Tratamientos más efectivos, menos dolorosos y que no supongan efectos secundarios para el paciente. Esa es la meta de las investigaciones para aplicar la nanotecnología en la medicina.
Aunque la idea de conseguir fármacos con un grado mínimo de toxicidad y de sepultar en el pasado las cirugías que requieran grandes cortes y sufrimiento para el enfermo pueda resultar todavía lejana, las investigaciones en esta área avanzan.
Por ejemplo, los científicos del Instituto Michigan de Nanotecnología para Medicina y Ciencias Biológicas en la Universidad de Michigan anunciaron recientemente los avances en la creación de una ‘nanovacuna’ contra la hepatitis B.
El nuevo fármaco, que por ahora solo ha sido probado con animales, consiste en una emulsión de aceite, agua y sufarctantes que se coloca en la nariz.
Sus agentes estimulan la inmunidad en forma sostenida, lo cual permite pensar que llegará el momento en que no será necesario recibir esta inmunización a través de una jeringuilla.
Este avance será de gran ayuda en los centros de vacunación de países muy pobres -sobre todo en África- donde a veces resulta imposible almacenar en refrigeración el fármaco.
¿En qué principio se basa este trabajo? De acuerdo con un artículo explicativo de la publicación Nanotechnology Reports, la nanotecnología opera a la misma escala que la biología.
Una molécula de ADN tiene una anchura de unos 2,5 nanómetros (un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro), y una proteína como la hemoglobina tiene un diámetro de unos cinco nanómetros.
Las células humanas son mucho más grandes, miden entre 10 y 20 micras ( una micra equivale a 0,0001 centímetros).
Esto significa que los materiales y dispositivos nanométricos pueden entrar fácilmente en la mayoría de las células, e incluso sin activar ninguna respuesta inmunitaria del organismo.
La esperanza es que las partículas, materiales y dispositivos nanométricos puedan ser diseñados para interaccionar con los materiales biológicos de una manera más directa, eficiente e incluso precisa.
Y debido a su pequeño tamaño, serán capaces de acceder a áreas del cuerpo, tales como el cerebro y células individuales, a las cuales ha sido difícil acceder con las tecnologías actuales.
Por ejemplo, el National Cancer Institute en Estados Unidos dice sobre las promesas de la nanotecnología: “Acceder al interior de las células vivas ofrece la oportunidad de avances sin precedentes en los campos clínicos y de investigación. Poder insertar sondas nanométricas dentro de células individuales avanzará el conocimiento sobre las formas complejas en que la célula opera y permitirá la rápida detección de células aberrantes que dan lugar a la enfermedad”.
En Ecuador, las primeras aplicaciones de la nanotecnología en la Medicina se dan en la exploración de problemas del sistema gastrointestinal.
Un equipo de médicos del Hospital Metropolitano utiliza la denominada cápsula endoscópica, cuyo primer prototipo se presentó en Israel hace 10 años, mide solo 2,6 milímetros de largo. Adentro se aloja una microcámara capaz de tomar 55 000 imágenes del aparato digestivo en un lapso de ocho horas. Esto permite analizar partes del intestino delgado que no son visibles en la endoscopia tradicional ni en la colonoscopia.
Los ‘nanorobots’ serán la gran herramienta del futuro. Tendrán capacidad para reconocer, seleccionar y transportar moléculas importantes dentro del cuerpo humano. En medio de su navegación podrán comunicarse con médicos y pacientes, lo cual facilitará el diagnóstico y tratamiento de enfermedades.
Avances por venir
Entre los recursos que se encuentran en fase de prueba están los sensores que circulan por el torrente sanguíneo para controlar el nivel de colesterol, glucosa y otras hormonas.
También se espera desarrollar nanopartículas que buscan una localización específica en el cuerpo y después liberan la medicina al objetivo preciso.
Otra esperanza son las nanopartículas de plata, que matan bacterias resistentes a los antibióticos.
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