Economías de la Inteligencia

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El dólar, el Khaleeji y el Sucre

PABLO GÁMEZ
11-02-2009
http://www.informarn.nl/americas/mercosur/act090211-sucre-khaleeji

¿Es tiempo para el Sucre y el Khaleeji? La crisis financiera internacional y el muy incierto futuro del dólar proyectan el nacimiento de nuevas monedas en el mundo árabe y sudamericano.

Hay un Leviatán que despertó del vientre del neoliberalismo y que se yergue con fuerza desde el estallido de la burbuja inmobiliaria. Hay una inyección de billones de dólares para adormecerlo y hay en la estela cerca de 600 mil empleos perdidos durante el mes de enero en la principal economía del planeta.

La administración de Barack Obama cuenta ahora con casi 830 millones de dólares para cebar la furia de la crisis económica en marcha. También cuenta con un plan para comprar activos líquidos de los bancos por valor de 500 mil millones de dólares.

Ni Obama, ni la Casa Blanca, ni ningún gurú se atreven a decir que el plan diseñado por la nueva administración de Estados Unidos tendrá resultado. Pero de las pocas verdades que se rescatan, una es segura: La burbuja del dólar está también por reventar.

El escenario no tiene nada de apoteósico, de considerarse y detenerse en el análisis que distintas personalidades del mundo de las finanzas están barajando.

Son cada vez más los analistas económicos que como Dean Backer, advierten que “la burbuja inmobiliaria fue la primera que estalló, pero no será la última en esta recesión mundial. Hoy deberíamos estar prestando más atención al inminente estallido de la burbuja del dólar”.

Backer advierte que “la moneda estadounidense está seriamente sobrevalorada desde finales de los 90, y eso ha causado un enorme déficit comercial, que alcanzó su máximo con casi el 6% del PIB nacional en 2006 (900.000 millones de dólares en la economía de hoy). Eso es insostenible. Al final, obligará al dólar a caer a un nivel en el que la balanza comercial esté prácticamente equilibrada”.

A estas alturas de la crisis financiera, es un hecho que la hegemonía financiera que Estados Unidos venía sustentando a partir del dólar fuerte de principios de los ochenta, sufrirá serias y profundas modificaciones.

Ante el abismo financiero que se ha abierto, los inversores están buscando la seguridad y la encuentran en los papeles emitidos por Estados Unidos.

De hecho se podría decir que no hay salida a la problemática financiera actual si no se logra la confianza en el sistema financiero norteamericano.

Pero también hay potencias emergentes involucradas en esta temática si pensamos que los países de Asia poseen el 53% de los Bonos del Tesoro de Estados Unidos, por citar solamente un ejemplo.

Es un proceso lógico: Si los inversores acuden al dólar en busca de seguridad, eso provoca que éste suba frente a la mayoría de las demás divisas. Su ascenso y las recesiones en la mayor parte del mundo harán que el déficit comercial vuelva a incrementarse.

Sin embargo, una vez que la situación financiera empiece a recobrar la normalidad -de llegar a suceder- los inversores estarán a disgusto con el escasísimo rendimiento de los activos en dólares.

Su éxodo hará que el dólar reanude la caída que había iniciado en 2002, pero esta vez su caída podría ser mucho más rápida. Otros países, sobre todo China, dependerán mucho menos del mercado estadounidense para sus exportaciones y estarán menos interesados en sostener el dólar. Lo mismo está sucediendo entre los árabes y los países sudamericanos.

Y es que tras la continuación del derrumbe de la burbuja inmobiliaria y la caída de la burbuja de la propiedad inmobiliaria para uso comercial, asistiremos al desmoronamiento del dólar.

El Khaleeji
Si depende de Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein, Qatar y los Emiratos Árabes, en 2010 nacerá el Khaleeji, una moneda única que como el Euro quiere sustituir a las monedas locales.

El ‘deadline’ es ambicioso. Incluso hace poco tiempo, los estados petroleros del mundo árabe apostaron por crear un consejo económico que debe desembocar en la creación de un banco central. Un tímido primer paso.

Pero los árabes tienen prisa. Salvo Kuwait, el resto de los países del área vienen realizando sus ajustes económicos con base en el dólar, algo que está arrastrando efectos muy negativos en las economías de estos países, debido al bajo valor de la moneda norteamericana.

El problema: Los países calculan sus ganancias petroleras en dólares, mientras que un volumen muy grande de sus exportaciones se produce en euros. Por el bajo valor del dólar, los árabes están enfrentando una inflación alta, casi del 10 por ciento.

Los árabes entienden de economía; su preocupación es real: Quieren darse prisa porque saben que el dólar está sometido a una enorme presión ante los millones que la administración de Barack Obama ha destinado para evitar el desplome de la moneda y de la economía norteamericana.

Pero los cálculos más optimistas señalan que la moneda árabe no podrá nacer hasta dentro de un lapso de cinco a diez años.

Los especialistas advierten que los países deberán atravesar dos largos procesos. Además del proceso político, el económico es que el más importa: Los estados del Golfo tienen enormes reservas en dólares. También tienen enormes inversiones en dólares. Esto tendrán que desmantelarlo, y es algo que deben hacer despacio.

Si los Estados cambian bruscamente sus reservas a euros, por ejemplo, influye de forma directa el valor del dólar. Es decir, los árabes tendrían en sus reservas un valor mucho menor al que tenían con anterioridad.

La Casa Blanca no desea ver en el mapa una moneda árabe unificada, porque minaría de forma directa la permanencia del dólar como moneda internacional.

El Sucre
Los gobiernos sudamericanos, como los árabes, también quieren reforzar sus posiciones frente a la ferocidad de la crisis económica, y para ello aceleran las posibilidades de lanzar el Sucre (Sistema Único de Compensación Regional).

“Desligarse del dólar no sólo proporciona independencia financiera sino que permite reducir el riesgo que actualmente supone tener recursos en la moneda estadounidense”, explica Hugo Chávez, presidente de Venezuela.

“Porque la mayor parte de los dólares que circulan por el mundo no tienen sustento económico”, agrega Rafael Correa, presidente de Ecuador.

“El problema es que la burbuja financiera en torno al dólar estallará en cualquier momento, porque es producto de la maquina que tienen de hacer dólares”, estiman expertos sudamericanos.

A finales de noviembre de 2008, Alí Rodríguez, ministro de finanzas de Venezuela, adelantaba que un comité de expertos del ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) preparaba un informe destinado a los jefes de Estado del grupo sobre la viabilidad de una moneda única sudamericana.
Las conclusiones de ese primer análisis serán estudiadas en el corto plazo por Honduras, Bolivia, Cuba, Nicaragua, Venezuela, Dominicana y Ecuador. Solamente se está esperando una cumbre del ALBA y Petrocaribe para analizar el futuro del Sucre.

Alí Rodríguez señala que “el panorama es la creación de una moneda universal y un Banco Mundial, cuya finalidad es eliminar el uso como patrón de la moneda de un país para calcular el valor de las monedas del resto del mundo. Asumimos la necesidad de crear nuestra propia moneda que refleje las condiciones y que facilite el intercambio dentro de la región latinoamericana y caribeña”.

La moneda sudamericana se llamará Sucre y comenzará a operar de manera virtual, como símbolo de valor para el intercambio del ALBA.

Nuevos modelos
Pronosticar la depreciación de dólar es algo que no requiere de magia negra ni de bolas de cristal; advertir la desaparición del dólar como moneda hegemónica es algo más complejo y exige otro tipo de malabarismos.

En todo caso, que regiones como el mundo árabe y el Cono Sur latinoamericano estudien el nacimiento de monedas para sus bloques respectivos, es un escenario real y su aplicación es algo que se aproxima.
La crisis financiera está despejando nublados que históricamente prevalecían para impedir el impulso definitivo a la “regionalización monetaria”, tanto de árabes y sudamericanos.

El Sucre y el Khaleeji encuentran su inspiración en el Euro, la moneda comunitaria de la Unión Europea. Pero el Euro tuvo su génesis en la United Contable Europea, la cual definía las paridades de las monedas de los distintos países que integran el bloque del viejo continente. Desde la implementación del ECU en 1979 hasta que llegó el Euro en 1999, transcurrieron 20 años.

El proceso de gestación de dos décadas no puede resumirse en un semestre ni dejarse gobernar por el nervio de una crisis que arrasa con todo a su paso. Ha sido éste el pecado constante de la historia de nuestro continente: Tratar de implementar modelos que no le corresponden a su madurez ni momento históricos.

El sino de hoy, sin embargo, obliga a apuestas de cara a un futuro incierto, a partir de la herencia de pasados que no han hecho más que ser una suma de fracasos amontonados y de experimentos fallidos.

Pero cierto es algo: La depreciación del dólar una vez finalizada la crisis financiera originada por la burbuja inmobiliaria, es uno de los peores escenarios a los que se enfrentará la administración de Barack Obama, y su efecto será directo en las economías árabes y sudamericanas.

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El dólar y el euro

Por Alfredo Valdivieso G.

El 1.º de enero de 2009, el euro festejó su décimo aniversario como moneda de los 15 países de la Unión Europea, con sus 320 millones de habitantes, mientras que, en el Ecuador, el dólar festejará su onomástica el próximo enero de 2010. Las dos monedas, no obstante sus problemas, han sido más beneficiosas que perjudiciales para estos países, ya que han dado estabilidad macroeconómica, mayores posibilidades de crecimiento, un mercado más amplio y seguro, mayor incremento de las inversiones, incremento de los depósitos bancarios, simplificación administrativa, eliminación de riesgos cambiarios, bajas de las tasas de interés, evitación de devaluaciones para hacer sus economías competitivas y, además, han permitido que se eliminen los costes de transacción en divisas, no obstante que han desplazado a las políticas monetarias propias.

Algunos trasnochados dicen que, con el uso de monedas foráneas, se ha provocado la pérdida de soberanía y de emisión monetaria, y que se ha perdido el orgullo de un símbolo nacional. Evidentemente, la emisión monetaria propia constituía el recurso de los gobiernos para abaratar o encarecer los productos de exportación/importación, que nada tenían que ver con la eficiencia de los costes de producción.

La principal crítica contra la adopción de estas monedas ha sido que ha encarecido el coste de vida, cosa que fue muy cierta, en especial en el caso ecuatoriano, porque, al convertir el sucre al dólar, se fijó un cambio de 25 mil, en vez de los 13 mil ó 14 mil en que se transaba en aquellos momentos.

Además se produjo el redondeo de los precios que llevó al país a convertirse en el más caro de América entre los años 2000 y 2001. En los años siguientes, la estabilidad del dólar y su depreciación frente a otras monedas consiguieron que se abaratasen los productos del país, lo que impulsó las exportaciones, que han llegado hasta los $16 000 millones en el año 2007, ayudadas, claro está, por el encarecimiento excesivo del precio del barril de petróleo y de los productos agrícolas.

En cambio, según el Banco Central Europeo, la inflación de la zona euro fue apenas del 2,1% entre 1999 y 2007, muy por debajo del 3% registrado entre 1990 y 1998 y del 7,6% en la década de los ochenta. Sin embargo, la percepción del consumidor ha sido de encarecimiento del coste de vida.

Lo negativo del euro ha sido su sobreprecio frente al dólar que pasó de un mínimo de $ 0,823 en octubre de 2000 a un máximo del $ 1,60 por euro en abril de 2008. En estos días se sitúa en $ 1,38 por euro. Este encarecimiento ha perjudicado las exportaciones de toda la zona euro hacia países terceros, coadyuvada por la depreciación del dólar. Así, el caso español registra un déficit por cuenta corriente acumulado de 89,749 billones de euros hasta 2007, no obstante que el 70% de sus exportaciones se dirige a los países de la zona. Esta corriente de exportaciones hacia sus socios europeos ha amortiguado en algo su saldo negativo.

Hora GMT: 04/Febrero/2009 – 05:10

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La fortaleza de una unión atacada

Es fácil comprender por qué se habla cada vez más de que la moneda única europea está dividida por la crisis económica. La política monetaria de la zona euro es relativamente rígida. Lo mismo se puede decir de la política presupuestaria alemana, la economía de mayor tamaño y la más fuerte. Como consecuencia de ello, el euro se ha mantenido relativamente fuerte. Y no es de extrañar que las economías más débiles de la zona euro -España, Irlanda, Italia, Portugal y Grecia- se estén resintiendo. En España, el desempleo alcanza ya el 13,9% de la población activa.

Ojalá pudieran volver a la peseta, la libra irlandesa, la lira, el escudo y el dracma, podría pensarse. En los “buenos” tiempos pasados, cuando estas economías tenían dificultades, dejaban que su moneda se devaluase, dando a su industria nacional espacio para respirar. No estaban ceñidos a una política monetaria que es igual para todos, pero que parece más adaptada a las necesidades de Alemania.

Esa idea es seductora pero falaz. Las economías débiles de la zona euro están ahogadas en deudas. En el caso de Italia y en el de Grecia, la deuda estatal ronda el 100% del PIB. En España e Irlanda, que tenían una liquidez basada en la fiebre compradora inmobiliaria, el que debe es el sector privado. Y, por supuesto, está la deuda de los bancos.

La mayor parte de estas deudas está adquirida en euros, no en pesetas ni en libras irlandesas. Si un país abandonase la moneda única, el valor de su nueva divisa caería, quizá, en torno a un 30% o un 50%. Aunque eso supondría un indudable estímulo para los exportadores en un primer momento, el valor de sus deudas una vez trasladadas a la nueva moneda devaluada se dispararía. Los gobiernos, los prestatarios del sector privado y los bancos se verían prácticamente incapaces de pagar las deudas adquiridas en la “moneda fuerte”. El resultado final sería probablemente la quiebra de todos los agentes, un destino mucho peor que la crisis actual.

Los políticos pueden, desde luego, equivocarse. Pero salirse del euro sería un error tan garrafal que seguramente hasta los populistas lo evitarán. -

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La excepción británica se acaba

El Reino Unido asiste atónito al desplome de su economía, su sistema financiero y su moneda

“En estos momentos no se me ocurre una política más popular que fusilar a los banqueros y nacionalizar los bancos. Puede incluso permitirle a Brown ganar unas elecciones. Bien pensado, hasta podría sacarnos a todos de este follón”. El autor de este comentario no es un frívolo columnista de poca monta o un militante de la izquierda radical. Es Philip Stephens, uno de los analistas políticos más prestigiosos -y moderados- del Financial Times. Consumado blairista en tiempos de Tony Blair, firme defensor del vínculo transatlántico, la confianza de Stephens en el libre mercado está fuera de toda duda.

El país está en recesión tras dos caídas trimestrales del PIB

En noviembre había ya más de 1,92 millones de desempleados

La crisis pone en cuestión la supervivencia de la libra esterlina

Los ahorradores extranjeros se marchan rápidamente

Su comentario es una caricatura, pero es también una manera de hacerse eco de un estado de ánimo que va ganando terreno entre los británicos a medida que esta crisis se extiende en el tiempo y en el espacio y se va pareciendo cada vez más a una gran depresión. Los británicos están atónitos. No tanto porque el país esté desde el viernes pasado oficialmente en recesión -como tantos otros- sino porque en poco más de un año el Reino Unido ha pasado de ser una economía moderna en permanente crecimiento, ejemplo reformista de mercados abiertos basados en los servicios y muy en particular los servicios financieros e inmobiliarios, a convertirse en el peor alumno de Europa, con gran parte del sistema bancario intervenido por el Estado para evitar su desaparición, la libra esterlina, último reducto de orgullo y de independencia del Imperio Británico, malherida y quién sabe si a punto de pedir ayuda al mismísimo diablo en forma de integración en el euro, y con cada vez más voces preguntándose si el Gobierno británico tendrá que acabar sometiéndose a la humillación de pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), como ocurrió en los años setenta.

El último en comentarlo, aunque es parte interesada, ha sido David Cameron, líder de la oposición. El primer ministro, Gordon Brown, le ha contestado con desdén: “Eso es ridículo”. Brown también ha menospreciado al financiero americano Jim Rogers, que ha dicho que no piensa volver a invertir en el Reino Unido. “Si cree que voy a construir mis políticas a partir de lo que digan un puñado de especuladores, está muy equivocado”, dijo el viernes Brown en una entrevista en BBC Radio 4.

El excéntrico Rogers, fundador con George Soros del mítico Quantum Fund, vive en Singapur porque cree que el futuro está en Asia y opina que el Reino Unido “ya no tiene nada que vender”. “Tenía petróleo, pero se está acabando. Y no le queda nada que vender. La City de Londres era un desastre y ahí han empezado muchos de los problemas. Siento mucho decirlo pero no voy a poner dinero en el Reino Unido. He vendido todas mis libras”, ha dicho.

Desde el viernes, el Reino Unido está en recesión: el PIB, que había caído un 0,6% en el tercer trimestre de 2008, cayó el 1,5% en el cuarto trimestre del año, según los datos de la Oficina Nacional de Estadística. Una caída tres décimas superior a lo que vaticinaba la City. Según el Instituto Nacional de Investigación Económica y Social (NIESR en sus siglas en inglés), la economía británica está de hecho en recesión desde mayo pasado, aunque el buen comportamiento de los cuatro primeros meses del año pasado le permitirán cerrar 2008 con un crecimiento en torno al 0,7%.

Pero las cosas serán mucho peores este año. Las previsiones oficiales del Gobierno, una caída de la economía de entre el 0,75% y el 1,25% en 2009, serán revisadas a peor en los próximos presupuestos, en marzo. Esta semana, la Comisión Europea pronosticó una caída del 2,8% del PIB británico, el peor dato de la Unión Europea con la poco honrosa salvedad de las minúsculas economías de Irlanda y las tres repúblicas bálticas. Las previsiones de The Economist Intelligence Unit, publicadas el viernes, son aún más pesimistas: una caída del PIB del 3,2% este año y del 1,1% en 2010, en contra de la opinión de Bruselas de que el Reino Unido cerrará 2010 con un modesto crecimiento del 0,2%.

Como en toda crisis de este calibre, el paro ha aumentado y también esta semana se ha sabido que en noviembre había ya más de 1,92 millones de desempleados. Pero más allá de las tragedias del desempleo o de la frialdad de las cifras del PIB, esta crisis se está convirtiendo en un psicodrama para los británicos porque está cuestionando su sistema bancario, el futuro de su industria financiera e incluso la supervivencia de la libra esterlina. Algunos expertos han llegado a comparar estos problemas con los que llevaron al colapso a la banca de Islandia.

Primero fue el pequeño y provinciano Northern Rock. Luego el Gobierno tuvo que forzar la absorción de HBOS por Lloyds TSB. En octubre tuvo que entrar a saco en el capital del Royal Bank of Scotland (RBS) y del Lloyds/HBOS para evitar una debacle. Esta semana ha sido un calvario bursátil para Barclays, RBS y Lloyds Banking Group (la entidad surgida de aquella fusión inducida).

En octubre pasado, el primer ministro Brown enderezó su malbaratado prestigio político con un plan de rescate de la City que evitó el colapso del Royal Bank of Scotland -tercer banco del país, tras

HSBC y Barclays- y de la otra gran entidad escocesa, el HBOS (Halifax Bank of Scotland), que ya se estaba integrando en Lloyds debido a sus dificultades para digerir la crisis crediticia.

En aquel plan, el Gobierno puso sobre la mesa 400.000 millones de libras (550.000 millones de euros al cambio de entonces, 425.000 al de esta semana) de los que 50.000 se destinaron a reforzar el capital de los bancos con más problemas, 100.000 a doblar el fondo creado meses antes para que los bancos pudieran canjear activos sanos por bonos del Estado para conseguir liquidez y se pusieron al menos 250.000 millones de libras en avales para la banca.

Aquel plan se exportó al resto de Europa y a Estados Unidos como modelo a seguir. Pero no ha solucionado ninguno de los problemas de fondo de la banca británica: los bancos siguen sin prestarse dinero unos a otros y empresas y consumidores apenas tienen acceso a préstamos a pesar de que los tipos de interés han caído en picado: estaban al 5,75% en julio de 2007, al 4,5% en octubre de 2008 y al 1,5% desde el 8 de enero, el tipo más bajo en toda la historia del Banco de Inglaterra.

Brown y su ministro del Tesoro y canciller del Exchequer, Alistair Darling, presentaron el pasado lunes un segundo plan de rescate. Pero su impacto ha sido prácticamente nulo en el mercado, que ha seguido castigando a los bancos en la Bolsa, y también entre la opinión pública, que no ha sabido encontrar un mensaje claro. Quizá porque se trata de un plan más confuso y sin cifras. Y, sobre todo, porque la reacción del mercado da a entender que quizás ni siquiera el Gobierno está en condiciones de garantizar el futuro de la banca británica. “En el Reino Unido no hay ningún banco solvente. Y, si lo hay, yo no lo conozco”, ha dicho también Rogers.

No muchos suscribirían esas palabras en el Reino Unido, pero la realidad es que el Estado posee ya el 70% del tercer banco del país, RBS, y casi la mitad del cuarto, Lloyds. Y esta semana se han podido leer editoriales en diarios tan conservadores como The Times pidiendo la nacionalización completa del RBS.

La crisis del sistema bancario ha ido acompañada del hundimiento de la libra esterlina, que cotizaba a dos dólares hace un año y el viernes se pagaba a 1,350 dólares, el cambio más bajo en casi un cuarto de siglo. La libra se ha pagado durante años a 1,5 euros y en estos momentos está al borde de la paridad con la divisa europea. Su debilidad es consecuencia de diversos factores combinados: los tipos de interés están por los suelos y se espera que bajen aún más, el mercado inmobiliario sigue en crisis, el déficit por cuenta corriente está por las nubes, las perspectivas económicas son muy malas, se han disparado los números rojos en las cuentas públicas y las turbulencias bancarias de los últimos días han acabado por debilitar a la divisa.

Todo esto ocurre en un país que presumía de vivir de su industria financiera y se reía de la trasnochada economía industrial de países como Alemania. Los británicos empiezan a darse cuenta ahora de que apostar de manera exagerada por la industria financiera es una debilidad semejante a la dependencia que la economía española ha tenido respecto al sector de la construcción.

Los ahorradores extranjeros se están marchando con rapidez del Reino Unido y, según el Bank of New York Mellon, sólo en septiembre y octubre del año pasado fueron retirados más de 100.000 millones de libras, tres cuartas partes del dinero que había entrado en los últimos cuatro años.

Willem H. Buiter, profesor de Economía Política Europea de la London School of Economics, hace ya meses que ha comparado la situación que vive el Reino Unido con la crisis bancaria que padeció Islandia: dos países excesivamente dependientes de su sistema financiero y respaldados por una moneda débil a nivel mundial, que al igual que el franco suizo o el yen han perdido cualquier opción a ser una moneda de reserva tras la aparición del euro.

Buiter y una treintena de autores defienden el ingreso de la libra en el euro en una recopilación de ensayos publicados hace unos días bajo el título común de “Diez años del euro: nuevas perspectivas para Gran Bretaña”. Muchos de los autores concluyen que quizás la libra no necesitaba del euro hace 10 años pero que todo ha cambiado con la crisis y vale la pena reabrir el debate político sobre el ingreso.

En opinión de Buiter, el Reino Unido se enfrenta al peligro de tres crisis financieras al mismo tiempo: la de los bancos, la de la libra y la de la deuda soberana. “Sólo hay tres formas de manejar ese problema”, asegura. “La primera es reducir el nivel de las actividades financieras internacionales de la City, incluso más de lo que se reducirían si la libra ingresara en el euro, para suavizar el excesivo peso de las finanzas en la economía británica. La segunda es convertirse en el 51º Estado de Estados Unidos. La tercera es adoptar el euro. Sólo la tercera es razonablemente posible”, argumenta.

“Al no pertenecer a la zona euro, el Reino Unido es más vulnerable a la triple crisis financiera porque pertenece a un grupo de países caracterizados por un cuarteto de inconsistencias: un país pequeño con un sector bancario muy expuesto al exterior, con una moneda que no es divisa de reserva y con una capacidad fiscal limitada en comparación con la posible insolvencia de su sector bancario”, explica. Hay tres países que comparten esa definición: Islandia, cuyo sector bancario era 9 veces mayor que su PIB, Suiza (6 veces) y el Reino Unido (4,5 veces).

Según Will Hutton, vicepresidente ejecutivo de The Work Foundation y ex director del dominical londinense de centro izquierda The Observer, si la crisis del Reino Unido se acentúa, el Gobierno deberá elegir entre estas tres opciones: recurrir al Banco de Inglaterra para imprimir dinero como tuvieron que hacer en su día los países de América Latina, lo que dispararía la inflación y empobrecería a la clase media; pedir un macropréstamo del FMI, la UE y Estados Unidos, lo que sería “un suicidio político”, o, “la última y más digerible solución, ingresar en el euro para evitar la bancarrota nacional”.

“Entrar en el euro no tiene por qué hacerte más solvente, pero los inversores afrontan un riesgo muy diferente, y eso es algo crucial”, opina en su ensayo el alemán Wolfgang Münchau, uno de los miembros fundadores de Financial Times Deutschland. Münchau cree que el Reino Unido podría seguir fuera del euro si las cosas no hubieran cambiado pero que, en el escenario que se avecina en los próximos 10 años, “una política monetaria independiente

[el argumento principal de quienes defienden que la libra siga fuera del euro] puede acabar siendo lo contrario de una ventaja”. “Ingresar en el euro puede significar un marco económico mucho más estable”, asegura. Pero eso es algo que no ha dicho en público ningún parlamentario británico desde hace años. -

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La recesión acosa al euro

La degradación de la deuda de tres estados amenaza la cohesión monetaria | La crisis en Portugal, Italia, Grecia, España e Irlanda resucita la polémica imagen de los ‘pigs’ de Europa | La falta de regulador y de un órgano capaz de intervenir en un país de la UE en crisis vuelve a escena

J. Ramón González Cabezas | Barcelona | 25/01/2009 | Actualizada a las 03:31h | Economía

Diez años después del nacimiento de la moneda única europea, la zona euro se enfrenta a su primera recesión sin siquiera haber logrado cohesionar a los 27 estados de la UE. Con la recesión regresan también las especulaciones y temores sobre la inviabilidad del proyecto y el riesgo de implosión de la Unión Económica y Monetaria bajo la acumulación de los déficits y la explosión de la deuda de los estados. El propio patrón del BCE, Jean-Claude Trichet, se ha visto obligado a calificar esta semana de “infundada” la hipótesis de una crisis de hondo calibre, reiterando por enésima vez que los gobiernos deben ajustarse al pacto de estabilidad y no dejarse arrastrar por el gasto público o el endeudamiento irracional.

La degradación del rating de la deuda de tres estados miembros (Grecia, España y Portugal) en sólo una semana, coincidiendo con el deterioro del escenario económico del 2009 previsto por Bruselas, evoca el áspero augurio lanzado en vísperas del septiembre negro por Financial Times, bajo el acrónimo PIGS (cerdos), para anticipar una recesión profunda en Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España por la losa del déficit por cuenta corriente y las dificultades de financiación. “Hace ocho años, los cerdos llegaron realmente a volar. Sus economías se dispararon después de unirse a la eurozona (…) Ahora los cerdos están cayendo de nuevo a tierra”, escribió FT para escándalo de los países mencionados. Cabe decir que entre entonces y hoy la banca británica ha sido prácticamente nacionalizada y el Gobierno ha endeudado al país sine die para salvar su sistema financiero.

“Es muy inquietante ver cómo ciertos países europeos deben pagar mucho más que nosotros por sus préstamos” , dijo el propio ministro de Economía de Alemania, Michael Glos, ante la brecha que crece entre el bono alemán y los de otros socios europeos como España, que deberá pagar 170 millones más por la rebaja de la calificación de solvencia de la deuda. Esta disfunción amenaza la cohesión de la zona euro, donde la CE vaticina para este año una media de déficit del 4% del PIB y hasta del 4,4% en el 2010, muy por encima del límite máximo del 3%.

Aceptado el carácter excepcional de la situación y la necesidad de relajar la disciplina presupuestaria, el debate cobra cuerpo ante el difícil horizonte de las economías que han crecido a lomos del boom inmobiliario y la deuda, cada cual a su medida. Es el caso de España, Grecia, Portugal e Irlanda. En lugar del insultante – aunque ingenioso-pigs de la prensa británica, Le Monde los presenta como las nuevas ovejas negras de la familia europea que amenazan con debilitar la moneda común.

“El tema candente del momento en los mercados es una ruptura de la Unión Económica y Monetaria, unos temores similares a los que se propagaron en los mercados en el 2003 y el 2004″, dice Aurelio Maccario, economista de Unicredit, en alusión al supuesto de que alguno de los países más endeudados se viera tentado a salir de la eurozona para devaluar la moneda, imprimir billetes y zafarse del diktat de Maastricht. “En algunos mentideros de España ya se habla de si tal vez no sería mejor estar fuera del euro”, apunta el economista Robert Tornabell, que juzga tal idea un disparate. “Diez años atrás, todos los premios Nobel estadounidenses decían que el euro era inviable, pero de no ser por él hoy estaríamos en el infierno”, añade.

Algunos medios insinúan que, en el extremo opuesto de la cuerda del euro, los países virtuosos – Alemania-podrían tener razones para dar también el portazo al euro y no tener que financiar más a las economías débiles”. “Es muy improbable cualquier escisión, ya que los costes de salir de la eurozona serían casi insoportables con respecto a las pocas ventajas”, afirma Aurelio Maccario.

En un clima de inquietud y perplejidad ante la dureza de los pronósticos, la ineficacia de los programas de rescate financiero y la tardanza de resultados en los planes de reactivación, los ministros de Finanzas de la zona euro suscribieron el martes una sintomática promesa de “volver a la senda de la consolidación de las finanzas públicas (…) en cuanto sea posible”. No será tarea fácil para las economías más sacudidas por el paro y amenazadas por una recesión duradera como la española.

La falta de regulador europeo y de un órgano capaz de intervenir en un país en crisis agita la escena. Sin embargo, Trichet ha recordado que el tratado de Maastricht incluye la facultad del BCE de supervisar los bancos de la zona euro. “Él ya está dispuesto, pero los principales bancos centrales – entre ellos Alemania-se oponen porque no están dispuestos a ceder soberanía”, explica Tornabell. “Casi 45 grupos transfronterizos controlan casi el 70% de los activos bancarios – añade-y no sería tan difícil la supervisión”.

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El euro y la inflación europea se despeñan por el frenazo económico

Uno no da un paso hacia la recesión: la descubre de repente. Al menos eso decía Alan Greenspan, ex presidente del banco central de EE UU y gran ídolo caído de esta crisis. Tras los embates de las turbulencias financieras, la recesión ha llegado de sopetón, y sus síntomas son cada vez más evidentes a ambos lados del Atlántico. Pero las respuestas son desiguales: con los tipos de interés en torno al 0% y el presidente electo Barack Obama ultimando un nuevo plan de estímulo de más de medio billón de euros, EE UU prepara la salida de la crisis más dura desde la Gran Depresión. Las reacciones en Europa son más tímidas. Los tipos están mucho más altos, en el 2,5%, y los planes de estímulo son menos deslumbrantes. La recesión puede ser más duradera. El euro y la inflación reflejan esa debilidad.

* Los precios suben menos en España que en la zona euro por primera vez en ocho años
* EE UU mantendrá los tipos en el 0% hasta 2010
* Trichet descarta la posibilidad de deflación en la zona euro

Los mercados creen que la recesión en la UE puede ser más severa que en EE UU

Las Bolsas europeas han avanzado en todas las sesiones desde el 1 de enero

Todos los datos apuntan en la misma dirección: hacia abajo. El euro tocó techo el pasado julio, sobre el listón de los 1,60 dólares por unidad. Por entonces la crisis financiera se ensañaba con los bancos norteamericanos, y Europa parecía algo más inmune. Eso ha cambiado radicalmente. Un número cada vez mayor de inversores cree que la recesión de la zona euro va a ser más severa que la de EE UU, lo que acabará forzando al Banco Central Europeo (BCE) a intensificar la bajada de tipos. El euro empezó el año en el umbral de los 1,40 dólares por unidad, y ayer llegó a caer hasta los 1,33, pese a que repuntó al final de la sesión. En sólo dos días ha cedido el 4,1%, la mayor pérdida en dos sesiones desde su debut, allá por 1999.

El dólar ha tomado la senda contraria y se revaloriza con respecto al euro -los analistas esperan que la moneda única caiga por debajo de los 1,30 dólares en las próximas semanas-, pero también respecto al yen japonés o al franco suizo. El plan de estímulo que prepara Obama tiene la culpa. Y en el cambio con el euro, también los datos económicos europeos, cada vez son más sombríos.

La inflación de la eurozona cerró diciembre en sus niveles mínimos de los dos últimos años, en el 1,6%. La subida de precios se sitúa ahora claramente por debajo del objetivo tantas veces declarado por el BCE, del 2%. “Cada vez que aparecen presiones inflacionistas, el BCE sube los tipos sin demora; ahora que hay riesgos de deflación y que las diferencias de tipos con EE UU son tan importantes, el recorte debería estar cantado”, sostiene José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney.

La ortodoxia del BCE es de sobra conocida. “El problema es que en los últimos meses esa ortodoxia va en contra de las necesidades de la economía europea”, sostiene Díez. El consumo se hunde en los grandes países de la UE -con la excepción de Francia-, y de ahí el brusco frenazo de la inflación. Si el consumo privado no tira de la economía, la única solución es vender fuera. Y la depreciación del euro favorece las exportaciones. Pero si el BCE no baja los tipos, el euro se dará la vuelta y volverá a subir, según los expertos, y eso lastraría aún más la situación económica en Europa.

Con ese horizonte de amenazas, las presiones arrecian sobre el Consejo del BCE -que se reúne el 15 de enero-, y los expertos especulan con recortes de tipos de 0,50 puntos e incluso superiores. El propio BCE no deja de dar señales en esa dirección. El vicepresidente Lucas Papademos aseguró el domingo que el banco central hará “todo lo necesario” para atajar el riesgo de deflación. Vitor Constancio, consejero del eurobanco, fue ayer aún más explícito: “Cualquier riesgo de que la inflación se consolide muy por debajo del nivel del 2% debería contrarrestarse con recortes de tipos”.

Siempre a la espera de esas reducciones y aprovechando las bajas cotizaciones tras un 2008 de pesadilla, las Bolsas inician el año con optimismo, al alza desde el 1 de enero. Los mercados europeos siguieron ayer en ese camino, con subidas en torno al 1%. La española se anotó algo menos, el 0,8%.

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El Nobel Paul Krugman lo tiene claro: el euro podría estar perjudicando a España

El Nobel Paul Krugman lo tiene claro: el euro podría estar perjudicando a España

El periodista y economista estadounidense Paul Krugman, último premio Nobel de Economía, dedica su último post en su blog del diario The New York Times, que titula The pain in Spain (El dolor en España). En él, trata de explicar lo que ocurre en nuestro país justo después de la rebaja de rating, y lo compara con Florida. Y sugiere que quizá el euro no es una buena idea para nuestro país.

El artículo comienza con un juego de palabras: The pain in Spain… isn´t hard to explain (El dolor en España no es difícil de explicar). Krugman asegura que nuestro país era básicamente Florida, una burbuja inmobiliaria inflada por la demanda interna y externa, y esta burbuja ha explotado.

Pero después señala dos problemas que tiene España, que hacen que su caso sea más problemático que el de este estado, dos problemas que tienen que ver con la adopción del euro.

Primero, Europa no tiene un gobierno central, por lo que nuestro país no puede acudir a él y todo el peso de la recesión cae en el presupuesto del Estado: de ahí la rebaja de rating de S&P ayer.

Segundo, Estados Unidos tiene un mercado laboral más o menos integrado, lo que hace que los trabajadores se muevan de las regiones con más problemas a las que tienen menos. Y Europa no tiene esta movilidad ni de lejos, según Krugman.
¿Qué se puede hacer?

Ante esta pregunta, el premio Nobel lo tiene claro: hay que ser más competitivos. Pero ante la imposibilidad de una devaluación, ya que somos parte de la zona euro, la única alternativa es la rebaja de los salarios, algo que es muy difícil de conseguir .

La conclusión de Krugman es clara: contrariamente a lo que se ha dicho, ser parte de la Eurozona no inmuniza frente a la crisis. En el caso de España, como en el de Italia, Irlanda y Grecia, el euro podría estar empeorando las cosas. Sin embargo, la caída de la libra podría estar resultando muy positiva para el Reino Unido.

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