisis histórica que va a marcar un cambio radical en la historia contemporánea: el paso de un mundo unipolar regido por la dictadura planetaria de los EE.UU. a un mundo multipolar, entre cuyos centros esta(rá)n la integraciones regionales como la de América Latina, el África subsariana, el mundo árabe, el Asia Central, India, Rusia, China amén de los países de la Tríada: EE.UU., la Unión Europea, Japón.
No alcanzamos a imaginar las dimensiones de ese cambio. Las relaciones de dominación Norte-Sur serán reemplazadas por relaciones horizontales; las migraciones generarán nuevos imaginarios y cruces, se desplegará un cosmopolitismo del Sur amplio y masivo, se irrigaran todas las venas del planeta. En nuestro imaginario Irán, China, Sudáfrica o Palestina serán tan importantes como EE.UU. y Europa.
El siglo XXI comenzó con una extrema vitalidad de América Latina, cambios decisivos, emergencia política de las fuerzas sociales que lucharon contra el neoliberalismo, nuevos gobiernos. Si bien el mundo árabe o China han sido factores cardinales en la quiebra de la hegemonía militar y económica del Imperio; América Latina ha sido el eje de su agonía político-cultural y de la apertura en el horizonte de una nueva forma de vida.
El CHE es quizá el símbolo de un nuevo papel de América Latina
en la construcción del “otro mundo posible”.

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La crisis, una oportunidad

Por Alejandro Moreano, Tomado de Diario El Telégrafo

Una crisis financiera que amenaza convertirse en una reedición del famoso crack de 1929, ha provocado una movilización mundial del capital financiero para contenerla. Una medida ha sido la inyección de $180.000 millones, gestada por la Reserva Federal de EE.UU., el Banco Central Europeo, y los bancos de Japón, Canadá, Inglaterra y Suiza que se suman a una suerte de “salvataje bancario” de aquellas empresas responsables de la bancarrota del sistema hipotecario. Otra, la alianza de republicanos y demócratas para un programa anticrisis que busca frenar la especulación de corto plazo y que el Estado se haga cargo de los “activos fallidos” de la banca.

Hay quienes sostienen que es una crisis mundial dado que afectará también la dinámica económica de China; hay quienes sostienen que expresa el comienzo del desplazamiento de la hegemonía norteamericana a la china. De cualquier modo, tal como en el Ecuador, el “salvataje financiero” se hace a costa del bienestar de la población y de su capacidad de compra, del Estado y de los sectores productivos. Y ello provocará el agravamiento de la recesión económica cuyos efectos serán decisivos para nuestro futuro. 
 

“El “salvataje financiero” se hace a costa del Estado y de los sectores productivos…”

 La derecha del NO intenta utilizarlos para golpear al Gobierno de Correa y exigir la profundización del modelo neoliberal. En ese análisis, la baja de los precios del petróleo y otras materias primas, de las remesas de los migrantes y de la contratación de créditos externos, afectarán la política de inversión social del régimen. A la par, vociferan, la política “populista” de Correa pondrá en riesgo la dolarización, miedo favorable al NO.

Más allá de los objetivos inmediatos de los analistas del NO, hay una convicción en que el desarrollo de la actual crisis, conllevaría la perspectiva de efectos similares a los provocados por la crisis de 1929; caída de los precios de los productos de exportación, disminución de las inversiones de capital Norte-Sur en el marco de un debilitamiento general de la integración económica mundial.

Si ello se produjera, el efecto inicial de la crisis sería la drástica disminución de ingresos a nuestras economías, el debilitamiento de programas sociales, incremento del desempleo y de la pobreza crítica, dura batalla por excedentes cada vez más escasos. Después del ‘29 buena parte de los países latinoamericanos se hundieron en una larga crisis de la cual no salieron sino en la posguerra.

Mas, ciertos países –México, los del Cono SUR, quizá Colombia- aprovecharon la “desconexión” con el mercado mundial para forjar procesos de desarrollo industrial que fortalecieron su mercado interno y su soberanía.

En los ‘30 y ‘40 se dieron “revoluciones burguesas” de diferente tipo que implicaron la derrota de las viejas oligarquías, la emergencia de sectores populares que generaron poderosos movimientos de masas y de la izquierda.

La crisis mundial en curso abriría esa posibilidad que se encarnaría en políticas de desarrollo agroindustrial en el interior de la integración –productiva y financiera- de América del Sur, cuya unidad política se ha visto fortalecida con ocasión de la crisis boliviana.

Insistir, entonces, en una óptica puramente “extractivista” sería ya no solo un error sino una estupidez.

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El vacío cultural de la derecha

ALEJANDRO MOREANO

amoreano@telegrafo.com.ec

En un reciente Seminario que dicté en el Doctorado de Historia de la Universidad Andina, “Cultura y pensamiento en América Latina en el Siglo XX”, los participantes –todos con masterados y varios libros escritos- expresaron su sorpresa frente el hecho de que junto a pensamientos desarrollados como los del barroco y el neobarroco, el de la Teología de la Liberación, el de la Literatura –Rulfo, Borges, Arguedas– o el de los Estudios Culturales, hayamos introducido un pensamiento tan elemental como el neoliberal.

En efecto, el pensamiento neoliberal en América Latina no ha producido pensadores ni obras significativas. Sus exponentes son dirigentes del área económica de los Gobiernos, asesores de las grandes empresas, funcionarios de organismos internacionales y de los medios de comunicación.

A guisa de explicación señalé que si en sus orígenes –von Mises, von Hayek, Karl Popper…-, el neoliberalismo fue un pensamiento teórico, conforme se consolidaba como la política del capital mundial fue convirtiéndose en un discurso performativo en que la teoría se disuelve en la práctica.

Mas, tal carácter pragmático es propio de su concepción. La realización plena del  “mercado total” anularía no solo los saberes críticos sino el pensamiento teórico. La mano invisible del mercado contiene su propio saber. El mercado es como Dios en el que no hay diferencia entre potencia y acto –distancia que origina el saber-: todo lo que Dios piensa es, todo lo que se mueve libremente en el mercado es. El saber neoliberal solo tiene sentido en la fase de transición: describir las obstrucciones, para eliminarlas, al libre funcionamiento del mercado.

“El imaginario neoliberal es tan vacío que roba la riqueza del imaginario de la izquierda”

El pragmatismo teórico exige un discurso propagandístico para combatir las resistencias culturales al mercado. Se dirige al “sentido común y funciona como evidencia inapelable. El mercado es lo absolutamente visible. Se trata de la inteligencia de lo obvio, de lo que está a la vista y que solo “el perfecto idiota latinoamericano”, atiborrado de ideologías extremistas, es incapaz de ver. De allí el tono autosuficiente, intolerante, inobjetable de sus formulaciones.

Si la práctica del neoliberalismo nos ha llevado al atraso, a la perdida de soberanía, a una extrema polarización social, su discurso nos amenaza llevar al fin del pensamiento.

El imaginario neoliberal, también, es tan vacío que debe recurrir a robar la riqueza del imaginario de las luchas revolucionarias y populares. Así, se ha apelado a la lucha de Monseñor Romero para legitimar la acción del Arzobispo Arregui, olvidando que la derecha clerical y el Opus Dei estuvieron entre las fuerzas que asesinaron a Monseñor Romero. Los estudiantes de derecha de la Universidad Católica de Guayaquil hacen propaganda con la célebre canción de Violeta Parra, “Que vivan los estudiantes”, desconociendo que Violeta era una cantante ligada a la izquierda, a los campesinos y trabajadores chilenos masacrados por la derecha; se ha invocado el Mayo francés para legitimar a los jóvenes pelucones de Guayaquil. ¡Por Dios!: ¿comparar los deslumbrantes graffitis de los jóvenes franceses con los gestos obscenos de los hijos de la oligarquía?

Sólo falta que Nebot sea proclamado el Che Guevara del NO.

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Globalización a la China

Por Alejandro Moreano
Publicado en Diario El Telégrafo
amoreano@telegrafo.com.ec

En la inauguración de los juegos olímpicos, China privilegió aspectos de su historia milenaria que legitiman una suerte de “globalización a la China”: la famosa “ruta de la seda” y la gran flota, compuesta por 62 barcos y 28.000 hombres, dirigida por el almirante Zheng He, el eunuco de oro, que emprendió siete viajes entre 1405 y 1433 por el mar de China, el Indico, el Golf Pérsico, Arabia, la costa oriental africana hasta Tanzania. Décadas después, China, según la visión occidental, se cerró al mundo y continuó la construcción de la Gran Muralla.

Sin embargo, al leer a Kafka surge la duda sobre si la “Gran Muralla” pretendía cerrar a China frente al exterior o abrirla al infinito. La Gran Muralla nunca se cerró. Fue una Torre de Babel horizontal construida, a pesar de todas las evidencias, sobre la infinitud del tiempo, a la manera del laberinto en el jardín de los senderos que se bifurcan de Borges.

Mao Tse-tung representaba la China abierta al infinito. Que en la gesta de los comunistas chinos era la revolución permanente. Después de la muerte de Mao, China se abrió a Occidente y se cerró al proyecto revolucionario.

“China disputa a EE.UU., Japón  y la UE, la centralidad del mundo capitalista…”

Su inserción el capitalismo mundial fue extremadamente rápida. En menos de una década se convirtió en la fábrica del mundo, aun cuando el 40% de sus exportaciones pertenecen a las corporaciones multinacionales. En los primeros años del milenio, China decidió desplazar el eje de su expansión de la “exportación de mercancías a la exportación de capitales”, contenido del imperialismo en la vieja terminología leninista. También con una celeridad asombrosa, las trasnacionales chinas se han expandido por todo el mundo, en especial hacia Asia, el África y América Latina. Las petroleras de Pekín forman parte de las diez más grandes corporaciones mundiales.

La espectacular emergencia china ha modificado la realidad mundial y las corrientes de pensamiento. Hace 20 años se celebraba el fin de la “producción” en un mundo puramente financiero. Con su habitual exacerbación teórica, Baudrillard habló de la esquizofrenia del valor de cambio. Hoy sabemos que aquella apariencia se sostenía en el gran crecimiento industrial chino. Igualmente la tesis de la desaparición del proletariado fue negada por los miles de millones de trabajadores chinos, sometidos a bajos salarios y jornadas extenuantes que están dando lugar a la multiplicación de los motines y de la resistencia.

China ha entrado a disputar a EE.UU., Japón  y la Unión Europea, la centralidad del mundo capitalista. La coreografía de la inauguración de Beijing 2008 fue su metáfora. Zhang Yimou, el director de una  bella película, “Semilla del crisantemo”, 1990, logró que el mundo, desgarrado por la explotación del trabajo, enormes desigualdades sociales y étnicas, invasiones militares, feroz depredación del medio ambiente, se transfigure, gracias a la prodigiosa imaginería china, en el espectáculo mediático de la supuesta igualdad y felicidad de sus habitantes y pueblos. Una globalización a la china.

Expresividad de las coincidencias: el mismo día de la inauguración, el Gobierno del Ecuador culminó la renegociación con una de las grandes petroleras chinas, la CNPC Internacional.

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