Economías de la Inteligencia

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Cooperación económica global

JEFFREY D. SACHS

El mundo todavía no alcanza la coordinación en política macroeconómica que será necesaria para restablecer el crecimiento económico tras el Gran Crac de 2008. En muchas partes del mundo, los consumidores están recortando sus gastos en respuesta a la disminución de su riqueza y al temor del desempleo. La fuerza avasalladora que está detrás del colapso actual del empleo, la producción y los flujos comerciales es aun más importante que el pánico financiero que siguió a la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008.

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Debe compensarse la caída del consumo con inversión destinada a las necesidades más urgentes del planeta

Por supuesto, no es posible regresar a la situación anterior al Gran Crac. La burbuja financiera mundial no puede y no debe volver a crearse. Pero si el mundo coopera efectivamente, la caída de la demanda de los consumidores podrá compensarse con un valioso aumento en el gasto de inversión para afrontar las necesidades más urgentes del planeta: energía sostenible, agua potable y alcantarillado, una reducción de la contaminación, mejores servicios de salud pública y un aumento de la producción de alimentos para los pobres.

Estados Unidos, Europa y Asia han experimentado un colapso de la riqueza debido a la caída de los mercados de valores y los precios inmobiliarios. Todavía no hay una medida autorizada de la caída de la riqueza y de cómo se distribuye a nivel mundial, pero probablemente sea de aproximadamente 15 billones de dólares a partir de su nivel más alto en Estados Unidos y de 10 billones de dólares en Europa y Asia. Una caída combinada de aproximadamente 25 billones de dólares representaría alrededor del 60% del ingreso global en un año. La disminución de la riqueza en Estados Unidos como proporción de la economía de ese país es incluso mayor, de alrededor del 100% del ingreso anual, y tal vez del 70% en Europa y Asia.

El supuesto usual es que el consumo de los hogares cae en aproximadamente 0,05 dólares por cada dólar de disminución de la riqueza. Esto significaría un impacto negativo directo sobre el consumo de los hogares de alrededor del 5% del ingreso nacional en Estados Unidos y del 3,5% en Europa y Asia.

La magnitud de esta desaceleración es tan grande que el desempleo aumentará bruscamente en todas las regiones principales de la economía mundial y tal vez llegue al 9% o 10% en Estados Unidos. Los hogares gradualmente ahorrarán lo suficiente para restablecer su riqueza y el consumo también se recuperará de manera paulatina. Sin embargo, esto ocurrirá demasiado lentamente para impedir un rápido crecimiento del desempleo y un enorme déficit de la producción en comparación con la capacidad potencial.

Por tanto, el mundo necesita estimular otros tipos de gasto. Una forma poderosa de impulsar la economía y ayudar a satisfacer las necesidades futuras es aumentar el gasto en proyectos clave de infraestructura, dirigidos principalmente al transporte (caminos, puertos, ferrocarriles y transporte masivo), energía sostenible (eólica, solar, geotérmica, captura y captación de carbono y redes de distribución eléctrica a larga distancia), control de la contaminación y agua y alcantarillado.

Hay argumentos sólidos en favor de la cooperación mundial para aumentar estas inversiones públicas en los países en desarrollo, y especialmente en las regiones más pobres del mundo. Estas regiones, incluyendo al África subsahariana y Asia central, han sido muy afectadas por la crisis global, debido a que se han desplomado los ingresos por exportaciones, las remesas y la entrada de capitales.

Las regiones pobres también sufren a causa de cambios climáticos tales como sequías más frecuentes provocadas por las emisiones de gases de efecto invernadero de los países ricos. Al mismo tiempo, los países pobres tienen enormes necesidades de infraestructura, sobre todo caminos, ferrocarriles, energía renovable, agua y alcantarillado, y de mejorar la prestación de servicios vitales como la atención a la salud y el apoyo a la producción de alimentos.

El G-20, que incluye a las economías más grandes del mundo, ofrece el marco natural para la coordinación de las políticas a nivel mundial. La próxima reunión del Grupo, que se llevará a cabo en Londres a principios de abril, es una ocasión crucial para emprender acciones oportunas. Las economías líderes -especialmente Estados Unidos, la Unión Europea y Japón- deben establecer nuevos programas para financiar inversiones en infraestructura en países de bajos ingresos. Los nuevos préstamos deben ser de al menos 100.000 millones de dólares al año, dirigidos a los países en desarrollo.

El financiamiento incluiría préstamos directos de las agencias de crédito a la exportación de los países ricos para permitir que los países pobres contrataran deudas a largo plazo (por ejemplo, a 40 años) para construir caminos, redes eléctricas, sistemas de generación de energía renovable, puertos, redes de fibra óptica y sistemas de agua y alcantarillado. El G-20 también debe aumentar la capacidad de préstamo del Banco Mundial, el Banco de Desarrollo Africano y otras instituciones financieras internacionales.

Japón, que tiene un excedente de ahorro, una moneda fuerte, enormes reservas de divisas y plantas sin órdenes del mercado interno, debería encabezar este financiamiento para la infraestructura. Además, Japón puede estimular su propia economía y la de los países más pobres si dirige su producción industrial a satisfacer las necesidades de infraestructura del mundo en desarrollo.

La cooperación puede convertir la aguda y aterradora desaceleración del gasto de consumo a nivel mundial en una oportunidad para invertir más en el bienestar futuro del planeta. Si en lugar de dedicar recursos al consumo de los países ricos se destinaran a las necesidades de inversión de los países en desarrollo, el mundo podría obtener una “triple” victoria. Un aumento de la inversión y el gasto social en los países pobres estimulará a toda la economía mundial, impulsará el desarrollo económico y promoverá la sostenibilidad ambiental mediante inversiones en energía renovable, uso eficiente del agua y agricultura sostenible.

Jeffrey Sachs es profesor de Economía y director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia. Copyright: Project Syndicate, 2009. www.project-syndicate.org Traducción de Kene Nequiz.

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Un avance contra el hambre

Jeffery D. Sachs *

La crisis de hambre que sufre el mundo hoy nunca fue tan severa y requiere de medidas urgentes. Casi mil millones de personas están atrapadas en una situación de hambre crónica -quizá 100 millones más que hace dos años-. España está asumiendo el liderazgo global en la lucha contra el hambre invitando a los líderes mundiales a Madrid a fines de enero para avanzar más allá de las palabras y pasar a la acción.

Con el liderazgo de España y la participación del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, varios gobiernos donantes están proponiendo aunar sus recursos financieros para que los agricultores más pobres del mundo puedan cultivar más alimentos y escapar de la trampa de la pobreza.

Los beneficios de parte de la ayuda de los donantes pueden ser considerables. Los agricultores campesinos en África, Haití y otras regiones empobrecidas hoy en día siembran sus cultivos sin el beneficio de las variedades de semillas de alto rendimiento y los fertilizantes. El resultado es un rendimiento de los granos (por ejemplo, maíz) que es aproximadamente un tercio menos de lo que se podría obtener con mejores insumos agrícolas. Los agricultores africanos producen alrededor de una tonelada de granos por hectárea, comparado con más de cuatro toneladas por hectárea en China, donde los agricultores utilizan fertilizantes en abundancia.

Los agricultores africanos saben que necesitan fertilizantes; sólo que no pueden pagarlos. Con la ayuda de los donantes, sí pueden. Estos agricultores entonces no sólo están en condiciones de alimentar a sus familias, sino que también pueden empezar a generar ingresos en el mercado y ahorrar para el futuro. Con un nivel creciente de ahorros en pocos años, los agricultores finalmente pueden calificar para un crédito o tener suficiente efectivo como para comprar por cuenta propia insumos vitalmente importantes.

Hoy existe un consenso generalizado sobre la necesidad de un mayor financiamiento de parte de los donantes para los pequeños agricultores (aquellos que tienen dos hectáreas o menos de tierra, o pastores empobrecidos), lo cual es especialmente urgente en África.

El secretario general de la ONU lideró un grupo directivo el año pasado que determinó que la agricultura africana necesita alrededor de 8.000 millones de dólares por año en financiamiento de parte de los donantes -aproximadamente cuatro veces el total actual-, con un fuerte énfasis en mejores semillas, fertilizantes, sistemas de irrigación y capacitación extensiva.

Además de la ayuda directa para los pequeños agricultores, los donantes deberían brindar una mayor ayuda para la investigación y el desarrollo necesarios para identificar nuevas variedades de semillas de alto rendimiento, especialmente para cultivar plantas que puedan soportar inundaciones temporarias, exceso de nitrógeno, suelos salitrosos, pestes de los cultivos y otros desafíos para la producción sustentable de alimentos. Ayudar a los pobres con las tecnologías de hoy, al mismo tiempo que se invierte en futuras tecnologías mejoradas, es la división óptima del trabajo.

La amortización de esta inversión es maravillosa, con centros de investigación como el Instituto Internacional de Investigación del Arroz y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo que ofrecen semillas de alto rendimiento y estrategias de agricultura innovadoras que, en conjunto, dieron origen a la revolución verde asiática.

Estos centros no son nombres conocidos por todos, pero merecen serlo. Sus avances científicos ayudaron a alimentar al mundo, y necesitaremos más como ellos.

Decenas de países de bajos ingresos y déficit alimentario, tal vez incluso hasta 40-50, han elaborado programas urgentes para una mayor producción de alimentos por parte de los pequeños agricultores, pero actualmente se ven impedidos por la falta de financiamiento de los donantes.

* Profesor de Economía y director del Earth Institute en la Universidad de Columbia.

Project Syndicate

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Buenas noticias en tiempos no tan buenos

En un momento en que los titulares están atiborrados de crisis financieras y violencia, resulta particularmente importante reconocer la creatividad de muchos gobiernos a la hora de combatir la pobreza, la enfermedad y el hambre. El punto no consiste simplemente en que nos sintamos un poco mejor, sino más bien en enfrentar una de las amenazas más graves del mundo: el pesimismo generalizado de que los problemas de hoy son demasiado grandes como para encontrarles una solución. Analizar los logros nos brinda el conocimiento y la confianza para aunar nuestros esfuerzos comunes a fin de solucionar los grandes desafíos globales de hoy.

En primer lugar, hay que sacarse el sombrero ante México por proponer la idea de “transferencias condicionales de efectivo” a los hogares pobres. Estas transferencias le permiten a los hogares invertir en la salud, la alimentación y la escolaridad de sus hijos, y los alientan a hacerlo.

El “Programa Oportunidades” de México, liderado por el presidente Felipe Calderón, hoy es imitado en toda América Latina. Recientemente, a pedido de los cantantes Shakira y Alejandro Sanz, y un movimiento social que ellos encabezan, todos los líderes latinoamericanos se comprometieron a fortalecer los programas de la región para el desarrollo de la niñez temprana, a base de los logros que resultaron posibles hasta la fecha.

Noruega, bajo el liderazgo del primer ministro Jens Stoltenberg, mantiene su tradición de liderazgo social y ambiental creativo. El gobierno estableció una alianza global para prevenir la muerte materna durante el parto, invirtiendo tanto en partos seguros como en la supervivencia de los recién nacidos.

Al mismo tiempo, Noruega lanzó un programa innovador de 1.000 millones de dólares con Brasil para inducir a las comunidades pobres del Amazonas a poner fin a la deforestación descontrolada. Astutamente, Noruega le entrega los fondos a Brasil sólo si se logra con éxito evitar la deforestación (a diferencia de un protocolo acordado).

España, bajo el liderazgo del primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero, ha ofrecido un estímulo importante a los países más pobres para que puedan alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). España creó un nuevo Fondo de ODM en las Naciones Unidas para promover la cooperación necesaria dentro de la ONU para encarar los diversos desafíos de los ODM.

De manera acertada, el gobierno español propuso que las verdaderas soluciones a la pobreza requieren inversiones simultáneas en salud, educación, agricultura e infraestructura, y que luego los españoles deben otorgar los fondos para hacer que esta visión integrada se convierta en una realidad práctica. España será sede de una reunión en enero de 2009 destinada a lanzar una nueva lucha contra el hambre global.

Una vez más, España propone medios prácticos e innovadores para pasar de las palabras a la acción, específicamente para ayudar a los campesinos empobrecidos a obtener las herramientas, las semillas y los fertilizantes que necesitan para aumentar su productividad agropecuaria, sus ingresos y la seguridad de sus alimentos.

De la misma manera, el primer ministro australiano, Kevin Rudd, pasó al primer plano en el intento por encontrarle solución a los problemas globales al presentar un plan de acción audaz sobre el cambio climático y proponer nuevos medios prácticos para encarar los ODM. Australia puso dinero real sobre la mesa para una mayor producción alimentaria, según los lineamientos que propone España. También defiende un programa de acción más ampliado para las economías isleñas pobres y ambientalmente amenazadas de la región del Pacífico.

Estos esfuerzos se han visto correspondidos por acciones en los países más pobres.

* Profesor de Economía y director del Earth Institute en la Universidad de Columbia.

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Guerra digital contra la pobreza

Por Jeffrey D. Sachs, Tomado de El País

El desfase digital empieza a superarse. El flujo de información digital -mediante teléfonos móviles, mensajes de texto e Internet- llega ahora a las masas del mundo, incluso en los países más pobres, provocando a su vez una revolución en la economía, la política y la sociedad.

Los teléfonos móviles e Internet demostrarán que son la tecnología que más transforma el desarrollo de nuestro tiempo

La pobreza extrema es casi sinónima de aislamiento extremo, en especial aislamiento rural. Pero los teléfonos móviles y el servicio de Internet inalámbrico ponen fin al aislamiento, y de ese modo demostrarán que son la tecnología que más transforma el desarrollo económico de nuestro tiempo.

El desfase digital no se está acabando por un brote de responsabilidad cívica, sino principalmente por las fuerzas del mercado. La tecnología del teléfono móvil es tan potente, y cuesta tan poco por unidad de transmisión de datos, que ha demostrado que es posible vender acceso de teléfono móvil a los pobres. Hay ahora más de 3.300 millones de abonados en todo el mundo, aproximadamente una de cada dos personas del planeta.

Más notable aún es la continua convergencia de la información digital: sistemas inalámbricos que cada vez enlazan más los teléfonos móviles con Internet, con los ordenadores personales y con los servicios de información de todo tipo. La gama de beneficios es asombrosa. Cada vez más pobres rurales de todo el mundo tienen ahora acceso a sistemas de pago y banca inalámbricos, como el famoso M-PESA de Kenia, que permite realizar transferencias de dinero por teléfono.

India, sede de los principales ingenieros informáticos y empresas de alta tecnología, y con una economía rural vasta y densamente poblada, ha sido naturalmente uno de los pioneros del desarrollo económico digital. El Gobierno y las empresas crean cada vez más alianzas entre el sector público y el privado para proporcionar servicios cruciales mediante la red digital.

En las provincias indias de Andhra Pradesh y Gujarat, por ejemplo, los servicios de ambulancias están ahora al alcance de decenas de millones de personas, sostenidos por teléfonos móviles, avanzados sistemas informáticos y crecientes inversiones públicas en la sanidad rural. De manera similar, el nuevo plan indio de garantía del empleo rural, establecido hace sólo dos años, no sólo está empleando a millones de habitantes pobres con financiación pública, sino que también está llevando a decenas de millones de ellos al sistema bancario formal, ampliando las redes digitales de la India.

En el aspecto puramente comercial, la revolución móvil está creando una revolución logística en la comercialización entre agricultores y minoristas. Los agricultores y los minoristas alimentarios pueden conectarse directamente mediante teléfonos móviles y nudos de distribución, lo cual permite a los primeros vender sus cosechas a precios más elevados a puerta de explotación y sin retrasos, mientras que los compradores pueden trasladar esas cosechas a los mercados sin que se deterioren demasiado y a precios más bajos para los consumidores finales.

La educación se transformará de igual modo. En todo el mundo, los colegios de todos los niveles se volverán globales, y se unirán en redes de educación digitales de todo el mundo. Los niños de Estados Unidos no sólo aprenderán sobre África, China e India en libros y vídeos, sino también mediante enlaces directos entre aulas situadas en diferentes partes del mundo.

También las universidades tendrán clases globales, de modo que los alumnos de muchas universidades participarán simultáneamente en conferencias, grupos de debate y equipos de investigación. El año pasado, mi universidad -Columbia University de la ciudad de Nueva York- se unía a otras de Ecuador, Nigeria, Reino Unido, Francia, Etiopía, Malaisia, India, Canadá, Singapur y China en un aula mundial que conectaba a cientos de estudiantes de más de una docena de universidades para un interesante curso sobre desarrollo global sostenible.

En mi libro El fin de la pobreza, escribía que puede ponerse fin a la pobreza extrema antes de 2025. Tal vez parezca una afirmación impetuosa, dada la violencia mundial, el cambio climático y las amenazas contra los suministros de alimentos, energía y agua. Pero las tecnologías de la información digital, si se despliegan de manera cooperativa y en todo el mundo, serán nuestras nuevas herramientas más importantes porque nos permitirán unirnos globalmente en mercados, redes sociales y esfuerzos de cooperación para resolver nuestros problemas comunes.

Jeffrey D. Sachs es catedrático de Economía y director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia. © Project Syndicate, 2008.

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