Economías de la Inteligencia

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Universidades en la mira

Por Susana Klinkicht

susanak@hoy.com.ec

El presidente Rafael Correa atacó la semana pasada a las universidades en su propia casa. Invitado a un seminario sobre desarrollo, el mandatario arremetió, como es su costumbre, en términos generales contra todo el sistema universitario. Con esto, está logrando acorralar a un estrato de la sociedad con un gran potencial de protesta. Desprestigió a aquellos que podrían tratar de hacerle calor, luego de que los ha maltratado donde más duele, en el presupuesto. Dijo que el Estado invierte en las universidades $ 400 millones al año, el doble de lo que gasta en la educación primaria, que se considera fundamental para el desarrollo y que, además, llega a muchísimas más personas.

Hay que admitir que Correa tiene razón cuando resalta que, incluso en ciudades como Cuenca, cuyas universidades se jactan de estar entre las primeras en iniciar el proceso de certificación, de 100 bachilleres, 17 se matriculan en una universidad y solamente tres se gradúan. El presidente ha gritado a todos los vientos una vergüenza que se pretendía mantener en secreto, mientras se trataba con medios bastante dudosos de remediarla. Para aumentar la cifra de graduados, hoy hay cursos rápidos, que cuestan dinero adicional, para conseguir el certificado de manera más cómoda. También fue correcta la sentencia de Correa de que este país no tolera la apertura de una sola universidad más, mientras el sistema no haya sido totalmente reformado. Las cifras que presentó -70 universidades, 300 extensiones universitarias, 40 nuevas universidades en carpeta y más de 350 institutos técnicos superiores, para un país de 13 millones de habitantes- no aguantan comparación alguna.

El presidente se pronunció en favor de exámenes de ingreso y explícitamente en contra de confundir la igualdad de oportunidades con dejar entrar sin tamiz a malos bachilleres pobres de colegios también malos en razón de una democracia mal entendida.

Sería injusto decir que no haya planteado soluciones. Habló del mejoramiento de la educación secundaria, la capacitación y evaluación de los profesores, la acreditación de las universidades. También exigió una nueva Ley de Educación Superior que “defina adecuadamente la autonomía universitaria”. Es aquí donde hay que parar las orejas. Si el diagnóstico sirve para una drástica intervención del Estado a través del presupuesto, las reformas podrían ser un pretexto para terminar con las universidades como un lugar en el que se ubican por excelencia la libertad, la reflexión, la crítica y la responsabilidad social. No se trata de producir solo técnicos expertos con capacidades orientadas a demandas coyunturales del mercado laboral. La independencia debe primar sobre las normas. Nada se podría decir, en cambio, contra un sistema de financiamiento para las universidades en el que los fondos asignados aumenten en proporción al número de ciclos que los estudiantes aprueben y al porcentaje de graduaciones. O que esté en relación con los proyectos estratégicos, innovaciones o la investigación que realicen las universidades, lo que debería ser objeto de acuerdos entre cada universidad y el Estado.

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Preocupación por el alto número de mujeres que abandonan la carrera científica

Hay pocas científicas consagradas que sean modelo para las jóvenes investigadoras  |  La etapa de mayor dedicación a la carrera coincide con la maternidad  |  Los privilegios que persisten a favor de los hombres en la sociedad son el gran obstáculo

Una sociedad que desperdicia el 50% de su talento no puede llegar muy lejos. Pero es lo que nos está pasando. Hay muchas jóvenes investigadoras que acaban abandonando la carrera científica”, advierte Joan J. Guinovart, presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España, maestro de científicos -entre sus discípulos destaca el investigador del cáncer Joan Massagué- y padre de una investigadora que lucha contra la malaria.

El problema se inicia en la escuela

Pidan a alumnos de primaria que representen en un dibujo qué es la ciencia y tres de cada cuatro niños dibujarán a científicos hombres y tres de cada cuatro niñas dibujarán a mujeres. Repitan la prueba en secundaria y el número de chicos que representan a los científicos como hombres subirá al 95%. ¿Qué ocurrirá entre las chicas? Que el número de las que dibujan mujeres científicas caerá al 22%. Es el resultado de un estudio que Josep M. Fernández-Novell, de la Universitat de Barcelona, ha realizado en cinco municipios de la provincia de Barcelona. ¿La explicación? Según Fernández-Novell, que en primaria los alumnos se proyectan a sí mismos en el dibujo y en secundaria reflejan estereotipos sociales. “Debemos combatir la imagen machista de la ciencia en la ESO”, concluye el investigador.

El último informe de la Unión Europea sobre igualdad de sexos en ciencia certifica que en España el número de hombres y mujeres que inician la carrera científica es similar: hay un 51% de mujeres y un 49% de hombres entre quienes completan el doctorado. Pero después, a medida que la carrera investigadora avanza, se abre el abismo: entre directores de grupo de investigación, los hombres suben al 82% y las mujeres bajan al 18%. 

El problema no afecta únicamente a España. En el conjunto de la Unión Europea, hay un 46% de mujeres entre quienes completan el doctorado, y un 15%, en la dirección de grupos de investigación. “Si Europa quiere convertirse en una potencia científica de primera magnitud, debe aprovechar mejor a las mujeres investigadoras”, ha advertido Janez Potocnik, comisario europeo de investigación. “Si no creamos un sistema más justo, dejamos fuera un gran capital de talento que no podemos permitirnos perder”. 

Los expertos consultados para este reportaje -tres mujeres y cuatro hombres que dirigen grupos o institutos de investigación- coinciden en cuáles son las causas del problema. La primera es que “la ciencia de alto nivel es una actividad muy exigente, en la que uno compite con investigadores de todo el mundo, y requiere una dedicación espectacular”, explica Lluís Torner, director del Institut de Ciències Fotòniques. Hasta aquí no tendría por qué haber ninguna diferencia entre hombres y mujeres, que están igualmente capacitados para hacer ciencia competitiva. 

Pero a eso se añade que “la etapa en que se decide la carrera científica, la que requiere una mayor dedicación, es entre 30 y 40 años y suele coincidir con la edad de la maternidad”, añade Miguel Beato, director del Centre de Regulació Genòmica (CRG). 

A esta coincidencia, la bióloga Margarita Salas, que tuvo una hija a los 37 años, la llama “un pequeño handicap”. ¿Pequeño? “Sí, porque es cierto que hay un momento en que una mujer científica debe sacrificar un tiempo de su carrera si quiere ser madre, pero esto tiempo no tiene por qué ser excesivamente largo”. 

El gran handicap viene después, cuando la pareja que no tenía hijos debe reorganizar su vida familiar con un bebé. “Está admitido que los hombres podemos llegar tarde a casa si queremos ser competitivos en el trabajo, y en cambio para las mujeres eso no está reconocido, especialmente cuando hay hijos pequeños en casa”, observa Lluís Torner. 

“Este es el principal problema”, coincide Joan J. Guinovart. “No tiene que ver con cómo está organizada la ciencia, sino con la suma de privilegios que se mantienen a favor de los hombres en la sociedad actual”. 

Desde la ciencia se intentan aportar soluciones. Por ejemplo, es habitual que, cuando una investigadora recibe financiación para un proyecto científico y debe presentar resultados unos años más tarde, se le permita una prórroga si ha tenido una baja maternal a lo largo del proyecto. 

En el Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona -el edificio en el que se encuentran el CRG y otros centros de investigación-, Miguel Beato aspira a “montar una guardería para que las investigadoras con hijos pequeños lo tengan más fácil”. 

En el otro extremo de Barcelona, en el Institut de Recerca Biomèdica que dirige Joan J. Guinovart, se contrata a personal adicional para descargar de la parte más rutinaria del trabajo a las directoras de grupos de investigación con hijos. 

“Otra medida que también podría ser útil es ir a buscar a las buenas investigadoras y ofrecerles trabajos atractivos, en lugar de esperar a que se presenten como hacemos ahora. Porque a menudo no se presentan y acaban abandonando la carrera científica”, señala Jaume Bertranpetit, director de la Fundació Icrea. 

Pero las soluciones que se pueden aportar desde la ciencia no bastarán para resolver el problema, ya que las causas principales se derivan de cómo está organizada la sociedad. La investigadora del cáncer María Blasco destaca que “hace falta mucha ayuda doméstica, lo que requiere salarios suficientemente altos para pagarla, pero hay poco o ningún apoyo para que las mujeres puedan dirigir grupos de investigación”. 

Hace falta también un cambio de mentalidad tanto por parte de hombres como de mujeres. De hombres, porque “para dirigir un grupo de investigación es básico tener el apoyo de tu pareja”, destaca la bióloga vegetal María Lois. Llama la atención que las parejas de María Lois y María Blasco son también investigadores que comprenden las exigencias de este tipo de trabajo, como lo era el marido de Margarita Salas. 

Por parte de las mujeres, porque “tal vez tenemos más tendencia a sacrificar nuestra carrera por la de nuestras parejas que al revés”, observa María Lois. Y porque aún hay pocas mujeres en cargos altos de la ciencia que sean modelos para investigadoras más jóvenes. Falta lo que María Blasco llama “el yes, we can de las mujeres científicas”.

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Innovación anticrisis

Siemens cree que la mejor forma de remontar el ciclo es convertir España en referencia mundial de I+D+i

“La innovación forma parte del ADN de Siemens”. La frase es de Francisco Belil, consejero delegado de Siemens España, que cree que la mejor receta para salir de la crisis es precisamente el I+D+i. El máximo responsable de Siemens quiere que se asocie la marca de la centenaria multinacional alemana con la innovación y el avance tecnológico.

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La ‘fábrica digital’ ahorra costes al simular en el PC una instalación

Y lo quiere hacer de la mano de sus clientes. Es decir, proyectos llave en mano y a la medida de cada necesidad, trabajando en conjunción con el cliente.

Tratan de implantar en España el diseño y comercialización de la llamada fábrica digital, tecnología para estudiar el diseño óptimo de una instalación industrial antes de su construcción, lo que implica una importante reducción de costes y una mayor eficiencia, y que ya ha sido aplicada en el aeropuerto de Pekín.

“En estos momentos, algunos clientes han decidido modernizar sus instalaciones y se han puesto en contacto con nosotros. Aprovechando que tienen parada alguna línea de montaje, quieren preparar su fábrica para que cuando la producción remonte sea mucho más eficiente y disponga de la última tecnología. Con nuestras aplicaciones de fábrica digital, podemos planificar el proyecto, calcular los posibles fallos y desviaciones en el ordenador, de forma que la inversión final es mucho más eficiente. De hecho, se pueden conseguir ahorros de costes que rondan el 20%”, indica el consejero delegado de Siemens España.

La firma alemana sostiene que lidera la inversión en I+D+i a escala mundial. Y para ello ofrece una batería de cifras: en 2008 superó los 3.800 millones de euros (equivalentes a 10,4 millones de euros diarios o a 400.000 euros cada hora) en esta materia, con 150 centros tecnológicos distribuidos en 30 países y 32.500 empleados dedicados a I+D+i. “La firma genera más de 5.000 patentes anuales, más de las que hacen muchos países en un año entero, crea 23 patentes diarias y 36 inventos al día”, indica Belil.

Y es que la innovación de la firma germana también tiene su made in Spain. Barcelona y Madrid acogen Centros de Competencia Mundial de la multinacional y más de 300 personas trabajan en I+D+i. “Todas las innovaciones de Siemens en el mundo, se ofrecen en el mercado español”, dice Belil.

Siemens defiende que es la única multinacional del sector sanitario que desarrolla y fabrica equipos en España para exportarlos a todo el mundo, gracias al Centro Tecnológico y de Servicios de Getafe (Madrid).

El centro cuenta con tres líneas de trabajo dedicadas: la fabricación de 1.100 generadores portátiles de rayos X (utilizados durante la catástrofe provocada por el huracán Katrina, por ejemplo); el desarrollo de sistemas de adquisición de imágenes médicas para los equipos de diagnóstico (exportados a China) y el perfeccionamiento de tecnologías de la información y de la comunicación, en proyectos como la informatización de la red hospitalaria de la Comunidad de Madrid y de La Rioja.

“Siemens es la única compañía del mundo que integra soluciones y servicios de diagnóstico por imagen, en el laboratorio (in vitro) y tecnologías de la información orientadas a un cuidado personalizado de la salud”, reseña Belil.

En este aspecto, Siemens colabora con el Hospital Clinic de Barcelona en proyectos para la integración de modelos que combinen la información clínica con la derivada de los sistemas de diagnóstico por la imagen (in vivo) y de laboratorio (in vitro).

Su implantación proporcionará soluciones innovadoras para todos los niveles de la atención sanitaria: prevención, detección precoz, diagnóstico, terapia y cuidado de los pacientes. Las primeras líneas de trabajo a desarrollar son en el ámbito de la medicina fetal, cirrosis y cáncer de colon.

En el campo de la tecnología de diagnóstico por imagen, la compañía acaba de presentar equipos que permiten realizar estudios del corazón en un cuarto de segundo y con una importante reducción de los niveles de radiación.

Por otro lado, Siemens desarrolla una importante labor en el campo de la miniaturización tecnológica, como demuestra el lanzamiento del P-10, el primer ecógrafo de bolsillo, que permite obtener el diagnóstico en cualquier punto.

Por su parte, el Centro de Competencia Mundial de Cornellá (Barcelona) es referencia en la construcción de material ferroviario. Tras el éxito del AVE que equipa la línea Madrid-Barcelona, la compañía ha dado un paso más con el desarrollo de la próxima generación de trenes de Alta Velocidad. Los modelos del futuro próximo estrenarán un sistema de tracción en las ruedas, pionero en todo el mundo, en el que el eje del tren funcionará como rotor del motor, lo que permitirá una mayor comodidad y velocidad y una drástica reducción de los costes ambientales y económicos.

Desde la fábrica de Cornellá también se trabaja en el desarrollo de nuevos sistemas de señalización ferroviaria. En tranvías, Siemens ha desarrollado un sistema que permite la eliminación de la catenaria. Cuando los tranvías paran en las estaciones disponen de un sistema con el que recogen toda la energía generada, recargan sus baterías y disponen de una autonomía de circulación de hasta 1.000 metros.

En metros, Siemens colabora con la TMB (Transporte Metropolitano de Barcelona) y la Universidad Politécnica de Cataluña en el CETECAM (Centro de Conducción Automática de Metros), cuyos sistemas de conducción automática de metros se han instalado en la Línea 9 del Metro de Barcelona. Desde Cornellá se suministran equipos de tracción para trenes de países como Alemania, China, Rusia o Japón, entre otros.

Siemens también ha puesto en marcha en España una nueva unidad de tratamiento de agua, para la que ha contratado a 60 ingenieros. Sus procesos permiten la reducción de utilización de productos químicos hasta en un tercio, con ahorros energéticos entre el 10% y el 30% en el ciclo integral del agua, con la consiguiente disminución de emisiones de CO2. La tecnología Cannibal reduce los lodos residuales hasta un 70% mediante un proceso ecológico.

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Y EL’SOFTWARE’ DEMOCRÁTICO OS HARÁ LIBRES

MARÍA OVELAR 13/03/2009

No todo es Microsoft o Apple. Hay programas que se pueden copiar y modificar. Por la cara y legalmente. Charlamos en Madrid con Richard Stallman, el mesías de esta revolución.

PARA un cara a cara con Richard Stallman (Nueva York, 1953), el mesías que inventó el software libre y popularizó el término copyleft (que promueve la copia), es necesario hacer los deberes y llenarse la cabeza de conceptos. El inventor de la primera alternativa a los sistemas de Microsoft (Windows) y de Apple (Mac Os) tiene manías de estrella: no viaja sin colchón hinchable y da conferencias en calcetines. Sus peculiaridades van más allá de los hábitos. Como reconoce, está “medio sordo”, y aunque habla español, hay que pronunciar cada sílaba alto y claro porque está “igual de sordo en todas las lenguas”. Y se enfada si no se distingue entre conceptos como GNU/Linux y Linux. Nos aclara por qué: “Creamos [el sistema operativo libre] GNU en los ochenta, pero para ejecutarlo en una máquina hacía falta el núcleo, Linux, un elemento que creó un estudiante finlandés, Linus Torvalds [entonces, en 1991, de 21 años]. El problema es que la gente llamó al conjunto Linux, y no GNU/Linux”.

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EP3 juega con ventaja. Stallman comparece agotado tras tanta charla en el madrileño Medialab-Prado, donde criticó a Microsoft y Apple y se distanció de la comunidad Linux, que, según él, se ha apartado de la verdadera doctrina al preocuparse por el código -las instrucciones que sigue un ordenador para ejecutar un programa- y no por la solidaridad social.

EP3. Sus teorías se basan en la libertad y la solidaridad. ¿Qué requisitos ha de cumplir un software para ser libre?

Richard Stallman. Debe permitir al usuario utilizar el programa como desee; estudiarlo y adaptarlo; dar la opción de ayudar al prójimo distribuyendo copias y de beneficiar a la comunidad repartiendo versiones modificadas. Un software que da estas cuatro libertades es libre porque sus sistemas de distribución y uso son éticos. Si no, es privativo y es una dictadura. Microsoft lo es: vigila, restringe y ataca. Sus programas hacen cosas malévolas…

EP3. ¿Cómo cuáles?

R. S. Plantean un dilema moral. Si un amigo le pide una copia del programa tendrá que elegir entre dos males: ofrecérsela y romper la licencia, o negársela y respetar el contrato. Conozco dos soluciones al problema: no tener amigos o rechazar el software privativo. Ésta última es mi remedio.

EP3. Su teoría es ideal, pero en la práctica tiene fallos. La mayoría de los usuarios no puede ejercer los derechos que defiende porque no sabe cómo hacerlo.

R. S. Si alguien quiere ser programador, hay un solo camino: elegir software libre y aprender a programar. Es más fácil porque se puede leer su código.

EP3. La Free Knowledge Foundation (FKF), que lidera usted, ha dedicado su energía a crear programas no privativos. Pero se ha despreocupado de crear una comunidad libre capaz de programar.

R. S. En la FKF somos pocos…, pero hay miles de escuelas que forman programadores. ¿Por qué deberíamos desperdiciar el tiempo haciéndolo nosotros? Eso sí, las escuelas tendrían que enseñar software libre. Algunas multinacionales imponen sus programas privativos regalando copias a los institutos para crear dependencia. Es como la droga. La primera dosis sale gratis, pero cuando eres adicto toca pagar.

EP3. Ha criticado Gmail. ¿Por qué?

R. S. Mejor no confiar sus correos a una empresa. Y menos aún si es de EE UU.

EP3. ¿Hay alternativas?

R. S. La FKF tiene servidor de correo.

EP3. ¿Todos podemos abrir una cuenta?

R. S. No. Pero un grupo puede montar su propio servidor de correo.

EP3. Conocer el código fuente no sirve de nada si no se sabe programar.

R. S. Pero el usuario puede contratar a alguien para que modifique un programa.

EP3. ¿No está en contra del negocio?

R. S. No soy comunista, no quiero eliminar el negocio. Pero algunas empresas convierten al consumidor en prisionero.

EP3. ¿Qué opina de la crisis musical?

R. S. Las multinacionales merecen fracasar, han comprado leyes para atacarnos. No estoy en contra de producir discos y venderlos si se pueden compartir copias. Esto no significa eliminar el derecho de autor. Mis ideas dependen del uso que se haga de la obra. Distingo tres tipos de creaciones: las de uso práctico; las que transmiten el pensamiento, y las de arte y diversión. Las prácticas deben ser libres. El software es un ejemplo. No sirve para admirar su código fuente. La finalidad de un programa es ser ejecutado. Es como una receta. Imagina que un día el Estado dice a los cocineros: “A partir de hoy, si copiáis o cambiáis una receta os llamaremos piratas y os meteremos en prisión”. La tendencia de copiar, cambiar y mejorar programas no es casual. Es una consecuencia lógica.

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La innovación como solución

Krugman y Venter protagonizan una jornada sobre ideas y conocimiento

No son muy habituales en esta página los foros destinados al debate de ideas y a la reflexión sobre el conocimiento. Pero tampoco son habituales las jornadas en las que, en plena crisis, se planteen cambios profundos del sistema productivo y de la sociedad en su conjunto como solución de futuro.

El Ministerio de Ciencia e Innovación ha convocado para el lunes 16 de marzo, en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, Innovae, una gran jornada dedicada a la innovación desde puntos de vista muy diversos, como la economía, la investigación científica, la industria tecnológica, el sector industrial o las finanzas. Este evento, que se enmarca dentro de los actos organizados con motivo de la celebración del Año Europeo 2009 de la Creatividad y la Innovación, es el que pretende acaparar la mayor proyección internacional y el mayor impacto mediático de las aproximadamente 300 iniciativas que se celebrarán con este motivo.

La innovación como solución es el lema de este foro, que tiene lugar en un momento difícil a nivel internacional. La actual coyuntura económica plantea la necesidad -recalcan los convocantes- de generar nuevas formas de organización social y económica. Lo cierto es que parece existir un común acuerdo acerca de que las soluciones de futuro necesariamente se basarán en una visión innovadora de nuestro sistema. “Una nueva forma de abordar las soluciones que exigirá una mirada renovadora”, reza la convocatoria.

No estamos hablando de conceptos teóricos y poco concretos. Otra cosa es que se consiga. Innovación es la aplicación de nuevas ideas, conceptos, productos, servicios y prácticas con la intención de ser útiles para el incremento de la productividad. Un elemento esencial de la innovación es su aplicación exitosa de forma comercial. No sólo hay que inventar algo, sorprender, sino, por ejemplo, introducirlo en el mercado para que la gente pueda disfrutar de ello y para que sirva, al mismo tiempo, para aumentar la competitividad de empresas y productos. “Es ahí donde queda reflejada la importancia de apostar por la inversión, el desarrollo y la innovación (I+D+i) en momentos de crisis”, explica el Gobierno.

El objetivo de este acto es, en buena medida, innovar sobre la forma de promover la cultura científica y tecnológica. Para ello, el presupuesto de la convocatoria es de 4,4 millones de euros, un 10% más que el año pasado.

La jornada se plantea con una importante perspectiva internacional, al contar con la presencia de especialistas muy destacados en ámbitos dispares, como el premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman; el profesor J. Craig Venter, conocido por sus contribuciones visionarias en la secuenciación del genoma humano, o el vicepresidente de Nokia y ex primer ministro de Finlandia, Esko T. Aho, que es, además, uno de los embajadores de este año europeo. Entre los participantes españoles, el acto contará con la presencia del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y del director general de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, Juan Tomás Hernani.

Los organizadores también ofrecen la oportunidad de enviar una pregunta al premio Nobel de Economía e incluso de participar en un desayuno informal con el propio Krugman, una iniciativa dirigida principalmente a estudiantes y que exige unos mínimos conocimientos de inglés como único requisito para participar. La jornada, como no podía ser de otra forma, se podrá seguir en directo a través de la página web del evento (www.innovacion2009.com). -

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La fusión de mente y máquina está aquí

Si la historia universal o la mecánica cuántica ya cabe en un pen drive, ¿por qué no podemos enchufarnos el pen drive directamente al cerebro? Así podríamos adquirir esos conocimientos de forma instantánea. Con conexiones directas similares, quizá podríamos insertarnos una especie de Google en la cabeza para buscar en nuestra memoria, o ampliar nuestra inteligencia acoplándola a las modernas redes neurales y demás programas que aprenden de la experiencia.

Pequeños aparatos injertados pueden activar el nervio auditivo o el óptico

La estimulación del cerebro se ha usado en 30.000 pacientes de párkinson

La neurociencia y la miniaturización son una gran promesa contra la parálisis

La mejora de la mente por estas vías exigiría experimentar con personas sanas

Esos casos concretos de interfase mente/máquina pertenecen aún al campo de la ciencia-ficción. Pero hay otros que caminan entre nosotros, y que ya sirven para examinar muchos de los problemas -técnicos y éticos- que previsiblemente se derivarán del desarrollo futuro de estas técnicas. Jens Clausen, del Instituto de Ética e Historia de la Medicina de la Universidad de Tübingen, analiza hoy la cuestión en Nature y atendió ayer las preguntas de este diario.

“Discutir el acoplamiento entre mente y máquina es tan viejo como la película Metrópolis”, dice Clausen. “Lo que es nuevo es que la conexión de un cerebro humano a un ordenador mediante microelectrodos implantables es ahora una opción científica real”.

La forma más extendida de estas interfases directas son los implantes cocleares en el oído interno, que se usan para ayudar a las personas sordas. Un micrófono recoge los sonidos y los envía a un pequeño ordenador, que contiene un sistema procesador del habla. La señal procesada se manda a un receptor en la cóclea, en el oído interno, que estimula directamente las neuronas del nervio auditivo que se comunican con el cerebro.

Si eso no parece todavía una interfase mente/máquina, lo empezará a parecer dentro de poco. “Las personas que tienen el nervio auditivo dañado no pueden beneficiarse de este sistema”, dice Clausen, “y ya han entrado en ensayos clínicos unos dispositivos similares que, en vez de en la cóclea, se implantan directamente en las áreas acústicamente relevantes del cerebro”. En el fondo, la diferencia son unos pocos centímetros.

Otro caso son los implantes de paneles de microelectrodos en la retina de los ciegos. Los sistemas que se han probado tienen una resolución muy parcial, pero aun así les bastan a los pacientes para evitar la rama de un árbol cuando van por la calle, por ejemplo, y también para distinguir entre un plato o una taza, o para saber hacia dónde se están moviendo los objetos que tienen delante.

Estos electrodos suelen recibir las señales, de modo inalámbrico, desde unas cámaras acopladas a las gafas, y luego las transmiten directamente a las neuronas del nervio óptico. Desde allí llegan al córtex visual primario, situado junto a la nuca. Su principal objetivo han sido hasta ahora los pacientes de retinitis pigmentosa, un conjunto de enfermedades congénitas que causan ceguera mediante la degeneración de las células fotorreceptoras de la retina.

Pero, al igual que con los implantes cocleares, los científicos ya están ensayando versiones que se conectan directamente a las áreas visuales del córtex cerebral. Sólo estas variantes podrán ayudar a las personas que, a diferencia de los pacientes de retinitis pigmentosa, tengan dañado el propio nervio óptico.

La estimulación profunda del cerebro (deep brain stimulation, DBS) se ha usado ya en unos 30.000 pacientes de párkinson en el mundo. Un pequeño ordenador subcutáneo manda señales eléctricas a unos electrodos implantados profundamente en el cerebro, para estimular los núcleos subtalámicos afectados por el párkinson.

La técnica se está empezando a extender a las fases más tempranas del párkinson, y sus variantes se están examinando para el tratamiento de otras enfermedades neurológicas.

Quizá las aplicaciones que más se acercan al futuro son las que permiten a un animal de experimentación -y ocasionalmente a un voluntario humano- mover objetos, miembros mecánicos o el cursor de un ordenador con la mente: es decir, con sólo pensar, o imaginar alguna acción dentro de su cabeza.

En humanos se ha probado con técnicas no invasivas, como un casco electroencefalográfico que recoja las grandes ondas cerebrales, pero la precisión que se logra es mucho mayor con electrodos implantados en el cerebro.

La implantación de electrodos en las áreas motoras del córtex (las que normalmente dirigen los movimientos del cuerpo) lleva tiempo ensayándose en macacos, e incluso en pacientes humanos paralizados. En algunos experimentos avanzados con monos, los movimientos son casi tan rápidos y precisos como los de un brazo normal.

Un aspecto importante de estas últimas investigaciones es que las neuronas exactas pinchadas por los electrodos (entre 18 y 64, según el experimento) se seleccionan al azar. Ello implica que, si el experimento funciona, no es porque los científicos hayan logrado conectar a un ordenador el circuito neuronal exacto que normalmente dirige esos movimientos (que, entre otras cosas, no se conoce, y probablemente incluye a varios millones de neuronas, no a 18). Simplemente, el mono aprende a modular la actividad de las 18 neuronas que le han pinchado más o menos al azar.

“Los avances recientes en neurociencias, junto a la progresiva miniaturización de los sistemas electrónicos, están haciendo posible la conexión de componentes técnicos a las estructuras cerebrales”, dice Clausen. “Es una gran promesa para la gente paralizada, porque plantea la posibilidad de puentear la lesión neurológica, donde la transmisión de las señales del cerebro a los músculos se interrumpe”.

La idea por el momento es que las señales cerebrales se puedan usar para mover piernas o brazos mecánicos. Pero el científico de Tübingen no descarta la posibilidad de que, “algún día, en el futuro, estos avances puedan restaurar el control motor de los propios miembros naturales”.

Nadie plantea objeciones éticas a la conexión entre cerebro y máquina si lo que se pretende es tratar una enfermedad, o mejorar las condiciones de vida de las personas ciegas, sordas o paralizadas por un accidente. Cuestión distinta es aplicar estas técnicas a la mejora de las capacidades naturales de la mente humana, como en los ejemplos futuristas del primer párrafo.

Un primer problema, por trivial que parezca, es que sería preciso experimentar con personas sanas. Esto es común en los ensayos clínicos de fase 1 (donde no se pone a prueba la eficacia de un fármaco, sino su seguridad), pero los riesgos de algunas intervenciones cerebrales son demasiado altos para justificar su uso en un voluntario sano, al menos en la actualidad.

Además, como estas tecnologías son bastante novedosas, sus efectos a largo plazo son una incógnita. El riesgo de sufrir un daño cerebral causado por la intervención quirúrgica no compensaría los beneficios hipotéticos que podría sacar una persona sana de una investigación de este tipo.

“Utilizar una técnica con el propósito explícito de mejorar las cualidades humanas conlleva mayores exigencias de seguridad que su aplicación médica”, explica Clausen. “En el segundo caso, los riesgos se aceptan a cambio de mejorar la salud, o incluso de salvar la vida; pero esos mismos riesgos serían inaceptables en el primer supuesto”.

En los dispositivos controlados por el cerebro -como las actuales prótesis mecánicas-, las señales emitidas por las neuronas deben ser interpretadas, o descodificadas, por un ordenador antes de poder ser leídas por el miembro artificial. La función del ordenador es predecir los movimientos que el usuario quiere ejecutar. Y todo sistema de predicción tiene sus fallos.

“Eso conducirá a situaciones peligrosas, o como mínimo embarazosas”, prevé el científico alemán. “¿Quién es responsable de un acto involuntario? ¿Ha sido culpa del ordenador o del cerebro? ¿Necesitará el usuario un carné de conducir y un seguro obligatorio para manejar una prótesis?”.

Estos problemas son, en realidad, similares a los que se plantea la industria del automóvil respecto a los dispositivos automáticos de conducción. También recuerdan a las discusiones jurídicas suscitadas por la genética y las neurociencias. Pero los intentos de adjudicar la responsabilidad penal por un comportamiento delictivo a los genes del acusado, o a sus circuitos cerebrales, no han tenido éxito en ningún tribunal.

“Los humanos suelen manejar herramientas tan peligrosas e impredecibles como los coches y las pistolas”, dice Clausen. “La interfase entre cerebro y máquina es un caso altamente sofisticado de uso de herramientas, pero no deja de ser un caso. A los ojos de la ley, la responsabilidad no debería ser mucho más difícil de esclarecer”.

Otro campo de preocupación es que las máquinas puedan cambiar el cerebro. Por ejemplo, aunque la estimulación con electrodos ayuda a pacientes de párkinson que no responden a los tratamientos farmacológicos, también presenta una incidencia mayor de efectos secundarios psiquiátricos, cambios de personalidad y suicidios.

Pero tampoco esto es una peculiaridad de estas tecnologías. En 2004, por ejemplo, la Agencia Norteamericana del Medicamento (FDA) hizo que los prospectos de algunos antidepresivos hicieran constar cierto aumento del riesgo de suicidio en adolescentes y en las primeras fases del tratamiento, asociado al uso de estos fármacos. Lo usual en estos casos no es renunciar a los tratamientos, sino sopesar los riesgos y beneficios, informar, prevenir y respetar las decisiones autónomas que toma el paciente.

Hay otras fuentes de conflicto ético que resultan más inesperadas, como el de las personas de la comunidad sorda que rechazan los trasplantes de cóclea. Estas personas no ven la sordera como una discapacidad, sino como una especie de “identidad cultural”. Para ellos, por lo tanto, los implantes son un caso de tecnología al servicio de la mejora de las cualidades humanas naturales.

Un caso extremo de ese concepto del mundo saltó a la luz en 2006, cuando Sharon Duchesnau y Candace McCullough, dos mujeres homosexuales y sordas de nacimiento, seleccionaron el semen de un donante sordo para que sus hijos lo fueran también, aduciendo que la sordera es sólo una forma distinta de normalidad.

El filósofo Peter Singer comentó sobre aquel caso: “Los adultos pueden, si ése es su deseo, optar por taparse los oídos y utilizar el lenguaje de signos, pero esas madres están eligiendo deliberadamente reducir unas posibilidades que estarían abiertas a sus hijos”. Y añadía: “Han privado a sus hijos de una capacidad, la de oír, que casi todo el mundo valora. Ellas aducen que la sordera es sólo una forma distinta de normalidad, pero decir que la capacidad de oír es neutral parece equivocado, puesto que es mejor tener más sentidos que vivir sin ellos. Sin ese sentido, no podemos oír cantar a los pájaros en el bosque, ni la música de Beethoven, ni un grito avisándonos de un peligro”.

La polémica sobre aquella sorprendente decisión de la pareja desencadenó un debate ético en todo el mundo que todavía parece estar muy lejos de finalizar.
¿Cuál es la diferencia?

La distinción entre tratar enfermedades y mejorar las cualidades naturales del ser humano no es ninguna peculiaridad de los dispositivos que conectan las mentes y las máquinas. Y lo borroso de esa frontera tampoco. Los defensores de la mejora de cualidades (por oposición al mero tratamiento de enfermedades) se centran en argumentos como el carácter abierto del ser humano, y el poder de la creatividad para transformar continuamente la naturaleza de la persona y del mundo. �La mejora no es sólo éticamente permisible�, afirma uno de ellos, John Harris, �sino un imperativo moral�.

La otra corriente ética pone el énfasis en que �la vida es un don, y necesitamos aprender a dejar que las cosas sean como son�, en palabras del analista Eric Parens. �Sentándonos a horcajadas sobre el mundo y erigiéndonos en señores de nuestra propia naturaleza�, escribe un exponente de esta corriente, Michael Sandel, �enturbiamos nuestra visión de la vida como un don, y nos quedamos sin nada que presentar como nuestra propia voluntad�.

�Pero echar una partida a un juego de ordenador con el joystick parece moralmente idéntico a echarla por control cerebral�, opina Jens Clausen. �Incluso en el caso de dispositivos mucho más avanzados, seguiría sin suponer ninguna diferencia moral el que se dirijan con un miembro natural o con una interfaz mente / máquina. Todos son ejemplos de uso de herramientas�.

Otra cuestión son las aplicaciones, por el momento de ciencia-ficción, que pudieran reformatear el cerebro humano y alterar directamente la consciencia, implantar chips de memoria o añadir capacidades cognitivas insólitas sin más que descargarlas en el usuario. �Para mucha gente�, admite Clausen, �esto cruzaría la línea del respeto a la vida como algo que ha sido dado, y vería lo humano como algo que puede alterarse sin más que cambiar el software�.

Pero el científico ve muchas posibilidades antes de llegar a esos extremos, entre ellas, muchas que pueden mejorar las funciones cerebrales �sin una razón médica para ello�.

Ahora pueden ser demasiado arriesgadas para compensar los beneficios, pero las técnicas se irán volviendo más seguras, y en no mucho tiempo.

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Dios habita en el cerebro

Hallazgos neurocientíficos explican por qué el hombrese refugia en las religiones

JAVIER SAMPEDRO 23/02/2009

El Dios de Abraham era justo, inapelable, incorruptible, trascendente, omnisciente, omnipotente, omnipresente y omnibenevolente. El cristianismo antiguo se centró en la pericoresis o fusión de tres personas en una sola entidad divina. Para la vía negativa de Maimónides sólo nos es dado discutir sobre lo que Dios no es. El Todo de los herméticos es más complicado que la suma de cuanto existe, y el Buda puso el énfasis en la liberación del sufrimiento en la tierra. Vista así, la religión tiene poco de universal.

Pero los experimentos han hecho aflorar una capa subyacente más simple. Por ejemplo, los psicólogos cuentan a grupos de voluntarios una historia en la que Dios atiende a cinco problemas a la vez. Los creyentes de cualquier confesión monoteísta aceptan la narración con naturalidad, puesto que Dios tiene sobrados poderes cognitivos para ello. Pero si se les pide recordar la historia un rato después, casi todos cuentan que Dios atiende los cinco problemas uno por uno: su subconsciente ha humanizado al omnipotente Dios de la doctrina.

La investigación reciente en psicología cognitiva, neurobiología y antropología cultural ha revelado que la mayoría de los creyentes, sea cual sea su culto, tienen interiorizado un modelo extremadamente antropocéntrico de Dios. No sólo posee una figura humana, sino que utiliza los mismos procesos de percepción, razonamiento y motivación que las personas. Las creencias explícitas sobre la divinidad son muy distintas entre religiones, pero los supuestos tácitos son casi idénticos en la mayoría de las personas.

La característica central de cualquier religión es un núcleo de creencias sobre agentes no físicos. Este tipo de “conceptos sobrenaturales” -que también aparecen en la fantasía, los sueños y las supersticiones- está muy condicionado por nuestro conocimiento del mundo real. Un espíritu es un tipo de persona, sólo que atraviesa paredes. Dios comparte esas limitaciones dentro de la cabeza de los creyentes.

Más en general, las creencias subconscientes de la gente religiosa de cualquier credo son extraordinariamente parecidas: los agentes sobrenaturales ejercen una vigilancia permanente del comportamiento moral de la persona, con acceso instantáneo a sus pensamientos y deseos más íntimos. Los creyentes de cualquier culto también albergan creencias sobre la existencia y las propiedades de esos agentes sobrenaturales, y suelen guardar símbolos o amuletos que los representan, y celebrar rituales en su nombre. Cada grupo social suele atribuir a esos agentes su sistema moral, y su propia cohesión social.

Los científicos cognitivos han reunido muchas evidencias de que esta especie de religión natural se enraíza en cualidades humanas universales -como la capacidad para simular relaciones con personajes ficticios- que no son específicas de la experiencia religiosa, sino una consecuencia de tener el cerebro más desarrollado, y las estructuras sociales más complejas y estables, que han evolucionado en ninguna especie animal de este planeta.

“El pensamiento y el comportamiento religioso pueden considerarse parte de las capacidades naturales humanas, como la música, los sistemas políticos, las relaciones familiares o las coaliciones étnicas”, dice Pascal Boyer, de la Universidad de Washington en Saint Louis. Boyer ha publicado en el último año dos trabajos de referencia sobre la evolución cognitiva de la religión (Nature 455:1038; Annual Review of Anthropology 37:111).

El filósofo Daniel Dennett sostiene que los cerebros animales han evolucionado a través de tres fases. El comportamiento de las criaturas darwinianas está determinado genéticamente. Las criaturas skinnerianas (por el psicólogo conductista norteamericano B. F. Skinner) disponen de una gama de comportamientos, pero despliegan uno u otro al azar. Los humanos somos criaturas popperianas (por el filósofo de la ciencia Karl Popper). Una criatura popperiana hace lo mismo que una criatura skinneriana, pero sólo dentro de su propia cabeza, como una serie de simulaciones mentales.

El ingeniero de la Universidad de Michigan John Holland, padre de los algoritmos genéticos, asegura que “la verdadera esencia de una ventaja competitiva, sea en el ajedrez o en la actividad económica, es el descubrimiento y la ejecución de jugadas en un escenario ficticio”. Y entre las principales jugadas que tenemos que simular los humanos, desde la más tierna edad, están las situaciones sociales ficticias.

“Todos los niños entablan relaciones sociales importantes y duraderas con personajes de ficción, amigos imaginarios, familiares desaparecidos, héroes invisibles, novios figurados…”, dice Boyer. La práctica constante con ese tipo de “agentes no físicos”, de hecho, puede explicar parte de la extraordinaria destreza social de nuestra especie, muy superior a la de los demás primates. Y desde ahí, el científico de Washington sólo ve un pequeño paso hasta otros “agentes no físicos” como espíritus, dioses y demonios, “intangibles pero implicados socialmente”.

Los agentes sobrenaturales son a menudo la fuente de la moral para las personas religiosas, y también sus vigilantes omniscientes, esto es, que basta con pensar en algo pecaminoso para que se den por enterados. Ésta es otra de las creencias más generales entre los fieles de cualquier culto.

La psicología experimental indica, sin embargo, que los niños comprenden los imperativos morales básicos, como los relativos al trato justo y al daño a sus semejantes, desde que están en edad preescolar. Eso es antes de que puedan comprender esos conceptos abstractos y con independencia del entorno religioso en que se obtengan los datos. La neurobiología, por otro lado, ha revelado nexos muy relevantes entre los juicios morales y algunas de las emociones humanas más básicas y universales.

Uno de los nodos centrales de la red emocional del cerebro es el córtex prefrontal ventromedial (VMPC). Los pacientes que tienen destruida esa zona del córtex muestran una disminución general en su capacidad de respuesta emocional y una marcada reducción de las emociones sociales -como la compasión, la vergüenza y la culpa que están estrechamente relacionadas con los valores morales-.

El VMPC es muy conocido por los neurólogos desde el 13 de septiembre 1848, cuando una explosión accidental disparó una barra de hierro de un metro de largo y seis kilos de peso exactamente hacia esa zona del cerebro de Phineas Gage, el capataz de una cuadrilla de trabajadores del ferrocarril. Sobrevivió, y sin daños en la capacidad del lenguaje ni en otras funciones intelectuales. Pero como dijo poco después un amigo suyo: “Este hombre ya no es Phineas Gage”.

Todos los graves defectos que muestran estos pacientes se refieren a la respuesta a los estímulos emocionales o a la regulación de los propios sentimientos. Sus capacidades de la inteligencia general, de razonamiento lógico y de conocimiento de las normas sociales y morales están intactas.

Según el neurólogo Antonio Damasio, premio Príncipe de Asturias, muchas reacciones morales aversivas son una combinación del visceral rechazo a ciertos actos (matar a alguien, por ejemplo) y de la compasión instintiva por otro ser humano. Damasio cree que las emociones no sólo se asocian a los juicios morales, sino que son cruciales para elaborarlos.

“Aunque los creyentes suelen atribuir su moralidad a un agente sobrenatural”, dice Boyer, “los modelos cognitivos indican todo lo contrario: que nuestros sentimientos morales son reclutados para dar verosimilitud a las nociones morales de la religión”.

Los ritos religiosos también parecen muy distintos entre unas culturas y otras, pero todos pertenecen a una clase de “comportamientos rituales” constantes en la especie humana. Los ritos se basan siempre en alguna secuencia de actos arbitraria, obligatoria, ejecutada en un orden rígido, desligada de un objetivo práctico obvio y repetida muchas veces. También implican a menudo el uso de números, colores llamativos y símbolos de la pureza, el orden o la simetría.

Nuevamente, estos comportamientos rituales son un tema común en el desarrollo infantil: por ejemplo, cuando un niño sólo puede andar por la acera pisando las baldosas rojas, o tiene que subir el primer peldaño de su portal antes de que se cierre la puerta de la calle. Los niños suelen asociar estos rituales a unas vagas nociones de purificación y protección del peligro. Cuando estos sistemas se pasan de revoluciones, ocurren los trastornos obsesivo-compulsivos.

“Sabemos que el cerebro humano tiene redes de seguridad y precaución dedicadas a prevenir peligros como la predación”, dice Boyer. “Las aserciones religiosas sobre la pureza, la suciedad y el peligro oculto de los demonios al acecho estimulan esos mismos sistemas, y hacen que las precauciones rituales resulten intuitivamente atractivas”.

La crítica científica de la religión se ha centrado hasta ahora en argumentos racionales. El astrofísico Carl Sagan, por ejemplo, escribió: “¿Cómo es que apenas ninguna religión ha mirado a la ciencia y ha concluido: ‘¡Esto es mejor que lo nuestro! El universo es mucho mayor de lo que dijeron nuestros profetas, más sutil y elegante?”.

“Hay quien tiene un concepto tan amplio de Dios que no hay forma de evitar que lo acabe encontrando en cualquier parte”, afirma Steven Weinberg, físico teórico y premio Nobel. “Si quieres decir que Dios es energía, lo puedes hallar en un montón de carbón”.
El diseñador inteligente

La campaña Probablemente, Dios no existe de los autobuses se gestó en Londres en el pasado otoño, y uno de sus grandes promotores fue el biólogo Richard Dawkins (Universidad de Oxford). Él es, posiblemente, el autor de divulgación más popular de los últimos 30 años, pero su gran éxito editorial no es un libro de ciencia sino de religión: El espejismo de Dios, publicado en 2006 y traducido a 31 idiomas.

En los años ochenta, Dawkins aplicó las ideas de la selección natural darwiniana a la propagación de los modelos culturales. Las ideas serían memes (en vez de genes) que se replicarían de boca en boca y competirían entre sí por el éxito reproductivo. Las ideas religiosas, que por definición no deben demostrarse, serían memes de alta propagación.

Dawkins, como otros científicos, también desarrolla en El espejismo de Dios una refutación racional de la teología natural. Esta corriente teológica, que sedujo tanto a Darwin como al propio Dawkins en la juventud de ambos, deduce la existencia de Dios a partir de la complejidad de sus criaturas, y sigue siendo el gran argumento detrás del diseñador inteligente del creacionismo norteamericano. Pero un diseñador inteligente, aduce Dawkins, debe ser aún más complejo que las criaturas a las que pretende dar explicación, luego no les da ninguna.

Son argumentos más bien abstractos. La escuela evolucionista que representa Pascal Boyer, por el contrario, ha presentado evidencias de que el pensamiento religioso es la “línea de menor resistencia” de nuestro sistema cognitivo. “La incredulidad suele ser el resultado de un esfuerzo racional deliberado contra nuestras predisposiciones naturales”, concluye Pascal en Nature, “lo que no es la ideología más fácil de propagar, precisamente”.

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Uno de cada tres españoles no está interesado en la ciencia

Aumenta, no obstante, el porcentaje de ciudadanos que se sienten atraídos por este conjunto de conocimientos

Uno de cada tres españoles no se siente atraído por la ciencia y la tecnología: al 33,6% no les interesan porque no las entienden, al 17,2% porque no les atraen, al 9,9% porque no las necesitan y el 8,9% porque no tienen tiempo para conocerlas mejor, según se desprende de la IV Encuesta Nacional de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología que ha presentado hoy la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). Pese a ello, el porcentaje de aquellos que aseguran no tener interés por la ciencia y la tecnología ha disminuido en los dos últimos años del 36,6% al 31,7%.

El estudio refleja además que los hombres (13,1%) muestran más del doble de interés que las mujeres (6,1%) por la ciencia y la tecnología, y que el perfil más interesado en estos conocimientos es el de un hombre joven con estudios universitarios y que vive en una ciudad mayor de un millón de habitantes. “La edad es fundamental. Los jóvenes de entre 15 y 24 años han nacido en un mundo con más interés por la ciencia”, ha explicado el presidente de la FECYT, Juan Tomás Hernani, que ha agregado que este grupo poblacional es el “más enganchado” y que el interés decrece conforme uno se hace mayor.

Respecto a los temas por los que los ciudadanos muestran más interés, la ciencia y la tecnología se encuentran en la decimotercera posición, “una posición digna”, según Hernani, por debajo del terrorismo y seguidas de los sucesos, los viajes y el turismo, la prensa rosa, la astrología, la vivienda o la inmigración. Por primera vez, la medicina y la salud encabezan esta lista de preocupaciones (35,2%), seguidas de los deportes, el empleo, la alimentación y el consumo, la economía y las empresas, la educación, el medio ambiente y la ecología, el arte y la cultura, la política, los temas sociales, el cine y los espectáculos.

En cuanto a la fuente de información científica que citan mayoritariamente todos los encuestados gana la televisión (82,3%), pero cuando se analizan las respuestas por segmentos de edad se aprecia la “gran presencia” de Internet en los jóvenes de entre 15 y 24 años (61,6%) y de entre 25 y 34 años (50,4%). Un gran porcentaje de encuestados considera que la prensa, la televisión y la radio dedican una atención “insuficiente” a la información científica.

En cuanto a la búsqueda de información con base científica, cerca de un 87% de la población encuestada lo hace en los prospectos de los medicamentos antes de hacer uso de los mismos, un 83,2% ante una alarma sanitaria y un 78,9% que lee las etiquetas de los alimentos.

Mayores seguidores

Por comunidades autónomas, los catalanes (14,5%), madrileños (14,3%), vascos (13%), navarros (10,4%) y aragoneses (9,9%) son los que más interés muestran por la ciencia y la tecnología, mientras que Murcia (3%), Asturias (5,5%), Extremadura (5,7%), Andalucía (6,2%) y Castilla y León (6,2%) son las autonomías que menos.

Además, desde 2004 ha descendido en un 20% el número de personas que creen que su formación científica ha sido baja o muy baja (45,8 %) y aumenta el porcentaje de personas que considera “normal” la educación científica y técnica recibida (45,4%).

El estudio, realizado por SIGMADOS, se ha desarrollado a nivel nacional con entrevistas a cerca de 7.300 personas. Además, la FECYT ha llevado a cabo cuatro encuestas nacionales en 2002, 2004, 2006 y 2008 con el objetivo de determinar la forma en que la sociedad española percibe la ciencia y la tecnología.

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Ciencia democrática, política responsable

TRIBUNA: Josep M. Casacuberta

http://www.elpais.com/articulo/futuro/Ciencia/democratica/politica/responsable/elpepusocfut/20080326elpepifut_3/Tes

Últimamente se oyen voces, como la del filósofo Daniel Innerarity en este mismo periódico, que reclaman que la ciencia se democratice. La ciencia es demasiado importante, dicen, para dejarla sólo en manos de los científicos. ¿Qué estaremos haciendo mal para que propuestas como ésta nos parezcan casi lógicas? A mi modo de ver, dos son las causas principales, y las dos tienen que ver con la correcta definición de las funciones de la ciencia y de los límites de cada una de ellas.

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Del cambio climático a la clonación, de la terapia génica a los transgénicos, existen muchas cuestiones que preocupan a la sociedad que tienen un componente científico esencial. La sociedad pide a los científicos que analicen estos problemas y le aconsejen sobre las posibles soluciones; que desarrollen nuevas técnicas, nuevas terapias, que busquen soluciones; y también, cada vez más, que se decidan a dejar el laboratorio y creen pequeñas empresas de base tecnológica. Que sean realmente útiles y colaboren en dinamizar la nueva economía del conocimiento. Así las cosas, acabamos viendo al científico en un doble o a veces triple papel de experto, empresario e, incluso, político, y es comprensible que esto resulte inquietante. ¿Por qué tendríamos que creer a un científico, por eminente que sea, cuando nos asesora sobre una tecnología prometedora si él mismo ha creado una empresa para explotarla?

Éste es ciertamente un problema que se ha acentuado en los últimos años. El indudable éxito de la ciencia en producir conocimiento que puede ser aplicable al desarrollo tecnológico, y por lo tanto tener un valor mercantil, hace que ésta se esté convirtiendo en su función principal. En una sociedad en la que la utilidad y el rendimiento alcanzan las más altas cotas de prestigio no es extraño que la ciencia no rentable se vaya relegando a los márgenes del sistema. Cada vez es más difícil conseguir dinero para investigar si no se orienta la investigación hacia objetivos aplicados y se valora, y a menudo se exige, la participación directa de las empresas en la investigación.

En los últimos años la presión sobre los científicos para que se conviertan ellos mismos en empresarios ha aumentado considerablemente. Y aunque la existencia de científicos-empresarios sea beneficiosa para la economía y nuestro tejido industrial, corremos el riesgo de identificar a esta ciencia con la ciencia misma, con toda la ciencia. Más que nunca necesitamos ciencia no directamente productiva, y no sólo porque es la fuente de la ciencia rentable del futuro, sino porque necesitamos científicos independientes que puedan asesorarnos en problemas complejos de base científica.

La segunda razón que podría explicar el recelo creciente que genera la ciencia y los científicos podría buscarse en el uso y el abuso político de la ciencia. Existen distintas organizaciones y agencias de análisis y asesoría científica a las que nuestra sociedad puede acudir, y de hecho acude. Sin embargo, para que el sistema funcione correctamente, no sólo es indispensable que el trabajo de estas agencias se base en el rigor y la independencia de sus científicos, también es esencial que la sociedad utilice correctamente la información que le proporcionan. Es decir, que una vez asesorados en sus aspectos científicos, los políticos, teniendo en cuenta las otras muchas caras que los problemas complejos tienen, tomen una decisión política y, sobre todo, la justifiquen como tal.

Demasiado a menudo se busca una ciencia a medida que justifique determinadas decisiones políticas o se opta por desprestigiar a quienes no asesoran en una determinada dirección. No se puede negar el calentamiento global para justificar el no tomar medidas de ahorro energético con un coste evidente para la economía o el nivel de vida de los ciudadanos, de la misma forma que no se puede bloquear el cultivo de transgénicos parapetándose en unos supuestos problemas ambientales o para la salud que ningún estudio científico riguroso avala.

Si cuando hablamos de democratizar la ciencia estamos hablando de introducir criterios políticos en el diseño, el análisis y la interpretación de los resultados experimentales, estamos pidiendo el fin de la ciencia como tal. Permitamos que los científicos hagan su trabajo, preservemos una ciencia no rentable y responsabilicémonos todos de nuestras decisiones políticas. La democracia saldrá ganado.

Josep M. Casacuberta es Investigador Científico del CSIC y miembro del Panel de Organismos Modificados Genéticamente (OGM) de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

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No hubo cruce con el neandertal

A pesar de compartir el 99,5% del genoma, neandertales y humanos modernos son lo suficientemente distintos genéticamente como para afirmar que, si hubo casos de cruce entre ellos, fueron irrelevantes para el futuro de la especie humana. En la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), que comenzó ayer en Chicago, se presentaron los avances en la secuenciación completa del neandertal, la especie que convivió en Europa durante miles de años con el humano moderno y se extinguió en España hace unos 26.000 años.

Fósiles procedentes de Croacia y de Asturias han sido investigados

Svante Pääbo, director del proyecto, señaló que, completado ya el 60% del genoma, se puede descartar el cruce entre neandertales y humanos, sus parientes más cercanos. “Si contribuyeron algo a la variabilidad genética humana actual fue algo muy, muy pequeño”, comentó Pääbo.

En el análisis del genoma, los investigadores han utilizado sobre todo fósiles procedentes de la cueva de Vindija, en Croacia, aunque también se han tenido en cuenta muestras de El Sidrón, en Asturias. Se han analizado con especial atención algunos genes relacionados con el habla y con la actividad cerebral. Las dos especies, neandertales y humanos modernos, tienen el mismo gen Foxp2, relacionado con el habla y el lenguaje, que es distinto en el chimpancé. “No hay razón para pensar que los neandertales no pudieran hablar como nosotros”, dijo Päabo, “pero hay muchos otros genes del habla y el lenguaje y falta investigación”. Sin embargo, otro gen, relacionado con el desarrollo cerebral, ha resultado ser en el neandertal una variante que también se encuentra en África ahora pero no en Europa.

Pääbo y sus colegas del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig (Alemania) y la empresa 454 Life Science Corp, del grupo Roche, han secuenciado más de 1.000 millones de pares de bases químicas de ADN. La secuencia del genoma del neandertal clarificará las relaciones evolutivas entre los humanos modernos y los neandertales, y también ayudará en la identificación de los cambios genéticos que permitieron a los humanos modernos empezar a salir de África y distribuirse alrededor del mundo hace aproximadamente 100.000 años. “Siempre fue un sueño conocer el ADN de nuestros parientes evolutivos más cercanos. Ahora sabremos lo que nos hace humanos”, aseguró Pääbo.

Sin embargo, los investigadores no creen que puedan descubrir la causa de la extinción de los neandertales, porque no estaría relacionada con la genética sino con el medio ambiente o su relación con los humanos modernos. Y tampoco creen que se pueda resucitar un neandertal clonando su ADN. “Hablamos de un mamífero muy complejo”, concluyó Pääbo.

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