Economías de la Inteligencia

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Uno de cada tres españoles no está interesado en la ciencia

Aumenta, no obstante, el porcentaje de ciudadanos que se sienten atraídos por este conjunto de conocimientos

Uno de cada tres españoles no se siente atraído por la ciencia y la tecnología: al 33,6% no les interesan porque no las entienden, al 17,2% porque no les atraen, al 9,9% porque no las necesitan y el 8,9% porque no tienen tiempo para conocerlas mejor, según se desprende de la IV Encuesta Nacional de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología que ha presentado hoy la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). Pese a ello, el porcentaje de aquellos que aseguran no tener interés por la ciencia y la tecnología ha disminuido en los dos últimos años del 36,6% al 31,7%.

El estudio refleja además que los hombres (13,1%) muestran más del doble de interés que las mujeres (6,1%) por la ciencia y la tecnología, y que el perfil más interesado en estos conocimientos es el de un hombre joven con estudios universitarios y que vive en una ciudad mayor de un millón de habitantes. “La edad es fundamental. Los jóvenes de entre 15 y 24 años han nacido en un mundo con más interés por la ciencia”, ha explicado el presidente de la FECYT, Juan Tomás Hernani, que ha agregado que este grupo poblacional es el “más enganchado” y que el interés decrece conforme uno se hace mayor.

Respecto a los temas por los que los ciudadanos muestran más interés, la ciencia y la tecnología se encuentran en la decimotercera posición, “una posición digna”, según Hernani, por debajo del terrorismo y seguidas de los sucesos, los viajes y el turismo, la prensa rosa, la astrología, la vivienda o la inmigración. Por primera vez, la medicina y la salud encabezan esta lista de preocupaciones (35,2%), seguidas de los deportes, el empleo, la alimentación y el consumo, la economía y las empresas, la educación, el medio ambiente y la ecología, el arte y la cultura, la política, los temas sociales, el cine y los espectáculos.

En cuanto a la fuente de información científica que citan mayoritariamente todos los encuestados gana la televisión (82,3%), pero cuando se analizan las respuestas por segmentos de edad se aprecia la “gran presencia” de Internet en los jóvenes de entre 15 y 24 años (61,6%) y de entre 25 y 34 años (50,4%). Un gran porcentaje de encuestados considera que la prensa, la televisión y la radio dedican una atención “insuficiente” a la información científica.

En cuanto a la búsqueda de información con base científica, cerca de un 87% de la población encuestada lo hace en los prospectos de los medicamentos antes de hacer uso de los mismos, un 83,2% ante una alarma sanitaria y un 78,9% que lee las etiquetas de los alimentos.

Mayores seguidores

Por comunidades autónomas, los catalanes (14,5%), madrileños (14,3%), vascos (13%), navarros (10,4%) y aragoneses (9,9%) son los que más interés muestran por la ciencia y la tecnología, mientras que Murcia (3%), Asturias (5,5%), Extremadura (5,7%), Andalucía (6,2%) y Castilla y León (6,2%) son las autonomías que menos.

Además, desde 2004 ha descendido en un 20% el número de personas que creen que su formación científica ha sido baja o muy baja (45,8 %) y aumenta el porcentaje de personas que considera “normal” la educación científica y técnica recibida (45,4%).

El estudio, realizado por SIGMADOS, se ha desarrollado a nivel nacional con entrevistas a cerca de 7.300 personas. Además, la FECYT ha llevado a cabo cuatro encuestas nacionales en 2002, 2004, 2006 y 2008 con el objetivo de determinar la forma en que la sociedad española percibe la ciencia y la tecnología.

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La creación de empresas cayó el 26,7% en 2008

Madrid. (EFECOM).- La constitución de empresas descendió en 2008 el 26,7 por ciento, hasta las 105.280, con lo que este indicador de la actividad económica suma dos años a la baja y acentúa su deterioro, tras el descenso del 3,9 por ciento en 2007.
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Se crearon 105.280, con lo que este indicador de la actividad económica suma dos años a la baja

En rueda de prensa, el presidente del Colegio de Registradores, Mariano Álvarez, explicó que los datos de enero arrojan que la constitución de empresas se mantienen a la baja, aunque dijo que es imposible prever cómo acabará el año.

Apuntó que los datos de constitución de empresas, junto al número de concursos y extinciones de compañías, ponen de manifiesto que la economía española atraviesa por momentos difíciles y que el futuro pinta «bastante negro».

Según el Colegio de Registradores, en 2008 se presentaron 1.188 nuevo concursos, -antiguas quiebra y suspensión de pagos-, lo que supone un incremento del 132 por ciento respecto a 2008 y que la cifra total de procesos se eleve a 2.086.

Paradójicamente, en 2008 se extinguieron menos empresas que en el ejercicio anterior, lo que Álvarez atribuyó a que en 2007 entraron en vigor modificaciones fiscales que impulsaron la desaparición de sociedades patrimoniales que llevaban años sin actividad. Así, en 2008 se extinguieron un total de 50.152 empresas, lo que frente a las 55.845 de 2007 supone un recorte del 3 por ciento, mientras que respecto a 2006, cuando cesaron 14.443 compañías, representa un incremento del 54 por ciento.
Se crearon 105.280, con lo que este indicador de la actividad económica suma dos años a la baja

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La economía retrocede un 1% y se confirma la recesión

La economía española ha entrado técnicamente en recesión por primera vez en 15 años al sufrir dos caídas trimestrales consecutivas en 2008, y acentuó su deterioro en los tres últimos meses del año al retroceder el 1%, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Instituto Nacional de Estadística

Instituto Nacional de Estadística

El PIB español se contrajo un 1% entre octubre y diciembre en tasa intertrimestral, según los últimos datos que acaba de hacer públicos el Instituto Nacional de Estadística (INE), con lo que se confirma así la entrada en recesión de la economía española (dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo).

Algo así no sucedía desde hace 15 años: la última vez que la economía española entró en recesión fue en el primer trimestre de 1993, cuando el PIB se contrajo un 1,1% en tasa intertrimestral, después de haber caído un 0,4% en el cuarto trimestre de 1992.

Según estos datos preliminares avanzados por el INE -los definitivos se publicarán el 18 de febrero-, frente al crecimiento positivo del 0,9% que experimentó en el tercer trimestre, el PIB cayó el 0,7% en el cuarto trimestre, aunque en el conjunto del año hubo un crecimiento medio del 1,2%, esto es, 2,6 puntos menos que un año antes, cuando la economía española creció el 3,8%.

La contracción de la economía española en el cuarto trimestre de 2008 fue consecuencia de una contribución negativa de la demanda nacional que sólo fue compensada, en parte, por la aportación positiva del sector exterior. El PIB creció en términos reales un 1,2% en el conjunto del año 2008, frente al 3,7% de 2007. Respecto al año pasado, el PIB cayó en el cuarto trimestre un 0,7%, mientras que en igual trimestre de 2007 registró un crecimiento positivo del 3,3%. La economía española no experimentaba una contracción de su tasa interanual desde el tercer trimestre de 1993, cuando retrocedió un 0,6%.

Escasa diferencia con las estimaciones del Banco de España
Los datos avanzados hoy por el INE se diferencian en una décima con los apuntados por el Banco de España hace unos 15 días. la institución que gobierna Miguel Angel Fernández Ordóñez estimaba que la economía española se había contraído un 1,1% en el cuarto trimestre en tasa intertrimestral, y un 0,8% en tasa interanual, con un crecimiento positivo del 1,1% para el conjunto del ejercicio 2008, cifra que supone, en su opinión, una “sustancial desaceleración” respecto al de 2007 (3,7%).

El Banco de España aseguraba a finales de enero que la economía española experimentó a lo largo de 2008 “un ajuste muy severo”, agravado por la prolongada situación de inestabilidad en los mercados financieros internacionales, que está generando un “intenso debilitamiento” de la actividad económica mundial, una acusada pérdida de confianza y un endurecimiento de las condiciones de financiación del sector privado.

Además, señalaba que el deterioro de la actividad se está trasladando “con rapidez e intensidad” al empleo que, según el Banco de España, está actuando como uno de los principales canales de propagación del ajuste hacia el resto de la economía, amplificando sus efectos sobre los planes de gasto.

No obstante, consideraba que la traslación de las bajadas de tipos de interés, el abaratamiento del crudo, el descenso de la inflación, el efecto de las medidas expansivas adoptadas y la eventual superación de las tensiones financieras suministrarán “algunos elementos de alivio” de las tendencias contractivas.

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Esta crisis pasará a la historia

El deterioro es comparable ya con las etapas más críticas de la economía española

ALEJANDRO BOLAÑOS 01/02/2009

La crisis del ladrillo y las hipotecas basura se hace sitio a codazos en la Historia. Una recesión tan aguda como la que confirmó el Banco de España esta semana es un hito que precipita las comparaciones. Se buscan referencias para calibrar el impacto y aventurar lo que pueda venir; una perspectiva que escape del torbellino de malas noticias para contestar cuestiones apremiantes: ¿es la peor crisis de las últimas décadas? ¿Es distinta a otras? ¿Cuánto se tarda en salir de una crisis así?

El crecimiento del XIX oscilaba al ritmo marcado por las cosechas

El impacto de la Guerra Civil y la autarquía franquista no tiene parangón

Los expertos creen que la recesión de 1993 ha dejado de ser la referencia

“Todo apunta a una crisis prolongada”, dice un investigador del CSIC

El Banco de España aprendió la lección del desastre del sector en los setenta

“Todas las familias felices parecen iguales; las desgraciadas lo son cada una a su manera”. Pablo Martín Aceña evoca al novelista ruso Leon Tolstoi para resumir la primera enseñanza del minucioso trabajo de los historiadores, que se dejan la vista en censos agrarios, registros de puertos, padrones y otros legajos para cubrir las lagunas de las estadísticas oficiales. Las calmas que anticipan la tempestad son todas muy parecidas, la euforia es el mejor heraldo de los malos tiempos. “Las crisis suelen venir precedidas por un ciclo alcista en el que hay una apreciación exagerada de activos bursátiles o reales, como los inmobiliarios, etapas en las que hay fuertes flujos de capital y una cierta relajación de los mecanismos reguladores”, explica el catedrático de Historia Económica.

Es fácil reconocer en lo que dice Martín Aceña las señales de la crisis que arrancó en 2007 y no deja de coger fuerza desde entonces. Las alarmas se encendieron, pero quedaron ahogadas por el estruendo de la etapa de crecimiento económico más prolongada de la democracia, por una creación de puestos de trabajo sin precedentes que permitió al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, dar voz al sueño del pleno empleo. “Cuando se pasa bien, el pesimismo molesta mucho”, acota Albert Carreras, catedrático de la Pompeu Fabra.

El sueño se vino abajo. Y el acelerado endeudamiento que alimentó la expansión de la última década deja a España desguarnecida. “En los momentos eufóricos se afirma que ya no va a haber más crisis. Y luego, invariablemente, las hay. Para los historiadores, todo esto da una sensación de déjà vu”, comenta Gabriel Tortella, catedrático emérito de la Universidad de Alcalá de Henares. “Lo que los políticos inteligentes pueden hacer es amortiguar el ciclo, pero nadie quiere ser el aguafiestas”, coincide.

Las estadísticas confirman lo que apuntan los historiadores: el crecimiento no es continuo ni lineal. Aunque echar atrás la vista no es fácil. El Instituto Nacional de Estadística (INE) sólo retrotrae las series del PIB hasta 1977. El Ministerio de Economía enlazó los datos de Contabilidad Nacional, sólo disponibles desde 1958. Más allá, se debe recurrir a las investigaciones académicas.

La reconstrucción más completa, según la mayoría de los historiadores, es la realizada por el catedrático Leandro Prados de la Escosura, que recopiló su trabajo en El progreso económico de España (Fundación BBVA).

Los datos de Prados de la Escosura permiten seguir la pista a la evolución económica de España hasta 1850 [ver gráfico]. Un arduo trabajo que confirma algunas verdades históricas y relativiza otras. Con el desastre, también económico, de la Guerra Civil, se esfumó más del 25% del PIB generado en 1935, la víspera de la sublevación franquista. El coste económico y social no acabó ahí: la represión, el aislacionismo de la dictadura y una sucesión de sequías lo prolongó muchos años más. “La recuperación fue lentísima en contraste con lo que pasó con los países europeos tras la Segunda Guerra Mundial”, recalca Carreras.

La economía española ya marchaba a trancas y barrancas en los años treinta, lastrada por los efectos del crash del 29 en EE UU y la inestabilidad política. Pero el impacto de la Guerra Civil y la autarquía franquista no tiene parangón: el PIB español tardó dos décadas en recuperar el nivel de 1929. La renta por habitante no completó el camino desandado hasta 1956. En la década de los cuarenta, los años del hambre, la agricultura de subsistencia recuperó protagonismo y el sector primario volvió a rondar el 30% del PIB, un peso que no alcanzaba desde el arranque del siglo XX.

Más atrás, la comparación tampoco es fácil: antes de la Primera Guerra Mundial, la curva de crecimiento se asemeja al perfil de una sierra de dientes afilados. “El sector agrario era aún determinante y eso hacía mucho más volátil la economía”, explica Carreras. Una sucesión de malas cosechas llevaba a reducir en más de un 2% anual el valor del PIB. Las carestías en los núcleos urbanos facilitaban aún la propagación de epidemias, como las del cólera, que se hicieron sentir en las cuentas de 1865 y 1885.

Los continuos conflictos coloniales e internos del XIX dejaron en bancarrota a la hacienda pública en varias ocasiones. Y la incipiente industria, lejos de la velocidad de crucero que alcanzó en otros países europeos, no bastó para estabilizar el crecimiento. El sector textil sufrió las consecuencias de la guerra de Secesión en EE UU, que disparó el precio del algodón. Y la inversión en el ferrocarril de mediados de siglo se estrelló contra la escasa demanda y un endeudamiento galopante.

La confluencia de males desembocó en la depresión de 1860-1868 (este último año el PIB cayó más del 10%), que incluyó la crisis bancaria más relevante del XIX (1866) y fue caldo de cultivo para la Revolución Gloriosa que derrocó a Isabel II. Sólo la calamitosa cosecha de 1896 llevó a una situación tan precaria, aunque la crisis duró mucho menos: la repercusión económica del desastre colonial del 98 fue más limitada de lo que asumieron intelectuales y políticos contemporáneos.

Los historiadores creen que 1959 ofrece la primera ocasión para hacer una comparación relevante, aunque con muchos matices. De hecho, el bajonazo en la actividad que anticipó el Banco de España hace unos días sólo encuentra eco en los datos de Contabilidad Nacional de aquel año. En el tramo final de 2008, el PIB español cayó un 1,1% respecto al valor del tercer trimestre. Hay que remontarse a 1960 para encontrar un retroceso mayor; en 1959, la tasa intertrimestral llegó a bajar un 3%, según los datos recopilados por Carreras.

La salida de la crisis de 1959 fue fulgurante. Pero Tortella para los pies antes de insinuar siquiera un posible paralelismo. “Aquello fue una crisis provocada, una intervención de laboratorio en la que se causó un paro cardíaco para sanear la economía y volver a ponerla en marcha, algo que sólo es posible en regímenes dictatoriales”, aclara.

Lo que ocurrió en 1959 fue fruto de un cambio de gobierno que aupó a ministros de marcado perfil técnico al poder. Los tecnócratas, como luego se les conoció, persuadieron a Franco de que había que practicar una terapia de choque. En la década de los cincuenta, la economía empezó a recuperarse gracias al goteo de ayudas estadounidenses, la creación de industrias para sustituir importaciones y un aumento artificial de salarios en las grandes empresas públicas. La economía crecía, pero a partir de un modelo industrial sin recorrido, inflación y desequilibrio exterior.

“Se cuenta que convencieron a Franco diciéndole que no había divisas para comprar gasolina, que los coches se iban a quedar tirados. Franco estaba muy orgulloso del tráfico de Madrid”, relata Tortella, “y que aquella conversación acabó con la célebre frase ‘hagan lo que les dé la gana”. Arrancado el plácet al dictador, Mariano Navarro Rubio puso en marcha el Plan de Estabilización: se devaluó la peseta, subieron los tipos de interés, se aumentó la recaudación de impuestos, se congelaron salarios y se abrió la entrada al capital extranjero. El resultado fue una brutal contracción económica, un reequilibrio de los déficits exterior y público, una tímida liberalización y una progresiva apertura al exterior. Nada simbolizó mejor el fin de la autarquía franquista que la visita oficial del presidente de EE UU, Dwight Eisenhower, a finales de aquel año.

Si se atiende a la serie de crecimiento de Prados de la Escosura, el bajón del PIB en 1959 fue intenso (se pasó de un avance del 6,1% a un retroceso del 0,5% en sólo un año), pero equiparable a lo que luego ocurrió en 1981 o 1993. No todo son tasas de crecimiento. “En la memoria colectiva aquello quedó como una etapa muy dura en la se cerraron empresas y se perdieron muchos puestos de trabajo”, recuerda Carreras.

La dureza del plan de estabilización reactivó la emigración, incentivada por la necesidad de mano de obra de la Europa de posguerra, que ya marchaba a toda máquina. Un millón de españoles emigraron hasta los años setenta, y sus remesas se convirtieron en una fuente de ingresos imprevista. Como tampoco se auguró el boom del turismo, reflejo igualmente de las conquistas de bienestar en Europa. El sector servicios pegó un estirón formidable.

Ni las decisiones políticas, por su dureza, ni los beneficios colaterales -el boom turístico, las remesas de inmigrantes, el auge de la industria pesada- que trajo el plan de 1959 son replicables ahora. La fuerza con la que la economía se puso a avanzar después tampoco aguanta comparaciones: durante década y media, la tasa de crecimiento medio rondó el 7%, lo que delimita la etapa de expansión más prolongada y robusta de la economía española.

Si 1959 fue un año crítico en la memoria colectiva de la posguerra, la primera fecha que evocaron analistas, académicos y políticos en el arranque de esta crisis fue 1993, que dio nombre a la última recesión. Cuando el crecimiento español comenzó a tambalearse, en la primavera de 2008, el consenso entre los expertos era nítido. Pese a que algunos pasajes sonaban igual (precios descontrolados, burbuja inmobiliaria, turbulencias financieras), nadie daba un duro porque se fuera a repetir una situación como la de 1994, con una caída del PIB del 1%.

La intensidad del deterioro económico ha dejado en muy mal lugar todas las previsiones. Ahora, la mayoría de los expertos creen que la crisis del ladrillo y las hipotecas basura dejará atrás la recesión de 1993. “Aquella fue grave, pero todo apunta a que ésta será una crisis más prolongada”, indica Ángel de la Fuente, investigador del Instituto de Análisis Económico (CSIC).

La propia previsión del Gobierno anticipa que este año (-1,6%) se superará la contracción del PIB de 1993. Y que se encadenarán cinco trimestres o más en retroceso, algo inédito en las series deContabilidad Nacional. Algunos hitos de aquella recesión, como el 25% que llegó a marcar la tasa de paro, no se ven ya tan lejos si se atiende a lo que pronostica Bruselas (19% en 2010). Tampoco los niveles de deuda (60% del PIB) o déficit (7,4%) públicos que se alcanzaron en los años noventa suenan ya disparatados a la luz de las últimas estimaciones del vicepresidente económico, Pedro Solbes.

Más allá de si los peores registros de 1993 se baten o no, los expertos insisten en que la diferencia es que el Gobierno no dispone de los instrumentos que permitieron una pronta recuperación. “España ya no puede devaluar la moneda o fijar los tipos de interés para salir rápido de la crisis”, advirtió José Luis Feito, presidente de la comisión económica de la patronal CEOE, cuando se le pidió una comparación con 1993.

El fantasma de una crisis prolongada obliga a dar un nuevo salto atrás, hasta el decenio negro que arrancó en paralelo a la transición democrática. “En el mercado laboral fue durísimo, entre 1976 y 1985 no dejó de destruirse empleo”, recuerda Matilde Mas, investigadora del Instituto Valenciano de Investigaciones (IVIE). La tasa de paro pasó del 7% al 20%; los 12 millones de ocupados de 1975 no volvieron a superarse hasta 12 años después.

“Ahora se parte de un colchón de 20 millones de empleos, no creo que se llegue a aquello”, indica De la Fuente, aunque matiza: “Queda la incógnita de las implicaciones sociales del paro entre los inmigrantes, que cuentan con una red de apoyo mucho menor”.

La espoleta de la depresión de mediados de los setenta fue internacional: la crisis del petróleo de 1973 puso punto final a la expansión de la posguerra en Europa y EE UU. Con la demanda a la baja y el subidón del precio de los combustibles, que se repetiría con el conflicto Irán-Irak, las vergüenzas de una industria poco competitiva quedaron al descubierto.

“El régimen, que estaba moribundo y buscaba el apoyo popular, respondió subiendo salarios y subvencionando el petróleo, lo que empeoró la crisis después”, indica Albert Carreras. Ni que decir tiene que la incertidumbre política se dejó notar. “Las reglas de juego cambiaron para los empresarios y muchos optaron por exportar capital”, recuerda el catedrático Tortella.

La vorágine de inflación, tipos de interés altos y contracción del consumo se cebó en los bancos. Sus carteras, muy dependientes de inversiones industriales, se devaluaron de la noche a la mañana. “A la crisis industrial, se sumó que la desregulación [con la ley de 1962] propició la creación de nuevas entidades y la incorporación de banqueros poco expertos, que fueron menos cuidadosos con los riesgos. Además, el Banco de España basaba su actuación en leyes obsoletas, en algunos casos del siglo XIX”, recapitula Pablo Martín Aceña.

La crisis bancaria fue atroz, con víctimas ilustres como el Banco Urquijo o Banca Catalana. “Se llevó por delante la mitad del sistema financiero, hubo que intervenir en medio centenar de bancos”, enfatiza el catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares. Si se sustituye cartera industrial por cartera inmobiliaria, la comparación con lo que acontece hoy asusta. Pero en aquella ocasión, los dirigentes del Banco de España se conjuraron para que la historia no volviera a repetirse.

“Con Luis Ángel Rojo a la cabeza, el Banco de España estableció mecanismos de supervisión preventiva y se instituyeron las reservas estadísticas”, añade Martín Aceña. A la nueva posición del organismo supervisor, le deben ahora bancos y cajas su mayor resistencia a las turbulencias financieras. El Banco de España impidió prácticas habituales en otros países, como sacar del balance los instrumentos de inversión en activos de alto riesgo, y obligó a elevar provisiones cuando más dinero se prestaba.

¿Alguna enseñanza más para evitar una crisis prolongada? “Soy pesimista”, responde Tortella, “la salida pasa por mejorar la productividad, y eso es difícil a corto plazo, hay que adaptar el capital humano a actividades que requieran más cualificación, pero el sistema educativo es un desastre”. “Se han acumulado muchos desequilibrios, ha habido años en los que se ha construido tantas casas como en muchos países europeos juntos, un déficit exterior del 10% del PIB es una barbaridad”, añade De la Fuente, que sólo ve posible mejorar la competitividad a corto plazo con “acuerdos para moderar los salarios”, a imagen de los Pactos de la Moncloa de 1977. Algo mucho más difícil cuando apenas hay inflación, como ahora.

El investigador del CSIC coincide con Carreras en un concepto paradójico, la década perdida, para el periodo democrático en el que se prolongó mas la bonanza económica. “Ha habido más crecimiento y empleo, gracias al aumento de la financiación y de la mano de obra inmigrante, pero no se ha aprovechado el tiempo para hacer reformas”, indica el catedrático de la Pompeu Fabra.

Los expertos respaldan los millonarios incentivos fiscales, pero muestran reparos a algunas iniciativas del Gobierno. Martín Aceña rescata otra cita, en este caso de Ramón Gómez de la Serna: “Los experimentos en casa y con gaseosa”. Y otra lección histórica: “La política fiscal expansiva acaba en más deuda pública y eso lo pagarán las próximas generaciones vía impuestos o inflación”.

Los casos de Italia o Portugal, inmersos en años de estancamiento económico vienen a la cabeza de todos. “A Italia no nos parecemos en nada y menos aún a Portugal”, rebate Matilde Mas. La investigadora del IVIE, más optimista, recuerda que “Italia tiene problemas de productividad en todos los sectores y España sólo en construcción y hostelería”. Mas apunta que, precisamente, la opción de mejorar la productividad abre una senda de la que otros países avanzados ya han recorrido un buen trecho. “El riesgo está en no aprovechar la oportunidad de salir reforzado de la crisis”, afirma.

Lo acontecido en las últimas décadas reserva aún alguna lección más. Por ejemplo, que si se repite la historia, el Gobierno volverá a equivocarse en sus previsiones: la tasa de paro no empieza a bajar hasta uno o dos años después de que acabe la recesión, frente a lo que augura Solbes para 2010. Y, también, que las crisis precipitan los cambios políticos. El brusco deterioro de la economía antecedió a la Revolución Gloriosa de 1868, a la Guerra Civil, y más recientemente a los principales golpes de mano electorales de la democracia. La crisis sirvió en bandeja el triunfo electoral a Felipe González (PSOE) en 1982. Y volvió a soplar a favor de la victoria del PP en 1996. El horizonte que se vislumbra para 2012 brinda una oportunidad histórica a Mariano Rajoy de recuperar el poder. Claro que el mismo adjetivo valdrá para describir el descalabro del PP si los socialistas logran resistir en La Moncloa.

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El Gobierno descarta el riesgo de deflación a pesar del frenazo de los precios al 0,8% en enero

El IPCA adelantado augura que la inflación ha marcado su nivel más bajo de los últimos 40 años. -Vegara valora que aumenta la renta de las familias

El Indice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA) en España ha bajado siete décimas en enero, hasta situar su tasa anual en el 0,8%, prosiguiendo así la senda de moderación de los precios iniciada en julio de 2008. De hecho, pese a que el Gobierno prevé un avance de los precios del 2% a cierre de 2009 y descarta de momento el riesgo de deflación, el dato conocido hoy supone un nuevo paso hacia este extremo, ya que si se confirma con el IPC, sería el nivel más bajo en 40 años.

El diferencial de precios con la eurozona continúa arrojando un balance positivo para España y aumenta hasta las tres décimas

De hecho, el secretario de Estado de Economía, David Vegara, ha querido destacar que esta bajada de precios es un dato “muy positivo” que tendrá su efecto sobre la renta de las familias, que sumado al descenso del Euríbor, permite que aumente la cantidad de dinero que disponen los hogares para gastar.

También ha valorado que ayudará a reducir al diferencial de inflación europeo, con lo que aumentará la competitividad de los productos españoles “en un momento muy necesario”. De hecho, el IPCA adelantado de la eurozona sigue por encima del español, ya que según Eurostat los precios han subido en enero a un ritmo del 1,1%, cuatro décimas menos que en enero y la tasa más baja desde julio de 1999.

Por el contrario, ha descartado la posibilidad de que haya deflación, y ha añadido que lo que habrá en los próximos meses será una tasa de inflación muy reducida, especialmente hasta el verano.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en toda la serie histórica del IPCA, que arranca en enero de 1997, no se ha registrado nunca una tasa anual tan baja. Se trata además del sexto descenso consecutivo que experimenta el IPCA anual. Además, teniendo en cuenta que la tasa anual del IPC Armonizado suele coincidir -apenas varía en alguna décima- con la del IPC general, cuya evolución del mes de enero se publicará el próximo 13 de febrero. De situarse este último en el 0,8%, sería la tasa más baja desde junio de 1969, cuando alcanzó el 0,5%, y su sexto descenso consecutivo.

Desde julio de este año, cuando tocó un techo del 5,3%, el IPCA ha descendido 4,5 puntos, coincidiendo con la tendencia a la baja del precio del petróleo y con el abaratamiento de algunos alimentos. Hace un año, en enero de 2008, la tasa interanual del IPCA estaba en el 4,4%, es decir, 3,6 puntos por encima del dato de enero de 2009.

Riesgo de deflación

El dato avanzado de enero está en línea con las previsiones del Gobierno, que esperaba que la inflación, tras cerrar 2008 en el 1,4%, siguiera bajando en los primeros meses 2009, aunque de momento ha descartado una situación de deflación (disminución generalizada del nivel de precios, que implicaría tasas de variación negativas). El FMI considera que hay deflación cuando los precios caen durante dos trimestres consecutivos. Las principales consecuencias de este fenómeno es su incidencia al alza en el paro, ya que al rebajar el precio de venta de los productos no se cubren costes y se desincentiva la inversión, y al haber menos gente trabajando se reduce a su vez el consumo y la demanda. En cualquier caso es un fenómeno que sólo se ha producido en la Gran Depresión de 1930 y en Japón en la década de los 90.

El IPC armonizado, que sirve después a Eurostat para incorporarlo al cálculo del índice de inflación en la Unión Europea, proporciona un avance de cómo evolucionaron los precios en España durante el mes de noviembre. Su publicación responde a la política de Eurostat y del Banco Central Europeo (BCE) de ofrecer datos equiparables en tiempo y calidad a los producidos en Estados Unidos.

El indicador adelantado se calcula utilizando el mismo procedimiento que el empleado para el Indice de Precios de Consumo Armonizado, pero utilizando diversos métodos de modelización estadística para estimar la información de la que aún no se dispone en el momento de su publicación. El INE recuerda que la información que proporciona el indicador adelantado es únicamente orientativa, por lo que no tiene que coincidir necesariamente con el dato definitivo, que se dará a conocer el próximo 13 de febrero.
El déficit comercial modera su avance al 1,5%

La balanza por cuenta corriente -que mide los intercambios con el exterior por transacción de mercancías, servicios, rentas y transferencias- tuvo un déficit de 98.291 millones de euros hasta noviembre de 2008, lo que supone un aumento del 1,5% respecto al mismo periodo de 2007.

Según ha informado hoy el Banco de España, este incremento del saldo negativo se debió, principalmente, al aumento del déficit de la balanza de rentas y, en menor medida, al aumento de los déficit de las balanzas de transferecias corrientes. El Banco de España señala que el déficit acumulado de la balanza comercial en los once primeros meses de 2008 se situó en 78.587,2 millones de euros, lo que supone un descenso del 2,28%.

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España entra en su recesión más grave

El desplome económico
España entra en su recesión más grave
La economía retrocedió en los últimos tres meses de 2008 un 1,1%, la mayor caída intertrimestral desde 1960 – El frenazo del consumo es la primera causa

ARIADNA TRILLAS – Barcelona – 29/01/2009

Los españoles cada vez consumen menos. Y el frenazo en sus decisiones de gasto ha sido el factor que más ha contribuido a que España haya entrado en recesión, lo que significa que la economía española ya no sólo no avanza, sino que recula. Este desandar, sellado ayer oficialmente por el Banco de España, no pilló a nadie por sorpresa, pero sí fue llamativa la virulencia con la que cayó el producto interior bruto (PIB) español en la recta final de 2008.

El Banco de España cree que el paro es el canal que expande la crisis

Los expertos ven difícil una pronta recuperación por la incertidumbre

El PIB retrocedió un 0,8% en el cuarto trimestre, comparado con el panorama de un año antes. Sin embargo, si la referencia es el trimestre inmediatamente anterior, el desplome fue total, del 1,1%. La economía española no había dado un salto de longitud hacia atrás intertrimestral tan profundo desde el segundo trimestre de 1960 (caída del 1,9%).

Ya en el tercer trimestre de 2008, el PIB había caído un 0,2%. Y seis meses seguidos de decrecimiento suman el término recesión. La cuestión es cuánto se prolongará este estado. José Luis Rodríguez Zapatero prevé las primeras “señales de recuperación” para finales de 2009, pero no es una opinión que comparta todo el mundo. “Los gobiernos puede que tengan incluso la obligación de calmar los ánimos durante las crisis de confianza, pero no veo ningún dato que permita pensar en un crecimiento positivo a finales de año”, comenta Jordi Galí, Doctor en Economía por el Massachussets Institute of Technology (MIT) y catedrático de la Pompeu Fabra. Para Galí, la clave sobre cuánto durará la recesión es “hasta qué punto se pone orden en el sector financiero y se crean condiciones para restablecer los flujos de crédito”.

El “ajuste muy severo” sentenciado por el Banco de España -que enmendó por una décima, del 1,2% al 1,1%, el crecimiento estimado por el Gobierno en 2008- no se parece a la anterior recesión de 1993. Y su origen condiciona su duración y gravedad.

El quasi colapso del sistema financiero y la zozobra persistente marcan la actual. “Pero la crisis financiera ha enmascarado el efecto burbuja inmobiliaria, porque las burbujas se tienen que financiar”, reflexiona el también doctor por el MIT y profesor del IESE Alfredo Pastor. “El reventón de la burbuja no sólo ha derivado en una crisis de liquidez, sino que ha dejado paso a una crisis de incertidumbre. Eso hace esta recesión más grave”, añade.

El debilitamiento de la actividad se está cobrando como caza mayor el empleo, que en el cuarto trimestre cayó un 3% y que, según la entidad que dirige Miguel Ángel Fernández Ordóñez, se ha convertido en “uno de los principales canales de propagación del ajuste hacia el resto de la economía”. España tiene 1,28 millones de parados más que en 2007, y suman 3,2 millones. Y la escalada del desempleo trunca, junto a las dificultades para acceder al crédito, el “alivio” que el Banco de España reconoce que pueden sentir las familias por la bajada de precios (la inflación de diciembre, del 1,4%, es la más baja desde 1998), los cuatro recortes de tipos acometidos desde octubre por el Eurobanco (BCE) hasta el 2%, la bajada de las hipotecas (el Euríbor a un año acabará enero en 2,6%) o la bajada del crudo (el brent cotiza a 44 dólares frente a los 146 de julio).

Pese a los llamamientos de Zapatero, el consumo de los hogares en el último trimestre de 2008 registró “crecimiento nulo o negativo”. Y globalmente, la demanda interna se desinfló un 2,4%. A la hora de gastar, sólo tira el gasto de las Administraciones Públicas, a un ritmo estable de más del 5%.

En el último trimestre, la inversión residencial se hundió un 20% en términos interanuales. “Colocar en el mercado millón y medio de viviendas requerirá al menos tres años”, apunta Joan Casas, decano del Colegio de Economistas de Cataluña, quien ya se daría con un canto en los dientes “si el panorama mejorara en 2010, porque para que la economía se recupere hacen falta expectativas, que no están ahí, y medidas que refuerzan la competitividad, que llevan su tiempo en dar frutos”.

La actual recesión es la primera que vive España sin competencias sobre la devaluación de su moneda. “En los 90, la recuperación llegó del sector exterior”, recuerda Galí. “No poder devaluar alargará la crisis, pero si tuviéramos que devaluar sería algo catastrófico”, añade Pastor. El Banco de España ve “difícil” que el sector exterior (que cerró 2008 con su primera aportación positiva en 11 años) compense el descalabro de la demanda interna. A diferencia del 93, esta recesión asomó en una España de finanzas saneadas, pero se confirma en un país con un déficit del 3,4% y con previsiones de escalar al 5,8% este año. El supervisor lo justificó por los planes de reactivación del Gobierno, pero puntualizó que la ortodoxia presupuestaria sigue siendo ley y exigió reformas estructurales.

Los datos fueron munición para que el PP de Mariano Rajoy, subrayara “la inutilidad” del Gobierno ante la crisis. El PSOE replicó evocando “la inutilidad” de Rajoy para dominar las dos almas del PP.

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España, en la diana de Davos

CLAUDI PÉREZ (ENVIADO ESPECIAL) – Davos – 29/01/2009

Globalización, optimismo y libre mercado -hasta rozar el fundamentalismo- han sido las señas de identidad del Foro Económico Mundial durante casi 40 años. Pero las modas cambian. Estos días en Davos se repite una y otra vez el nuevo mantra: “Estado” y “regulación”, palabras proscritas en los últimos años que ahora parecen indispensables para salir de la crisis. Una salida incierta, eso sí. La confianza se ha evaporado de la estación de esquí suiza en la que se reúnen ejecutivos, políticos, gurús y banqueros con deseo declarado de arreglar el mundo. La entrada en recesión de la economía española no pasa inadvertida.

China se defiende atacando los fallos de la supervisión financiera occidental

Poco representada en la exclusiva cita suiza, casi nadie recuerda ya los últimos 15 años de éxitos de la economía española, que ayer encajó varios ataques directos. España, junto a Italia, Grecia y Portugal, podría “verse forzada” a abandonar el euro si la recesión se prolonga y sigue castigando el empleo, la actividad y las finanzas públicas, aseguró tajante Charles Grant, director del think tank británico Centre for European Reform. La única alternativa, a su juicio, es un recorte seco de salarios y gasto público como el que asumió Alemania tras la reunificación, pero que “difícilmente” ciudadanos y Gobiernos aceptarían.

Grant no fue el único en cargar contra lo que algunos economistas anglosajones llaman, con ironía y a veces una pizca de desprecio, PIGS (acrónimo con las iniciales de los cuatro países en inglés). El financiero y filántropo George Soros disparó también ayer contra esa misma diana. El diferencial entre lo que paga Alemania y lo que pagan España, Italia, Grecia y Portugal por la deuda a 10 años “refleja una debilidad estructural en la construcción del euro” y la falta de una política fiscal común, explicó.

Pero no sólo España sufre ataques en Davos. La Administración estadounidense ha acusado en los últimos días a China de “manipular” su moneda para suavizar la crisis. El gigante asiático crece ahora al 6%, tras avanzar a tasas superiores al 10% durante años. “No es el momento de atacar la moneda china”, explicó el presidente de Morgan Stanley en Asia, Stephen Roach.

Pero China estaba en la montaña mágica para defenderse por sí misma. El primer ministro, Wen Jiabao, cargó contra los que dudan de la buena salud de su economía. Después, contraatacó con dardos dirigidos a Occidente: la crónica de la actual recesión es la del “fracaso de la supervisión financiera”, dijo. Ni los banqueros ni los propios supervisores discuten ya ese diagnóstico. Fuera del palacio de congresos del foro sí hubo protestas: un centenar de accionistas protibetanos se manifestaron contra Jiabao rodeados de policías. Pero ésa es otra historia.

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La economía española entra en recesión por la caída del consumo

El Banco de España calcula que el PIB ha caído un 0,8% en el cuarto trimestre de 2008 y advierte de que “es difícil” que se recupere la demanda interna pese a las medidas

La inercia de los primeros meses del año ha permitido a España crecer un 1,1% en el conjunto de 2008, aunque su deterioro económico se ha acentuado con fuerza en el cuarto trimestre por el agravamiento de la crisis financiera, lo que ha llevado al PIB a precipitar su caída hasta un 0,8% interanual. Esta es la conclusión que el Banco de España ha hecho pública hoy en su último boletín y en la que confirma que la economía española ya está en recesión por primera vez desde la crisis de 1993 tras ceder un 0,24% entre julio y septiembre. Además, las perspectivas para el futuro no son buenas ya que el FMI ha adelantado hoy que esta desaceleración alcanzará el 1,7% este año, siete décimas más que su anterior proyección.

De hecho, el descenso intertrimestral del PIB ha sido aún más marcado que el interanual, del 1,1%, debido a una fuerte caída de la demanda interna -consumo e inversión-, del 2,4%, que no pudo compensar el sector exterior con su aportación positiva de 1,7 puntos. Este retroceso, sumado a la contracción del 0,2% del periodo anterior cumple con los requisitos técnicos para asegurar que España ya está en recesión, tal y como admitió el propio Gobierno, de dos trimestres consecutivos a la baja. Aunque le costó admitirlo.

Entre las principales víctimas de este deterioro destaca el empleo, que ha caído en tres meses el 3% debido al descenso de la actividad en todos los sectores excepto en los servicios. La culpa, según el Banco de España, la tiene el consumo de los hogares -que representa el 56% del conjunto del Producto Interior Bruto-, que se ha situado como el componente de la economía española que más ha contribuido a la desaceleración de 2008, por encima incluso del peso que tuvo el deterioro de la inversión residencial. En el tercer trimestre, este apartado cayó ya un 1% por primera vez en 15 años.

Así, el documento señala que la desconfianza se ha agravado en los últimos meses del año por las convulsiones financieras, la caída del empleo y el endurecimiento del crédito, lo que ha llevado a los hogares españoles a retrasar sus decisiones de gasto, aunque ha mejorado su tasa de ahorro (en el 11,9% en el tercer trimestre). Cabe destacar el cada vez mayor deterioro de la inversión residencial, que ha llegado a caer hasta un 20%, influida por las peores condiciones de financiación, el clima de incertidumbre y el descenso que han iniciado los precios de la vivienda.

Empuje de la Administración

También ha seguido retrocediendo la inversión en bienes de equipo, que ha caído un 7%. Sólo las Administraciones Públicas contribuyeron a sostener el gasto en el conjunto del año pasado, al aumentarlo el 5%. De este lado, el organismo supervisor espera que la bajada de los tipos de interés y de la inflación, así como las medidas adoptadas para atajar la crisis y una eventual superación de las tensiones financieras “alivien” de algún modo la caída, aunque reconoce que es difícil que se recupere la demanda interna dado el “clima recesivo” de la economía mundial.

Por eso cree que ahora adquiriría “gran trascendencia” el avance de las reformas económicas para mejorar el mercado de trabajo, fomentar el “necesario relevo” entre las distintas ramas productivas y aumentar la productividad a largo plazo para recuperar cuanto antes el crecimiento potencial de la economía.

En el boletín, el Banco de España muestra un cuadro económico para el conjunto de 2008 más pesimista que el que presentó el Gobierno el 16 de enero. Así, calcula un crecimiento anual inferior en una décima al del Ejecutivo (del 1,2%) y señala que el empleo cayó el 0,5% en el conjunto del ejercicio, una décima más de lo que estimó el Gobierno, y la tasa media de paro fue del 11,3% (dos décimas más).

Avance de la productividad

En el caso de la productividad, el Banco de España es más optimista que el Gobierno y cree que mejoró el 1,7% (frente al 1,6%). Para el organismo, la demanda interna fue más débil y sólo evolucionó cuatro décimas en 2008 (siete según el Ejecutivo) y el sector exterior tuvo su primera aportación positiva al crecimiento desde 1997, de siete décimas, en este caso una más de las que calculó Economía.

Por otra parte, el Banco de España advierte de que el riesgo de una prolongada recesión mundial cambiará algunos desequilibrios globales, como el que supone que las economías emergentes financien con su superávit público el déficit de los países más desarrollados.
Los bancos y cajas endurecen las condiciones en sus créditos

El Banco de España ha advertido hoy de que los bancos y las cajas de ahorros han endurecido las condiciones para conceder créditos a familias y empresas, con exigencias de mayores garantías o de plazo, según figura en el último boletín del organismo. “La información más reciente sobre el resto de condiciones crediticias distintas al tipo de interés sugiere que éstas han tendido a hacerse más exigentes”, sostiene el instituto emisor que preside Miguel Angel Fernández Ordóñez.

Los últimos datos de la Encuesta Sobre Préstamos Bancarios, agrega, ya ponían de manifiesto que las entidades financieras anticipaban en los últimos meses de 2008 que seguirían endureciendo los criterios de concesión de préstamos, afirma.

El Banco de España considera que las medidas adoptadas por los gobiernos europeos en apoyo de sus sistemas financieros correspondientes para paliar los efectos negativos de las turbulencias financieras han contribuido a frenar el deterioro de los indicadores de tensión. No obstante, el organismo resalta que no se ha superado “la gran fragilidad” que sigue prevaleciendo, en un contexto todavía dominado por la incertidumbre, la volatilidad de los mercados y la “elevada aversión al riesgo”, que mantienen “unas condiciones de financiación de carácter restrictivo”.

Por otro lado, aunque constata la persistencia de tensiones en el mercado interbancario, ya que el diferencial entre el Euríbor y el coste de las operaciones de financiación que cuenta con garantías continuaba en niveles muy elevados a finales de 2008, el instituto emisor cree que se encamina hacia una reducción.

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La crisis financiera: enseñanzas y retos ante 2009

La crisis financiera: enseñanzas y retos ante 2009

Publicado el 07-01-2009 , por J. M. González-Páramo. Miembro del Comité Ejecutivo y del Consejo de Gobierno del BCE

Año y medio después del inicio de la crisis, el sistema financiero global continúa sometido a un proceso de corrección. Los mercados monetarios y de crédito se resienten todavía de la falta de confianza asociada a la incertidumbre sobre la solidez de las instituciones financieras y su capacidad de resistencia ante nuevas perturbaciones.

Tras el colapso de Lehman Brothers en septiembre de 2008, la crisis entró en una nueva fase, marcada por un deterioro sin precedentes del grado de confianza en el sector bancario como agente esencial de intermediación financiera.

La súbita y extendida percepción de los riesgos de insolvencia asociados a instituciones sistémicamente relevantes a nivel global requería una respuesta global y coordinada. Una respuesta que debía ser rápida, sustancial en el compromiso político de recursos y medidas de apoyo al sistema financiero, y que se añadiese a las medidas extraordinarias de provisión de liquidez que los principales bancos centrales del mundo habían ido tomando desde el verano de 2007.

En el caso de la eurozona, las medidas extraordinarias de provisión de liquidez, la cooperación intergubernamental y la coordinación con el BCE y el Eurosistema en la definición de las medidas dirigidas a facilitar la financiación externa y la recapitalización, acordadas en octubre de 2008, han sido efectivas en detener el proceso de deterioro sistémico y dislocación de los mercados financieros. La gestión de la crisis, sin embargo, sólo podrá traer consigo progresivamente la confianza y preservarla si se extraen las lecciones oportunas para la prevención de episodios análogos en el futuro.
Estabilidad de los precios

De entre estas lecciones, tres son fundamentales. Primera, una política monetaria orientada de modo creíble a garantizar la estabilidad de precios a medio plazo, y separada de la gestión activa de la liquidez, constituye un gran activo también en tiempos de incertidumbre y crisis financiera. Ello ha permitido reaccionar significativamente y con prontitud cuando, como ocurrió a comienzos del pasado otoño, la crisis financiera comenzó a incidir en el sector real.

En menos de dos meses, el BCE ha reducido los tipos en 175 puntos básicos. Aunque esta actuación no ha transmitido aún todo su impacto a la economía, es clave –junto a la generosa provisión de liquidez– para explicar el descenso del euribor a un año de 250 puntos básicos en poco más de dos meses. Este margen de maniobra para actuar, siempre conforme resulta necesario en cada momento, ha sido creado por el sólido anclaje de las expectativas de inflación a medio plazo.

Segunda, una política de gestión de la liquidez basada en un amplio número de contrapartidas y una lista diversificada de activos aceptados como colateral, es fundamental para asegurar el acceso a la liquidez a bancos solventes. Gracias a estos rasgos, presentes en el Eurosistema desde años antes de desatarse la crisis financiera, ha sido posible que la iliquidez de los mercados no haya degenerado en crisis generalizadas de insolvencia, dando tiempo a los gobiernos a poner en marcha sus programas de garantías e inyecciones de capital.

Y tercera, un mundo globalizado y con un gran número de entidades financieras sistémicamente relevantes requiere de cooperación intensa y eficaz, tanto a nivel internacional como entre reguladores, supervisores y bancos centrales. La crisis financiera ha confirmado la posición tradicional del Eurosistema sobre la necesidad de una muy estrecha cooperación entre supervisores y bancos centrales. Lo que este principio pueda implicar respecto de la mejora en las instituciones de supervisión de los grupos bancarios con presencia en varios países comunitarios, en el marco de la moneda única y a la luz de la experiencia de la crisis, es una cuestión abierta.

La respuesta adecuada a una crisis financiera debe tener en cuenta sus singularidades y sus raíces últimas. El acierto en esta tarea no asegura que las crisis no vuelvan a repetirse, pero puede ayudar a prevenirlas y a mitigar su potencial impacto. En este sentido, es posible aislar tres retos en el triple frente de la información, los incentivos y la regulación.

Información sobre los riesgos
Primero, la disponibilidad de información agregada e individual sobre los riesgos para el sistema financiero tiene que mejorar significativamente en cantidad, calidad y oportunidad. En particular, los esfuerzos deben concentrarse en aquellas instituciones, mercados e instrumentos financieros que, sujetos hoy a regulación ligera o nula, son generadores de riesgos con posible impacto sistémico sobre la estabilidad financiera.

Segundo, es necesario crear un esquema de incentivos que valore y recompense de manera más efectiva el rendimiento de quienes toman decisiones que impliquen riesgo en un horizonte de medio plazo. Durante esta crisis ha quedado patente, en multitud de casos, que el cortoplacismo excesivo ha traído consigo una significativa infraestimación de ciertos riesgos, como la desaparición total de la liquidez en los mercados de productos estructurados.

Y tercero, es imprescindible hacer un esfuerzo para mitigar los efectos procíclicos desestabilizadores que están presentes en el marco regulatorio vigente. Ejemplos que reclaman atención especial son los requerimientos de capital, la valoración de los activos y el endeudamiento, los esquemas de retribución y los regímenes de provisiones.

Estos retos figuran entre las prioridades acordadas por las autoridades internacionales y europeas, y en particular por el Consejo ECOFIN y el Foro de Estabilidad Financiera (G-7). Asimismo, han encontrado reflejo en la declaración de la cumbre del G-20 de noviembre de 2008. Estas iniciativas, apoyadas en las medidas extraordinarias de provisión de liquidez, garantías y capital, deberían restablecer progresivamente la confianza y crear un marco regulatorio que siente los sólidos fundamentos de un sistema

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Neorrealismo socialista

Al reconocer que la economía española está inmersa en la más severa recesión en muchos años y revisar a la baja (hasta un -1,6%) la previsión de variación del PIB en 2009, el Gobierno está más cerca de recuperar la confianza de los agentes económicos y de la ciudadanía en general. Durante meses, el Gobierno transmitió la impresión de que o no se había enterado, lo que ya sería grave, o que lo fingía: primero, por razones electorales; más tarde, por temor a los efectos de reconocer que no había dicho toda la verdad. Pero tampoco las demás instituciones económicas públicas, incluido el Banco de España, transmitieron un mensaje acorde con la gravedad de la situación (y con las expectativas de empeoramiento).

Es cierto que la profundidad del mal tampoco fue prevista por otros Gobiernos europeos. Pero, aunque la economía española hubiera mantenido en el verano de 2007 todas sus constantes macroeconómicas en línea con las más estables, o su patrón de crecimiento no hubiera estado tan manifiestamente escorado a la construcción residencial, no se habría salvado de la recesión originada por la crisis financiera más grave desde la gran depresión; entre otras cosas, por el alto grado de integración con otras economías en las que esa crisis era ya manifiesta.

Lo incomprensible fue que el Gobierno tardara tanto en admitir, primero, que estábamos sufriendo ya los efectos de esa crisis financiera, y segundo, que aquí se veía agravada por nuestro elevado nivel de endeudamiento privado.

El panorama dibujado ayer por el vicepresidente Solbes corrige la mirada anterior, pero llega con unos Presupuestos Generales pensados para parámetros muy diferentes de los que ahora asume: una economía en recesión, con la tasa de paro creciendo a un ritmo sin precedentes y con un déficit público que se acercará al 6% al término de este año. Solbes reconoció que la economía española no recuperará los niveles acordados en Maastricht para entrar en el euro antes de 2012.

Con el agravante de que el escenario de la recuperación que el Gobierno prevé para 2010 no sólo depende de nosotros, sino de la evolución de las restantes economías. Y su evolución está siendo tan negativa como la nuestra. Ayer mismo, el Banco de Francia revisó la previsión de contracción del PIB en su país en el cuarto trimestre de 2008 desde el 0,7% hasta el 1,1%. Los destrozos que está provocando la crisis crediticia están siendo mayores de lo previsto, afectando a entidades bancarias de primera magnitud.

Pero, si hay un rasgo diferencial de la crisis en España, es el comportamiento del principal partido de la oposición. Su crítica rutinaria y superficial, más apoyada en la nostalgia de lo bien que ellos lo hicieron al llegar al poder en 1996 que en el planteamiento de alternativas realistas, transmite una especie de regocijo compungido. Ni Rajoy ni Montoro están a la altura de las críticas de Rato en su momento, por ejemplo. Y no es cierto que sea algo consustancial al papel de la oposición. En países como Estados Unidos o Alemania estamos viendo el interés de los principales partidos por cooperar en la búsqueda de medidas para paliar la situación y acelerar la recuperación.

Que la oposición no saque rendimientos de la recesión no significa que el Gobierno y el conjunto de las autoridades económicas no tengan que hacer bien su trabajo. Y la veracidad, transparencia y oportuna rendición de cuentas son las precondiciones para ello. Por eso, hay que reconocer la importancia del tardío pero necesario paso de ayer.

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