Economías de la Inteligencia

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Las escuelas de negocios, contra las cuerdas

Paz Álvarez – 04/04/2009

Tener un máster en Administración y Dirección de Empresas, un MBA, siempre ha sido un pasaporte para ascender en el escalafón directivo o conseguir un buen puesto, y si encima iba firmado por una prestigiosa escuela de negocios, el pedigrí del candidato se elevaba inmediatamente. Las empresas han confiado ciegamente en las escuelas de negocios, hasta el punto de dar por buena toda la formación que imparten, sin cuestionarse nada más. Parte del crecimiento empresarial de los últimos años se debe, según los analistas, al apetito voraz de esta nueva clase ejecutiva que estaba dispuesta a comerse el mundo.

Pero algo ha fallado. Los cimientos se han tambaleado y a muchos tanto apetito voraz se les está indigestando. La crisis económica, acuciada por la caída de las empresas financieras, está poniendo en entredicho la formación recibida por los gestores. Y ahí es donde las escuelas de negocios han de asumir una parte de responsabilidad. ‘En efecto, no podemos echar la vista a un lado ni presumir de que todos los directivos han salido de nuestras escuelas cuando todo va bien, y cuando hay un fallo sistemático del sector financiero no podemos decir que no fue culpa nuestra’, afirma el español Ángel Cabrera, presidente de la escuela de negocios estadounidense Thunderbird, con sede en Arizona, quien cree que este tipo de instituciones no pueden mirar hacia otro lado. ‘Algunos pueden decir que no estamos para enseñar valores, sino teorías, pero todas las teorías están cargadas de valores y en muchos casos no son correctas’.

Lo cierto, prosigue Cabrera, es que el currículo de las escuelas de negocios ha estado ‘dominado por una visión economicista simplista para hacer modelos matemáticos con consecuencia en los valores’. Cita como ejemplo la teoría de la agencia, por la que se rige uno de los más antiguos y comunes modos de interacción social que se conocen. Una relación de agencia surge cuando una o más personas (el principal) encarga a otra persona (el agente) realizar un determinado cometido en su nombre. ‘Esta teoría asume que el directivo es egoísta y oportunista, y presupone que hará lo posible por beneficiarse, ya que se conjugan los intereses del ejecutivo con los del accionista’. Esto es, el ejecutivo actúa como agente de los propietarios y, por tanto, su objetivo es maximizar los beneficios de los accionistas.

Otro ejemplo que aporta Cabrera tiene que ver con el modelo de Michael Porter sobre las cinco fuerzas que influyen en la estrategia competitiva de una compañía y determinan las consecuencias de su rentabilidad a largo plazo. ‘Cuando escarbas en esta teoría, te dice que extraes valor si compites con tus clientes, si exprimes a tus proveedores. ¿Tienes que explotar a tu clientes?, ¿Google explota a sus clientes? No, crea valor para ellos. Cuando indagas ves que las cinco fuerzas tienen unos valores que no se sostienen’. El objetivo no puede ser únicamente, dice Cabrera, crear valor para el accionista. ‘En España, si se derrumba la banca, ¿quién paga los platos rotos, el accionista o el contribuyente?, ¿y la gente que pierde su empleo?’.

En definitiva, apunta el responsable de Thunderbird, ‘habrá que pensar otra manera de definir la responsabilidad del directivo y no pensar que hay que crear únicamente valor para el accionista’. Porque el ejecutivo ha de entender su función como de servicio público, no tener afán de lucro, afirma Cabrera, que en Thunderbird ha instaurado la costumbre de que todos los graduados realicen un juramento hipocrático. En esta misma línea, el Pacto Global de Naciones Unidas ha lanzado unos principios para la educación responsable en gestión, a la que se han sumado 223 instituciones académicas, entre las que se encuentran las principales escuelas de negocios españolas.

También de servicio público habla Jordi Canals, director general del IESE, quien cree que las escuelas de negocios ‘hemos omitido temas importantes porque no hemos hablado suficientemente de crear empresas a largo plazo, de manera que se gestionen sin mirar el precio de la acción ni tampoco de la dimensión del servicio que se presta, ya que no se está en un puesto sólo para ganarse la vida, sino para estar al servicio del proyecto’, dice Canals, quien hace hincapié en la necesidad de integrar la ética y de la responsabilidad en la formación.

Una representación de decanos europeos ha estado estos días en el campus del IE Business School preguntándose qué grado de responsabilidad tienen en toda esta crisis. Y se ha llegado a la conclusión, afirma el decano de la citada institución, Santiago Íñiguez, de que si no admitiéramos esa responsabilidad ’seríamos poco relevantes, pero ha de ser compartida con los propios directivos, con otros stakeholders, con los gurús, con las agencias de rating y con los medios de comunicación’. Y señala que en Europa las escuelas de negocios sí se han centrado en formar teniendo en cuenta a los distintos agentes sociales, ‘mientras que en Estados Unidos ha primado maximizar las ganancias de los accionistas’.

Según Íñiguez, es necesario un cambio de contenido en los programas, reinventando conceptos como el riesgo financiero, ‘además de tener urgencia por construir un sistema financiero que genere confianza y de sentar las bases del nuevo el capitalismo’. Y agrega que los MBA deben volcarse en los conceptos de innovación y en formar a emprendedores. Asegura que la crisis es un buen momento para realizar una cura de humildad en las escuelas de negocios, ‘donde ha habido cierta arrogancia, y ahora tenemos que ligar la investigación y la enseñanza a las necesidades de los líderes’, apunta.

Las escuelas de negocios, según Mauro Guillén, director de Lauder Institute en Wharton, tienen el deber de aportar un diagnóstico y un análisis sobre lo que está pasando, ‘pero no tenemos la máxima responsabilidad’, afirma. ‘¿El comportamiento de Madoff es responsabilidad de las escuelas? Hay muchos individuos que sólo han tenido en cuenta los incentivos y en función de ello han tomado decisiones. No se puede acusar sólo al directivo o a los teóricos que han propuesto que buscar el valor para el accionista es la mejor manera de concebir la empresa, sino también del accionista, que cuando las cosas iban bien nunca dijo nada. Ha habido muchas complicidades’, dice Guillén. Las escuelas de negocios, agrega, deben adaptar sus estudios insistiendo en la formación en gestión de riesgos.

Responsabilidad, pero con matices. Esa es la valoración de Carlos Losada, director general de Esade, quien cree que la formación ética de un individuo depende de la familia, de la escuela, de las amistades y hasta de los medios de comunicación, que crean unos determinados referentes, informa Rosario Correro. ‘Somos sólo corresponsables de la situación, cuando llega un alumno de 28 años a un máster, trae sus propios valores, y no es tan fácil cambiarlos’. El director de Esade considera ridículo que ahora las escuelas se apresuren a poner créditos de ética en sus cursos. ‘Como si la ética se pudiera separar de todo lo demás. Me parece una barbaridad, el peor mensaje que podamos dar. La ética debe estar en tu relación con la competencia, en cómo lanzas un productos, en cualquier decisión que tomas como empresario’. Eso no quiere decir que una escuela no tenga que abordar el tema ‘claro que podemos hacer cosas, pero siendo conscientes de que el comportamiento empresarial está dentro de la sociedad’. Esade intenta desarrollar la conciencia de los alumnos de carrera, ‘a los que tienes más tiempo para formar’, haciendo prácticas en zonas muy pobres de Nicaragua o Bolivia, ‘cuando un ejecutivo pone cara y ojos a la pobreza es más consciente de sus decisiones’.

Los gestores caídos también tenían un máster

Estar en posesión de un máster adorna el currículo de muchos, pero esto no significa que sea un aval de buena gestión. Por ejemplo, Richard Fuld, presidente de Lehman Brothers, anota en su expediente académico un MBA por la Universidad de Nueva York.

Franklin Raines, presidente de la también caída Fannie Mae, estudió en la prestigiosa facultad de Derecho de Harvard, institución que aparece en muchos rankings como la mejor del mundo y que no está adscrita a los principios para la educación responsable en gestión, iniciativa impulsada por Naciones Unidas, aunque sí ha decidido participar en el debate.

También en esta misma escuela estudiaron John Thain, ex responsable ejecutivo de Merrill Lynch, y Christopher Cox, ex presidente de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC). En la Universidad de Georgetown se especializó en leyes el ex presidente de Citi Charles Prince.

En Europa, algunos de los ejecutivos que han llevado al desastre a sus compañías han completado sus estudios y perfeccionado sus conocimientos empresariales en algún campus de élite.

A la escuela de Harvard acudió Andy Hornby, responsable ejecutivo del banco británico HBOS, que tuvo que ser rescatado en una fusión con Lloyds Bank y, más tarde, ambos tuvieron que ser auxiliados por el Gobierno del Reino Unido.

Principios. Formación responsable

1. Desarrollar las capacidades de los alumnos para aportar valor sostenible para los negocios y la sociedad.

2. Se incorporarán a las actividades académicas los valores de la responsabilidad social global.

3. Se creará un marco educativo que favorezca el liderazgo responsable.

4. Se realizará una investigación de concepto para mejorar la creación de valor sostenible social, ambiental y económico.

5. Se interactuará con los gestores de empresas para ampliar el conocimiento de sus desafíos para cumplir con sus responsabilidades sociales.

6. Se apoyará el diálogo y el debate con todos los agentes.

En mi opinión

Ángel Cabrera. Thunderbird. ‘No podemos mirar a otro lado, sobre todo cuando hay un fallo sistemático del sistema financiero’

Jordi Canals. IESE. ‘No hemos hablado suficiente del largo plazo ni de la función de servicio público del directivo’

Mauro Guillén. Lauder Institute (Wharton). ‘¿Es responsabilidad de las escuelas de negocios el comportamiento de Madoff?’

Santiago Íñiguez. IE Business School. ‘Hay que cambiar el contenido en los programas y reinventar el concepto de riesgo financiero’

Carlos Losada. Esade. ‘¿Responsables?, con muchos matices, el comportamiento empresarial está ligado a la sociedad’

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Joseph A. Schumpeter, ‘in memoriam’

FABIAN ESTAPE

Con motivo del centenario del nacimiento de Schumpeter, su introductor en España, Fabián Estapé, hace un recorrido por su biografía y su bibliografía e incita a la lectura del economista para “elevar el nivel de la civilización y de la cultura en esta vieja piel de toro”.

El martes, ocho de febrero, se cumplió el primer centenario del nacimiento de uno de los grandes economistas del Siglo XX: Joseph Alois Schumpeter. Nacido en Moravia en los atardeceres del Imperio Austro-Húngaro, estudió Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de Viena, siendo discípulo predilecto de Eugen von Böhk-Bawerk. Después de un período breve en el que ejerció de ahogado gestor de intereses en El Cairo, se incorporó a la vida académica en la remota Universidad de Cernowitz. Ya desde los comienzos, de su actividad académica, sorprendió a los especialistas, de su tiempo al publicar diversos ensayos de gran profundidad en los campos de la Teoría Económica, la Historia del Pensamiento Económico y la Sociología. Como ejemplo de lo afirmado anteriormente cabe citar su sugestiva. Síntesis de la Ciencia conómica y sus métodos, y también la serie de ensayos biográficos que se editó mucho más tarde bajo el título Diez grandes economistas desde Marx hasta Keynes y todo ello confluiría en su monumental Historia del Análisis Económico que dejó incompleta al fallecer el 8 de enero de 1950 en Taconic, Massachusets (Estados Unidos), siendo precisa la intervención del Premio Nobel de Economía y profesor de la Universida,d de Harvard, Wassily W., Leontief para ofrecer al público especializado un texto que sigue siendo insuperable y que lo será durante mucho tiempo.En otra línea de investigación, debe resaltarse la contribución de Schumpeter a la creación de la Sociedad de Econometría, que aspiraba a reunir trabajos y técnicas que reunieran el análisis económico, las técnicas matemáticas y la estadística; recuérdese, al respecto, su prodigioso ensayo The Common Sense of Econometrics publica do en el primer número de la revista Econmetrics. El mismo Schumpeter, gracias a la versatilidad de su ingenio abrió nuevos caminos centrando su, atención en la evolución y dinámica de los sistemas económicos; en su caso, y ello constituye una indudable rareza, supo combinar los aspectos esenciales de la obra de Karl Marx con los de Leon Walras y su teoría del equilibrio general. Ya en 1912, Joseph A. Schumpeter publicada su Teoría del desarrollo económico acuñando incluso el término que unas décadas después sería de uso común en la cátedra y en la calle.

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Su concepción de la evolución dinámica del capitalismo -resultante de las actividades de los empresarios “innovadores”- le llevaría, en 1939, a publicar su también monumental obra Business Cycles, la única de sus obras capitales que no ha sido vertida al castellano. En. esta. ocasión, al igual que en la relativa a la fecha de publicación de la Teoría del desarrollo económico, la inminencia de las dos grandes guerras mundiales desplazó la atención del público y de los especialistas hacia otros menesteres.

Con todo, ha de recordarse en esta evocación la obra que le dió mayor popularidad, Capitalismo Socialismo y Democracia (1942) vertida entre nosotros, al castellano y al catalán.

La decadencia del capitalismo .

Capitalismo, Socialismo y Democracia comprende cinco ensayos que hincan las fuerzas de un talento privilegiado en la polémica entorno al futuro del capitalismo y que concluyen predicando su inevitable decadencia en favor del sistema socialista -aun cuando el mismo Schumpeter- reconocería en el prólogo a la tercera edición de la obra (1950) que podía existir una pluralidad de economías socialistas y que también el grado de “resistencia” de las distintas economías capitalistas haría más rápido o más lento el proceso de la transición y transformación. La novedad de su enfoque reside, en que J. A. Schumpeter -encuentra la justificación de las predicciones de Marx en Das Kapital en causas radicalmente opuestas: es el éxito del capitalismo y no su fracaso lo que motivaron los grandes cambios sociales.

Schumpeter que tuvo experiencias muy adversas en el mundo de la política (fue ministro de Hacienda en la Austria de la primera posguerra) y de los negocios (presidió un banco -el Biedermann Bank-, que quebró dejando en la pobreza a Schumpeter, quien, excesivamente dado a teorizar, había depositado sus ahorros en su propio banco), lo cual fue beneficioso para la Ciencia Económica ya que le llevó a una actividad febril tanto en la Universidad de Bonn como en la de Harvard, donde dejó una estela de discípulos de la talla de Samuelson y Sweey, sin ir más lejos. Ha de señalarse, y de ello da fe la influencia creciente de las obras de Schumpeter en España, singularmente a partir de 1950 y en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona.

Ha sido una influencia positiva y de signo creciente, lo cual ha beneficiado a promociones de estudiantes y de estudiosos que así han podido liberarse de la influencia acrítica de la obra de J. M. Keynes. Como he señalado en otro lugar (El profesor Schumpeter y el porvenir del capitalismo) la lectura y el estudio de la opera omnia schumpeteriana inducen al enfoque y a la actitud escéptica y crítica.

He dicho, con razón, que Schumpeter se consagró al difícil y lujoso deporte de épater les épateurs des bourgeois, y en un país como el nuestro, tan dado al dogma y al potro de tortura, un aire de sano espíritu auténticamente liberal, puede elevar el nivel de la civilización y de la cultura en esta vieja piel de toro.

Fabián Estapé es catedrático de Política Económica de la Universidad Central de Barcelona.

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