Economías de la Inteligencia

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El S.U.C.R.E.

El Sistema Único de Compensación Regional (S.U.C.R.E.) es la propuesta de los socialistas del siglo XXI para restar la dependencia del dólar.

Según el Presidente, el Sucre funcionaría así: si un importador ecuatoriano compra lubricantes de un exportador venezolano, el exportador recibe el pago del Banco Central de Venezuela en bolívares fuertes. Y si un exportador ecuatoriano de sardinas vende a Venezuela, este exportador recibe el pago “en su moneda nacional”, no en dólares. Al Presidente le faltó explicar que los importadores realizarían sus pagos también en su moneda local, y el banco central de cada país miembro del Sucre registraría acreencias a favor y en contra de cada uno de los otros bancos centrales de los países miembros en sucres. Hasta aquí podemos ver que el Presidente expresa abiertamente el deseo de que Ecuador regrese a una moneda nacional.

Luego de un determinado periodo se compensarían los saldos en sucres, cuyo valor depende de las monedas nacionales de otros países. Por lo tanto, el Sucre sería muy similar a la unidad utilizada entre países miembros del FMI conocida como Derechos Especiales de Giro (DEG). El economista Swaminathan S. Aiyar, del Times of India, explica que el DEG –y, agregaría yo, el Sucre– es una canasta de monedas y no una moneda independiente.

Cuando llegue el momento de que los respectivos bancos se compensen entre ellos los saldos a favor y en contra, van a tener que utilizar las monedas que están dentro de la canasta. Mientras que el deg está compuesto por monedas “duras” es muy probable que el Sucre esté compuesto por monedas que gozan de poca credibilidad y aceptación a nivel mundial. Así que si Venezuela le tiene que compensar a Ecuador $1.000 millones, Ecuador recibirá el equivalente en una mezcla de bolívares fuertes, bolivianos, guaraníes y córdobas que inmediatamente tendrá que intercambiar en el mercado por monedas que sí sean aceptadas en otros países: dólar, euro, libra o yen.

Aiyar explica que como el DEG carece de completa convertibilidad, este es simplemente una línea de crédito y un potencial reclamo sobre las monedas nacionales de otros países. Lo mismo sucedería con el Sucre ya que, según lo que han propuesto Chávez y Cía., solo servirá como un sistema de compensación entre los bancos centrales, quienes al final del día tendrán que recurrir a las monedas de otros países.

Lo que no han dicho los innovadores del siglo XXI es que en los setenta y ochenta Ecuador tuvo convenios de pago con casi todos los países de Latinoamérica e incluso con casi todos los países ex comunistas. Esos convenios no redujeron la dependencia del dólar y desaparecieron poco a poco conforme los ecuatorianos encontraron otras fuentes más favorables de financiamiento.

Volver a los setenta significa devolverle al Banco Central del Ecuador el control sobre el comercio exterior. Cada exportador e importador tendrá que acudir al Central para poder importar y exportar. Con ese poder y bajo el ala del Ejecutivo, el BCE favorecerá a sus amigos y castigará a sus enemigos. Unos tendrán un tipo de cambio favorable para realizar sus importaciones y/o cobrar por sus exportaciones, mientras que otros no.

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Algo hicimos mal

Palabras de Óscar Arias, Presidente de Costa Rica, en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago – 18 de abril del 2009

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.

Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.

También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.
En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.

Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos.

Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo…), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo . Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones” . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “ la verdad es que enriquecerse es glorioso ”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

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El Sucre del ALBA no altera comercio, dicen empresarios

CUMANÁ, Venezuela. En la VII Cumbre del ALBA, el presidente Hugo Chávez se refirió al funcionamiento del nuevo Sucre.

El anuncio del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sobre el funcionamiento del Sistema Unitario de Compensación Regional (Sucre), desde el 1 de enero del 2010, como moneda virtual para el comercio entre los países que integran la Alternativa Bolivariana para los pueblos de América (ALBA), no es relevante para el Comité Empresarial Ecuatoriano, porque el comercio con esa región es marginal.

Como una medida conjunta para enfrentar la crisis internacional, el año pasado Bolivia, Honduras, Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Cuba, integrantes del ALBA, aprobaron la creación de una zona económica y monetaria. Además, el establecimiento de una unidad de cuenta común, el Sucre. El objetivo es utilizarlo en lugar del dólar, con mecanismos de compensación.

“Si conformamos una moneda nuestra, con lo que se llama derechos especiales de giro (…) todo se anota en un sistema. Esa moneda no es física”, explicó el presidente Rafael Correa, en diciembre del año pasado.

El ministro de Política Económica, Diego Borja, que asistió como observador a la cumbre del ALBA en Venezuela, dijo en declaraciones a Ecuavisa que se planea usar el Sucre en operaciones comerciales y que el objetivo es que los países de América Latina puedan comerciar en sus propias monedas.

Aseguró que esto no quiere decir que las monedas de los países van a reemplazarse y que con la firma del acuerdo macro apenas ha iniciado el proceso de creación del Sucre, cuyos detalles aún están por definirse.

Opinan los interesados
Roberto Aspiazu, presidente del Comité Empresarial, minimizó el tema, pues el comercio con los países del ALBA es limitado,  excepto con Venezuela. Según él, en el 2008 las exportaciones ecuatorianas a ese país sumaron alrededor de $ 600 millones.

Con Bolivia el intercambio no superó los $ 40 millones y con Cuba y Nicaragua la actividad comercial es marginal. El flujo con Colombia y Perú alcanza unos $ 2.500 millones.

Aspiazu considera que el anuncio de Chávez responde a una estrategia para confrontar con Estados Unidos, con el fin de que América Latina no sea una zona donde prevalezca el dólar como moneda de intercambio externo.

Roberto Villacreses, investigador del Instituto Ecuatoriano de Economía Política, considera que esta nueva unidad de cuentas podría ser peligroso si funcionaría en forma paralela al dólar.

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Correa alienta que el “sucre” se extienda por toda América Latina

Quito/EFE.- El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, alentó la posibilidad de que el Sistema Único de Compensación Regional de Pagos (“Sucre”), aprobado en la reciente Cumbre del ALBA, en Venezuela, se extienda a toda América Latina. El “Sucre”, dijo Correa en declaraciones reproducidas por el Canal Uno de televisión, “es un sistema multilateral de compensaciones, que ojalá pueda ser generalizado a toda América Latina”.

Correa, que no asistió a la Cumbre de la ALBA, pero que estuvo representado por su canciller, Fander Falconí, recordó que, “de hecho, Brasil y Argentina ya tenían un sistema” similar en el pasado.

El mandatario ecuatoriano, un economista de profesión, ha alentado la idea del sistema de compensación en el entorno de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), como una forma de integración comercial y financiera.

La ALBA está integrada por Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua, Dominica y Honduras, así como Ecuador, Paraguay y San Vicente y Las Granadinas, como observadores.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, anunció el jueves, durante la Cumbre de Cumaná, que el próximo 1 de enero comenzaría a funcionar el “Sucre”, que toma el apellido del héroe de la Independencia, Antonio José de Sucre.

Según Chávez, el “Sucre” será una moneda virtual para el intercambio comercial que se implementará “a lo mejor no solo en los países del ALBA, sino en otras naciones interesadas en este nuevo instrumento, como Ecuador y Paraguay, entre otras”.

“En septiembre debemos estar listos para iniciar algunos proyectos pilotos de intercambio con esa moneda virtual, que luego será compensada con equivalencias”, agregó Chávez.

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¿De dónde viene la inflación latinoamericana?

Juan Carlos Hidalgo es Coordinador de Proyectos para América Latina del Cato Institute.

La inflación nuevamente está causando dolores de cabeza en América Latina. En el 2007, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó en todas menos dos economías latinoamericanas, alcanzando un promedio regional de 8,43 por ciento—casi 2 puntos porcentuales más alto que el año anterior. La inflación no es un fenómeno nuevo en la región, pero a diferencia de otros episodios muy conocidos del pasado, gran parte de los gobiernos latinoamericanos cuentan ahora con una buena disciplina fiscal y altos ingresos tributarios. Entonces, ¿de dónde viene esta vez la inflación?

Muchos analistas y gran parte de los gobiernos de la región afirman que el alto precio del petróleo y de ciertos granos son los responsables de esta alza inflacionaria. Pero si bien los shocks externos repentinos pueden causar un aumento de corto plazo en algunos precios, un aumento general y continuo en el IPC (la definición clásica de la inflación) solamente se da cuando el crecimiento de la oferta de dinero sobrepasa al crecimiento de la producción. Como lo afirmara el Premio Nóbel Milton Friedman, “La inflación siempre es en todas partes un fenómeno monetario”.

En la década de los ochenta y principios de los noventa, la inflación en América Latina era alentada por los severos desequilibrios fiscales de los gobiernos. Cuando el gasto público creció de manera exponencial y los ingresos gubernamentales se estancaron o redujeron, los políticos latinoamericanos recurrieron a los bancos centrales para financiar sus excesos. El resultado fue catastrófico: la hiperinflación devastó economías como las de Argentina, Bolivia, Perú y Nicaragua.

Hoy la situación es muy distinta. Los gobiernos latinoamericanos están disfrutando de una rara bonanza fiscal. Gran parte de los países tienen pequeños déficits presupuestarios o incluso superávits. La deuda externa está bajo control, y las reservas están en constante aumento.

Sin embargo, la bonanza exportadora, y el flujo de los dólares que ésta propicia—junto con la entrada de inversión extranjera directa y de remesas—han tenido una desdichada consecuencia, al menos desde la visión mercantilista que prevalece en la región: Toda moneda latinoamericana con la excepción del peso argentino se apreció en relación al dólar en el 2007, en algunos casos por hasta un cuarto. El peso uruguayo se apreció en un 23,5 por ciento, el real brasileño en un 23 por ciento y el peso colombiano en un 22,1 por ciento. El sol peruano, el guaraní paraguayo y el peso chileno también se apreciaron por más de 10 por ciento el año pasado.

La apreciación de las monedas ha generado descontento entre los exportadores locales quienes se quejan de que sus productos se están volviendo menos competitivos en los mercados internacionales. Los manufactureros latinoamericanos ya están enfrentándose a la fuerte competencia china, y muchos afirman que sus economías están sufriendo de la “enfermedad holandesa”—es decir, los precios altos de las materias primas perjudican al sector manufacturero al aumentar el tipo de cambio, haciendo que las exportaciones se vuelvan más caras.

Esto ha provocado que las autoridades monetarias de la región intervengan continuamente en los mercados de divisas para mantener sus tipos de cambio “competitivos”—es decir, artificialmente bajos. Los bancos centrales de Argentina, Colombia, Perú, Bolivia, Costa Rica y Guatemala, entre otros, han comprado miles de millones de dólares en un esfuerzo por prevenir que sus monedas nacionales se aprecien más. Estos bancos centrales han inflado sus economías con dinero extra, lo que está a su vez ejerciendo presión hacia arriba en los precios.

Las autoridades monetarias de estos países argumentan que han tomado medidas para evitar un alza en la inflación, tales como la esterilización (vender bonos a bancos para absorber el exceso de liquidez) y aumentar las reservas bancarias obligatorias. Sin embargo, las pequeñas economías latinoamericanas pueden utilizar estas herramientas hasta cierto punto. Como lo muestran las cifras, mientras más dólares continuan entrando a la región, más problema tienen los bancos centrales esterilizando y controlando la inflación.

La inflación puede acarrear serios problemas para América Latina. En los países que han perdido la disciplina monetaria, la fiesta inflacionaria puede descarriarse fácilmente, especialmente una vez que el alza en los precios es incorporada en las expectactivas de la gente. Peor aún, los gobiernos en la región están castigando a sus consumidores de dos maneras: erosionando tanto el poder de compra doméstico como el valor externo de sus monedas.
Los gobiernos de América Latina están siguiendo el credo mercantilista que sostiene que las exportaciones son buenas y las importaciones son malas. La inflación resultante es esencialmente un impuesto oculto altamente regresivo que castiga a aquellos que menos tienen.

Por supuesto, no todos los países en la región siguen el mismo modelo. En Chile, el alza en la inflación tiene más que ver con un aumento en el gasto público que con la manipulación de los tipos de cambio. Pero gran parte de los gobiernos latinoamericanos están cayendo en la tentación de intervenir el valor de sus monedas, y por lo tanto exacerban la inflación.Estos gobiernos deberían terminar de disminuir el valor del tipo de cambio de sus monedas y restaurar la estabilidad de precios mediante la estabilidad monetaria. Conforme las monedas locales se aprecian, las importaciones aumentarán la demanda de dólares, lo cual a su vez ejercerá una presión hacia la baja sobre los tipos de cambio. Los gobiernos pueden acelerar este proceso al reducir unilateralmente sus barreras arancelarias a los bienes extranjeros—un escenario en el que nadie pierde.

Los gobiernos de la región deben entender que el libre comercio significa mucho más que solo exportaciones. Los consumidores también se benefician de las importaciones. Y aún todavía más importante, deberían acordarse de las lecciones que aprendieron del mal manejo monetario en el pasado no tan distante.

Este artículo fue publicado originalmente en El Tiempo (Colombia) el 26 de febrero de 2008.

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EL SUCRE


Werner Vásquez Von Schoettler
Columnista
wvasquez@telegrafo.com

 
La
creación de una moneda regional, hoy más que nunca, se evidencia como
una gran necesidad, no solo frente a la crisis económica mundial, sino
como un instrumento que viabilice, agilite una real integración
regional; que haga factible la integración económica de nuestros
países. Esta integración -queda claro- no debe solo pasar por lo
económico-comercial, sino que el núcleo de la misma debe responder al
reclamo histórico de la integración, pues los diversos intentos previos
demostraron ser obsoletos, porque se creyó que integración es igual de
economía y negocios.

La integración exige un proyecto
político-económico. La propuesta de una moneda regional, permitiría, en
varios sentidos, fortalecer la región frente a los avatares del
irracional sistema financiero internacional. El SUCRE debe efectivizar
un Sistema Único de Compensación Regional, inspirado, no cabe duda, en
el Plan Keynes; el SUCRE sería una moneda electrónica (con cierto grado
de equiparación con el dólar) con la cual se podrían realizar
intercambios y transacciones intra-regionales, sin depender rígidamente
de la disponibilidad de dólares, de su depreciación o revaluación o de
líneas de crédito condicionadas. Con este fin, el SUCRE electrónico
permitirá sostener, ahora en la crisis, el comercio entre los países
socios y con la perspectiva de incrementar el intercambio comercial;
como nivelar, en alguna medida, los desequilibrios comerciales. Es
obvio que requerirá de una institución: el Consejo Monetario
Regional/Sudamericano. Así el Sistema de Compensación sería de carácter
mutuo, común a los socios -pero con un mecanismo interno de
estabilización para evitar acumulación de saldos de acreedores y
deudores, que podrían generar posiciones de ventaja-, con lo que de
manera concreta se reduciría la dependencia estructural que tenemos con
el dólar.

Otra de las ventajas está, en términos políticos, en
hacer realidad la construcción de un mercado interno sudamericano,
integrado por cada mercado nacional, acorde a sus desarrollos y
ventajas comparativas, en la perspectiva de desarrollar encadenamientos
productivos regionales. Recordemos que Europa en 1979, conformó la
Unidad de Cuenta del Sistema Monetario Europeo, que fue la base para
que, veinte años más tarde, tengan su moneda regional, el euro, como
expresión de la integración socioeconómica y política. El Sistema
requeriría una canasta de monedas, conformada por las monedas de cada
país; cada moneda expresará el peso relativo de cada economía
internacionalmente. De esta forma se podrían complementar las economías
pero con una visión distinta a la del lucro total.

Enunciados
como el de comercio justo, son viables de esta manera, siempre y cuando
haya un proyecto político continental alternativo. Esta posibilidad de
complementariedad, permitiría cambiar el sentido de las economías de
exportación primaria. El aumento del intercambio puede traer el aumento
de empleo e inversión que requerimos, sin depender (de mantener) altas
reservas de divisas. Así los discursos de la soberanía son viables
económicamente. Sudamérica requiere soberanía monetaria y financiera.
El SUCRE podría ser una alternativa viable y factible para lograrlo.

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China y el dólar americano

Por Carlos Alberto Montaner
China no es otra cosa que una gigantesca fábrica norteamericana situada en la otra orilla del Pacífico.
El juramento de los reyes de Mallorca en la Edad Media incluía un asunto fundamental: los monarcas debían comprometerse a defender el valor de la moneda. 

 

Pueblo viejo y sabio de comerciantes del Mediterráneo. La moneda es un modo insustituible de facilitar los intercambios, un depósito de valor para conservar el capital, y cuando un gobernante irresponsable genera inflación o acuña moneda  empobrece a la población y roba sus ahorros.

La historia viene por un reciente artículo de Zhou Xiaochuan, gobernador del Banco Central de China. 

El angustiado custodio de bonos del tesoro emitidos por Washington, valuados en USD 750 000 millones, pide crear una divisa internacional que sustituya a la moneda estadounidense, pues considera muy riesgoso confiar la solidez de la economía china y del yuan, tras15 años de monstruoso crecimiento, a la posesión de una montaña de papeles que pueden comenzar a perder valor vertiginosamente, si Estados Unidos continúa comportándose como una República bananera, sin frenar sus gastos, emitiendo moneda alegremente y estimulando el crédito, sin un aumento paralelo de la producción y la productividad.

Como reza la irónica frase brasilera, el señor Xiaochuan tiene razón, pero poca, y no le sirve de nada. 

China no es otra cosa que una gigantesca fábrica norteamericana situada en la otra orilla del Pacífico. La rápida creación de unos sectores sociales medios que hoy alcanzan al 25% de la población, el progresivo aumento salarial de sus trabajadores y la transformación de sus ciudades, es la consecuencia de sus vínculos comerciales con el mercado norteamericano.

En suma, Estados Unidos puede vivir sin China, como ocurría 20 años atrás; pero China, para mantener su ritmo de crecimiento y estabilidad interna, no puede vivir sin Estados Unidos. ¿Qué haría China con su modelo de capitalismo salvaje, basado en exportaciones masivas, sin el voraz mercado norteamericano de USD 10 billones anuales?

El comportamiento norteamericano en materia financiera es escandalosamente irresponsable y viola reglas básicas de la economía, pero mientras  sea una democracia estable y predecible donde funcionan las instituciones de derecho y la presión fiscal sea menor que en otras regiones del Primer Mundo; mientras genere el 25% del Producto Bruto mundial, con apenas el 6% de la población; mientras sus redes comerciales y bancarias alcancen al planeta; y mientras sus universidades y centros de investigación continúen modificando la realidad con nuevas invenciones, pueden actuar casi impunemente en la esfera económica internacional, porque no existe opción mejor que el dólar.

¿Qué país emisor de moneda tiene la envidiable potencia económica, política y militar de Estados Unidos?

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El Futuro del Dólar

Por Walter Spurrier Baquerizo  

La fluctuación del dólar remece a la economía mundial. La severidad de esta crisis no tiene precedentes en la posguerra, cuando los vencedores del 45 delinearon el nuevo orden internacional; los perdedores se sumaron.

Con la globalización la industria de los países desarrollados se reubicó en el Asia. China, a diferencia de Japón en los cincuenta, impidió que su superávit comercial aprecie su moneda, lo cual hubiera beneficiado a sus consumidores, reduciéndose el superávit. Para evitar la monetización del excedente, lo invirtió en bonos del Gobierno de los EE.UU. 

En la última década China le ha vendido a EE.UU. con crédito de largo plazo y sin amortización gradual, bienes de consumo por un millón de millones de dólares. Washington y Pekín comparten la responsabilidad por este desequilibrio.

Ante la crisis financiera el presidente Obama recurre a las recetas de Keynes y busca apuntalar la demanda interna, impidiendo que la economía entre en deflación (una perniciosa caída de precios) y se deslice a la depresión. El Federal Reserve emite y compra bonos al Tesoro para que invierta; la economía se inunda de billete verde.

Cuando EE.UU. salga de la crisis habrá el peligro de una fuerte inflación, por el exceso de circulante, con lo cual se depreciaría el dólar. Cuando China y otros acreedores cobren, lo harán en moneda devaluada. Habrían vendido a plazos a una tasa de interés negativa.

Pekín está preocupado. El Presidente del Banco Central de China resucita el planteamiento de Keynes, que se cree una moneda multilateral, cotizada en función del precio de las 10 materias primas más importantes, que desplace al dólar. China considera que los Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI pueden ser tal moneda. 

Se trata de una propuesta de partida, pero no resuelve todos los problemas. No es una moneda física respaldada por la economía del país que la emite. Las economías fuertes seguirán imponiendo sus monedas.

Lo que quiere Pekín es un sistema de pagos en que todos los países tengan similares derechos, diferenciados solo por su importancia económica: hoy  EE.UU. domina más allá de su poderío económico. Es lo que el presidente Correa quiere con la moneda regional.

Una moneda regional solo será posible cuando las economías sudamericanas se integren. Brasil es un líder renuente. La integración requiere que Brasil compre en la región y no lo hace. No puede haber integración cuando la economía más grande tiene un enorme superávit comercial, que utiliza para comprar bienes de fuera de la región.

La declaración del presidente Correa, que se reemplazará al dólar con una moneda regional, sonó a muchos que es un proceso en marcha. Pero equivale a decir que no hay perspectivas de desdolarización en un horizonte previsible.

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EE.UU. dice no a China sobre moneda única

 

Washington. DPA

El  secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, se mostró ayer abierto a la posibilidad de aumentar el peso de las reservas de divisas del Fondo Monetario Internacional (FMI). 

En cambio, insistió en que el dólar seguirá siendo “la divisa dominante” en el mundo.

Geithner respondió así a la propuesta del Gobernador del Banco Popular de China. Este  propuso un “incremento gradual” de los Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI para salvaguardar el sistema de las fluctuaciones producidas durante las  crisis económicas.

Geithner sostuvo que Estados Unidos está abierto a aumentar el DEG. La cotización del dólar respondió cayendo un 0,7% respecto al euro, pero se recuperó después de que el funcionario aclarara 30 minutos más tarde en la misma conferencia:  “Creo que el dólar sigue siendo la moneda de reserva dominante en el mundo. Y creo que seguirá siéndolo por un largo periodo”.

Geithner agregó que Estados Unidos hará todo lo necesario para fortalecer la confianza en los mercados financieros y la economía, lo cual apuntalará el dólar. También descartó una “unión monetaria global”.

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Obama defendió el dólar ante propuesta de nueva moneda de reserva

07:30 | El presidente estadounidense dijo en conferencia de prensa en la Casa Blanca que “el dólar es extraordinariamente fuerte en este momento” y aunque Estados Unidos atraviese un periodo malo, disfruta de “una gran confianza” de parte de los inversores. Así dio por tierra con el llamado de China a adoptar una nueva moneda de reserva internacional para reemplazar al dólar, estabilizar el clima monetario mundial y proteger sus gigantescas reservas cambiarias.

Washington, AFP

El presidente estadounidense Barack Obama defendió el martes el uso del dólar como moneda de reserva internacional, rechazando la propuesta china de crear una nueva unidad.

Obama dijo en conferencia de prensa en la Casa Blanca que “ el dólar es extraordinariamente fuerte en este momento ” y aunque Estados Unidos atraviese un periodo malo, disfruta de “ una gran confianza ” de parte de los inversores.

Así dio por tierra con el llamado de China el martes a adoptar una nueva moneda de reserva internacional para reemplazar al dólar, estabilizar el clima monetario mundial y proteger sus gigantescas reservas cambiarias.

El gobernador del Banco del Pueblo de China (central) , Zhu Xiaochuan, anunció que quiere reemplazar al dólar, designado como moneda de reserva tras la Segunda Guerra Mundial, con un estándar diferente bajo supervisión del Fondo Monetario Internacional (FMI) .

China, el principal tenedor de bonos del Tesoro estadounidense con 739.600 millones de dólares en enero, según cifras estadounidenses, ha expresado este mes su inquietud por su inversión en momentos en que la principal economía mundial se enfrenta a una profunda recesión.

“El estallido de la crisis y su contagio a todo el mundo reflejó las vulnerabilidades inherentes y los riesgos sistémicos en el sistema monetario internacional existente ” , escribió Zhu en un ensayo publicado el lunes en la página del banco en internet.

Los comentarios de Zhu tienen lugar antes de la cumbre del G20 el 2 de abril en Londres, donde líderes mundiales y organizaciones internacionales, incluido el FMI, discutirán la reforma del sistema financiero mundial.

Zhu sugirió que los Derechos Especiales de Emisión del FMI, o SDR, podrían servir como moneda de reserva ya que no serían influidos fácilmente por las políticas de países individuales.

Rusia también ha propuesto que la cumbre cree una moneda supranacional de reserva. El FMI creó los SDR como un activo de reserva internacional en 1969, pero sólo son usados por gobiernos e instituciones internacionales.

“La reforma debe ser guiada por una gran visión y comenzar con medidas específicas ” , escribió Zhu. “ Debe ser un proceso gradual que rinda resultados ganadores para todos ” , añadió.

No obstante, es improbable que la propuesta de China conduzca a algo concreto porque los SDR no son un sistema monetario apoyado por un gobierno, indicó el economista independiente Andy Xie, basado en Shanghai.

Xie dijo que la propuesta es probablemente una protesta contra el plan de Washington para comprar un billón de dólares de su propia deuda, que diluye el valor de las reservas en dólares de China y despierta el temor a la inflación.

“Es una situación triste: China es el banquero de Estados Unidos. Estados Unidos le debe tanto a China, pero no le teme a China ” , dijo. “ China está de rehén de Estados Unidos. No es al revés ” , estimó.

Como la principal moneda de reserva mundial, el dólar estadounidense representa la mayor parte de las reservas en divisas de los gobiernos extranjeros y es utilizado para fijar los precios internacionales del petróleo, el oro y otras monedas.

Como emisor de la moneda de reserva, Estados Unidos paga menos por productos y pide prestado con más facilidad.

El dólar estadounidense reemplazó a la libra esterlina como la primer moneda de reserva tras la Segunda Guerra Mundial, cuando Gran Bretaña luchaba con el costo de pelear dos guerras mundiales.

China posee reservas cambiarias por 1,95 billones de dólares, las mayores del mundo, lo cual le torna extremadamente vulnerable a las oscilaciones en el valor de la moneda.

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