Economías de la Inteligencia

Empresa, Estrategia, Finanzas, Entrepreneurship, Innovación, Tecnología, Ciencia y Política

Gabriela Calderón de Burgos

Gasto público y prosperidad

El Gobierno ha anunciado que utilizará 2.555 millones de dólares para reactivar la economía y reducir el desempleo (9,1%). Tanto los políticos como muchos empresarios parecen estar de acuerdo que una inyección de gasto público tendrá un “efecto multiplicador”: los constructores contratarán a más obreros, los obreros que serán contratados consumirán más y así sucesivamente.

Esto viene de la teoría keynesiana de que por cada dólar extra en gasto público resultará más de un dólar extra en actividad económica. ¿Hay evidencia que respalde esta teoría? El economista de Harvard, Robert Barro, considera que la evidencia empírica disponible no respalda la idea keynesiana del efecto multiplicador y que los programas de estímulo probablemente aumentarán el PIB por una cantidad que no superará el aumento en el gasto público.

Y es que el problema con la teoría de Keynes es que ignora un pequeño detalle: el gobierno no puede inyectar dinero a la economía sin quitárselo. Hay tres fuentes para financiar los aumentos en el gasto público: emisión de moneda, impuestos o deuda y en el caso de Ecuador, gastar el dinero de las empresas estatales. La primera opción suele derivar en alta inflación y como han mostrado varios economistas eminentes, también en alto desempleo.

La segunda opción, aumentar impuestos, implica retirar recursos del sector privado que las empresas hubiesen podido gastar en productos y trabajadores y colocarlo en el sector público. Aquí cabe la pregunta, ¿por qué asumimos que el sector público utilizará de manera más eficiente los recursos?

La tercera opción, endeudarse, significa que todo lo que se gasta hoy se financia con los impuestos que se cobrarán el día de mañana –después de las próximas elecciones–. La cuarta opción resulta en que las empresas estatales sigan siendo una especie de caja chica para el gobierno central, perjudicando la viabilidad de estas.

Nuestro gobierno ha optado por una mezcla de estas fuentes. Repatriar fondos implica aumentar la masa monetaria (opción 1), aumentar el gasto público significa que tarde o temprano habrá un paquetazo (opción 2) y que eventualmente crecerá la deuda (opción 3).

Aumentar el gasto público probablemente solo redistribuirá la riqueza existente, no la aumentará. Hay otras maneras en que el gobierno puede reactivar la economía. Muchos economistas respetados coinciden en que la Gran Depresión de los años treinta nos enseñó que el proteccionismo comercial, la inflexibilidad laboral y el aumento de los impuestos todos fueron factores que contribuyeron a agravar y alargar el estancamiento económico.

Por lo tanto, nuestro Gobierno podría ayudar mucho haciendo totalmente lo contrario: reducir unilateralmente los aranceles, flexibilizar el mercado laboral (por ejemplo, permitiendo la contratación por horas y no subiendo más el salario mínimo), simplificar el pago de impuestos y bajar las tasas tributarias. Eso ayudaría mucho más que un costoso plan de reactivación.

Archivado bajo:Gabriela Calderón

El mundo prospera a pesar de las crisis

Como el resto del mundo, Ecuador no es ajeno a las crisis económicas en sus diferentes formas. Hace 15 años escribí Nuestros males crónicos, las crisis económicas en Ecuador, libro que analiza las crisis desde la primera en la Audiencia de Quito hasta la de 1982-1984. Si se hiciera una nueva edición, habría que agregar tres más.

En la citada obra, hay referencia a la crisis producida por el agotamiento de las minas de plata en la primera década del siglo XVII; la de los obrajes y la de la destrucción de bosques de quina (cascarilla) a fines del siglo XVIII. En el período poscolonial, las primeras crisis dentro de la Gran Colombia, ocurrieron por rivalidades entre líderes; en la primera década como República de Ecuador, debido a conflictos armados de Flores en la frontera con Colombia y luego con Rocafuerte. En esta última se paralizó el comercio exterior por algunos meses, al encontrarse Rocafuerte atrincherado en Puná.

En los cuarenta, la epidemia de fiebre amarilla y la circulación de monedas falsas; en los cincuenta, el conflicto con Perú; revoluciones en todas las décadas, algunas de ellas devastadoras, terminando en guerras civiles, etc.

En el siglo XX, se mantuvo el mismo ritmo, En cada década, Ecuador vivió una o más crisis, comenzando con la casi quiebra del Banco Comercial y Agrícola en 1901, seguida de más revoluciones; Primera Guerra Mundial, epidemias del cacao, etc.

El siglo XXI arrancó con la crisis bancaria iniciada en 1999 y en el 2009, nos encontramos en otra. Los ecuatorianos son expertos en crisis, quizá por ello, a pesar de los duros golpes que la economía ha recibido, ha habido progreso, pero no al ritmo de otras naciones de la región.

Pertenezco a la era cuando no existían: semáforo, aire acondicionado, televisión, carretera de cuatro vías, computadora, centro comercial, plástico, ropa de marca, resonancia magnética, tomografía, etc.

Era la era donde la clase media apenas representaba 2% del total de la población y los ricos se morían de enfermedades que actualmente hasta los pobres se salvan; personas con cáncer se morían en corto tiempo, por no existir el diagnóstico temprano, ni medicación. Lo mismo se puede afirmar de pacientes con enfermedades cardiovasculares. Pero, si las crisis hubieran sido en menor número, el nivel de vida fuese superior al actual.

En América Latina, los países con menos crisis, son los que tienen el ingreso por habitante más elevado y mayor porcentaje de clase media. Estados Unidos también ha tenido crisis, pero en número menor y la mayoría de ellas han estado vinculadas a exceso de optimismo de inversionistas y elevada especulación. En ese país, los estados no se pelean entre sí década tras década, como ocurre en América Latina entre países vecinos. Las economías de esos países tienen mayor capacidad de recuperación. Entre los del Primer Mundo, solo Japón, tuvo su década perdida antes de regresar a las tasas históricas de crecimiento.

A pesar de las crisis en todo el mundo, el consumo, privilegio de los ricos hasta las primeras décadas del siglo XX, se ha popularizado, con la explosión de la clase media que ha aumentado a niveles sin precedentes en los últimos cincuenta años, más de mil millones de personas se integraron a la economía.

En la mitad del siglo XX, no se producían más de 10 millones de automóviles, actualmente la cantidad es 8 veces mayor. Ha sido exponencial el consumo de materias primas además de la producción de numerosos bienes duraderos que actualmente forman parte del estilo de vida de la gente, cuando años atrás eran lujos.

Tan grande es la explosión del consumo, que el aumento de la demanda agregada está trayendo serios desequilibrios a la humanidad, por presiones de la clase media y será el tema de mi próximo artículo. El capital humano no se merma con las crisis, siempre está creciendo. El Milken Institute estima que el valor del capital humano global sobrepasa 1.000 billones de dólares y es 20 veces mayor que el costo de las pérdidas incurridas en la crisis actual.das en l

Archivado bajo:Guillermo Arosemena A.

¿Qué y quién mueve el bienestar?

Pablo Lucio Paredes

No podemos engañarnos sobre las prioridades de lo que mueve la energía vital en una sociedad y es base del desarrollo: el emprendimiento. Emprender tiene dos aristas fundamentales: asumir riesgos y ser creativo.

Riesgos y creatividad es lo que divide fundamentalmente al asalariado del emprendedor, sin que uno u otro sea mejor, simplemente hacen aportes diferentes. El emprendedor explora lo que la sociedad no tiene, las oportunidades que no han sido advertidas y aprovechadas. Puede ser una idea revolucionaria como un nuevo uso de las computadoras (internet, hoja de cálculo o la red social de Facebook), o simplemente una nueva panadería en el barrio. En los dos casos se cumple la misma función: cubrir necesidades, gustos o demandas. Dar a los demás, porque les satisface, algo por lo que pagan directa o indirectamente (o pueden compartir de otras maneras). Ha hecho algo esencial que determina el desarrollo económico: ampliado la frontera de oportunidades entre las cuales pueden escoger los demás, fronteras que pueden ser totalmente “materialistas” (una discoteca) o “espirituales” (lanzar un nuevo libro). En cualquier caso ha puesto en riesgo su capital, su nombre o su tiempo en explorar estas nuevas vías. Se ha arriesgado porque por cada caso que vemos de éxito, hay decenas de fracasos olvidados… y por supuesto, cuando hay mecanismos estatales que protegen al emprendedor de los riesgos a costa de los demás (“privatizar las ganancias y socializar las pérdidas”), se hace un enorme daño a la sociedad al eliminar el sentido esencial del emprendimiento que es disfrutar de los beneficios alcanzados y cargar con las pérdidas del fracaso (no es una decisión empresarial sino estatal, de la cual el empresario puede aprovecharse contradiciendo su esencia).

El asalariado es alguien que se une posteriormente a este proceso, y recibe una parte del valor agregado generado en la nueva actividad (contrariamente al marxismo, el emprendedor no quita algo al asalariado, sino que este es contratado para compartir parte de la nueva actividad en función de lo que aporta a su mantenimiento o desarrollo). El asalariado escoge (explícita o implícitamente) este rol por diversas razones: cultura, aversión al riesgo, situación personal, educación, familia, las oportunidades que la vida le ha abierto. Pero en definitiva es una decisión vinculada a la persona y no a su entorno social, porque emprendedores y empleados los hay en todos los grupos sociales y arrancando de todas las situaciones posibles. Simplemente ha escogido la manera cómo quiere enfrentar el proceso económico, el riesgo y la repartición en el tiempo de los ingresos que va a recibir. Ambos roles son importantes en la economía, pero cada uno es diferente y debe ser valorado de una manera diferente.

Y en este contexto no debemos equivocarnos: el Estado puede regular, ayudar a mejorar oportunidades (educación y salud), debe generar el entorno de seguridad, pero nunca podrá ser el motor de la sociedad, porque nunca alcanzará el estatus de creador de oportunidades vía creatividad y riesgo (porque nunca arriesga lo suyo sino lo de otros).

Archivado bajo:Pablo Lucio Paredes

El S.U.C.R.E.

El Sistema Único de Compensación Regional (S.U.C.R.E.) es la propuesta de los socialistas del siglo XXI para restar la dependencia del dólar.

Según el Presidente, el Sucre funcionaría así: si un importador ecuatoriano compra lubricantes de un exportador venezolano, el exportador recibe el pago del Banco Central de Venezuela en bolívares fuertes. Y si un exportador ecuatoriano de sardinas vende a Venezuela, este exportador recibe el pago “en su moneda nacional”, no en dólares. Al Presidente le faltó explicar que los importadores realizarían sus pagos también en su moneda local, y el banco central de cada país miembro del Sucre registraría acreencias a favor y en contra de cada uno de los otros bancos centrales de los países miembros en sucres. Hasta aquí podemos ver que el Presidente expresa abiertamente el deseo de que Ecuador regrese a una moneda nacional.

Luego de un determinado periodo se compensarían los saldos en sucres, cuyo valor depende de las monedas nacionales de otros países. Por lo tanto, el Sucre sería muy similar a la unidad utilizada entre países miembros del FMI conocida como Derechos Especiales de Giro (DEG). El economista Swaminathan S. Aiyar, del Times of India, explica que el DEG –y, agregaría yo, el Sucre– es una canasta de monedas y no una moneda independiente.

Cuando llegue el momento de que los respectivos bancos se compensen entre ellos los saldos a favor y en contra, van a tener que utilizar las monedas que están dentro de la canasta. Mientras que el deg está compuesto por monedas “duras” es muy probable que el Sucre esté compuesto por monedas que gozan de poca credibilidad y aceptación a nivel mundial. Así que si Venezuela le tiene que compensar a Ecuador $1.000 millones, Ecuador recibirá el equivalente en una mezcla de bolívares fuertes, bolivianos, guaraníes y córdobas que inmediatamente tendrá que intercambiar en el mercado por monedas que sí sean aceptadas en otros países: dólar, euro, libra o yen.

Aiyar explica que como el DEG carece de completa convertibilidad, este es simplemente una línea de crédito y un potencial reclamo sobre las monedas nacionales de otros países. Lo mismo sucedería con el Sucre ya que, según lo que han propuesto Chávez y Cía., solo servirá como un sistema de compensación entre los bancos centrales, quienes al final del día tendrán que recurrir a las monedas de otros países.

Lo que no han dicho los innovadores del siglo XXI es que en los setenta y ochenta Ecuador tuvo convenios de pago con casi todos los países de Latinoamérica e incluso con casi todos los países ex comunistas. Esos convenios no redujeron la dependencia del dólar y desaparecieron poco a poco conforme los ecuatorianos encontraron otras fuentes más favorables de financiamiento.

Volver a los setenta significa devolverle al Banco Central del Ecuador el control sobre el comercio exterior. Cada exportador e importador tendrá que acudir al Central para poder importar y exportar. Con ese poder y bajo el ala del Ejecutivo, el BCE favorecerá a sus amigos y castigará a sus enemigos. Unos tendrán un tipo de cambio favorable para realizar sus importaciones y/o cobrar por sus exportaciones, mientras que otros no.

Archivado bajo:Economía de América Latina, Gabriela Calderón, SUCRE

Déficits gemelos

Por Walter Spurrier Baquerizo

Evaluemos la magnitud de la crisis económica que enfrenta el Gobierno. Se caracteriza por el deterioro tanto del frente interno, el fiscal, como del externo, la balanza de pagos. ¿En cuánto?

Al 30 de septiembre la medida más amplia del tamaño del Estado arrojó un superávit de 11.444 millones de dólares para los 12 meses anteriores; pero en 2008 hubo un déficit de 259 millones de dólares: quitar el cuarto trimestre de 2007 y añadir el cuarto de 2008 significó un giro negativo de 1.700 millones de dólares.

Esto apunta a que si el petróleo no se recupera, y el Gobierno no hiciese nada, en el 2008 habría un deterioro de cerca de 7 mil millones de dólares: en lugar de un superávit de 970 millones de dólares, un déficit de 6 mil millones de dólares.

Ahora, el sector externo. En los 12 meses a septiembre 30, acumulamos un excedente de balanza comercial de 2.875 millones de dólares. En los 12 meses a febrero 28 acumulamos un déficit de 651 millones de dólares. O sea en cinco meses hubo un deterioro de 3.500 millones de dólares. Si todo sigue igual, habría un deterioro de 8.500 millones de dólares en 12 meses: de un superávit de 2.900 millones de dólares a un déficit de 6.600 millones de dólares.

En ambos casos, de un superávit generoso, a un déficit de por lo menos 6 mil millones de dólares, el 12% del tamaño de la economía. Pavoroso.

Hace 10 años esta situación hubiese resultado en una masiva devaluación, seguida de inflación, y todos los que viven de un salario hubieran entrado en un estado de angustia permanente. Pero la dolarización nos blinda de esta situación.

Hoy, mientras el Gobierno tiene colchones a los cuales recurrir para mantener el gasto, por ejemplo, los fondos del IESS que antes estaban en una cuenta corriente del Banco Central y este mantenía depositados en bancos del exterior, la mayor parte de nosotros no sentimos un impacto importante.

Pero de ese dinero que inyecta el Gobierno a la economía, una parte se va afuera a pagar por las importaciones. Por lo que se reduce el dinero en la economía. Con ello van reduciéndose los depósitos, ante lo cual la banca tiene que dejar de prestar y más bien recoger dinero, para poder atender cualquier retiro. Se seca el crédito, y con ello las compras; y si las empresas venden menos, producen menos y despiden empleados.

Este fenómeno se comienza a dar. De los últimos cuatro meses, en tres han caído los depósitos. En Guayaquil hace un año el desempleo era 8%, hoy 14%.

Estrategias hay para atender la crisis. En cuanto a lo fiscal, punto final a la obra pública. ¿Pero bastará?

En lo externo, se han restringido las importaciones, y si es necesario, se dictarán aún más restricciones. El aumento de los aranceles también genera más ingresos fiscales.

Endeudarse es también una estrategia válida, si es que cuando se termine la crisis y suba el petróleo, el Gobierno pague la deuda, antes de aumentar nuevamente el gasto público.

El Gobierno logró posponer los efectos más fuertes de la crisis hasta después de las elecciones. Ahora quizás contemplará medidas de ajuste que prueben no ser populares.

 

Fuente: Diario El Universo. Publicación autorizada por el autor.

Archivado bajo:Walter Spurrier Baquerizo

Recesiones y darwinismo

Guillermo Arosemena

En el pasado he mencionado que uno de los beneficios del capitalismo es el mecanismo de auto-depuración de la economía expresado en diferentes formas, una de ellas, la destrucción creativa, otra, la recesión económica. Actualmente el mundo vive una etapa en que desaparecerán temporalmente todas las debilidades del capitalismo creadas desde la última severa recesión mundial (1981-1983). Los ecuatorianos no se pueden olvidar de esa crisis que obligó al cierre de otrora poderosas empresas.

El mundo económico es una especie de selva donde sobreviven los más capaces, no necesariamente los más grandes y poderosos, como se piensa, cuando se afirma que el “pez grande se come al pequeño”. En un mundo dinámico como el de las empresas, donde el cambio es la constante, solamente las que tienen capacidad de adaptación, son las que sobreviven en el tiempo. Este proceso evolutivo, observado por Charles Darwin en las especies, es muy parecido al del mundo empresarial.

Las compañías visionarias, creativas e inconformes, con gerencias que asumen riesgos calculados y están conscientes de sus limitaciones, son las que logran superar todo tipo de problemas; mientras que las amantes del status quo, aquellas que sueñan con los éxitos del pasado, su gerencia siempre encuentra razones para no cambiar y asume riesgos demasiado grandes, son las primeras en ser víctimas de sus propios errores o de la adversidad, por no estar preparadas para enfrentarla.

Que el tamaño no es garantía de sobrevivencia, ha quedado una vez más confirmado en la crisis global. Verdaderos íconos han desaparecido, están por desaparecer o se han fusionado con empresas más eficientes. Ejemplo es Lehman Brothers, con más de 150 años de vida, había logrado sobrevivir las dos guerras mundiales, la depresión de los treinta, numerosas recesiones y otros eventos traumáticos. Citigroup, la institución financiera más grande del mundo; Merrill Lynch, la empresa de corretaje, y la industria de automóvil de Estados Unidos, son otras muestras. En Europa, se encuentra el UBS, el banco más importante de Suiza; en Irlanda, el Anglo Irish Bank; en Francia, el Suez Group; en Suecia, la Scania, etc.

En los ranking anuales de las empresas más grandes del mundo, publicados por las revistas Business Week y Forbes, se observa cómo hay empresas que son eliminadas de las listas y otras que ingresan, y en años de severa recesión como el 2008 y 2009, las variaciones se agudizan. En la lista de las 2.000 corporaciones globales más importantes, más de 10 han desaparecido y seguramente este año, una cantidad superior seguirá el mismo camino.

La crisis iniciada el año pasado, ha evaporado 18 billones (doce ceros) de dólares del valor de mercado de las empresas globales, equivalente a 50% de su capitalización. Sus utilidades cayeron más de 600.000 millones de dólares y los resultados del 2009 serán peores porque cubrirán 12 meses, cuando en el 2008, ellas tuvieron 9 meses de buenos resultados. Algunas están descapitalizadas y tendrán que fusionarse y dar paso a la consolidación que siempre ocurre durante períodos de severas crisis. Pero no a todas las empresas les va muy mal, las preparadas tienen pérdidas mínimas y hay una que otra que mejoran resultados. Es por ello que entre el 2007 y 2008, multinacionales de 11 países más se incluyeron en el ranking, dando un total de 62 países. Años atrás, los países emergentes no tenían multinacionales.

En toda crisis hay oportunidades y lecciones que aprender. Lamentablemente el ser humano sufre de amnesia, lo que contribuye a repetir y repetir los errores del pasado. Esto sucede entre los políticos, empresarios y demás miembros de la sociedad. Más fuertes que el sentido común son la codicia, ego, deseo de grandeza y demás pecados capitales del que tiene poder.

Hay excelentes libros sobre el darwinismo económico y crisis económicas. En ellos se aprecia el patrón de errores que existen tanto en el sector privado como público. Acaba de publicarse El ascenso del dinero, de Niall Ferguson, profesor de Harvard.

Archivado bajo:Guillermo Arosemena A.

Balance de dolarización

Walter Spurrier

El presidente Correa critica la dolarización. Ciertamente, tiene desventajas.
Pero también ventajas. El tema está en la palestra; cabe hacer una evaluación.

A nivel micro, la dolarización es ampliamente positiva. Pregúntenle a cualquier asalariado si prefiere ganar en dólares o volver al sucre. La dolarización es más popular que Rafael Correa.

El motivo, en jerga economicista, es que “se reducen los costos de transacción”.

Estamos en el área del dólar, con o sin dolarización. El precio internacional de los productos básicos que importamos, como hierro o trigo, es en dólares. Igual los bienes de consumo duradero que compramos, incluso automóviles japoneses y ropa china.

El ciudadano puede ahorrar para diferir su consumo, o endeudarse hoy para comprar carro o casa y pagar después, sin temor a que su dinero se pulverice (en el primer caso), o que su deuda se vuelva imposible de pagar (en el segundo) por efectos de una devaluación.

Igual para las empresas. El comerciante se beneficia porque su compra del exterior y la venta local son en la misma moneda, eliminando el riesgo devaluatorio.

La industria que produce para el mercado local, se podría creer, preferiría que se pudiese devaluar para compensar una pérdida de competitividad. Pero no; la experiencia es que los beneficios de una devaluación se desvanecen muy rápidamente vía inflación.

Los industriales prefieren la dolarización, porque importan a crédito mucha materia prima e insumos y venderían a plazos en moneda nacional. El riesgo devaluatorio es muy costoso.

A nivel macroeconómico, el balance de la dolarización no es tan abiertamente positivo.

Se argumentó cuando se dolarizó que el gobierno tendría que ponerse la camisa de fuerza, porque no puede recurrir a crédito del Banco Central para gastar desmedidamente.

Error. La dolarización es una camisa de fuerza de una sola manga.
En un país donde los gobiernos abusan de la política monetaria, también abusa de las políticas fiscal y laboral. Contra eso, la dolarización no defiende. Este gobierno ha subido muy fuertemente el gasto público y al inicio de la crisis dicta un alza de salario mínimo de 9%, a la vez que ha tornado más rígido al régimen laboral. Esto agrava la crisis.

También se dijo que bajarían las tasas de interés. Baja, sin duda, al no haber riesgo cambiario. Pero sube por el riesgo país: el peligro de desestabilización por la política fiscal y laboral.

La dolarización no blinda la economía.

El argumento del gobierno, que sin dolarización podría manejar mejor la situación porque tendría política monetaria, tampoco es tan cierto.

Cuando la ciudadanía desconfía del manejo económico, ahorra en moneda extranjera. Eso es imposible de evitar, por más que se penalice la tenencia de dólares. Si gran parte del medio circulante es en dólares, la política monetaria solo puede actuar sobre una parte del medio circulante.

Eso fue lo que experimentó Mahuad. Ante la imposibilidad de estabilizar el sucre, dolarizó. Quizá fue cortarse un brazo. Pero estaba gangrenado.

Lo hecho, hecho está. Mejor haría el gobierno, en lugar de lamentarse, aceptar la dolarización, aprovechar sus virtualidades y tomar precauciones ante las debilidades que crea.

Archivado bajo:Walter Spurrier Baquerizo

Oro oculto

Por Walter Spurrier BaquerizoHe confesado en entrevistas de televisión no tener idea de cuál sería la estrategia de negociación del Ecuador con los tenedores de bonos.
Ecuador se declaró en moratoria de los globales 2012 y 2030 (no de los 2015 que emitió el entonces ministro de Finanzas, Diego Borja); se anuncia que en abril 20 hará una propuesta a los bonistas.

En solo dos meses, de noviembre 30 a enero 31, las reservas monetarias (de lo cual no todo es plata del sector público) cayeron en 1.740 millones de dólares, de los cuales 73 millones del IESS. A ese paso, las reservas caerían a cero en pocos meses.

La caída de la reserva originó el rumor de que el país había comprado bonos. Pero no era comprensible comprar bonos justo cuando se declaraba la moratoria de los mismos. A la fecha solo hay 3.375 millones en reservas.
Los acreedores no van a canjear un bono por otro de menor valor. Para una propuesta, el Gobierno necesita dinero. ¿Qué podrá ofrecer? A lo mejor recomprar los bonos a la cuarta parte del valor nominal, una quinta del 75%. El presidente Correa asevera que tiene de dónde sacar para hacer una propuesta. ¿Pero dónde?

De pronto, The Times de Londres en su edición de abril 1 destaca que en las estadísticas del Fondo Monetario consta que las tenencias de oro del Banco Central pasan de 845 mil onzas en diciembre a 1,76 millones de onzas en enero.

Recurro a los datos de la reserva que publica el Banco Central. Ahí los datos están solo en dólares, no onzas, y las tenencias de oro del Central no muestran mayor cambio: de 688 millones de dólares en noviembre a 777 millones en enero. El gerente general encargado del Banco Central desmiente la compra, que el Central no ha comprado oro en quince años, y acusa que con esa información “se pretende generar inestabilidad en la economía”.

O sea, The Times de Londres se suma a este Diario y al resto de la prensa nacional independiente para conspirar contra el país.

Todo lo contrario: la información de The Times es una buena noticia: la situación no es tan grave como parecía. Si la compra de oro que anota el Fondo Monetario es cierta, no se gastó el dinero del IESS sino que se lo utilizó para comprar oro, pero no se lo contabilizó en las reservas.

Si contabilizamos el aumento del oro físico, las reservas de noviembre 30 a enero 31 no habrían caído en 1.740 millones sino en 749 (lo del IESS), una diferencia de 1 mil millones.

Hasta que no haya una explicación coherente, nada me quita que alguien, Banco Central, IESS o Gobierno, compró oro.

Con esos mil millones, el Estado puede decirle a los tenedores de los 2030: “por sus 2.500 millones de dólares que considero ilegítimos, les pago la cuarta parte; la toman o la dejan”. Para eso se necesitan 640 millones. Para lo que falta de amortizar de los 2012, quedan los 360 millones restantes.

El oro oculto sería el as en la manga de la recompra de los bonos.

Fuente: Diario El Universo. Publicación autorizada por el autor.

Archivado bajo:Walter Spurrier Baquerizo

¿Fin del dólar mundial?

Pablo Lucio Paredes

La China encendió la chispa y algunos le han seguido: el dólar debe dejar de ser la moneda central del sistema monetario mundial y ser reemplazada por otra alternativa. Se plantea entre otras un retorno al patrón oro, una canasta basada en la cotización de las principales materias primas, la emisión de una moneda global (un Sistema de Derechos Especiales de Giro con emisiones periódicas y reguladas) o una canasta de monedas globales.

No puedo sino alegrarme modestamente. Aquí señalaba en un par de ocasiones en los últimos meses: “Nos estaremos equivocando si la reingeniería financiera mundial solo consiste en controlar los mercados financieros; la prioridad es imponer reglas estrictas a los gobiernos. Y una de ellas puede ser volver a un sistema monetario de patrón oro… desde 1971 vivimos un sistema sin ancla: los mismos dólares generan al mismo tiempo una doble (o múltiple) pirámide crediticia, sin ajustar el poder adquisitivo del país emisor cuando se tienen déficits importantes. Esto genera excesos monetarios, especulación, inflación de activos y luego catástrofe”.

¿Puede el dólar dejar de ser la moneda central? Su rol se debe ciertamente al peso de los Estados Unidos en la economía mundial y al hecho de que los ciudadanos del mundo libremente han aceptado su uso. Estos elementos de libertad deben ser aceptados y respetados. Pero hay un elemento adicional que ha fomentado al dólar: el abandono del patrón oro y el desarrollo del Gold Exchange Standard que le permitió ocupar el lugar del oro en las reservas de los países. Esta fue claramente una manipulación extramercado de los gobiernos, que impulsó su uso como eje monetario. Y eso no constituye una decisión libre de la gente sino una imposición externa. En consecuencia si se elimina este factor artificial superpuesto, el dólar sí puede ser abandonado como moneda central.

Pero al dar este paso, se debe pensar en tres elementos esenciales de cualquier nuevo sistema:

a) Deberá sustentarse en un principio básico: el país que tiene déficit externo, al transferir pagos al exterior debe necesariamente reducir su poder adquisitivo interno. Esto le coloca al patrón oro muy por delante de las demás propuestas como la más razonable.

b) La principal reforma del sistema bancario debe ser la de la obligación de mantener una estricta relación entre los plazos de las captaciones y de los préstamos (por ejemplo depósitos a la vista no pueden ser prestados, depósitos a 90 días deben ser prestados solo a ese plazo). De esta manera se elimina la multiplicación del dinero no basada en ahorro real, sino en creación monetaria artificial.

c) Hay que eliminar al máximo la discrecionalidad de los bancos centrales nacionales o mundiales, incluso bajo el supuesto de que estén limitados por reglas específicas (que inevitablemente se violan). Esto le quita atractivo a la idea de un banco mundial que emitiría cualquier tipo de moneda y nuevamente le pone al patrón oro en ventaja.

Si no vamos en esta dirección, cualquier reforma es solo un maquillaje y eso parece hacer el G-20…

Archivado bajo:Pablo Lucio Paredes

Deberes privados

JUAN J. PAZ Y MIÑO CEPEDA 

 

 

 
Todo el mundo tiene derecho a apoyar o reclamar al Gobierno, a oponerse o respaldarlo. Para criticarlo por todo lo que hace o deja de hacer. ¿Pero están solo allí las responsabilidades?

Durante los pasados veinticinco años progresivamente se construyó una economía centrada en los principios del mercado libre y en los valores de la empresa privada. Había que vincularse al mundo “globalizado”, ser “modernos, “competitivos”, “eficientes”. Pagar la deuda externa, sin importar sus condiciones. El Estado no contaba. Pero interesaban sus recursos para el fomento privado. En todo lo demás, se postuló “retiro” y “privatización” del Estado. Fueron las políticas que afirmó León Febres Cordero (1984-1988), continuó y consolidó Sixto Durán Ballén (1992-1996) y desde 1996 siguieron todos los gobiernos, hasta 2006.

Bajo esa economía, altamente beneficiosa para poderosos grupos privados, en las dos últimas décadas del siglo XX se agravó la concentración de la riqueza, se polarizó la sociedad, se extendió la precarización y la flexibilización del trabajo. El desempleo llegó el 10%, el subempleo al 60%. La emigración de ecuatorianos fue imparable. Existía el riesgo de perder los principales derechos laborales conquistados por los trabajadores desde los inicios del siglo XX, que la Constitución de 1929 y el Código del Trabajo de 1938 consagraron.

 

 

“El Estado no contaba. Pero interesaban sus recursos para el fomento privado”

 
En todo ello las responsabilidades no fueron del Estado ni de los gobiernos, sino de los altos sectores del poder privado. Y si nos remontamos al pasado histórico, ese tipo de responsabilidades privadas (y no solo las de los gobernantes y del Estado), se agigantan en el tiempo. Hacendados, comerciantes y banqueros fueron el eje del poder económico en el siglo XIX. Conforme entró el siglo XX aparecieron manufactureros e industriales, protegidos por el Estado, y desde 1960 promocionados por el Estado, bajo el modelo “desarrollista”. Estos sectores siempre fueron reacios a los cambios sociales que modifiquen las estructuras de la concentración de la riqueza.
Las reacciones de los altos sectores del poder económico privado en la actualidad poco han cambiado con respecto a los comportamientos tradicionales. Les cuesta entender que el mercado libre y la empresa privada no son más los ejes económicos. Consideran como “persecución” las labores del SRI para el cobro de impuestos eludidos o no pagados, una práctica muy extendida entre ellos. Defienden la dolarización, pero no quieren que se controlen importaciones, tienen dinero fuera del país y “fugan” capitales, con todo lo cual salen los dólares. Siguen resistentes al progreso de los derechos laborales. Si cumplieran con la obligatoria afiliación de trabajadores al IESS, no sería solo el 15% de la población activa la que se beneficia del seguro social. Existe una fuerte deuda privada al IESS. Como suelen asegurar, “dan trabajo”, pero no miran los malos salarios, las jornadas extenuantes, las horas extras impagas. No están dispuestos a jugarse en las condiciones de la crisis manteniendo el empleo. ¿Dónde está su responsabilidad social?

Archivado bajo:Juan J. Paz y Miño